lunes, 30 de marzo de 2015

RAFAEL FARÍAS BECERRA [15.332] Poeta de Chile


Rafael Farías Becerra

(Chile, 1982) Reside en Puente Alto. Asistió a taller de poesía a cargo de Elvira Hernández. Ha organizado y/o participado en diversas lecturas, entre ellas las Jornadas Rokhianas, Noches Quiltras, Noches de Poesía y Música de las VII Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana (JALLA-E 2005). Licenciado en Castellano en la Universidad de Santiago de Chile y miembro de Colectivo Lingua Quiltra. 






Tras el espejo o las bellezas que somos allí, en la Colección Pobre Bélgica por la Editorial Contrabando del Bando en Contra.



“...pues para fascinar mis amantes sedientos,
puros espejos tengo que hacen las cosas bellas:
mis grandes ojos y las eternas estrellas”.
La Belleza,
Charles Baudelaire.

las maravillas del estelar

ahora que nos hemos cansado de sentirnos bellos
de admirar nuestro reflejo así
deseando tantas maravillas del estelar
nuestra vida en los reality
bailando a la luz electrodoscópica en el terreno eriazo
que diríamos
un nuevo espleen nos conmueve
a nosotros
los tan dados al show
a las delicadezas del espectáculo
quienes lo dejaríamos todo
por bailar tras el espejo





reinas de los corazones

todos íbamos a ser reinas de los corazones
no importando el precio de las famas
si cualquiera podría ser el escenario
para que nosotros desde abajo
les aplaudiéramos los escombros
les dibujáramos mientras el baile
la silueta de estrellita poblacional
y el beso bajo los reflectores
la única ilusión
de sacarle otra sensación al juego
que no fuera la marginalidad de estos lares





rosas en el corazón de la ciudad

ahora vamos a dejar de llorar
no haber crecido lo suficiente
como para haber encontrado las llaves
de todas las puertas
que nos permitieran salir de nuestra escritura
antes de haber convertido nuestra realidad
en un pozo de lágrimas
y habernos ahogado en ella
bebiendo demasiado para nuestras pequeñas edades
no sabiendo crecer
si al salir a pintar borrachos
rosas rojas
en el corazón de la ciudad
chorreando de pintura por el dolor
inventamos nuestras propias canciones
nuestras líricas subversivas y nuestras poses
en cada video clip





criaturas ficcionales del espejo

nuestra alegría
la visión de nosotros mismos divirtiéndonos
al cerrar los ojos
y caer
por una montaña rusa de escombros
cada uno en su trineo de plástico
en su simulador de cartón
levantando los brazos
hasta alcanzar las estrellas
Y QUE EL MUNDO SE CONVIERTA EN EL SUEÑO DE ALGUIEN
QUE SOÑÓ COMO NOSOTROS
para no golpearse tan fuerte
ni llorar en el suelo
toda escritura
apartada de nuestras ficciones





reflejo de nuestros personajes

las pocas veces que nos sintonizaron
en el idilio conmovedor de acariciar a los perros
muestras de compasión hacia el público
la cámara en la fragilidad del detalle
nos lloramos en nuestras estúpidas lástimas
como reflejo de nuestros personajes
acicalándonos un poquito en el lomo
adornándoles la felicidad en fluorescentes collares
los dejamos irse por la oscuridad de un cielo baldío
a que se prendieran azules tiritando a lo lejos
y luego de un chiflido
bajaran electrizados
al nicho helado
en que los hombres nos pusieron





nuestra delicada protesta colectiva

hubo que romper el círculo social
y trazar un sentido alternativo
a esta carrera de locos
para abandonar lo clandestino que resultan nuestras pobrezas
ante el espectáculo televidente
volver a adornarlo todo con el juego de nuestros artificios
para que nuestras noches de volantines se dejasen elevar
en ese dar y tirarle hilo a las estrellas
arrojarles un poquito de semen de nuestras manos
descubriéndolas al fin en su calidad de luces
y nuestra delicada protesta colectiva
se dejase caer
sobre los colores
los destellos del mall
y la moda





casa estudio del espejo

habíamos empezado a crecer la farándula en el block
odiando el hacinamiento de nuestras veleidades
la constante exposición de nuestros actos
si besándonos para no desperdiciar el aire
tomados de la cintura por el goce del espacio
mientras alguien se nos alteraba en la convivencia
para la casa estudio
se nos ofrecía en suicidio para la señal en cadena
y teleaudiencia internacionales
cuando no sabíamos si era la realidad del libreto
o la conmoción por sostener el rating





corazones de helio

los viernes eran una fiesta de churros
piropos con manjar a nuestros corazones
si inflados con helio
se iban elevando por la noche se iban
a colgar de la última estrellita
iluminando el peladero
para que alguien los recibiera como nuestra alegría
prendiera por nosotros
entre los escombros
una fogata
y no se afligiera que la luna nos tiene dando vueltas
en un tagada con música onda disco
nos tiene plateados los ojos en su lluvia de papeles
y un niño que los recoge nos dice tome
reciba por favor un poemita callejero
ud no creerá que alguien
pueda dejarse para sí las palabras





jardín de las flores vivientes

a veces en la primavera de la moda
demasiado auspiciados en los colores
de nuestro espectáculo
en la lírica subversiva de nuestras canciones
nos dedicamos al baile sensual
y a la carita pornográfica
como fantasía de nuestras celebridades
extendiéndose en alfombra roja
por una colina de escombros
donde al final de tanta hermosura
llegamos a quedar vaciados
de admiración
y deseo





la fama

tratamos de abrir los ojos
después del coito
de nuestra difusión
en todas las portadas
pero la estrellita que tenemos pegada en la sien
se había anticipado a nuestro futuro
como al juego de naipes de nuestros corazones
si arrojados por el laberinto de la ciudad
dentro de un bosque
donde la fama sería la luna
y a su vez
la sonrisa plateada de un gato
que al desaparecer en todo su glamour
nos dejaría su ironía
su maldita felicidad
riéndose de nosotros





leit motiv para una teleserie

ahora que después de unos años recuerde
también hubo besos de boquitas pintadas
labios rojos de color brillantina
persiguiéndose en el terreno eriazo
para hacer un poquito el amor entre los escombros alma mía
sin que nadie nos ate
ni siquiera las bolsas de basura en que una vez
nos enredamos
y alguien como con un disfraz de cerdito rosado
corriendo en cámara lenta por peladero
nos traiga el cartel que nos diga
bonita actuación muchachos
continuemos ahora con nuestra teleserie





MARGENES/CENTRO, FAMA Y TRATA DE PERSONAS 
EN TRAS EL ESPEJO O LAS BELLEZAS QUE SOMOS ALLÍ [*]: 
PRIMERA APROXIMACIÓN A LA POESÍA DE RAFAEL FARÍAS BECERRA



Por Marcos Arcaya Pizarro


En el multívoco espejeo de este primer conjunto de textos de Rafael Farías, que ha salido a circulación tanto en revistas de papel como virtuales, los mass media y un imaginario kitsh desbordante de sensualidad, juegan un papel preponderante más allá de las pretensiones intelectuales del autor, lejos también del pasivo homo videns de Sartori o de añejas perspectivas que desprecian a priori lo kitsh.

Este grupo de once poemas ya desde el título nos anuncia la intertextualidad con la obra de Caroll [1], destacando en tal práctica la evasión de las leyes lógicas del mundo adulto en favor de lo sentimental y lúdico, marcado por un tono melancólico también en correspondencia con Alicia a través del espejo.

Centralidad y márgenes entablan un diálogo conflictivo que los relativiza "donde lo que está en juego es el orden de visibilidad/inclusión" (Castillo, p.15), a través de los/las sujetos textuales bosquejados/as por medio de la voz-eje de un nosotros en continuo desdoblamiento, ejercicio que subraya el carácter de artificio de la escritura o de cualquier re-presentación, incluyendo, cómo no, la miseria teatralizada de estos actos corrientes ofertados a un público ávido de autoengaño, donde las estrellas son reflectores y los espejos cámaras:

"[…] las pocas veces que nos sintonizaron 
en el idilio conmovedor de acariciar a los perros
muestras de compasión hacia el público
la cámara en la fragilidad del detalle 
nos lloramos en nuestra estúpidas lástimas como reflejo de nuestros personajes […]"

El sujeto antihéroe se mueve en un territorio discursivo periférico, donde el fracaso prematuro de cuanto describe o presiente aparece remarcado por el recurso de imágenes nacidas desde actos pequeños, a un lado de la grandilocuencia de la historia oficial ("en el idilio conmovedor de acariciar a los perros"), por un dejo de ambigüedad en su género derivado, en gran medida, del rango de edad que ocupa ("todas íbamos a ser reinas de los corazones/ no importando el precio de las famas") y por el estrato social esencializado al que pertenece ("habíamos empezado a crecer la farándula en el block/ odiando el hacinamiento de nuestras veleidades"); peculiaridades que lo señalan como ser humano incompleto. Respecto a la clase social:

"una de las contradicciones fundamentales creadas por el hegemonismo de la economía de mercado y la globalización radica en que los individuos se relacionan crecientemente con la sociedad desde su condición de consumidores y no como ciudadanos […], en términos de que el consumidor adquiere estatus y capacidad de convivir bajo este sistema por su capacidad de compra, es decir, por su nivel de ingresos". (Gonzales, p.160)

Sin embargo, existen otras posibilidades para convivir bajo estos términos, que el recién citado Gustavo Gonzáles no contempla. En el caso puntual de Tras el espejo o las bellezas  que somos allí, el camino para que el sujeto acceda a un lugar que lo legitime como voz válida de ser oída, no es ya el poder adquisitivo, sino la fama, en imitación paródica de lo trascendente en esa constante revisión de las identidades que exhibe el escrito, transformando al sujeto a un tiempo en objeto de consumo y en consumidor de sí mismo, no como crítica a un orden concreto, sino más bien como manifestación de malestar ante el poder e inestabilidad de los ordenamientos a los que se está inevitablemente sometido. Por tanto, la publicidad, "los destellos del mall/ y la moda" y, por sobretodo, la televisión, son reflejo y proyección de la frivolidad humana en su carácter de fetiche de consumo, que permite a los destinos marginales tornarse centro, por lo menos cuanto dura su protagonismo como moda de turno:

"[…] para la casa estudio 
se nos ofrecía en suicidio para la señal en cadena 
y teleaudiencia internacionales 
cuando no sabíamos si era la realidad del libreto 
o la conmoción por sostener el rating […]"

Nota aparte merece la alegoría que muestra el texto, respecto a las relaciones que se dan entre los/as poetas emergentes, su producción y los distintos lugares que ocupa cada uno/a dentro de la jerarquía de la industria cultural chilena. Un botón de muestra:

"[…] antes de haber convertido nuestra realidad
en un pozo de lágrimas
y habernos ahogado en ella 
bebiendo demasiado para nuestras pequeñas edades 
no sabiendo crecer 
si al salir a pintar borrachos 
rosas rojas 
en el corazón de la ciudad 
chorreando de pintura por el dolor 
inventamos nuestras propias canciones
nuestras líricas subversivas y nuestras poses 
en cada video clip"

De esta manera, a lo largo del texto el refugio de la subjetividad del/la mencionado/a antihéroe/heroína, no es otro sino la construcción de un discurso sustentado sobre la reinvención romántica del pasado:

"[…] ahora que después de unos años recuerde 
también hubo besos de boquitas pintadas 
labios rojos de color brillantina 
persiguiéndose en el terreno eriazo 
para hacer un poquito el amor entre los escombros alma mía 
sin que nadie nos ate 
ni siquiera las bolsas de basura en que una vez
nos enredamos […]"

Reinvención romántica del pasado que deja en claro su carácter parcial e ilusorio, y que viene a funcionar entonces como única trinchera donde guarecerse de la colosal maquinaria que objetiva a los individuos, obligándoles a ser parte de un juego deshumanizante donde centro y márgenes no son sino planos interdependientes, en su relación con el poder del dinero y la fama, en una clara versión actualizada de la trata de personas.






LA ENERGÍA DE LA POESÍA
Presentación de “La Célula Inhabitable” de Rafael Farías Becerra

Por Mauricio Torres Paredes



Ese sofisma –tu alma- no te lo devolverán nunca.
Lo robaron robándolo, lo robaron
Ladroneándolo –y escribiéndolo.
Ese sofisma ha muerto para que estés vivo.
Osvaldo Lamborghini

La energía habita en todo y en todas partes que lleguemos a imaginar. Dispersa, disgregada la encuentras  en microorganismos, en un ave que vuela donde tú nunca sabrás y en los gestos espontáneos que estás realizando en estos momentos como pestañar, hablar, respirar, escuchar. Para Walter Benjamin sería el aura que debela una obra de arte, para Edgar Alan Poe la presencia de Leonora en un cuervo que lo visita.

Todo habita en todo, lo uno y lo múltiple son parte de lo que existe y de lo que existirá, para eso contenemos cuerpo, límite de nuestra energía que la poesía expande, que se desplaza entre un exterior e interior y viceversa, ampliando las demarcaciones impuestas desde la cultura, pasando por la política y la ciencia, buscando nuestra naturaleza que se encuentra contenida en esos microorganismos, en esa ave que vuela y en los gestos y movimientos que no puedes contener.

Cuando hablamos de célula y tratamos de imaginarla, más allá de los dibujos de libros e imágenes que nos han hecho observar desde nuestra época de colegio y/o de educación formal o de los anuncios publicitarios elaborados por expertos diseñadores y creadores. Estamos hablando de “sofismas” parte de la plataforma constituyente la ideología. Desde esa lógica toda célula que nos habita es habitada por nosotros. Sin embargo este pequeño ser que nos contiene, también puede ser inhabitable, no en el sentido de vacío, sino en el sentido de hastío. Muchas veces nos sentimos inhabitables, inundados de fastidio, no comprendiendo el cambio que nos habita provocándonos molestia, no queriendo ser los mismos aunque conscientemente lo queramos.  Cito poesía: “Tengo otra dirección en el interior de la célula. Habría que inventar números infinitesimales para ella, pero no es necesario, porque está deshabitada de esa forma en que nombran los cuerpos.

Es la incontención, de lo que nos habla El poeta Rafael Farías en su poemario “La Célula Inhabitable” no esa búsqueda de los beats en el Camino de Keruack, sino esa escapada laberíntica y enmarañada donde el cuerpo funciona desconectado de la razón y donde la psiquis actúa provocando traumas para nuevamente constituir la unidad. ¿Pero que unidad, si somos parte de un todo? Es ahí donde la poesía posibilita el desarraigo y la oportunidad política del cuerpo ha que se emancipe.

Estamos en tal hoyo conceptual que es necesario hacer que cada cosa retorne a su origen, a su primerísima pulsión de identidad. Diría Roberto Matta. La inclusión de los habitantes de la tierra, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo, plantearía la Biblia. Es una empresa poética preguntarse si seremos capaces de encontrar un arte que esté ligado a la primera pulsión de vida. Replica Matta.

Es en el habitar donde la vida se constituye como tal y en la lucha por la vida (la función política) donde esta la ganamos. Y donde la célula es el espacio de la amplitud de sabiduría por encontrar, ya no en el sentido científico biológico, sino en eso que nos plantea Matta, donde: Este modo de conciencia lo encuentras en el sueño, en la infancia, en la palabra arcaica, en la droga, en la poesía, en una experiencia delirante... ¿y que más delirante, en el sentido expansivo de la palabra, que la célula por habitar?.

Células alojadas hay tantas que ni siquera la palabra se ha preocupado en determinar, tantas vivas, como tantas muertas, sus formas y variaciones, mudan una tras otra la lengua ampliando su procedencia y su vinculo con la energía. No sabemos aún como residimos, pero sí cada vez más sabemos como queremos morar.

La energía como valor primigenio en todo y en todos. Antiguos y modernos. La poesía y la política como vertederos a expandir.  Cito poesía: “Toqué tu puerta como el cuervo desparramado de Poe, pero mis parientes eran Flaites con cuchillas, los que me sacaron a tajos para darme la vida”.

Para Osvaldo Lamborghini, escrito está “tu alma a muerto para que estés vivo”.






FRONTERA DE LAS DESPEDIDAS

Todos mis sueños han corrido como agua
Edith Södergran 


He cruzado la frontera
alambrada de las despedidas
como se atraviesa el último
umbral hacia el paredón,
con el equipaje de mis sueños
yendo al encuentro de un boleto
para una bella plaza sembrada
de palomas. Me voy,
quizás me pierda
en el viejo laberinto de Creta
y demore en hallar
la puerta de salida.

He concluido la última hoja
de un calendario archivado
en mi pared y no tengo
otra lectura que me postre
al sillón apolillado,
me voy, quizás retorne
en una tarde violeta
cuando los pañuelos
enjuguen las aguas del olvido.






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