jueves, 26 de marzo de 2015

ASSATA SHAKUR [15.296]


Assata Shakur

Assata Shakur (nacida con el nombre de JoAnne Deborah Byron el 16 de julio de 1947 en la ciudad de Nueva York) fue una activista estadounidense del Partido Pantera Negra.

Shakur se crió en Nueva York y estudió en el Manhattan Community College y el CCNY, donde estuvo involucrada en diversas luchas. Más tarde le fue concedido el asilo político en Cuba (donde vive en la actualidad). En abril de 1967 se casó con Louis Chesimard, un compañero y estudiante-activista, se divorciaron en diciembre de 1970. Assata Shakur es una fugitiva del estado de Nueva Jersey y de los Estados Unidos, acusada del asesinato del compañero activista Zayd Shakur y del policía estatal de Nueva Jersey, Werner Foerster.

En 1970 JoAnn se cambió el nombre por el de Assata Shakur y se unió al Ejército de Liberación Negro (Black Liberation Army), "una organización político-militar, cuyo objetivo principal era para luchar por la independencia y la autodeterminación de los afroamericanos en los Estados Unidos.

Para 1971 Shakur se unió a la República de Nueva Africa, una organización formada para crear una nación de mayoría negra e independiente, compuesta por Carolina del Sur, Georgia, Alabama, Mississippi y Louisiana.

El 2 de mayo de 1973, Shakur, que entonces pertenecía al Ejército por la Liberación Negra y ya no al Partido Pantera Negra, fue detenida en la carretera de condado estatal de Nueva Jersey por los agentes James Harper y Werner Foerster, junto a dos panteras negras: Zayd Shakur y Sundiata Acoli, por conducir un vehículo con una luz trasera rota. Según los registros policíacos, Assata abrió fuego contra los agentes, iniciando un tiroteo en el que fallecieron Zayd Shakur y el agente Foerster, en tanto Assata Shakur y el otro agente resultaron heridos. Se dice que Assata tomó el arma del policía Foester estando éste herido y le disparó dos veces en la cabeza.

Los tres se subieron al automóvil y huyeron. Ocho millas más adelante, Sundiata salió del mismo con Assata herida en los brazos y el cadáver de Zayd para refugiarse en el bosque, pero fueron capturados al día siguiente tras una persecución.

Durante los dos años y medio posteriores Assata Shakur estuvo en la cárcel mientras se le enjuiciaba simultáneamente por seis causas distintas. Shakur alega que fue golpeada y torturada durante su encarcelamiento en varias prisiones federales y estatales. Los cargos iban desde secuestro hasta asalto y robo de banco.

Shakur fue encontrada culpable del asesinato de Foerster y su compañero Zayd Shakur, por su participación en el tiroteo, a pesar de la evidencia física de que no pudo haber disparado un arma durante el incidente2 En 1979 se escapó de la prisión de máxima seguridad de Hunterdon County y vivió como fugitiva hasta 1984, cuando se escapó a Cuba, donde le fue otorgado el asilo político. En 1998, el congreso de Estados Unidos solicitó, de manera unánime, a Cuba la extradición de Joanne Chesimard. Muchos congresistas negros explicaron después que estaban contra la extradición, pero que no reconocieron el nombre cuando fue propuesta la resolución.

El National Conference of Black Lawyers y Mos Def están entre las organizaciones profesionales y artistas comprometidos políticamente que apoyan a Shakur. También hay movimientos anarquistas, socialistas y de izquierda que la apoyan, y por las universidades estadunidenses se pueden ver playeras en las que se lee "Hands Off Assata" (manos fuera de Assata).

Tras haberse mudado a Cuba escribió Assata: An Autobiography en 1987.

El 2 de mayo de 2005 su nombre fue agregado a la Lista de Terroristas del FBI, con una recompensa de un millón de dólares por ayudar en su captura. Algunos activistas aseguran que en su caso, se aplicaron nuevas leyes terroristas contra un no-terrorista.

El 2 de mayo de 2013, el FBI la añade a la lista de terroristas más buscados y aumentó la recompensa por su captura a 2 millones de dólares.3

Assata tiene una hija, Kakuya Shakur, y fue la madrina del rapero Tupac Shakur.


Me encerraron los sin ley.
Me esposaron los odiadores.
Me amordazaron los codiciosos.
Y, si hay algo que sé
Es que un muro es solo un muro
Y nada más que eso.
Se puede derribar.

–Assata Shakur



ASSATA SHAKUR traducida al español por CELINA ASTE 

AFIRMACIÓN

Creo en vivir.
Creo en el espectro
de días Beta y gente Gamma.
Creo en la luz del sol. 
En molinos de vientos y cataratas,
 triciclos y sillas mecedoras. 
 Y creo que las semillas se convierten en brotes. 
 Y los brotes se convierten en árboles. 
Creo en la magia de las manos.
 Y en la sabiduría de los ojos. 
Creo en la lluvia y en las lágrimas.
Y en la sangre de la infinidad.

Creo en la vida. 
Y he visto el desfile de la muerte
marchar a través del torso de la tierra,
esculpiendo cuerpos de barro en su camino.
He visto la destrucción de la luz del día,
 y he visto a los gusanos sanguinarios.
rezándole y saludando

He visto gente tierna volverse ciega 
y a los ciegos volverse un problema 
en tan solo una simple lección.
He caminado sobre vidrios rotos. 
He sufrido humillación y he cometido errores sin importancia 
y he respirado el hedor de la indiferencia. 

He sido encerrada por gente ilegal.
Y esposada por cínicos.
Amordazada por los codiciosos. 
Y, si conozco absolutamente todo, 
sé que una pared es sólo una pared
y simplemente eso.
Puede ser tirada abajo. 

Creo en vivir.
Creo en el nacimiento. Creo en el sudor del amor y en el fuego de la                                                                                                /verdad. 

Y creo que un barco perdido,
dirigido por marineros cansados y mareados, 
aún puede ser guiado a su hogar en el puerto.



AFFIRMATION

I believe in living.
I believe in the spectrum
of Beta days and Gamma people.
I believe in sunshine
in windmills and waterfalls,
tricycles and rocking chairs.
And I believe that seeds grow into sprouts,
And sprouts grow into trees.
I believe in the magic of the hands.
And in the wisdom of the eyes.
I believe in rain and tears.
And in the blood of infinity.
I believe in life.
And I have seen the death parade
march through the torso of the earth,
sculpting mud bodies in its path.
I have seen the destruction of the daylight,
and seen the bloodthirsty maggots
prayed to and saluted.
I have seen the kind become the blind
and the blind become the bind
in one easy lesson.
I have walked on cut glass.
I have eaten crow and blunder bread
and breathed the stench of indifference.
I have been locked by the lawless.
Handcuffed by the haters.
Gagged by the greedy.
And, if I know anything at all,
it is that a wall is just a wall
and nothing more at all.
It can be broken down.
I believe in living.
I believe in birth.
I believe in the sweat of love
and in the fire of truth.
And I believe that a lost ship,
steered by tired, seasick sailors,
can still be guided home
to port.




Assata Shakur. Una autobiografía. Ed. Capitán Swing. Madrid, 2013


SOBRAS - QUÉ QUEDA 

Tras los barrotes y las verjas
y la degradación,
¿qué queda?

Nos encierran adentro, nos encierran afuera,
nos encierran abajo,
y luego, ¿qué queda?

Quiero decir, tras las cadenas que se enredan
en el gris de cada mente,
cuando se atascan los barrotes
en el corazón de mujeres y hombres,
¿qué queda?

Tras las lágrimas y las decepciones,
tras el aislamiento solitario,
tras la muñeca llena de cortes y el peso de la soga,
¿qué queda?

O sea, es decir, tras los besos del comisario
y el blues del córrete-ya,
cuando al buscavidas le han buscado las vueltas,
¿qué queda?

Tras los esbirros y los matones
y el gas lacrimógeno
tras los carceleros y el calabozo,
tras las trolas
¿qué queda?

O sea, es decir cuando sabes que dios
no es de fiar,
cuando sabes que el loquero
es un camello,
que la palabra es un látigo
y la placa una bala,
¿qué queda?

Cuando sabes que los muertos
siguen caminando,
cuando sientes que el silencio
habla,
que dentro y fuera
son sólo una ilusión,
¿qué queda?

O sea, es decir, ¿dónde está el sol?
¿Dónde están sus brazos y
dónde sus besos?
Hay huellas de labios en mi almohada
sigo buscando.
¿Qué queda?

O sea, es decir, nada está quieto
y nada es abstracto.
El ala de una mariposa
no puede alzar el vuelo.
El pie sobre mi cuello
pertenece a un cuerpo.
La canción que canto
pertenece a un eco.
¿Qué queda?

Quiero decir, el amor es concreto.
¿Es mi mente una metralleta?
¿Es mi corazón una sierra?
¿Puede hacer real la libertad? ¡Claro!
¿Qué queda?

Estoy en la cima y al pie
de una bajar-quía.
Soy una amante de la tierra
desde siempre.
Amo
a los fracasados y la risa.
Amo
la libertad y a los niños.

El amor es mi espada
y la verdad mi brújula.
¿Qué queda?






«Había luces y sirenas. Zayd estaba muerto. Mi mente sabía que él estaba muerto. El aire era como cristal frío. Se alzaban enormes burbujas y estallaban. Cada una parecía una explosión en mi pecho. Me sabía la boca a sangre y a tierra. El coche daba vueltas a mi alrededor. Poco después, se apoderó de mí algo parecido al sueño. De pronto, me parecía oír algo como disparos. Pero perdía la conciencia y soñaba. De repente, se abrió la puerta de par en par y me sacaron a rastras a la acera. Me empujaron y me dieron puñetazos, un pie en la cabeza, una patada en el estómago. Había policías por todas partes.»

Así empieza la autobiografía de Assata Shakur, describiendo el accidente que cambió radicalmente su vida. Nacida como Joanne Deborah Byron un 16 de julio de 1947 en Nueva York, Assata Shakur fue considerada por el FBI como una de las diez terroristas más peligrosas de Norteamérica. La agencia federal de investigación llegó a ofrecer hasta dos millones de dólares de recompensa por alguna pista sobre su paradero.

Shakur estudió en el Manhattan Community College, donde estuvo involucrada en diversas luchas. En 1970 se unió al Ejército Negro de Liberación (Black Liberation Army), “una organización político-militar, cuyo objetivo principal era luchar por la independencia y la autodeterminación de los afroamericanos en los Estados Unidos.

assataEn mayo de 1973, Shakur fue detenida en la autopista de New Jersey, junto a dos miembros de las Panteras Negras, por conducir un vehículo con una luz trasera rota. Según la policía, Assata abrió fuego contra los agentes, iniciando un tiroteo en el que fallecieron Zayd Shakur y el agente Foerster y en el Assata Shakur y el otro agente resultaron heridos. Fue trasladada al hospital en estado crítico donde la esposaron a la cama, mientras las autoridades locales y la policía federal la interrogaban acerca del tiroteo en el que resultó muerto un policía blanco.

Tras cuatro años de cárceles en condiciones extremas, sufriendo palizas y torturas, Assata fue condenada en un juicio lleno de pruebas contradictorias. Un ejemplo: le dispararon en la clavícula cuando estaba sentada en el coche y tenía los brazos en alto. Según los expertos Assata no tenía residuos de pólvora en sus dedos, ¿cómo pudo entonces disparar? Todo el juicio estuvo lleno de dudas, demasiadas. Pero la administración no estaba dispuesta a dejarla libre, aunque fuera inocente. El racismo juzgaba sentencia sobre ella, como lo había hecho antes con otros activistas de las Panteras Negras. Un dato esclarecedor: mientras esperaba el juicio de New Jersey, el resto de cargos que la habían convertido en fugitiva hasta culminar en el tiroteo de la autopista fueron rechazados por falta de pruebas; los casos fueron sobreseídos o concluyeron con un veredicto de inocencia y, sin embargo, las condiciones físicas en que se la mantuvo fueron empeorando. La manipulación de los hechos por parte de los medios de comunicación se convirtió en un sustituto de la realidad. Ninguna de las absoluciones recibió cobertura mediática. Condenada a cadena perpetua en 1977, Assata consiguió escaparse de la prisión de Clinton. El 2 de noviembre de 1979, finalmente viajó a Cuba, donde obtuvo asilo político y donde reside en la actualidad.

En 1987 escribió esta autobiografía dura, pero también llena de ternura, de recuerdos, de fuerza, la fuerza de una mujer que se declara inocente y que nos cuenta cómo fueron los movimientos revolucionarios que lucharon contra la segregación racial, o cómo la brutalidad del sistema penitenciario reproducía el semiesclavismo, o la eterna guerra sucia del FBI desbaratando las organizaciones de izquierda que surgieron de la contracultura. Destrozando todo lo que podía rebelarse contra el sistema.

Pero sobre todo esta autobiografía nos descubre a un personaje fuerte, lleno de vida, tierna y poderosa al mismo tiempo, una mujer extraordinaria. El complicado parto en la cárcel, el reencuentro con la abuela, una enigmática mujer que hace que se cumplan los sueños, los meses de castigo en celdas de aislamiento, las compañeras con las que se va encontrando y con las que establece interesantes vínculos, y el momento en el que decide huir de la cárcel y empezar a vivir. Como dice en su prefacio Angela Davis, Assata nos ofrece en este libro regalos de valor incalculable, esperanza e inspiración, pero además es un libro imprescindible para conocer los acontecimientos revolucionarios de los años sesenta. El prólogo es de Lennox S. Hinds, que fue director nacional del Congreso Nacional de Abogados

Negros, organización que defendía a los activistas negros desde su fundación en 1968. El libro ha sido editado por Capitán Swing.



A mi madre (fragmento del poema)

A mi madre,
que se ha tragado el sueño amerikano
y se ha ahogado con él.


A mi madre.
cuyos sueños han luchado entre ellos
y han muerto.

Que ve,
pero no puedes soportar ver.
Un volcán que come su propia lava.

A mi madre,
que no pudo convertir
el infierno en paraíso
y se echó la culpa.
Que siempre ha visto
reflejado en su espejo
un patito feo.

A mi madre,
que no exige nada a nadie
porque piensa que no puede permitírselo.
Que piensa que su dinero habla
más alto que su feminidad.

A mi brava madre
que siempre
se ha ocupado de todo.
Que nunca se ha deslizado
perezosamente a dormir
pensando “él se ocupará”.
Ha urdido tanto,
que a veces ha urdido contra ella misma.

A mi dulce, tímida madre.
Que no está cómoda con la gente
porque no sabe cómo ser falsa,
y tiene miedo de ser auténtica.

Que ha suspirado con jardines esculpidos
cuyo tieso
muere lentamente en el alféizar de la ventana.







NO QUIERO REBELARME, QUIERO GANAR

[Una autobiografía, Assata Shakur. Capitán Swing, 2013]

“El mundo no pertenecía a los cowboys ni a los bandidos”, piensa Assata Shakur en el momento en que ve llegar a la terminal del aeropuerto de La Habana el avión en que viaja su hija Kakuya, su tía y su madre, tras largos años de ausencias. “Cuba es un país de esperanza. Su realidad es tan diferente. Me impresiona cuánto han conseguido los cubanos en tan poco tiempo de Revolución. Por todas partes hay edificios nuevos: escuelas, bloques de apartamentos, clínicas, hospitales y centros de día. No son como los rascacielos del centro de Manhattan”. Ahora bien, Assata Shakur escribe “Una autobiografía” (Capitán Swing, 2013), su autobiografía, antes de la caída del bloque soviético, antes del periodo especial, antes del mercadeo histórico de la utopía y, sobre todo, habiendo encontrado en la Revolución Cubana el asilo político que le permitía, al menos, vivir.

Assata Shakur se escapó de una de las innumerables prisiones norteamericanas en las que estuvo presa, y encontró refugio en el enemigo del Imperio, ese mismo imperio que sometía a mujeres y a negros (y mucho más a mujeres negras) en una lógica cultural (o social, o laboral, etcétera) extraordinariamente violenta. “Cuando estaba en el Partido de las Panteras Negras, solíamos llamar a la policía ‘cerdos fascistas’, pero yo les llamaba fascistas no porque creyera que fuesen nazis sino por la forma en que actuaban en nuestras comunidades. Por muchas veces que les hubiera llamado fascistas, me impactó la verdad de mi propia retórica”. La realidad siempre acaba amoldándose a las posibilidades de nuestro lenguaje, y especialmente cuando Assata, todavía convaleciente por un tiroteo en el que muere un policía federal de New Jersey, se ve inmovilizada en una cama de hospital y rodeada de policías que la insultan y la humillan, y sobre todo llevan tatuado en su cuerpo la esvástica nazi.

Con la misma brusquedad y con la misma dureza arranca la autobiografía de Assata Shakur. Los capítulos que relatan su viacrucis judicial, cambiando de celda en celda, de estado en estado y de crimen en crimen, se ven completados (y compensados) por el relato de su viaje iniciático hacia la conciencia social. Este testimonio experiencial, este alegato en favor de la lucha por los derechos de las minorías, recorre la memoria familiar de su abuela y su tío, que hablaban de igualdad a escondidas y que arrancaban carteles racistas en las calles de Willmington, Carolina del Norte; la pobreza de su madre y de su tía en los apartamentos suburbiales de Nueva York; las violaciones en grupo que adolescentes negros inflingían a jóvenes negras en el infierno de Harlem; los engaños en los contratos laborales, las manos ligeras de los patrones, la soberbia blanca de los jefes.

Y entre la condena de los procedimientos judiciales y la memoria de toda una vida desgranada en razones para luchar contra el odio, la triste historia de un país convulso que está matando a sus mejores hijos y a sus mejores hijas para acercarse a su propio mito de tierra prometida. “Han asesinado a Martin Luther King. [...] No puedes cambiar a Martin Luther King por las cosas de los escaparates. Reventar los cristales no servirá de nada. Estoy más allá de eso. Quiero sangre. Los tanques están esperando para aplastar la resistencia, para ahogar los disturbios. Se me pasa por la cabeza: quiero ganar. No quiero rebelarme, quiero ganar”.

La personalidad arrolladora de Assata Shakur, incansable frente a cualquier signo mínimo de desigualdad, la llevó a militar brevemente en el Partido de los Panteras Negras y a integrarse en el Ejército de Liberación Negro. Cuando intentaban convencerla de la no violencia, no entendía el silencio como respuesta a una agresión. Nadie nos puede escupir. El descubrimiento de la fuerza de la organización obrera, estudiantil y sindical (también el descubrimiento del comunismo, aunque meramente en un plano intelectual) fue clave para encauzar todas aquellas razones para la resistencia y para la lucha.

Resulta controvertido reivindicar una figura política como la de Assata Shakur, y su legado en pro de las mujeres y de los negros, sobre todo por la aceptación del uso de la violencia para transformar un sistema represivo en una sociedad justa. Pero no toda violencia carece de sentido, y es la historia y la cultura la que otorgan valor y sentido a aquellas formas de la violencia en los años 60, 70 y 80. Los medios, en ocasiones, no pueden empañar los fines y, ni mucho menos, sus logros. Esta autobiografía se puede leer como el documento de una época,. O como el testimonio de una guerrillera a lo largo del imperio, desde Nueva York a California, pasando por la segregación sureña, y sufriendo a criminales de Estado como Edgar Hoover, Richard Nixon o Ronald Reagan. O, en fin, se puede leer como la réplica a todas las infamias que se pueden decir y a todas las humillaciones que se pueden hacer a una mujer como Assata, a un pueblo como el afroamericano y a un sentido inequívoco de la justicia como es el que muestra en cada página “Una autobiografía”. El mundo no pertenece a los cowboys ni a los bandidos.

José Martínez Rubio

[Posdata, Levante EMV, 21/06/2013]



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