viernes, 20 de febrero de 2015

CARLA OLIVERA [14.996] Poeta de Argentina


Carla Olivera 

Nació en octubre de 1985 en Gualeguaychú, Argentina donde vivió siempre. Practica la enseñanza de la Lengua y la Literatura, ejerce la poesía, la danza y la maternidad. Ha reunido experiencia en diferentes talleres literarios desde 1998 hasta la fecha como participante y coordinadora. Recibió premios a nivel provincial, nacional e internacional. 

Una de estas distinciones le valió la publicación de su primer libro Partición de Voces (De los cuatro vientos, 2006). Intemperie (Singular Ediciones, 2014) es su segundo libro.



El cuerpo

A veces, la muerte me muestra las piernas,
Me deja tocarlas,
Lamerlas,
Beber el jugo de su transpiración.
A veces, el cuerpo desnudo de la muerte me deja el acá,
Me deja el dónde,
Acá,
Adónde,
Me deja un espacio para gozarla,
Un diminuto espacio de resurrección.
Entonces aprendo su lenguaje,
Lo hablo,
Lo trasmuto,
Lo presiento,
Y verso largamente en sus piernas.
A ella le gustan los poemas que le dejo entre los vellos,
Le gustan las bocas abiertas de las palabras caídas en la piel.
Le gustan los silencios,
Los animales bostezando en el vientre.
A veces, la muerte lleva en el cuerpo mi canto caliente.
A veces, se queda dormida un segundo,
El ronco respiro me nombra.




El sueño

Parecía que verte dormir
era cantar el poema
El poema la espalda larga la blanca espalda
En tu cuello dormía un bostezo
Blanco el bostezo del cuello parecía
Duerme
Blanco
Me dijiste dormir
Me dijiste
Dormir con el cuello bostezado
Parecías verte dormir
Y cantabas el poema.







INTEMPERIE



“…no me puedo explicar a mí misma, porque yo no soy yo…”
  L. Carroll


I

La casa de ese silencio es como la del conejo blanco
y adentro, apretada contra sus paredes, soy Alicia.

Todo intento por escapar del espejo
todo intento por escapar
todo intento
era peligroso.
“Cómeme”
“Bébeme”
me decían.
Eternamente comerás silencio
beberás silencio
serás un silencio inmaduro
arrancada del árbol
cayendo del árbol
como por un pozo.




IV

como una cierva
por la boca del lobo
pastaba en su lengua
juntaba flores en su garganta.




3.

Porque habito y acecho
porque he de encontrar en los vértices de la noche 
la desmesura y la tormenta,
llévenme los faunos 
llévenme las músicas, las danzas,
hagan de mí su presa,
beban en el cuenco de mi sombra.
Llévenme a pastar en el lomo del verano
y a cantar melodías de fuego.
Llévenme.
Abran mi boca cerrada al canto.
Suelten las liebres sus crías hambrientas para que amamanten,
para hacer de este otoño una colmena, 
un arroyo, 
celebración o sendero.




6.

Y es entonces
que la esperanza nos habita:
un pájaro que canta sobre el ramaje de la tarde









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