viernes, 20 de febrero de 2015

CÉSAR ULISES MASÍS [15.001] Poeta de El Salvador


César Ulises Masís 

Nació el 13 de marzo de 1925 - Falleció en 1992, en Antiguo Cuscatlán, El Salvador. Se desempeñó como obrero que se ganaba la vida pintando cervecerías, burdeles, pupilajes y salones. Escribía, leía poemas y si no leía poemas hablaba de poesía. Nunca publicó un libro y los únicos que registraron sus poemas fueron los periódicos y suplementos culturales de aquella época siendo el Diario Latino a cargo de Juan Felipe Toruño (hoy Co Latino) el gran receptor de su faena literaria.  En 1970 obtiene Segunda Mención Honorífica en el Primer Certamen de Poetas Latinoamericanos en Lima, Perú.



UNIVERSIDAD DE EL SALVADOR
FACULTAD DE CIENCIAS Y HUMANIDADES
DEPARTAMENTO DE  LETRAS

ULISES MASÍS: DEL LODO LA POESÍA ASOMA

TRABAJO DE GRADO PRESENTADO POR:
TOMÁS ANTONIO MARTÍNEZ MEDRANO




INTRODUCCIÓN

El presente trabajo intenta elaborar un perfil del poeta salvadoreño César Ulises Masís. Lo esencial que se ha utilizado para tal propósito ha sido en definitiva los poemas mismos del autor. A estos poemas se unen entrevistas con diferentes escritores que lograron compartir experiencias literarias y de vida con el poeta. Aunque la obra de Ulises Masís no fue publicada en forma de libro mientras estuvo vivo, eso no ha sido impedimento para comprobar la extensa obra que existe del autor, si bien dispersa en algunos medios de difusión, está ahí y ha sido ignorada. En algunas ocasiones sus poemarios terminaron en manos privadas y a la fecha permanecen ocultos, obligando al poeta a seguir en un inmerecido anonimato que va en detrimento de la literatura salvadoreña. En el recorrido por estás páginas se encontrará la perspectiva que él tenía de la vida a partir de las temáticas que planteaba en sus poemas, al mismo tiempo, su adhesión, con un estilo muy propio a lo que se denominó a mediados del siglo XX como antipoesía. Figura además, los testimonios de aquellos que conocieron a Ulises Masís, permitiendo saber sobre las influencias literarias, las orientaciones políticas y las etapas personales del poeta que deambulaba por el centro de San Salvador. Solitario e inconforme, Masís trabajó mucho en su concepción como poeta y el último apartado registra un índice, - aunque no certero y absoluto-, de su producción literaria y de algunas nominaciones que obtuvo en algunos certámenes literarios. 

La obra de Ulises Masís sigue olvidada injustamente, tanto por académicos  como por escritores, que conociéndole, no repararon en el talento que existía en él. En la periferia de la literatura salvadoreña existen grandes creadores literarios, y al mismo tiempo, son indiscutiblemente fundamentales en la historia de la literatura, no sólo salvadoreña, sino, regional. La desgracia de unos suele ser la gloria para otros. Ulises Masís escribió desde su marginación y esto no le impidió estar atento a las producciones literarias de otros poetas de su tiempo. Sabía lo que sucedía en las letras salvadoreñas, sin embargo, hasta la fecha, de él se sigue sabiendo muy poco. Este trabajo es un modesto esbozo de lo que es y sigue siendo Ulises Masís para aquellos que le conocieron y para los futuros estudiosos de la literatura salvadoreña.

La vida vista a través de los ojos de un poeta

“…Aunque nadie imprima mis versos,
Si fueron bellos, tendrán hermosura.
Y si son bellos, serán publicados…”
Fernando Pessoa

¿Cómo recoger las hojas de los árboles cuando el viento se las ha llevado? La misma pregunta es necesaria hacerse cuando se habla de Ulises Masís  y de su vasto trabajo literario. Fue un poeta prolífero. Además del cuento, escribió sonetos, poemas en prosa y verso libre, sin embargo, quedan muy pocos registros de sus poemas. Los que existen, fueron gracias a las publicaciones que hizo en diferentes medios, que posteriormente otros lograron antologar. En vida, hubo estudiantes, docentes y poetas mismos que recibieron o conocieron de la propia voluntad del poeta, su trabajo literario. Precisamente, de esos poemas rescatados, puede construirse la visión de mundo de César Ulises Masís. La lectura de los poemas permite elaborar un índice de los temas que aborda el poeta en su producción. Existe un orden jerárquico -si se quiere- para adentrarnos por el mundo del hombre urbano que deambulaba por las calles de San Salvador, sin embargo, antes de continuar por la senda que construye el poeta, es necesario descubrir en qué consiste la poesía, ver realmente qué es ese trabajo solitario, cómo se explica la relación íntima que hay entre el hombre y el ejercicio de escribir.  Para tal propósito, es necesario acudir a las reflexiones de un gran poeta que teorizó mucho sobre la poesía y su significado. 

“La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior”  reflexionaba Octavio Paz. Y al comparar este pensamiento teórico con el trabajo de Ulises Masís, descubrimos realmente que el poeta crea un mundo para sí, desde el cual entra en un permanente diálogo con los seres, con los objetos y consigo mismo. No importa el tiempo. La poesía borra las fronteras materiales e incorpóreas. Es a través de la poesía que el poeta dialoga con muertos y vivos, con extraños y conocidos, con el fracaso y el éxito, con el pasado y el futuro, con Satanás y Dios. Niega y acepta, condena y absuelve. También es situar al ser humano a una condición superior, tanto humana como espiritual. Es hablar del otro, de ese que nadie conoce, que está ahí, pero es invisible, que se pierde en lo cotidiano. El poeta Masís sabe muy bien fusionar todo lo anterior en sus poemas. No es ocioso entonces que descubramos en los poemas cantos a la soledad, al dolor, la pobreza, el amor-desamor, la niñez, al recuerdo de tiempos vividos que fueron solaz, inocencia, un estar tranquilo, lejos de los torbellinos que la vida trae. Todo lo humano –lo visto y lo ignorado-, se citan en el trabajo del poeta y por medio de su pensamiento hecho palabras vemos el mundo y lo que contiene. Como en el poema titulado El ciego cantor en el bus , en el cual, los momentos de siempre, esos que día a día van y vienen, muestran a alguien que paradójicamente no existe, sin embargo, en la mirada sensible del poeta está:

“Le cortaron la luz pero llevaba
En el canto una luz encendida,
Y cantaba,
Y toda su existencia se alumbraba”

El lenguaje, la musicalidad del verso dan un tono especial a esta sensibilidad, y volviendo a la teoría que elabora Paz sobre la poesía, sobre realmente qué es el acontecer poético, se descubre la identificación que hay entre la palabra y la entidad que nombra: “la poesía revela este mundo; crea otro (…) Expresión histórica de razas, naciones, clases… (…) Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no- dirigido”.   Cada uno de estos elementos se cumple en los poemas de Ulises Masís, su cosmovisión está construida de los elementos que la vida misma le presenta. Traduce lo que le acontece. Logra identificarse con lo que ve. El poema Cantos de paz en navidad  es muestra de la reflexión que hace sobre la condición de los seres humanos y la herencia inevitable que estos dejan a otros:

“Para el niño que llora, acabe el miedo.
Callen las armas su macabra danza.
Para el niño que viene, una esperanza”…

El poeta nació en Antiguo Cuscatlán en el departamento de la Libertad un día de marzo en el supersticioso número 13 de 1, 925, ¿Mala estrella?  Escribió cuento y poesía. De la poesía cultivó el soneto, la prosa y el verso libre. Al leer los poemas del poeta urbano se crea la percepción de que es reiterativo en sus temas, sin embargo, al hacer una lectura detenida, en palabras de Fernando Pessoa : “Cada poema mío dice lo mismo/ cada poema mío es diferente/ cada cosa es una manera distinta de decir lo mismo…” Y en efecto, cada poema nos abre una ventana, un horizonte distinto. Es una nostalgia constante por algo que quedó inconcluso en el tiempo. 
A partir de los poemas recolectados, puede trazarse varias líneas importantes de su temática que conforma su particular manera de ver la vida: La niñez, lo personal, lo indígena-popular y lo humano. Dentro de cada una de estas categorías figuran poemas de mayor envergadura que otros, es decir, que hay algunos que alcanzan lo emblemático. Si hablamos de la niñez, los poemas A la orilla del mar, o Soneto del deseo infantil sobre la playa, El niño Dios, son testimonios de una etapa que configura la visión que tiene Ulises Masís de la niñez y se vuelve un poeta que aboga por el mundo de los niños, como si advirtiese la importancia que tienen los días de infancia en la definición del carácter del ser humano: 

“A la orilla del mar, veo mi infancia.
Televisor, el cielo me devuelve
Las imágenes, vivas, y me envuelve
Una nube de tiempo, sin distancia”… 

De igual forma podemos hablar del poema Canto de paz en navidad ya antes mencionado, en el cual se vuelve enfático sobre el tema de la paz emocional en el desarrollo de la infancia de los seres humanos:
“Para el niño que llora, acabe el miedo.
Callen las armas su macabra danza.
Para el niño que viene, una esperanza”… 

Lo anterior, en cuanto al tema de la niñez, pero al referirnos a las historias personales, también son de suma importancia al revelarnos sus pasiones y emociones. Si la infancia es vuelta a la felicidad y una prevención futura como tema, lo personal es presente que muestra soledad, dolor, angustia, justificación del camino elegido. Estos versos rondan distintas facetas, desde el amor hasta su adicción al alcohol:


Amo mi soledad

(…) “Amo mi soledad y mi locura;
Y la doliente fiebre en que me enciendo.
¿Quién me da de beber esta agua pura?
¡Ni yo mismo comprendo!
Vive dentro de mi Algo que ignoro…” 

Al leer los poemas de Ulises Masís, se descubre que, más allá de su bohemia incorregible, hay rigor y vocación en su oficio como poeta. Esto también se descubre en los sonetos que elabora y que poseen un singular y personal estilo. La rigidez del soneto y su canónica forma de realización en las manos del poeta, pasan a ser una nueva manera de abordar lo cotidiano y la idiosincrasia de lo urbano y lo nacional como en el soneto El buen vecino:

“Confiadamente paso de ser un buen vecino.
Amenguan mis tristezas manos caritativas.
Siempre están ayudando, siempre están activas…
(…) Y cuando el agua ardiente mi soledad invierna
-como todo genuino, cabal salvadoreño-
También soy buen vecino rondando la taberna…” 

Lo indígena-popular es otro de los temas cumbres del poeta Masís. Es un tema al que frecuentemente vuelve e insiste. Si bien es necesario señalar que uno pesa más que el otro, no deja abandonado el legado indígena:

San Salvador

(…) “Salvadoreño hasta la coronilla;
Por más señas Antiguo Cuscatlán.
Indio de veras; india mi semilla.

Sangre ardiente y tambores de Volcán.
San Salvador, ¡sólo ante Dios se humilla!
Por su gloria toca la flauta Pan”. 

La  herramienta de trabajo de Ulises Masís fue la vida misma. En su peregrinar por las calles, las plazas, las cantinas, los burdeles, encontró siempre una razón para escribir. Vio lo que otros no ven. La realidad le mostró que la calle es una galería por donde se exhiben entes errantes que sufren, padecen, desean. Cada uno con su demonio personal, con penas y lágrimas retrasadas. El ambiente cruel y desolado le impacta y lo mezcla con su subjetivismo personal. Combina la realidad exterior con su mundo interior y como bien señala Octavio Paz, la poesía “es el arte de hablar en una forma superior; lenguaje primitivo…diálogo, monólogo,  voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabras del solitario”  Así son los poemas de Ulises Masis, lo sagrado, lo profano, la tristeza, la alegría, el amor, el despecho, inspiración, pasión, el miedo y la esperanza, el presente y el pasado convergen en la obra del poeta. Como ejemplo, el poema que lleva por titulo 11:50:

“A las once y cincuenta bailó el diablo
Sobre San Salvador y su cintura,
Cebando en el ombligo su locura.
Del viernes 10 de octubre, hermano os hablo…” 

La tranquilidad se ve rota en algunos de sus poemas. Su mundo turbulento nos llega lentamente como un oleaje. El lector encuentra un sabor a desolación  que merodea tras las palabras. Hay angustia, tedio, sin embargo, simultáneamente aparecen elementos ancestrales y de orden religioso en sus poemas. Desarrolla optimismo espiritual, busca al final de cada oscuro túnel, la luz  que le espante las tinieblas, así en el poema Sueño Vela:

“…Me sorprendió una lluvia de reptiles,
Arañas y culebras mordedoras.
Y vi los rostros de ídolos pipiles.
Vino a mi mente en tan temibles horas
Un nombre de mis rezos infantiles,
¡Y hallé la paz de quien alegre llora!”. 

Existe también otro poema muy emblemático con gran identificación con lo popular y lo urbano y es a la vez una confirmación de las convicciones que el poeta tiene con respecto de estar cara a cara con la gente y de enarbolar la bandera de la antipoesía, de la cual se hablará en otro apartado. El poema Metamos el soneto en el mercado es en sí mismo todo una novedad, tanto en la idea como en el uso del lenguaje:

Metamos el soneto en el mercado.
Vaya la frase cruda a la cocina.
Ya nunca mas sonetos de leontina,
Por fórmula ridícula cercado.

Recojamos del pueblo mal hablado
Su raíz y su esencia campesina.
La libre frase si no hiere espina:
El que no grita morirá ahogado.

Sopa de patas para el señorito
Contador de rituales y verbenas.
Arroz con tunco o casamiento frito.

Once sílabas, once berenjenas
Adornando el guisado del escrito.
Metamos el soneto en las alacenas. 

Si en lo indígena-popular el poeta es un pez en el agua, en lo referente a lo humano, es pájaro en vuelo. Sabe muy bien observar y crear en el lector una imagen fiel a la intención que tiene el poeta de ambientar los hechos. Eso lo manifiesta en un poema titulado Sinceridad:

“Tal vez porque mi vida
Es un hilo de luz
Subiendo del pantano,
Conmigo los marginados
Se iluminan.
Muchos pasan
Sin conocerse en el despojo
Que se arrastra
O dormita en la acera…” 

También sabe darse cuenta del egoísmo y de las divisiones que las concepciones humanas crean. En el siguiente poema, no sólo narra, además deja al descubierto los falsos Mesías, y a la vez, parece un adelanto de su muerte: 

El último sorbo
Sobre una acera un borrachito pide
Calmar su sed, humedecer sus labios.
Pasa un cura. Lo mira. Hace resabios
Y entre dientes al diablo lo despide.

Pasa un evangelista y lo condena
A fuego más atroz que su garganta.
El hombre ya no bebe, ya no aguanta,
Traga saliva con sabor de arena.

Una niña, ¿de dónde? Nadie sabe.
Con un vaso en la mano se aproxima
Y lo introduce entre sus labios, suave.

Relámpagos. Colores… Luz en vuelo,
Subiendo en ondas de la voz que mina,
El alma del borracho sube al cielo. 

Así se ve el mundo o así logra verlo Ulises Masís. Escribió lo que vio y vivió. Fue fiel a las palabras que  compusieron sus poemas. Todo lo que le aconteció quedó registrado en su obra poética. Su atroz alcoholismo no menoscabó la calidad de sus poemas que tanto se identificaba con su interior, con los otros, con los que no se ven.


La antipoesía y Ulises Masís


(…) Dientes flojos del partido comunista.
Recomiendo menos decoración en el poema
Menos dibujos de gallos arellanos,
Trucos de máquina…
El poeta es la plomada de su tiempo. 

César Ulises Masís .


Antecedentes de la antipoesía

Los términos antipoema, antipoeta, antipoesía, fueron utilizados por distintos escritores y estudiosos con sentidos diferentes. Sin embargo, la magna consagración de este tipo de escritura y de texto en la actualidad, se debe a la obra del poeta chileno Nicanor Parra. A partir de su libro Poemas y antipoemas (1954), se generalizó el interés por leer este tipo de textos, buscando en ellos una orientación para la nueva poesía, por explicarla, teórica y críticamente, por discutirla, por editarla. La crítica especializada atribuyó al término antipoesía un sentido que resume el espíritu nuevo que pretende expresar la vida tal cual es. Dicho de otro modo, antipoesía puede ser cualquier texto. El término antipoesía se relaciona con la literatura, que para el crítico Claude Mauriac: “es una literatura de la negación, que desemboca en distintas proposiciones artísticas contemporáneas: el silencio de Rimbaud, la página en blanco de Mallarmé, el grito inarticulado de Artaud, las aliteraciones Joyce y las palabras con un mismo significado de Beckett. Es decir, una literatura de desintegración del lenguaje, del texto, de la literatura misma; fenómeno asociado con la irrupción de nuevas formas de arte surgidas a partir de las vanguardas.” 
Estos antecedentes permiten comprender que la antipoesía corresponde a la expresión lírica de las mismas formas de antiarte surgidas a principios del siglo XX. El factor común es la intención de destrucción o desestructuración de la escritura de la literatura vigente, nacen de la realidad que les revienta en la cara. Esto fue lo que vio César Ulises Masís, sin embargo, él no fue indiferente, y su propuesta estriba en identificarse con la realidad y sus protagonistas, al mismo tiempo, aboga por el arte que hable de este tiempo. La característica que permite distinguir a estas formas o géneros de la tradición, es un conjunto de procedimientos textuales que configuran la obra y la ponen en un contacto violento con la tradición canónica. 
En 1,958  el escritor chileno Nicanor Parra  definió qué era el antipoema, un par de años después del trabajo que marcó una brecha: Poemas y antipoemas.  Carmen Alemany Bay  cita en su texto a Parra definiendo el antipoema:

“El antipoema, que, a la postre, no es otra cosa que el poema tradicional enriquecido con savia surrealista – surrealismo criollo- debe ser resuelto desde el punto de vista sociológico y social del país y del continente a que pertenecemos, para que pueda ser considerado como un verdadero ideal poético. Falta por demostrar que el hijo del matrimonio del día y de la noche, celebrado en el ámbito del antipoema, no es una nueva forma de crepúsculo, sino un nuevo tipo de amanecer poético”.

Este “nuevo tipo de amanecer poético”, del cual nos habla Nicanor Parra, consiste, en palabras de Carmen Alemany Bay en “introducir en el lenguaje poético el lenguaje de la conversación, desacralizar la figura del poeta y usar la ironía  y la risa de forma sarcástica” . Esta visión de la antipoesía, es decir, hablar sobre lo que nos rodea en un lenguaje conversacional, ese que aparece en la calle, en las noticias, en los diarios, en los diálogos de los que tienen por hogar los callejones, las cunetas, los parques, etc. es la misma visión que tenía César Ulises Masís de la poesía y de su estructuración:

(…) La antipoesía se realiza
Con el humo de las máquinas. Con el brazo en cabestrillo
De la x sudorante en los andamios. Con el hueso mutilado
De los que acolochan hambre con la sierra de las noticias amarillas… 

La antipoesía en los diferentes países latinoamericanos ha llevado dentro de sí un torbellino iconoclasta. No deja piedra sobre piedra. Esto lo confirma Fernando Alegría  hablando y concluyendo su apreciación de la antipoesía: “La antipoesía, que ha sido,  una actitud anárquica, un mantón antirretórico, dio con un lenguaje directo y violento y empezó a devolverle al hombre la realidad que había perdido, no dándosela a plazos, como los mercachifles, sino de un golpe”. Esto es muy fácil descubrirlo en los poemas de Ulises Masís como en su poema Literumanía,  en el cual se desnuda como quien va a entregarse a las aguas de un reposado lago:


“¿Quién
Pregunta por mi?
Por mi casa
Y mi cama.
¡Aquí están!:
No tiene paredes
Ni techo,
Ni maderas,
Ni reposo.
Abran los armarios
Al aire,
No encontrarán
Diplomas
Copias
Ni manuscritos.

Nací con la manía de escribir,
No puedo curarme.

Literumaniático,
Voy del agua ardiente
A la muerte,
Agotando mi dolor,
Cantando…
(…) Siendo gusano…
Me divierto
Regalando mis alas.
Me oculto en el capullo
Y dejo volar
Engañosas mariposas.” 

Ulises Masís es un poeta revelador: rompe los moldes en el que duermen las palabras y las devuelve a la realidad y con ellas crea una forma más simple pero más desgarradora de mostrarse y de ver la realidad. Y de eso se trata la antipoesía de “acabar con la poesía que agoniza ahogada en palabras y devolverle al poeta el derecho a expresarse como persona, no como organillo ni como diccionario ni como vigía del aire…” 

Hay ciertos elementos que son imprescindibles para entender la antipoesía como acontecimiento y como una forma de expresión a la cual se adhiere el poeta urbano.

Roberto Fernández Retamar  logra caracterizar  la antipoesía de la siguiente forma:

1) “Se define negativamente [es decir, que en su esencia es anárquica, va contra todas la convencionalidades].
2) La antipoesía tiende a la burla, al sarcasmo.
3) La antipoesía tiende al descreimiento, es escéptica.
4) Aquellas características [las ya mencionadas] dan a la antipoesía un sentido demoledor, con el cual se vuelve con frecuencia al pasado.
5) La antipoesía suele señalar la incongruencia de lo cotidiano.
6) La antipoesía tiende a engendrar una retórica cerrada sobre sí y fácilmente transmitible”. 
A partir de los elementos anteriores en los cuales se logra configurar un perfil de la antipoesía empezaremos a hacer una comparación de estos elementos con un poema de Ulises Masís. Y será con uno: Tentativa de una nueva poesía  atendiendo la razón de que es el más emblemático, más extenso y del cual el mismo poeta habla sobre la antipoesía. Es menester aclarar que existen otros poemas que se adaptan a las características de la antipoesía como: Quiero hablar en primera persona, Metamos el soneto en el mercado, La nueva palabra, entre otros. A demás de eso, el poema tiene la particularidad de un manifiesto, de hecho, sólo el nombre del poema es ya una especie de ruptura, una especie de proclama de algo nuevo:

La antipoesía

         Características de la antipoesía 
         Tentativa de una nueva poesía
                   César Ulises Masís

Se define negativamente: Va contra el canon• “Compréndase bien, que se entienda claro: estamos clausurando la poesía barata, / el verso de sillón y cabecera, el pálido poema de las niñas enfermas. / El libro de los viejos aburridos…”
La antipoesía tiende a la burla, al sarcasmo. (…) “Aceptemos, que todos debemos evitar  como humanos la destrucción del sexo, / la violación del ano. / Aceptemos que vivimos con la muerte en el ojo, / abierto noche y día para caer de frente…”
La antipoesía tiende al descreimiento, es escéptica. (…) “Y para ser sincero: Ahí están mis poemas con muletas y con gafas, / media docena buenos, treinta docenas malos. / Hay que decir las cosas con un acento claro: /
¡Hoy detesto mis versos!”
La antipoesía posee un sentido demoledor, con el cual se vuelve con frecuencia al pasado. (…) “Un día fue el plumaje melodioso del cisne, el cuello fue su símbolo donde ondulaba el verso. / Materia noble entonces para eludir la vida, para eludir lo sucio y caótico del clima”.
La antipoesía suele señalar la incongruencia de lo cotidiano. "Que toda mi poesía es un desastre, pero canto en mi orbital. / Girando hacia los hombres que sufren de silencio. / ¡Soy el espejo de mi tiempo! Un hijo, que no tengo, preguntará mañana: / ¿Y todo esto sucedió en el siglo XX?”
La antipoesía tiende a engendrar una retórica cerrada sobre sí fácilmente y transmitible. (…) “Nosotros repudiamos prácticamente todo lo que nos venda o engañe…”

Lo anterior fue un acercamiento a la antipoesía y a la producción de César Ulises Masís. No estaban desligadas, ambas se alimentaron mutuamente, sin embargo, auque el cuadro muestra una perspectiva unilateral (la de Fernández Retamar), es claro que el académico condensó muy bien las diferentes posiciones que existen alrededor de la antipoesía. No obstante, puede incluirse otra síntesis que figura en otro texto :
 (…) “La antipoesía es sobre todo una rebelión anárquica, una manifestación de escepticismo, la desmitificación de las funciones y de los poderes atribuidos al poeta, rebajado a la categoría de hombre común”
Otro poema que se ajusta muy bien a la concepción de la antipoesía es  Metamos el soneto en el mercado. El nombre del poema en sí mismo es una ruptura con la forma tradicional de titular y elaborar un soneto, si bien conserva el esqueleto clásico de la estructura canónica del soneto, en cuanto a la utilización de las palabras si hay un cambio drástico.
Metamos el soneto en el mercado

Metamos el soneto en el mercado. (a)
Vaya la frase cruda a la cocina. (b)
Ya nunca más sonetos de leontina, (b)
Por fórmula ridícula cercado. (a)

Recojamos del pueblo mal hablado (a)
Su raíz y su esencia campesina. (b)
La libre frase si no hiere espina: (b)
El que no grita morirá ahogado. (a)

Sopa de patas para el señorito (c)
Contador de rituales y verbenas. (d)
Arroz con tunco o casamiento frito. (c)

Once sílabas, once berenjenas (d)
Adornando el guisado del escrito. (c)
Metamos el soneto en las alacenas (d)

 Primero sitúa en el espacio y el tiempo un lugar que inmediatamente evoca  lo popular y lo urbano: El mercado, es decir, que se cumple la primera categoría vista en el cuadro, que va contra el canon; posteriormente invita a llevar la poesía al mercado, es decir, a lo impensable por poetas que reproducen “el arte por el arte”; hay además una vuelta y una reivindicación del pasado: “recojamos del pueblo…/ su raíz y su esencia campesina… Junto a esto, retoma, además del mercado, la comida que usualmente no falta en los mercados y que son de carácter popular: la sopa de pata, arroz con tunco, casamiento frito”. En el plano gramatical, utiliza sustantivos en gran medida, luego en menor escala los adjetivos. Ambos tienen la característica de ser palabras graves. César Ulises Masís, realmente fue un maestro del soneto. No abandona la estructura clásica en cuanto a la elaboración, pero sí a la hora de elegir las palabras que son eminentemente de orden cotidiano, popular. Devuelve la libertad al poeta de expresarse sin concesiones con la censura que al mismo tiempo significa devolverle el derecho a lo cotidiano, a lo popular, a lo conversacional, a lo de todo los días. 

Siguiendo el tránsito por la senda de la antipoesía encontramos otro poema emblemático en la producción de Ulises Masís que rompe los moldes cotidianos en la estructuración de un poema, tal es el caso de Literumanía. El nombre del poema es un neologismo. La Real Academia de la Lengua no lo registra en el caudal de su diccionario. Aunque el título del poema está relacionado con la rama de la psicología, Ulises Masís explica su manía a través de la literatura. Esto ya representa un estilo de ruptura, pues asume dos hechos: su incontrolable acción por escribir y su empedernida atracción por el alcohol desde su condición marginal. Indirectamente, Ulises Masís podría estarnos diciendo que los males del hombre pueden ser entendidos por la ciencia, pero los hombres no siempre podrán entender la ciencia como medio para explicarse a sí mismos, y así, es la literatura la que desde la marginación explica su mundo. Es por eso que el título Literumanía, es un componente antipoético, pues va contra el canon. Adicionalmente, en la antipoesía se encuentra la tendencia a la burla, al sarcasmo, como se ve reflejado en el siguiente verso:


¿Quién
Pregunta por mi?
Por mi casa
Y mi cama.
¡Aquí están!:
No tiene paredes
Ni techo,
Ni maderas,
Ni reposo.

El poeta se cuestiona a sí mismo diciendo quién pregunta por él. Luego, en la pregunta añade sus posesiones que inmediatamente confiesa que no posee: ¡Aquí están! / No tiene paredes / ni techo, / ni maderas, / ni reposo. La burla hacia sí mismo hace simultáneamente participe al lector. Otro verso que se suma a la burla y al sarcasmo, al descreimiento y escepticismo (otra característica de la antipoesía) son los siguientes:
No encontrarán
Diplomas
Copias
Ni manuscritos.

La confesión que nos hace como poeta pobre, es que es “iletrado”, pero en el verso resuelve esa paradoja al declarar que es “literumaníaco”, es decir, que es autodidacta, y que para escribir no necesita “diplomas”, ni acumular “manuscritos”, paralelamente, arremete contra aquellos que piensan que únicamente los que son académicos y escritores de profesión, tienen la autoridad de escribir poemas. La otra característica de la antipoesía, la referente “a ser demoledora”, se encuentra en todo el poema, pues no hay en ningún momento un cese en el discurso contra lo convencional, pasando por el título, su concepción de mundo, hasta su visión de poeta marginal “que se divierte regalando sus alas”. La antipoesía, como otro elemento que la define, se encuentra el señalamiento que hace de la incongruencia en lo cotidiano:


Literumaniático,
Voy del agua ardiente
A la muerte,
Agotando mi dolor,
Cantando…

En este verso no sólo nos enseña que tiene como diaria disciplina el escribir, sino además su gusto por el alcohol. La incongruencia está en que, al no tener una casa con techo y paredes, el tiene la pasión por la palabra, el deleite por el alcohol que le libera del dolor y lo lleva a la muerte, la cual lo encontrará cantando. Para un común mortal, esto no tendría razón de ser y sería incongruente en cualquier tiempo en el que le toque existir a un ser humano y es aquí donde se cumple recíprocamente la otra característica de la antipoesía que es crear una retórica cerrada sobre sí misma, es decir, que el discurso de Ulises Masís, es “antidiscurso”  simultáneamente, pues su discurso tiene como objetivo ir contra el oficial, el convencional, el coherente que no acepta cambios para no romper “el molde estético”. Otro elemento curioso e innovador, es que todo el poema está compuesto por octosílabos (versos de arte menor), salvo que existe uno endecasílabo (versos de arte mayor) “nací con la manía de escribir” que coincide genialmente con el título, es decir, que tanto título y verso son mecanismos de ruptura por parte de César Ulises Masís.

Ulises Masís contra Ulises Masís

Ulises Masís vino a mi mente  a partir de una columna del académico y escritor David Hernández. Fue la primera vez que su nombre figuraba para mí entre los poetas salvadoreños. A pesar que en la referida columna figuraba entre otros poetas que tenían como denominador común el alcoholismo, fue Ulises Masís y su trabajo literario orientado a lo urbano y lo popular quien se apoderó de mi atención. La imagen del poeta rondó por muchos días en mi cabeza. Fue conocido por muchos y esos muchos nunca negaron la altura del poeta. Su existencia la vivió allá por la mal nombrada “Avenida”, para ser más exacto y geográficamente correcto, la Avenida Independencia, que para aquel momento era la “zona roja” con sus grandes salones y bares. Ahí fue la guarida de muchos poetas y artistas de la época entre los que figuraban Roque Dalton, Armando López Muñoz, José Napoleón Rodríguez Ruiz, Orlando Fresedo, entre otros más. Ulises Masís vivía por uno de esos lugares. Su domicilio era una pieza de tercera o quinta categoría. Conoció la carencia económica y los elementos básicos que cualquier mortal tiene en su cotidiano vivir: Un desayuno sin prescindir de un café, una familia, un techo equipado con sus menesteres básicos, etc., sin embargo, esa misma carencia quizás le hizo identificarse con los seres que como él mismo, fueron marginales. Empezaron mis indagaciones. Cada uno de mis entrevistados fue brindándome un eslabón distinto. Mi imagen del poeta se presentaba a ratos muy humanista con un aura de gran modestia, otra, como un anarquista enarbolando la bandera de la marginación, haciendo rodar cabezas con el sable de la palabra y otra más con un hálito religioso, con devoción a Jesucristo. A cada uno de los poetas que entrevisté, entre ellos, Mario Noel Rodríguez, quien acompañó al poeta en sus últimos días, elaborando juntos una antología poética la cual era a la  vez supervisada por César Ulises Masís. David Hernández, quien le conoció en los días de juventud quien  acercó al poeta al movimiento literario llamado La Cebolla Púrpura del cual fue miembro David Hernández. Ricardo Castrorrivas, poeta perteneciente al grupo literario Piedra y Siglo quien compartió con Ulises Masís por mucho tiempo… 

Parto ahora de las impresiones de cada uno de estos poetas. La mirada que hacen hacia Ulises Masís es distinta. Hay puntos de convergencia con los cuales coincide el perfil de este trabajo. Los hay otros que son en definitiva, apreciaciones muy personales acerca del trabajo y la persona del autor.

Mario Noel Rodríguez: Ulises Masís, el viejo Dick Tracy

Mario Noel Rodríguez tuvo su primer contacto con Ulises Masís a partir de los poemas que encontraba en La Prensa Gráfica y le parecieron “tiernos y sensibles, más que los del hermano, Alejandro Masís” . Esta sensibilidad hacia la realidad que le circundaba siempre la dejó de manifiesto el poeta en su trabajo. 

A medida que entrábamos  en conversación, encontré respuesta a una de mis interrogantes, ¿a qué generación literaria partencia Ulises Masís? ¿A qué grupo literario correspondía como poeta? ¿De qué ideología se nutría? Mario Noel fue categórico al decir que “Ulises Masís no tenía generación, no lo incluyeron en ninguna fecha”.   Ese no fue el caso para Orlando Fresedo, que también fue alcohólico y poeta, aunque con una obra inferior en cantidad, sin embargo, ha gozado hasta nuestros tiempos de mayor difusión y como apunta Mario Noel, Orlando Fresedo “Tuvo la oportunidad de vincularse con los sectores culturales de su época. Fue amigo de la Generación Comprometida, de los críticos de la época, fue amigo de Serafín Quiteño, de Gallegos Valdés”.  Quizás por tal razón, Orlando Fresedo goza de más reconocimiento y difusión de su obra que el poeta urbano. Hasta existe un libro biográfico sobre Fresedo realizado por Eugenio Martínez Orantes .  Ese lujo no lo ha conocido el poeta Masís. Al respecto, Mario Noel Rodríguez es tajante al afirmar que “las generaciones literarias son de cheros… Ni Cañas Dinarte incluye en su obra a Ulises” 

El entrevistado, tuvo la oportunidad de ver varias facetas del poeta. Conoció la casa en donde “vivía en una situación precaria, un lugar nada acogedor. Dormía en el suelo”. La casa era abandonada. Estaba en la Avenida Independencia. Su trabajo literario no estaba registrado ni a máquina de escribir, ni digitado en una computadora. “En un legajo de papeles andaba su trabajo literario”, cuenta el entrevistado.
Ulises Masís cae enfermo. Es llevado al “Neumológico”. Entre los visitantes asiduos que no faltan en la tarde para tertuliar sobre la vida y la poesía está Mario Noel, juntos terminan una antología poética supervisada a la vez por el mismo Ulises Masís. Este intercambio de ideas, de emociones, de sentimientos hizo crecer una amistad entre ambos poetas. En ese lugar, Ulises Masís termina Voz en retiro. El manuscrito es entregado a Mario Noel quien lo digita y posteriormente, le entrega una copia al Viejo Dick Tracy, como le llamaba. De ese trabajo, sólo se conserva un ejemplar, y es el de Mario Noel.

En “Historia del soneto hispanoamericano”, trabajo realizado por Hugo Emilio Pedemonte, el gran ausente es Ulises Masís a criterio de Mario Noel Rodríguez.

“La sociedad es una vorágine: galardona sólo a figuras. (…) La generación de Ulises Masís jamás le vio con respeto. Como él no era poeta clase media, ni tenía un trabajo encorbatado, sino que era el obrero, entonces nunca lo vieron con el respeto que se merecía”. 

Y él va más allá en su declaración, al referirse a la ausencia del poeta urbano en los textos escolares y en las letras salvadoreñas. En la verdadera historia literaria que en tiempo ulterior se realice sobre la literatura salvadoreña (la eterna gran deuda hasta hoy), Ulises Masís no debe faltar, opina el entrevistado.

“Fue un obrero que escribía sonetos clásicos [y] para mí va a quedar en la historia, -cuando se escriba la verdadera historia literaria salvadoreña-, yo exigiría que a Ulises se le incluya como el obrero que escribía sonetos hermosos…” 

En efecto, la historia de la literatura salvadoreña no se construye en su totalidad. Hay trabajos literarios que aun siguen sin ver la luz. “No se puede hablar de literatura de los años 60 y 70 sin hablar de Ulises Masís” , asevera.

El trabajo de César Ulises Masís no se queda en tierra salvadoreña. En 1, 973 aparece una antología de poesía en México, patrocinada por una organización mexicana y por la asociación de escritores salvadoreños. Una década de poesía que va del año 1, 963 al 1,973 en la que figura el poeta urbano y popular, juntamente con su hermano, Alejandro Masís. 

Al preguntar qué escritores, qué poetas influyen en Ulises Masís, sorprende en gran manera su mirada poética cosmopolita: Hablaba de Miguel Hernández, Rafael Alberti, García Lorca,  Sor Juana Inés de la Cruz, Hugo Lindo, Roque Daltón. A estos consideraba la escuela clásica y a César Vallejo y Pablo Neruda, la escuela vanguardista, según Mario Noel. Es quizás por eso que Ulises Masís orienta su trabajo hacia la antipoesía y “la antipoesía en Ulises era innegable”, afirma en la entrevista.
En el espectro ideológico, Ulises Masís no perteneció a ningún partido político. El arma que utilizaba era la palabra. Su trinchera, la misma marginalidad que le acompañó hasta sus últimos días. Desde ahí vio el mundo y lo que le rodeaba.

David Hernández: El viejo Ulises

David Hernández, junto a los poetas Jaime Suárez y Rigoberto Góngora fundan el grupo literario La Cebolla Púrpura. Conocen a Ulises Masís a través del hermano, Alejandro Masís que también es poeta. En el primer número de la revista, publican dos poemas de Ulises Masís: La nueva palabra y otros poemas. Los poemas que son una declaración a lo popular y lo urbano, demuestran la afiliación literaria que Ulises Masís tiene con la antipoesía. Es así que descubren a un poeta fuera de serie… “Fuera de los círculos de poder de la izquierda que estaban en la universidad [de El Salvador]… En la universidad había una mafia, por así decirlo: Roberto Cea, Manlio Argueta, Quijadurías, Tirso Canales, Roberto Armijo, es decir, había una pequeña argolla comunista a la cual él no estaba integrada… Y había también la otra argolla de derecha donde estaba Davicito Escobar Galindo, Waldo Chávez Velasco, que era el director del Centro de Nacional de Informaciones, entre paréntesis un gran hijo de puta, también el Dr. Hugo Lindo y tampoco él [Ulises Masís] estaba integrado a los círculos de la argolla de la derecha”.   

David Hernández también señala que esa conducta les hizo ver a un maestro que les enseñaba a estar fuera de proyectos partidarios. David resalta en Ulises Masís a un anarquista, un irreverente que a través de la palabra era crítico y condenaba ciertos vicios que los poetas arrastran al tener reconocida trayectoria y amplia difusión. Es por eso que uno de sus poemas, el llamado La nueva palabra es recordado por David Hernández, y a su criterio, era un incordio para poetas de izquierda y derecha que ganaban Juegos Florales: “…Sin ganar juegos florales de escritorio, / ser poeta con los pies en el pantano…”

Al contraponer las opiniones de Mario Noel Rodríguez (en las que ve a un Ulises Masís tímido, respetuoso hacia otros poetas), las opiniones de David Hernández son las de un Ulises Masís anarquista radical, “un viejo que cuando quería armar bronca la armaba, por eso también era incomodo”, crítico, tanto con la concepción que existía sobre los poetas, como con la poesía misma. Según palabras del académico, tenía un axioma que rezaba: “El deber de todo poeta joven es volarle la cabeza a los poetas viejos…” Sobre las declaraciones de Ulises Masís va más allá, pues el poeta afirmaba en aquel entonces que “un poeta debe ser más autosuficiente que Dios” . Y en el plano político, aunque no era de ningún partido político, en las marchas populares no faltaba “a repartir leña con un garrote”. Esto contrasta con las distintas opiniones que tienen Mario Noel Rodríguez y Ricardo Castrorrivas sobre el carácter y la personalidad del poeta Masís que llevó sus poemas fuera de la región Centroamericana, de hecho, David Hernández habla de ese premio que obtuvo en Perú en 1, 970 en los Juegos Iberoamericanos de Arequipa . La noticia apareció en una revista salvadoreña llamada  La Pájara Pinta  “que era de la argolla de los poetas comunistas de acá, [de la Universidad de El Salvador]”. La noticia aparece, pero no publican el libro. Fue una actitud irrisoria “una cabronada” para David Hernández. Esa actitud no fue la única que rayaba en el aprovechamiento de las condiciones en las que se desenvolvía Ulises Masís, que fue víctima de plagio de algún poema de él en ciertos momentos. Mario Noel Rodríguez, también habla de esto que le ocurrió al poeta por parte de un escritor y un pintor que se aprovechaban de los escritos de Masís. Aunque Mario Noel no brinda nombres, David Hernández sí lo hace: Roberto Cea.

David Hernández recuerda que el poeta urbano tenía como influencias literarias a los poetas exterioristas ingleses, al movimiento de antipoesía que se había creado en Latinoamérica que tenía como abanderado a Nicanor Parra con el cual, según David Hernández mantuvo una correspondencia. Además, cuenta que Ulises Masís le sugirió a Nicanor Parra “el poema artefacto”, del cual está seguro “lo inventó el Viejo Ulises” . Tiempo después Nicanor Parra hablaba del poema artefacto. La correspondencia fue gracias a Jaime Quezada, chileno, quien enviaba la correspondencia de Ulises Masís a Nicanor Parra, y por la fama innegable de la que gozaba ya el poeta chileno, fue para él el crédito del “poema artefacto”. “Como siempre ocurre: Un pobre diablo inventa algo y el que lo patentiza se hace millonario. La misma historia de siempre”, remata David Hernández. Otra de las influencias del poeta son los poetas chinos, como Li Po, Du Fu y la poesía árabe de la antigüedad, a la vez, equipara los poemas de Ulises Masís con los trabajos de los poetas como: Ezra Pound, T. S. Eliot , William Carlos Williams, Ernesto Cardenal. Esté último, David Hernández logró conocerlo en Costa Rica. Se hacen amigos y le habla de Ulises Masís mostrándole, además, algunos poemas. La reacción de Ernesto Cardenal: “¡Qué buen poeta este! ¡Al fin hay un buen poeta allá en El Salvador!”, asevera David Hernández quien se sorprende al darse cuenta de la amplia literatura que conocía Ulises Masís y de un tajo, categóricamente dice: “Yo no creo la paja que me dan algunos de porque somos subdesarrollados no nos podemos cultivar”.

Ricardo Castrorrivas: El hombre que vivía a Cristo

Ricardo Castrorrivas conoce por primera vez a  Ulises Masís en un bar del centro de San Salvador llamado El Faro “el más mala muerte de todos los bares”.  Ahí llega Ulises Masís y le ponen de apodo  Masisón  por ser el mayor. A Masisón también le acompaña su hermano llamado Alejandro Masís. Ambos cargaban consigo poemas y siempre los intercambiaban. Así empieza la afinidad por la poesía y el alcohol. Fueron “alcohólicos irredentos en ese momento los tres” , confiesa Castrorrivas. De los tres, sólo dos dejaron el alcohol; el otro, Ulises Masís, no lo abandonó, sino, hasta la muerte. Castrorrivas trató en lo posible de ayudarle. Iba a visitarlo a una casa donde estaba de “arrimado”, admite el poeta de Piedra y Siglo, en una de esas casas antiguas que quería salvar patrimonio cultural. Ese era el lugar de encuentro. Allí le obsequiaba dinero, vitaminas “para que durará un poco más, pues estaba muy enfermo, muy grave”. Al hacer remembranza de aquel tiempo, Castrorrivas ve “al hombre y al poeta juntos. Él siempre andaba en sus bolsillos poemas” . La trayectoria literaria del poeta Masís es vista como indispensable a la hora de hablar sobre la poesía en El Salvador. Desde una perspectiva política, el poeta del grupo literario Piedra y Siglo cree que el sistema capitalista es el responsable que tanto los ciudadanos como los artistas vivan condenados a muerte. Da como ejemplo a Ulises Masís “como un gran poeta, un excelente poeta, un magnifico poeta. Marginado. Eso lo vuelve grandioso”. 

Ulises Masís no perteneció a Piedra y Siglo, pero siempre anduvo con ellos. Esta aproximación le permite a Castrorrivas el intercambio de ideas, de libros y otros menesteres que vuelve fraterna la relación entre ambos poetas. En ese lugar, recuerda una anécdota aleccionadora para Castrorrivas y Rolando Elías (también poeta). Rolando Elías pide que entre los tres hagan un soneto, “¡ah, competencia!” gritó Castrorrivas y Ulises Masís sólo dijo, “participo si me compran un trago”. Castrorrivas va por una pacha, se la entrega a Ulises Masís y este “se zampó dos buenos tragos”. Cada uno busca hoja y papel. Empiezan a escribir y se ven envueltos en un largo silencio. Castrorrivas no pasa del primer endecasílabo, Rolando Elías llega hasta un cuarteto. Ulises Masís había terminado el soneto. “Eso nos avergonzó a Rolando [Elías] y a mí” , admite Castrorrivas. Ese momento, ahora en el presente, le revela que los artistas en general están condenados a vivir “como una masa anónima que así se mueren”. 

Si Mario Noel Rodríguez ve a Ulises Masís como un hombre sencillo, tímido y sumamente modesto y David Hernández lo ve como anarquista, radical e incómodo, Castrorrivas lo ve como el hombre que vivía a Cristo. “De esos que agarran su cruz y no la botan…”  La misma marginación que vivió Masís, le obliga, a manera de protesta auto inmolarse en el alcohol, a criterio del poeta de Piedra y Siglo. 

Pasa el tiempo. Cae enfermo el poeta Masís. Castrorrivas le visita en el Neumológico. Salen juntos a caminar. El poeta le muestra los nuevos sonetos en los que ha estado trabajando. Castrorrivas le responde que al salir del hospital irán a Alcohólicos Anónimos. Eso nunca sucedió.

En el plano político, Ulises Masís se oponía a las medidas anticristianas del  gobierno. En las marchas allí estaba él apoyando las causas del pueblo, recuerda Castrorrivas. Al mismo tiempo señala que Ulises Masís tenía una gran identificación con la marginación, eso sí, aclara Castrorrivas, “sin llegar a lo místico, pero era un poeta cristiano. El solo era su iglesia y oficiaba en su soledad y él, claro que asumía esa marginalidad”. 
Por los poemas de Ulises Masís, hay una veta religiosa. Dios y Jesucristo, son entidades que frecuentemente aparecen en los poemas del poeta, quien presenta a Dios como fin supremo de la existencia humana.
A manera de dato histórico, Castrorrivas afirma que no solamente Piedra y Siglo conoció a Ulises Masís, sino además, Salarrué y Claudia Lars quienes les respetaban mucho por su condición de obrero.
Mario Noel Rodríguez, David Hernández y Castrorrivas coinciden en que César Ulises Masís fue un poeta excepcional, un artesano de la palabra identificado con lo popular y la marginación, un poeta que no podrá ser pasado por alto cuando se hable de la poesía salvadoreña.
En efecto, César Ulises Masís es un poeta excepcional. No sólo es creador de poemas con estilo muy original, sino que posee una gran sensibilidad hacia lo que le rodea y logra recrear en el lector esos mundos que indirectamente ignoramos, pero que están allí. Poemas y autor, son inseparables, pues la fuente que nutre a ambos es la misma.



El oficio del poeta
…simplemente, he leído y leo poesía, 
y encuentro poetas de quienes me siento cómplice
y otros de quienes me siento lejos…
José Jiménez Lozano, poeta español

El año 1,966 registra la aparición del primer poemario de Ulises Masís que llevaba por nombre Circunstancias. Ese dato nos informa que el poeta terminó su libro alrededor de los cuarenta años de edad, sin embargo, su oficio literario debió empezarlo años antes.  Rondando los primeros años de la década de los setenta sus poemas aparecen en distintos periódicos, como en La Prensa Gráfica, que durante varios años le cederá espacio para sus versos. Esa vocación literaria no la abandona hasta la muerte. Si su faena literaria carecía de disciplina, Ulises Masís no dejó de lado la poesía en ningún momento. La embriaguez cotidiana en la que vivía no menoscabó su oficio como poeta, pues en sus conversaciones  no se extrañaba la poesía. Los escritores que le conocieron afirman que si no escribía, entonces se dedicaba a leer y si se ausentaba de la lectura, conversaba de poesía. Su existencia no estaba dedicada absolutamente al alcohol, aunque este le llevara a suicidarse lentamente, como les sucediera a grandes escritores de la talla de Hemingway, Dylan Thomas, Tennessee Williams, Charles Bukowski.

¿Cuántos poetas conocieron a Ulises Masís? Gran parte de sus contemporáneos no desconocieron el nombre del poeta. Y en el tiempo presente, ¿cuántos le conocen? Y más importante aún, ¿cuántos lo leen y le recuerdan?  A muchos el nombre le es familiar, a otros, le es conocido, no así, su obra literaria. Ulises Masís desde sus primeros poemas pone de relieve su objetivo primordial: Rebelarse en los poemas e innovar la poesía y afirmar su vocación de solitario. Ambas cosas las logra. Una, por la convicción de que con su poesía “…los marginados se iluminan”  y por la otra porque…  “…tal vez habré tomado camino equivocado, / tal vez. / Como una hoja que acaricia la brisa del alba/ tiemblo y me recojo conmovido/ bajo el manto de la gran soledad que me contempla…” 

Solitario e inconforme, al igual que los poetas románticos rebeldes a la moral de su mundo. Como afirma Octavio Paz acerca de los poetas y su oficio como escritores: “Casi todos nuestros grandes poetas, han participado en un momento u otro, en los movimientos de emancipación” . La emancipación fue para la poesía salvadoreña. Ya no habla del cielo, de los arboles, de los paisajes, ahora introduce el soneto en el mercado  porque “los poetas bajaron de las nubes y caminan en la calle como todos los hombres, hablan con ellos en su misma lengua” . Ulises Masís tiene como protagonistas lo popular y lo urbano. En sus poemas esa es su geografía donde funda otra manera de ver la existencia. “[esa] es la singularidad de la poesía moderna en que ha sido la expresión de realidades y aspiraciones más profundas…”   A lo largo del trayecto literario del poeta Masís hay elementos fundamentales que no se separan de él: La marginación, la soledad propia y la de los otros con los que se identifica, el alcohol y lo divino. Son temas que no abandonará. Vuelve a ellos no porque le falte imaginación para hablar sobre otros acontecimientos, sino, fiel su principio de “colocar la palabra sobre la piedra del presente” , pues los poemas de Ulises Masís “muestran rigurosidad en el oficio, sin concesiones al emotivismo”. 

En efecto, los datos, aunque dispersos y con distintas fechas y con distintos nombres de trabajos literarios, apuntan a que Ulises Masís trabajó en sus libros desde el cuento, hasta el verso libre, pasando por el soneto, y los poemas en prosa. De esos datos, existe el siguiente listado, registrado por Doris Elizabeth Palacios : Circunstancias 1,966; Traducción de mi Tierra, 1,970; El paladar de mi Terruño, 1,970; Cuentos Breves que incluye Carne de Venado y Toleto Céster, 1,970; Poemas de mi Barrio, 1,989. A esto, le sigue otro listado de reconocimientos literarios dentro de El Salvador y en el extranjero: Primer Lugar en la Rama de Cuento, 1,970, Apopa; Segundo Lugar, Rama Poesía, 1,970, Apopa; Segunda Mención Honorífica en el Primer Certamen de Poetas Latinoamericanos. Lima, Perú, 1,970; Primer Lugar, Rama Poesía, en los Juegos Florales de Zacatecoluca, 1,989. De todo lo anterior, se ha corroborado con el testimonio de algunos escritores como David Hernández y Mario Noel Rodríguez, los siguientes galardones: Primer Lugar, Rama Poesía, en los Juegos Florales de Zacatecoluca, Segunda Mención Honorífica en el Primer Certamen de Poetas Latinoamericanos. Lima, Perú, 1,970. Mario Noel Rodríguez va más allá al anunciar que Ulises Masís apareció en una antología poética en México hecha por La Asociación de Escritores Salvadoreños y patrocinada por un organismo mexicano. Esa antología registra una década de poesía en El Salvador desde 1,963 hasta 1,973. El dato lo revela en la entrevista de octubre de 2.006. Mario Noel, al mismo tiempo, atestigua que en los tiempos en los que estuvo en cama el poeta urbano, le vio crear algunos sonetos que fueron agrupados bajo el título de Voz en Retiro.

En la noche de un fin de semana de 1,992, muere César Ulises Masís. El proyecto de hacer a dos manos un poemario junto a su discípulo Daniel Eguizábal queda truncado. El proyecto lo realizará en solitario el poeta Eguizábal y será dedicado a Ulises Masís post mortem. El discípulo publica sus poemas y saca a la luz el poemario de Ulises Masís de 1, 969, Circunstancias, aunque no todo, pero sí, una considerable parte. El libro está divido en dos secciones. En la correspondiente a Ulises Masís, aparece el primer poema dedicado al discípulo con un epígrafe fulminante como un rayo: “El autor tiene todo el derecho de renovar su obra de acuerdo a las circunstancias actuales” . La sentencia muestra lo evidente: Ulises Masís era su único crítico. Volvía a sus textos. No era el azar quien le guiaba. No acumulaba palabras. No es raro que viese con reserva al surrealismo y que confiara más en la palabra pensada que nacía al contemplar su entorno que en la escritura automática. El libro que pretendían hacer juntos, tanto maestro como discípulo, ve la luz bajo el nombre “Para cuando nazca el sol”, título con sabor a nostalgia y esperanza incierta. El prólogo está hecho por el mismo Ulises Masís. Al leerlo nos revela carácter, decisión, estoicismo, experiencia. El prólogo reza:

“A muchos les pasará por la mente por qué este libro está editado por dos poetas de muchísima diferencia de edad. Los que más se preocuparán por comentar esta disparidad de años son los poetas jóvenes del momento actual. Hago esta aclaración porque me parece justa al apreciar la obra literaria (poética) de Daniel Eguizábal. He seguido de cerca las producciones que se están dando por poetas que por “novedosos” caen en lo absurdo.

Siempre he sostenido y sostengo que hacer poesía no es esa acumulación exagerada de metáforas sin sentido que no son ni serán surrealistas. Son poesías que el tiempo se encargará de apreciar y que sólo son eso: “intento de hacer poesía novedosa.

No soy el gran poeta que pretende ser maestro, pero me gusta lo aceptablemente bueno, sinceramente aprecio el estilo delicado de Daniel Eguizábal y acepté compartir con él un volumen de poemas, porque ni yo lo levanto ni él me aplasta. Somos dos poetas que compartimos nuestros sentimientos con diferente estilo, pero deseo, acepto y quiero manifestar que Daniel Eguizábal tiene un porvenir y un lugar dentro del quehacer poético”.  

Aunque el prólogo estaba listo, el maestro Ulises Masís se fue en una noche como un mesías que deja encaminado a su discípulo y le deja instruido. No dejó ningún libro publicado, pero no hay boca que no le haya nombrado, ni mente que no le haya recordado. No contento de conquistar la soledad terrenal, se fue a conquistar otro tipo de soledad, una más lejana, una más celeste.


Conclusión

Al final de este esbozo sobre César Ulises Masís, se ha confirmado la gran labor literaria que desde 1, 960 hasta 1, 992 hizo el poeta  a favor de las letras salvadoreñas. A través de sus poemas nos muestra a esos entes que como él mismo fueron marginales: La vendedora de pan, El ciego cantor en el bus, Las lavanderas, La campesina. Todos muestran una óptica distinta de la marginación. En definitiva, puede traducirse sin duda alguna, el trabajo como compromiso social que adquirió tanto el autor como su obra misma. A pesar de llevar una vida dedicada al alcohol, eso no le impidió hablar sobre aquellos desafortunados y de llevar en su trabajo literario el sello de lo popular, de lo urbano, y de la marginación en su vasto legado. Sobre la producción de Ulises Masís hay mucho que investigar y estudiar. Este trabajo es un modesto acercamiento al hombre y al poeta que conoció en su peregrinar la soledad, el desamparo y hasta el plagio de sus poemas. Cada verso que elaboraba hablaba de la condición del ser humano: Desde su perspectiva personal, y desde la antipoesía, devolviéndole en doble manera, la voz al poeta y la voz a lo cotidiano del ser humano. Gracias a los testimonios de escritores que le conocieron, no cabe duda que el texto no pugnaba con el sentir, pensar y actuar del poeta. Palabra y acción se conjugan en la existencia de Ulises Masís. El oficio del poeta lo lleva más allá de escribir y publicar: Lee, escribe y habla sobre poesía. Como broche de oro, deja un discípulo, Daniel Eguizábal, que hasta el día de hoy, sigue afirmando que  “en las calles capitalinas encuentro al poeta Ulises Masís quien, desde mi punto de vista, [fue] un buen maestro”  Maestro del soneto, de la marginación y el desamparo. Cuando se hable de poesía popular, de poesía urbana, de poesía salvadoreña, el nombre de César Ulises Masís será infranqueable. 


Bibliografía

1) Alegría, Fernando: Literatura y Revolución. México. Fondo de Cultura Económica. 1,971.
2) Bay, Carmen Alemany: Residencia en la poesía: poetas latinoamericanos del siglo XX. (Poética coloquial hispanoamericana). Folleto.
3) Carvajal, Alfonso: Los poetas malditos: un ensayo libre de culpa. Colombia. Panamericana Editorial, 2,000.
4) Eguizábal, Daniel: Para cuando nazca el sol. Imprenta Talleres y Copiados Unidos, El Salvador, 1, 992. Poemario en el que figura Ulises Masis con trabajo inédito.
5) El Cicerón, Paseo por el Paz esencial por Carlos M. Moreno. Aparecido en El Ciervo, revista de pensamiento y cultura, 1, 998, nº 567. Págs. 29-32. 
6) Fernández Retamar, Roberto: Para una teoría de la literatura latinoamericana.  Santafé de Bogotá, Colombia. Publicación del Instituto Caro y Cuervo XCII, 1,995.
7) Guevara, Otoniel: Recopilación de poemas sueltos de Ulises Masís otorgados para este trabajo.
8) Masís, César Ulises: Mosaico Poético. Colección Tamachtiani. Nequipo Editores, 2,001. Edición a cargo de Joaquín Meza. 
9) Palacio, Doris Elizabeth: Amo mi Soledad. Recopilación de poemas de Ulises Masis. Editorial ROSACOLOR
10) Paz, Octavio: La otra voz. Poesía y fin de siglo. Barcelona, España. Editorial Seix Barral, S. A., 1, 990.
11) Rodríguez, Mario Noel: César Ulises Masís, poeta de San Salvador. Antología poética de Ulises Masís supervisada por él mismo. Con fecha de 1, 987.



ANEXOS

BIOGRAFÍA

A continuación se presenta la biografía de César Ulises Masís, aparecida en Mosaico Poético . Hasta el momento es la más extensa que se ha encontrado para este trabajo. Al final de la información, no se encuentra el responsable de los datos, sin embargo, la edición del libro estuvo a cargo de Joaquín Meza y al parecer, fue él quien la escribió.

Cesar Ulises Masís nació en Antiguo Cuscatlán, La Libertad, el 13 de marzo de 1, 925. Hizo sus estudios de primaria en el colegio Don Bosco de San Salvador. Cuando cursaba el sexto grado, su profesor, Humberto Perla Flores, le prestó La Divina Comedia para que lo leyera; después le regaló La retórica de San Martín y le recomendó que no dejase de escribir, sin embargo, la juventud y adolescencia de Ulises Masís fue de completo abandono, atrapado por el alcoholismo. Escribía poesías [i. e. poemas] que obsequiaba a las muchachas sin interés de publicarlas, mucho menos de alcanzar notoriedad. Hay una sentencia oriental que dice: “Nadie viene a la vida y se va sin cumplir para lo que viene elegido”.  César Ulises tuvo que ingresar al Hospital Rosales, seriamente enfermo (1,957-58). Allí conoció a la trabajadora social Cidha Cándida Quezada, a quien le dedicó varios poemas. Dado que la profesión de la señorita  Quezada le permite descubrir vocaciones perdidas, muestra los trabajos líricos del enfermo de la cama 54 al periodista Danilo Velado, al crítico Dr. H. C. Juan Felipe Toruño y al notable Luisito Gallego Valdés (los dos últimos ya fallecidos. Los tres diagnosticaron que el autor de los poemas  presentados, no había duda alguna, era un auténtico poeta La trabajadora social preparó una entrevista entre Masís y el psicólogo Dr. Alberto Stagel, que confirmó lo dicho por los tres intelectuales y le obsequió tres libros de poesía universal. Ulises aceptó con respeto las opiniones  recibidas y comenzó a estudiar y a escribir disciplinadamente. La antigua Biblioteca Nacional, ubicada donde hoy ensaya la Orquesta Sinfónica de El Salvador, fue su casa de estudio autodidacta, durante casi cinco años. A principios de enero de 1,962 se atrevió a mandar cuatro sonetos a “Sábados de Diario Latino” que mantenía del Dr. H. C. Juan Felipe Toruño. El veintisiete del mismo mes y año, salieron publicados. Este fue el comienzo. Colaboró constantemente con Toruño  hasta 1,970. Por recomendaciones del mismo don Felipe, que le insinuó: “Ulises, ya tiene alas, ahora ¡A volar!”. Fue entonces que remitió su primera colaboración a doña Leda Falconi (Aldef) que lo aceptó y terminó de darle durante más de diez años la aceptación que hoy ostenta con la misma  sencillez de sus primeros pasos, no obstante haber sido homenajeado en vida tres veces: la primera en el Teatro de San Salvador por el departamento de Letras [Universidad de El Salvador], a cargo de la licenciada Refugio de Romero; el mismo año en la ciudad de Berlín, Usulután por gestiones de don Carlos Vaquerano; y la tercera, también en la Academia de Arte Contemporáneo del reconocido pintor Miguel Angel Orellana, en La Plaza, carretera a Santa Tecla.
César Ulises Masís, para ser honestos, ha sido un laborioso trabajador de las letras, pero sin disciplina alguna y sin importarle ser figura de primera. Todos sus originales están repartidos entre amigos: Armando Solís, Bernardo Mejía Rez, Julio Iraheta Santos, el doctor Pedro Thompson y muchos que se han extraviado y están en poder de “X” persona contra su voluntad. En la Dirección de Publicaciones del Ministerio de Educación está olvidado un libro suyo ya aprobado por la comisión, integrado por el poeta y doctor, David Escobar Galindo, doctora y poetisa, Matilde Elena López y el licenciado Humberto Ibarra (ya fallecido), no obstante que cuando lo hicieron el homenaje en el Teatro Nacional, el entonces viceministro de cultura, Lic. Rey Prendes, frente al público asistente se comprometió a editárselo. Volviendo a los originales de Masís entre los extraviados se encuentran: Circunstancias (1,966), Tradición de mi Tierra (típicos personajes) 1,970, El paladar de mi Terruño (típica comida y golosinas), 1,970. Otros originales: Cuentos Breves, Carne de Venado, Toleto Céster (estos dos últimos dice el poeta, sospecha quién se los llevó de su cuarto-habitación, pero no puede probarlo, pero ya se desautoriza su publicación. Casi, o mejor dicho, los dos fueron publicados en la Prensa Gráfica entre 1,970-1,979. 
Ulises, a pesar de su vida desordenada, las pocas veces que ha participado en certámenes literarios ha obtenido Primer Lugar en la rama de cuento, compartido con Uriel Valencia en los Segundos Juegos Florales de Apopa 1,970; Segunda Mención de Honor en el Primer Certamen de Poetas Latinoamericanos, Lima, Perú (1,970) con su poemario La Nueva Palabra, con la que introdujo la antipoesía de Nicanor Parra a El Salvador; y primer lugar rama poesía en los XII Juegos Florales Salvadoreños de Zacatecoluca, La Paz, 1, 989, con su poemario Poemas de mi Barrio.
Masís colaboró ocho años en Diario Latino. Diez en La Prensa Gráfica. Actualmente, colabora con El Diario de Hoy y en el Diario El Mundo y en revistas cuando estas se lo solicitan. También colaboró en la desaparecida Crónica del Pueblo con el grupo La Cebolla Púrpura.
César Ulises Masís es un poeta que camina de la mano con todas las generaciones de jóvenes que se inician. Su aceptación de parte de ellos se debe indudablemente a su honestidad, aunque sufre las necesidades consecuentes del que mantiene una conducta vertical; y como escribió en un poema que editó la editorial Mesoamérica: Diez años de poesía en El Salvador: “el poeta es la plomada de su tiempo”. El poeta David Escobar Galindo lo incluyó en la antología que editó y se refiere muy bien de su labor como poeta al afirmar: “César Ulises Masís es uno de los más interesantes poetas de los últimos tiempos”. 


Poemas

Metamos el soneto en el mercado
Metamos el soneto en el mercado.
Vaya la frase cruda a la cocina.
Ya nunca mas sonetos de leontina,
Por fórmula ridícula cercado.

Recojamos del pueblo mal hablado
Su raíz y su esencia campesina.
La libre frase si no hiere espina:
El que no grita morirá ahogado.

Sopa de patas para el señorito
Contador de rituales y verbenas.
Arroz con tunco o casamiento frito.

Once sílabas, once berenjenas
Adornando el guisado del escrito.
Metamos el soneto en las alacenas.
El último sorbo

Sobre una acera un borrachito pide
Calmar su sed, humedecer sus labios.
Pasa un cura. Lo mira. Hace resabios
Y entre dientes al diablo lo despide.

Pasa un evangelista y lo condena
A fuego más atroz que su garganta.
El hombre ya no bebe, ya no aguanta,
Traga saliva con sabor de arena.

Una niña, ¿de dónde? Nadie sabe.
Con un vaso en la mano se aproxima
Y lo introduce entre sus labios, suave.

Relámpagos. Colores… Luz en vuelo,
Subiendo en ondas de la voz que mina,
El alma del borracho sube al cielo



Literumanía
¿Quién
Pregunta por mi?
Por mi casa
Y mi cama.
¡Aquí están!:
No tiene paredes
Ni techo,
Ni maderas,
Ni reposo.
Abran los armarios
Al aire,
No encontrarán
Diplomas
Copias
Ni manuscritos.
Nací con la manía de escribir,
No puedo curarme.
Literumaniático,
Voy del agua ardiente
A la muerte,
Agotando mi dolor,
Cantando.
No necesito colchas
Para calentar mis versos,
Almohadas de espuma
Para afinar el oído.
Me bastan las gradas,
El piso frío
Y la sábana de rótulos luminosos.
Siendo gusano…
Me divierto
Regalando mis alas.
Me oculto en el capullo
Y dejo volar
Engañosas mariposas.
Siendo mayúscula, 
Río de ser minúscula
En escritos
Y poesías que construyo.
Nací con paludismo de escritor;
Y no me quitan la fiebre.
Ni el aralén del hambre
Ni el winasorb
Del olvido,
De quienes saben,
Mi casa no tiene techo
Ni paredes
Y, a veces
Los pulmones 
Me duelen
De frío.


Después de la tormenta

Pasada la tormenta. Depejado
En el oriente el tenebroso velo,
Vuelve la luz al campo desolado
Y un canto de alas al azul del cielo

Así, el corazón atormentado,
Después de la borrasca y el desvelo
Vuelve la calma. El hombre acongojado
Halla la paz en amoroso anhelo.

Hermano, tras la noche el día avanza,
Entre invierno y verano, hay primavera.
No hay sórdido dolor sin esperanza.
Descansa, hermano. Muéstrate sonriente.
La gracia plena todo ser alcanza.
¡Vuelve tus ojos a la luz de oriente!




Era una vez un niño

Era una vez un niño siempre solo
Entre los muros de una casa en ruinas.
Lo encontraron las voces vespertinas
Solo, en su soledad de polo a polo.

Era un estarse el niño contemplando
A medio edificar rojos ladrillos.
Fijos sus ojos al oír los grillos
En suspendido estar casi volando.

Era una querer decir sin decir nada.
Sentir crecido el corazón y mudo
Niño solo, con alma enamorada.

Era una vez el niño, aguas tranquilas,
Mirada fija, el corazón desnudo
 Y toda la poesía en sus pupilas.




Hay un día

Hay un día
En que se rompen las ventanas-
Hay un día
 Que nos herimos un día
En que al mirar al cielo
Comprendemos 
Porqué ennegrecimos
Nuestra sangre.
Y miramos
Estúpidamente ciegos
La pelota que cae
Sobre pueblos humildes
Destruyendo árboles
Ancianos y mujeres
Y niños.





Arriates del parque San José

Veo rubias melenas
Y barbados visitantes.
Gastan luces
Y sujetan el celuloide
La iglesia San José
Animada de palomas.
Si bajaran el lente
Se llevarían a sus casas
El riñón que se pudre
Y la piel que florece hongo y sangre.




SUEÑO VELA

Vela durmiendo caminaba inquieto
por un oscuro y fúnebre camino.
Cósmico vagabundo sin destino,
miré en el fondo inmóvil mi esqueleto.

Un sol radiante iluminó el secreto 
de dos lunas en cielo alabastrino.
Saltaban negros pájaros, sin trino, 
por entre calaveras y amuletos.

Me sorprendió una lluvia de reptiles, 
arañas y culebras mordedoras.
Y vi los rostros de ídolos pipiles.

Vino a mi mente en tan temibles horas
un nombre de mis rezos infantiles, 
¡y hallé la paz de quien alegre llora!





ANTIGUO CUSCATLÁN

Podrás un día ya no ser como eres 
perdida tu pipil arquitectura.
Casas de hierro y piedra. Qué locura
verte cautiva en fríos menesteres.

Tendrá más bello el rostro, pero muerto,
sin el moreno fuego de tu raza.
Vasos de vidrio en vez de calabaza
tendrá quien toma tu lugar desierto.

Serás más grande y te pondrán más nombres
soterrando hasta el último testigo
y desplazando cada vez tus hombres.

Pero el progreso cruel y mi enemigo 
jamás podrá, aunque tu suelo escombre
desenterrar el grito de mi ombligo.




MARÍA CRISTINA

Haré de tu recuerdo una pastilla
calma dolor mi vida torturada.
Retornaré un instante dulce amada, 
única dueña, única costilla.

María, bello sueño y pesadilla.
Cristina, la mujer nunca olvidada.
Tú, María Cristina, consagrada
en primera y en última semilla.

Eres madre, de madre de mis nietas;
dos preciosos estuches donde guardo
mis ilusiones y ansias más secretas.

Quizás por ellas sin querer retardo
la despedida y mi canción no callo,
tal vez te busco en ellas, y no te hallo.









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