martes, 10 de marzo de 2015

LEO MERCADO [15.171] Poeta de Argentina



LEO MERCADO

(Salta, Argentina, 1982)

Miope por naturaleza. Malhumorado por elección. Deportista a tientas. Escritor de tiempo completo. Cuasi antropólogo. A veces arqueólogo. Cuentacuentista. Poeta. Cuentero. Bebedor de buen vino. Tomador de mates. Hablador desenfrenado. Trabajador de Museo. Velador de muertos. Acunador de momias. Accionista del “Cuaderno Rojo”. Amiguero. Nacido en Salta, Argentina, el primer día del otoño del ’82. Habitante del mundo, aunque de Salta y Mendoza en particular (donde el amor). 

De su blog: http://vientonorte-leomercado.blogspot.com.ar/




4

no hay peor autocompasión
que sentirse huérfano
de uno mismo



5

a veces
un hombre solo
es algo menos que una pizca
de nochecita
recién venida



6

en época
de poesías flacas
cualquier narrativa
es trinchera



8

en época de crisis
hay que descartar la munición gruesa
y prepararse para librar la batalla
cuerpo a cuerpo
los dos
en la cama

y que la paz se vaya a la mierda



9

con urgencia
busco
el diminuto interruptor
que apaga
el mundo
cual si fuera
luz
de
noche




10

no hay placer más escalofriante
que descubrirse
el corazón siniestro

  


11

el problema de matar una hormiga
es que uno sabe que se avecinarán marabuntas
que
a modo de venganza
engullirán el ligustro de nuestra cerca
desprotegiéndonos
de otras bestias




14 (consejo para el joven escritor)

para romper
el molde
imberbe poeta
primero hay que haber estado
adentro




15

hay paciencias
que los animales de la soledad
saben ingobernables




17 (himno a la pena)

que se avergüence siempre
puta pena/pena puta
de la cárcel de costillas
que la apresa
en el centro
del pecho




20

alguna vez
habré de comenzar
a hacer
andar
la máquina
que hace felicidad
como si fuese
helado
de chocolate




26

no quiero extraviarme
inmerso en iras
ajeno a la dulzura
en la noche calurosa sin luciérnagas
quiero que
cuando tema con todo el amor del mundo
desesperado
asesino
me abraces, Carolina
para ser algo más que un saco de piel y huesos
que me recuerdes cómo volver el timón
para virar el rumbo
recobrándome
quiero dubitar
temblar ante lo incierto
y sin embargo entrar
descalzo
al patíbulo
y cerrar los ojos
y abrir los brazos
y ser un cuerpocruz
blanco perfecto de cualquier fusil
y sonreír con soberbia
con ironía
mirando los ojos tristes del verdugo
que sabe que de todas formas
ha perdido la contienda
y decirte
con palabras más simples que estas
que todas las cosas
verdaderamente dignas de cualquier proeza
blanden tu nombre
y que yo ya estoy empuñando la bandera




27

alguien
abrazará más a mi poema
que a mí




28

será que habrá que acostumbrarse
al fideo
al raviol
a la pata de pollo
a la impar copa
a fregarse solo la espalda en la ducha
como única alternativa 



40

en este poema
oscuramente duro
soy yo
en realidad
el que está abatido




45

atelonar la suspicacia
suministrándole abrigo
para no evidenciar
que aquí
a esta hora vacía de tictacs
agonizo por morder tu lengua




48

la poesía no es un juego
con el que hay que divertirse
la poesía es un arma
que mata
o ama
y en cualquier caso
siempre hay una víctima




Clase de Historia

Toda la historia de la humanidad se reduce a un punto. A una mancha. A un descuido en tu mejilla, que yo, con precisión quirúrgica repaso con mi maltrecho índice oeste.
Lo que nos ronda podría ser el caldo o Adán y Eva, la teoría del candelabro o el congelamiento de Bering, Napoleón o Tupac Amaru; y no importar en esta clase.




Clase de arqueología

la arqueología
es
mirarse hacia adentro
con el rigor que el detalle exige
y excavarse a sí mismo
las pasiones mal habidas
los rencores incorruptos
los odios infundados

y descubrirse entonces
bajo la luz de lo cierto

vulnerable





Clase de Prehistoria

Una línea parte la mensurabilidad histórica en dos*.
Cuentan que el suceso puntual, estuvo relacionado con el hecho concreto de empezar a plasmar símbolos sobre una superficie perdurable, hace unos 5.000 años.
Hay una línea, ínfima, delgada. Detrás, lo ágrafo.
No importa aquí hablar de Egipto, Mesopotamia o China; basta decir, simplemente, que estábamos, de este lado de esa línea, discutiendo la transición de un verbo parecido al verbo amar; un verbo que, en una servilleta de papel que aún conservo, latía más allá incluso, de la intemperie misma del tiempo. Y que ese juego de símbolos nos llenó el espacio de risas y de pequeñas voces.  

_______________________________________
* Discutir los pormenores epistemológicos o teóricos que nos llevan a considerar a la historia historia desde que el hombre, en cualquiera de sus versiones, puso un pie en la tierra, forma parte de la harina de otro costal, y no es el propósito de esta clase.




3 (de "Las horas huecas")

con la sangre
desesperada
en los conductos acuosos

te espero

Otra manera sería suponer la noche entera, con toda su vertical sombra. Suponer el techo a dos aguas de esta casa venida a mía. De esta casa enclavada en la ladera este de un cerro que recibe los embates que depositan las lluvias estivales, antes de atravesar el valle y perderse en la selva repleta de azares e incertidumbres. Pero está la lluvia, claro. La lluvia se queda aquí. O al menos una parte. Y es la excusa suficiente para iniciar ese extrañamiento, esa desesperación que suponen los versos iniciales. Y claro, sí. Vas a venir. Vas a renegar por el humo que puebla la casa, y cuelga particularmente de las telas de araña del techo a dos aguas (el techo es alto, no tengo alternativa). Vas a propinarme una amorosa puteada por el caos de los libros leídos a medias y diseminados por cuanta superficie horizontal exista. Porque no puedo con mi genio y anoté el plan para un poema entre tus cuentos de Bolaño. Por mi manía de doblar el vértice de la hoja hacia la página en donde dejo mensajes, en donde escribo pistas. Y sí, que mi cuaderno rojo, que una hoja de máquina en blanco, que la libretita anillada que te regalé, que con lápiz tal vez, pero con una lapicera definitivamente no. Y yo sé que tendrás razón. Y no podrás sostener tu papel de mujer ruda y renegona y se te escapará seguramente una sonrisa y yo te sabré nuevamente mía y vos lo sabrás también. Y, seguramente, mientras los recojas para ordenarlos en la biblioteca, supondrás el tránsito de mis huesos por la casa, mi trashumancia. Vendrás. Vendrás a alimentarme la bestia, a domesticarla. A recordarme que hay más, que siempre hay más. Vendrás. Y yo te voy a esperar con efervescencias propias para la ocasión, con temores. Entonces la vertical sombra será nuestra.

Pero ahora no. Ahora es la tarde. Yo no voy a tocar nada. No voy a mover nada. Voy a permanecer inmóvil, balanceando sólo mis ojos, al borde de la hamaca donde soplo nubes grises y les invento formas. No toco nada, no. Necesito excusas.




Confabulación de objetos

Viajo en una galopante miopía, que me ayuda a ver fantasmas, rinocerontes, peces de colores. Formas que sólo son ese segundo que tardo en tenerlas al frente.




SOBRE ESA MUJER*

Esa mujer está en mí. Se me sale por los ojos para ser la que compra verduras del otro lado de la calle, la que ríe en la carnicería y sufre en el dentista.
Su pelo se me sale por las uñas para poblarle el rostro que, a trasluz, enamora al vendedor de diarios de la esquina.
Y su olor, claro, su olor… Su olor son mis rodillas aplaudiendo; son mis codos temblando el pocillo de café: su olor me ronda la muñeca izquierda (emerge por los poros: yo veo mis vellos erizarse).
Su voz es el desorden de mi biblioteca. Ella flota de cada uno de mis libros escritos y anotados y tachados, para cebar los mates que el invierno imprime en nuestras paredes, mientras las pequeñas voces reclaman circos, piratas o tesoros.
Esa mujer está en mí. Aunque crea que duerme a mi lado, en el costado izquierdo de la cama, independiente, y que el que ronca soy yo.

*Ejercitando la relectura.




Vía a Finisterre (reeditado por ternura)



I

se desfasa el tiempo
mientras Iacobus
pesca en el lago de Genesaret
y yo le escribo pistas
(en el hombro hábil)


II

pienso en la Vía del Finisterre
y se me asienta en los dedos
todo el peso de la historia


III

yo no sé si fue la vieira
o este sueño de andar
a cuatro pies
lo que nos repuso el alma


IV

me anclo en tus caderas
irremediablemente dormidas

hay pocos kilometros
entre Sestao y Baracaldo

y toda la vida
(entre nosotros)


V

en San Sebastián
sediento
te bebo
el mar que hay en tus ojos


VI

el viento
te arrebata el pelo

nos rescata


VII

nada nos deja
sin nosotros
sin los remotos huesos
de una patria extrañada


VIII

vinimos aquí
para olvidar el tiempo
las distancias

para sabernos posibles


IX

y lo fuimos


X

lo somos









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