sábado, 28 de febrero de 2015

NATASHA SALGUERO BRAVO [15.106] Poeta de Ecuador


NATASHA SALGUERO BRAVO

Nació en Quito, Ecuador el 2 de Octubre de 1.952.
Premio Nacional de Literatura “Aurelio Espinosa Pólit”.por su novela “Azulinaciones” en 1989; Premio Gabriela Mistral de Poesía,1989. Mención especial de honor al mérito literario, Unión Nacional de Periodistas, 2006. Textos y poemas suyos han aparecido en diversas antologías y han sido traducidos al inglés, al italiano y al hebreo. Publicaciones principales: Novela: “Azulinaciones”. Ensayo: “Nace una Danza”; “El labrador del aire y el teatro de Miguel Hernández”; “Canción del amor que se anida en mi pecho” y numerosos ensayos sobre danza, teatro y literatura en revistas y periódicos del país. Poesía: “Heréticos y eróticos”, “Cantos de venada y de jaguar”, “Nave palabra”, “No me digas que me amas”, y “Jaula de signos”. Editora y compiladora: “Wilson Pico: cuarenta años en escena”.

“ Respiro, me inspiro, recibo impresiones, me alimento y escribo”

Los libros y el teatro fueron el escenario de una niñez que transcurrió entre la fantasía del teatro y la realidad de un hogar privilegiado, donde sus padres trabajaban e incentivaban en Natasha la concepción de una vida que iba más allá de la cotidianidad doméstica.
Lectora voraz, como ella misma se reconoce, leyó siempre, tuvo el privilegio de tener dos bibliotecas donde escoger, la de su padre repleta de cosas de teatro en tanto que la de su madre estaba copada de novelas y ensayos, de manera que  esa niña amante de las letras tenía, como quien dice, un paraíso a su alcance.

Para Natasha era muy natural actuar y entender el teatro, y es que siempre estaba escuchando trabajar a su padre.  Stanislavski no era extraño para ella, como tampoco era lejano aquello del trabajo de mesa. Podía asumir un papel porque entre el juego y lo que escuchaba ya había adoptado un personaje. Era la compañera de su padre al teatro, a pesar de ser la quinta hija. Admiraba y quería a  la gente de la tramoya porque la permitían explorar ese mundo detrás de la escena.
El arte y los oficios relacionados la llegaron de manera natural; un día se encontró con unos versos de su hermana Sonia, actriz, y pensó “entonces se puede escribir lo que una siente” y ahí mismo, a los nueve años,  empezó un oficio que la ha estado presente durante toda la vida.

Su padre, Don Sixto Salguero, hombre importante del teatro ecuatoriano, y su madre María Virginia Bravo, profesora de historia y geografía, una mujer inteligente de espíritu sensible, quien a más de su oficio apoyaba la labor teatral de su esposo haciendo los vestuarios. Era una feminista de palabra y obra que inculcó en sus hijas esos principios desde la vida misma.

Natasha estudió danza desde los cinco años y lo hizo durante una década, recuerda a su profesora Sabine Naundorf. Sin embargo, su preferencia a la hora de escoger una carrera irá por el Periodismo y Bellas Artes, que las tomó simultáneamente, aunque por lides políticas esta última quedará inconclusa.

Nunca ha dejado de escribir poesía, son varios los libros de poemas publicados. Pero fue su novela Azulinaciones, publicada en el ochenta y nueve y ganadora del premio Aurelio Espinosa Pólit , su mayor carta de acreditación en el mundo de las letras. Creación que rompió más de una regla, tanto a nivel social como estructural, un libro que marcó un momento de la literatura ecuatoriana y le dio muchas satisfacciones a nivel de la crítica y dela  recepción;  sus ediciones se agotaron rápidamente.

Tiene escritas otras dos novelas, “la una, espero publicarla. No he sido una persona muy preocupad de publicar, tampoco he tenido grandes opciones”. Su posición ante el establishmente en su juventud hizo que el tema de la publicación pasara a segundo plano, prefería expresarse a través de happenings, como una actitud de activismo político y artística;  pitaba y quemaba lo que hacía.

Hoy, reconoce que no puede dejar de escribir poesía, la siente más amigable,  “la narrativa exige un ritmo que no lo puedes abandonar, en tanto que en la poesía se puede escribir donde sea, en un café, en cualquier hoja… Me gusta que mis textos decanten. No publico por curriculum sino porque vale la pena”

Como toda mujer comprometida lo ha sido también a nivel de pareja, ha trabajado en muchas cosas, a veces no muy gratas pero económicamente necesarias. Ella ha sido el gran apoyo para su compañero de vida, Wilson Pico, el bailarían y coreógrafo a quien le ha dedicado energía y trabajo, en sus producciones, el diseño de vestuario, pero sobre todo desde una posición crítica, quizá porque la danza fue también una de sus primeras pasiones.

En un tiempo ejerció también como crítica de danza y teatro con el afán de impulsar el movimiento escénico, una tarea que no siempre le deparó el entendimiento del gremio, pero le permitió impulsar a algunos bailarines.

Poeta, ensayista y narradora tiene entre sus referentes a grandes de la literatura universal como Rabindranath Tagore, Charles Dickens, Margarite Yourcenar,  Genet, Cocteau, y muchas figuras que van ocupando su admiración dependiendo del momento de lectura. Ella ama también el cine y es Woody Allen unos de sus favoritos. En el ensayo es preeminente  la figura de Kurt Vonnegut.
La materia prima de su trabajo es el lenguaje, sabe muy bien que todo aquello que toca su sensibilidad y la nutre “se vuelve carne y se vuelve también palabra”.

Genoveva Mora Toral
Marzo 2012




País

Dejo que la luz se vaya
y sentada sobre mis sienes
alimento a mi guardián,

Se prenden las luces de la ciudad vagabunda.
He perdido mi pequeña sandalia,
mi frágil imagen se desdibuja.

La lluvia enfría mi inocencia,

Busco el desafino, la perdición,
el equívoco, el fracaso,
como otros buscan empleo.

Encuentro el milagro
fuera de los muros de la ciudad próxima a dormirse.

Encuentro un mapa con su fábula.
Encuentro la palabra en su exacta sazón.

Algunas mujeres madrugan a la misa,
o como sonámbulas aves
se van posando en las oficinas.
Otras, las estáticas, abren los desmesurados ojos
para vivir ajenas vidas,
o lavan arduas mañanas de polvo y fogones.

Mientras,
yo navego en mis profunda ciénagas.
Gozosa, interminable.

                              De Nave palabra, 2001.





Tapiz

El fantasma me atisba
tras la pared de papel.
Me persigue en el sueño,
en la sal elemental del absurdo.

Hay momentos en que deja de ser fantasma
y me atormenta.
Es más fuerte que la pasión de los hijos. 
Vive como la muerte, a mi costado.

Bebo para olvidar su ladina presencia.
Como filósofo que apura su vaso de cicuta.

En la oficina
me esperan tangibles expedientes,
entre las sonrisas torvas.

Mientras transcurre la reunión del comité,
una carcajada sale a través de mi propia garganta,

Lleno formulario tras formulario,
memorando tras memorando.
Tenemos un respiro.   
Pienso en Liliana y sus ángeles de vidrio.

Entonces, cuando la tarde se disuelve en humo,
cargando a los íncubos y súcubos,
que huelen a nafta, como todos,
llego a mi templo,
exorcizo por fin a mis demonios,
y el poema se escribe.

                              De Nave palabra, 2001





Pandora

¿Acaso soy yo la que se refleja en el espejo?

Hay una mujer que al amanecer lava su semblante.
Otra, desconocida, pinta sus labios
de rojo escandaloso.

Prometió amarte para siempre
la que hoy te ha traicionado.

Quién va de compras.
Quién se aturde con el vino.
¿Y ésta, que limpia las llagas y las besa?
Dónde habita la que mezquina el pan a los mendigos.

No encuentro consistencia, la materia es un enigma.

Son dos, son tres, son siete
las que salen de mis formas
Una legión, la que me habita.

Caminan, comen, corren, hablan.
Extrañamente, todas se aposentan en este cuerpo mío.
Todas responden a mi mismo nombre.

                              De Jaula de signos, 2011






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