martes, 24 de febrero de 2015

OSMÁN AVILÉS [15.052] Poeta de Cuba


Osmán Avilés 

Nombre literario de Osmany Pérez Avilés, nació en La Habana el 15 de enero de 1979. Es un poeta y ensayista cubano.

Consagrado al estudio de las poetisas cubanas Dulce María Loynaz y Serafina Núñez fundamentalmente, ha revisitado a través del ensayo, diversas poetas cubanas, a las cuales ha dedicado también páginas críticas, entre ellas: Nieves Xenes, María Villar Buceta, Cleva Solís, Georgina Herrera, entre otras autoras. Dentro del grupo de los llamados poetas antólogos, su obra El manto de mi virtud mereció el elogio de la crítica, al tratarse de una muestra geográfica de jóvenes poetas del siglo XXI en la Isla, al cual acompañara otra muestra de poetas uruguayos, realizada por el editor de dicha publicación, el intelectual Alfredo Coirolo. Además, el título Sonetos escogidos de Serafina Núñez, con selección y prólogo de Avilés, constituye un valioso acercamiento a una de las sonetistas de mayor cultivo de esa forma estrófica, del siglo XX en Cuba. Su poesía, en constante cambio, ha sido valorada por importantes autores como Roberto Manzano Díaz de Cuba y Rafael Courtoisie de Uruguay a partir de la publicación de su primer cuaderno poético La persistencia de los fragmentos, editado en Montevideo. Osmán Avilés vive actualmente en Miami, Florida, territorio de los EEUU.

Obra

Pilares de un reino. Una incursión por la obra de Dulce María Loynaz. Ediciones Extramuros, La Habana, 2008.
Sonetos escogidos, de Serafina Núñez [Selección y prólogo de Osmán Avilés]. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2009.
El manto de mi virtud. Poesía cubana y uruguaya del siglo XXI. [Selección, prólogo y presentaciones de Osmán Avilés y Alfredo Coirolo]. Ministerio de Relaciones Exteriores del Uruguay, Universidad del Trabajo de Uruguay y Editorial Letras Cubanas, Montevideo, 2011.
Los extraños monzones. Ediciones Extramuros, La Habana, 2011.
La persistencia de los fragmentos. Ministerio de Relaciones Exteriores del Uruguay y Universidad del Trabajo de Uruguay, Montevideo, 2011.


Si no tiene edad la noche

Búscame el quince de enero
si no tiene edad la noche
dialoga con su reproche
si el viento aún sopla fiero.
                Si el reloj a la hora cero
niega del tiempo el zumbido,
sea otro huésped bienvenido
si el gallo hereda el albor
y he vislumbrado el amor,
¿mi cuerpo será esgrimido?





A la deshora

A abuela María en su cumpleaños 88

Vela el mar su noche quieta
este suspiro callado
del horizonte apagado
tras la vigilia secreta.
A la cola del cometa
roza el aire su aventura
constelación que fulgura
bordada por un descuido
para el duende amanecido
que aflora con su frescura





Escena íntima 

                     A mis padres 

El overol de cierto hombre parece 
zurcido por una vieja costumbre. 
El hilo las puntadas 
acaso remedan el espíritu de mi madre. 
Ella lleva en sus manos 
pequeñas agujas nerviosas 
cerrando una abierta tristeza 
los hoyos del tiempo 
la singladura del alba. 
Yerran las costuras 
—el sonido del mundo— 
detenidas por su luz. 
¿En qué misterio residirá su afán 
nacer a calladas hebras 
salvar las fibras 
que nunca interesó a nadie...? 
Yo miro esos hilos madrecita 
conquistadores de fe 
que domeñan ancestrales congojas. 
Tus ojos en cambio urden 
el silencio que escuchas desde mi infancia





Báculo

Al borde del abismo 
los dardos rebasan mis fuerzas. 
Soy el incorregible 
que remeda enjabonaduras 
y debajo del agua 
extravía los rastros la memoria. 
Niestzche se burla de mí: 
no sé si por la demencia 
o el relativismo. 
Aromas lavan el placer 
de rollizos ébanos. 
No purifican. 
Tal vez Dios 
confunde una verdad 
con malogradas razones. 
Busco un báculo 
desesperadamente 
la inconsciencia 
en las súplicas 
que subyugan mi espalda... 
Acércate, 
ayúdame a recoger 
estos fragmentos. 




ORIGEN

Demasiados vítores para la soledad
 para el verso
 que se rinde en el origen.
La división marca
 y consume la piel.
 Rayo que quiebra
 el camino de los reyes.
 También sucumbe
 el alma de los actores
 duele al público
 mientras se enciman
 sobre nuestros hombros.
Me sujeto al gran arco
 a la ciudad donde abril danza
 su sueño trunco.
 Solo amo el tiempo
 detenido vicio en el instante.
No sé si sobrevivo al sur
 a esa hoja que cercena la distancia.





EN LA ROCA

se esparcen los graznidos
 ese ir y venir de pájaros
 que se posan
 y otean
 una noble criatura.
 Tal vez no la merezcan.
Vuela un pelícano.
 Ayer eran siete
 en la búsqueda de su hábitat.
 Los alados
 deseaban huir del trópico
 pretexto para lo insulso.
En la roca
 recibo esta madrugada
 la marea
 un surco de peces y crustáceos muertos.





VARIACIONES CON PIE DE ADAGIO

Amadeus parece un tentador del Infinito/ Compone melodías que emanan gozo
 y orquestan desolación/
 Cuando cree alcanzar la belleza aumenta su sed/ la música/ el deseo/ ese
 regocijo en las tardes cerradas del espíritu/ y hace variaciones desde los
 fanales del vivir/ desde sus costumbres taciturnas/
 Amadeus no entiende cuánto de humano hay en la conquista de la belleza/ Y
 se joroba sobre el papel/ pensando en los alegres días de Baden/






EXPECTACIÓN

No llegues tarde a la roca
 donde aguardo
 irredento.
Gritando a mortales
 que no se estremecen
 intuyo a Dios
 en el crepúsculo.
Modestas campanadas
 atisban la memoria
 y despiertan la sed
 que invade otros sueños.
El anzuelo escucha el agua
 el alarido la queja.
No llegues tarde a la roca.
 Quizás todavía encuentres
 esa luz en el mar.





DESPEDIDA

A Ana Purriños

Cruzo la avenida que da al ferry de la Olsen
 el paso se hace más lento
 en vísperas del 2 de diciembre de 2005.
 No soy Kenneth Boyd.
 Mi condena no será morir
 bajo una inyección letal
 y Raleigh está a miles de kilómetros.
No te olvidaremos, dice Ana Purriños
 en ese aire de contagiar
 su espíritu firme y a la vez delicado.
 La escena conmueve
 a un tripulante.
 Sabe que el adiós
 es óculo de incertidumbre.
Mi paso se hace más lento
 y me resisto a ignorar
 las risas el muelle
 los abrazos un barco
 esos apremios de la despedida.




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