lunes, 16 de marzo de 2015

MARTÍN MAIGUA [15.230] Poeta de Argentina


Martín Maigua

(Salta, Argentina   1978). Publicó Giro (2008, CD, ed. de autor), El mundo no es más que eso (Nudista, 2010) y bajo el seudónimo de Miguel Sokolic, Nada es mío (2008, Kos-cai). Codirige la Editorial Nudista.



La casetera tiene el motor dislocado

Traga la cinta que puse
y smoke on the water suena
como si el sonido saliera
debajo del agua.
Mamá dice que estudie si quiero ser grande,
que tengo que hacer las tareas
y comer hasta el último.
Yo sólo hago como si la escuchara.
Ella levanta la mesa y ocupa la siesta en su cama
que nunca pero nunca tiende.

Desde que papá se fue de casa rezo en las noches.
Tampoco cuido el jardín
como lo hacíamos juntos los sábados.
Antes de irse me regaló su grabador
y yo recién hoy descubrí, en el cajón de su cómoda,
este casete de Deep Purple.
Él fue sensato conmigo, una vez me dijo:
“No necesitás un padre que no sabe lo que quiere”
y de ahí se fue a fumar
recostado en la bañera.

 ´El mundo no es más que eso´ (Editorial Nudista.2010)



Camino al súper

la última oración del poema que leí en casa
termina por convencerme:
“el mundo no es más que mundo
y ninguna otra cosa”.

Cruzo la avenida
y el ruido de bocinas detiene
mi concentración.

Llego al lugar
pero antes de entrar
veo que pasás distraída
por las vidrieras de enfrente

y advierto
que de vos en mí
sólo queda una extraña
sensación
donde el mundo
no es más que eso.

 ´El mundo no es más que eso´ (Editorial Nudista.2010)



Qué macana, dice la señora

mamá le cuenta que hasta hoy
no nos trajeron
la imagen de la virgencita.
Tendría que estar acá, en el comedor
pero nadie vino a dejarla.
En teoría se queda una semana
En cada casa del barrio
y desde ayer le tocaría la nuestra.

Estaba inmunda la vez que la tuvimos.
En esos días venían las vecinas de la cuadra
y rezaban por más de una hora,
toda la semana igual:
papá quedaba solo en la cocina
y yo en mi pieza, con el tele.

Ahora escucho que mamá promete
que apenas la traigan
le va a cambiar el mantito
y espera que esta vez
no la manoseen tanto.

 ´El mundo no es más que eso´ (Editorial Nudista.2010)




Comencé por la bolilla que menos sabía

En un impulso por abandonar el examen
le dije al profesor
que la Facu era secundaria en mí.
Afuera estaban mis padres y amigos,
mamá fumaba yendo de un lado a otro
y de a ratos miraba el reloj. Papá esperaba serio
en un banco del pasillo, no quiso hablar con nadie
hasta que yo saliera.
Mis amigos escondían en bolsas de nylon
distintos frascos
con cócteles de olores putrefactos.

Si lo que más querés es otra cosa
no dejes de hacerla, me dijo el profesor.
Sentí una fuerza extraña
y con la seguridad de quien decide su propia muerte
le propuse que me preguntara lo más difícil.

Entonces fijó su vista
en la cruz de arriba de la ventana

y cuánto vale ser
lo que uno quiere en la vida, me preguntó.

   ´El mundo no es más que eso´ (Editorial Nudista.2010)





La parábola del poeta.

Notas sobre “El mundo no es más que eso” de Martín Maigua.
Escribe: Marcelo Daniel Díaz.

“De hecho algo hace, algo va haciendo en su devenir con el poema”
Juan Carlos Moisés

Hace un tiempo que el modo de circulación de los textos literarios ha cambiado. El terreno editorial es heterogéneo y amplio. Las propuestas editoriales independientes hoy por hoy proponen textos novedosos que escapan a la tradición y al canon. A la vez, y puede ser una hipótesis consistente, es desde los márgenes desde donde emergerán aquellos autores y aquellas obras que luego estarán legitimadas. En Córdoba encontramos propuestas como la de Caballo Negro, Llanto de Mudo, Ciprés, Recovecos y los editores que juegan de local con Cartografías.

Probablemente el proyecto más ruidoso en la última década haya sido la de la ya desaparecida Editorial La Creciente, de allí provienen varios autores que ahora nos son familiares como Vicente Luy, Eolisa Oliva, Lucas Tejerina, Silvina Mercadal, Caqui y así.

En este panorama independiente ingresa editorial Nudista. Llama la atención que algunos proyectos significativos para las coordenadas provinciales nacieron de autores que no fueron nativos de Córdoba, veáse el caso de Alejo Carbonell (Entre Ríos) o el caso de Martín Maigua (Salta). Quizá se podría elaborar un mapa de cómo autores de diferentes procedencias, geografías, terminan definiendo el campo de una provincia como la nuestra pero esa sería tarea para otra instancia.

El primer libro de poemas de M. Maigua, “El mundo no es más que eso” (Editorial Nudista.2010) Es interesante porque el autor construye una voz poética dentro del circuito cordobés. La suya es una poesía en la que música, ritmo, van de la mano, encabalgados, en sus poemas. Recordemos que en la poesía antigua no había separación entre el canto y el texto. Maigua, sin ser clásico porque no utiliza procedimientos acartonados por una tradición desentendida del presente, nos ofrece un texto que brilla por una música interna. Se dice que toda poesía es anacrónica. Pero en este caso es un texto consecuente con su época.

En los estudios del Centro Cultural Rojas G.Helder y Martín Prietto analizan la poesía de los `90 en Argentina. Más allá de los lugares comunes, el desencanto de una generación a causa de una fuerte pérdida de sentidos sumados a los elementos recurrentes de la cultura pop y a la ausencia de un lenguaje elevado en los poemas, los dos autores proponen pensar la cuestión, el estado de la poesía actual, desde la presencia de ciertas formas anteriores de abstracción relacionadas con la memoria y con la intuición. Así se enumeran frases contundentes de la época menemista que se instalaron en el imaginario poético de las nuevas generaciones como “Todo lo que se pudre forma una familia” (Fabián Casas) o “Existe un lugar fuera de uno/pero no es el mundo” (María Medrano) y quizá, a partir del título mismo, “El mundo no es más que eso” pueda ser leído desde esta matriz. Todo lector puede permitirse recorrer su propio camino de interpretación siempre y cuando lleve un buen mapa de ruta y pueda justificar sus interpretaciones por cada paso asumido.

La obra de Martín Maigua puede ser entendida, por momentos, en ciertos destellos, como pequeñas parábolas, o sentencias, contemporáneas. Una parábola en su significación original: una verdad hecha discurso o un discurso que construye una verdad. De esta manera sobresalen los siguientes versos, dispersos como esquirlas que irrumpen en lo real cotidiano: “y advierto/ que de vos en mí/ sólo queda una extraña sensación/donde el mundo/ no es más que eso” o “El fue sensato conmigo, me dijo/ no necesitás un padre que no sabe lo que quiere”. Los versos que funcionan como máximas anuncian una concepción de la poesía relacionada con la presencia explícita del poeta en el mundo y sugieren un poeta que se transforma en una suerte de oráculo moderno repleto de limitaciones para explicar la experiencia personal.

Asoma en el poema “Qué macana, dice la señora” un residuo mítico y popular. Lo cual irrumpe y complejiza las representaciones tradicionales sobre la ciudad como el espacio sagrado de la racionalidad instrumental. Frente al centro, las creencias populares, casi paganas, del interior, de la periferia. Dice: “mamá le cuenta que hasta hoy/ no nos trajeron/ la imagen de la virgencita (…) ahora escucho que mamá promete/ que apenas la traigan/ le va a cambiar el mantito/ y espera que esta vez/ no la manoseen tanto.” En casos así el resplandor de los versos responde a una lógica propia, a un emotivo acto de fe. Osvaldo Bossi explica que en el caso de Maigua existen textos que arrasan con el lector, tal vez lo hagan porque se produce la irrupción de una forma de trascendencia, no se sabría definir muy bien cuál es esa forma, en el poema, una ruptura con el orden natural de lo cotidiano para dejarle lugar al pensamiento y la reflexión.

Para terminar, el verso libre tiene sus consignas, su música interna, “El mundo no es más que eso”, es un ejemplo de un trabajo atento en materia de ritmo, tono y voz. La experiencia se afirma en una lengua propia y se afirma en un encadenamiento de pensamientos que transforman la manera en que entendemos el mundo.



Giro

giro media vuelta la llave
arranca el motor enciendo las luces
es probable que tenga que cargar nafta
prendo el mp3 pongo primera y salgo de casa

la noche está buena para que después de cenar
nos quedemos en tu patio tomando una cerveza
vos me esperas con fajitas yo llevo el vino
pero compramos unas Coronas que pusiste en el freezer
y después me diste un beso
son para tomarlas juntos dijiste
esta noche puede ser
todo bien con la comida mejicana
los tacos las quesadillas el tabasco lo picante me gusta
pero sólo al punto que arda adentro antes de perder sabor
llego a la salida del barrio giro a la derecha
entro a la estación de servicio lleno el tanque de súper
y antes que el empleado me devuelva la llave pienso en vos
en eso que me contaste que te acostarías con otra mujer
y está bueno que me lo digas
para conocerte
no tengo otra inquietud que esa
pero no sé si en verdad interesa
o si ya lo hiciste alguna vez
quizás en una de las fiestas de cuando tomabas merca y cosas así
entonces puede ser que me estés preparando
porque con vos nunca se sabe

el empleado me dice que mañana va a salir el sol
yo le digo que ésta
va a ser una noche de gran luna
y que eso es lo bueno
le pago
y arranco otra vez

tu casa no queda lejos de donde quiero ir
pero me llama la atención los pocos autos en la ruta
y si no fuera por los focos de los postes
la luna pegaría en el camino a lo largo del viaje
y yo quisiera contemplar eso
aunque tenga que desviarme y alejarme de vos y
quién sabe adónde llegue
pero esa adrenalina
tiene en mí
un gusto que pica en lo justo

vos estás esperándome
pero no sé si querés verme hoy
y creería
que vos tampoco lo sabés



Volvíamos del Sanatorio

Las horas de espera habían terminado.
Teníamos que tramitar lo necesario en el Registro Civil
y avisarles a todos que nuestro hijo
no pudo resistir la enfermedad.

Caminábamos en silencio hasta el auto
y en un momento antes de llegar
nos hincó el grito seco
de una mujer por detrás de nosotros
pero ya era tarde:
un hombre se perdía por la esquina
con el bolso negro
a toda prisa en una moto.

No supimos qué hacer.

Fue uno de esos días
en los que nada nos pertenece.



Tiembla y más

Al costado de la ruta hay una casa

Ventanas que se abren, que son ventanas
donde el paisaje se detiene
con el paso del tiempo.
Hacia el horizonte
el viento empuja los pastizales
se recuestan en su lado débil
pero no llegan a caer.
La sombra que baja de las nubes
tapa la mitad del campo extendido
aunque de a poco, al fin
la tarde se abre nueva y despejada.
Sobre esa astronomía
se escucha, sola, todavía,
la caricia última del mundo:
un gran golpe en el silencio de los gritos,
un silbido interminable y en diley.

en el libro Habitar el Grito, año 2012.




Tiembla

Hay imágenes que en ella
pasan rasantes. La impactan.
Su cuerpo tiene la temperatura
de una piedra al sol. Una piedra
al costado del río, llegada ahí
por voluntad de la creciente.
Otras noches
es un caballo de carrera
que ruge
sobre la recta final.
Pero la recta es ahora
una línea transparente
entre el sueño y la vigilia,
y en el sueño la llegada es eso
que no alcanza a distinguir.
No distingue si está despierta
o está dormida. No distingue
las caricias de los golpes
en la superficie de su piel.
No distingue si está desnuda
o está vestida, corriendo
por un campo verde
sin saber quién es.

en el libro Habitar el Grito, año 2012.



Una mañana sigue a otra después de madurar en oscuridad y noche
y eso mismo pasa hoy viernes veintitrés de enero a las seis en punto

Afuera,
los minutos van menguando la luz del alumbrado público
y el cielo parece
querer aplastarse en la tierra.
La lluvia cae
sobre cada rincón del campo
donde el verano ya no es
de este pueblo.
Pero llegará después
el día en que el viento
se disuelva con su temporal
en algo más definitivo.
Mientras tanto, adentro,
cuerpos horizontales se desparraman
boca arriba o boca abajo
y la casa respira el sueño
de cada uno de los que duermen.

en el libro Habitar el Grito, año 2012.











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