lunes, 16 de febrero de 2015

ALEJANDRO MALLADA [14.905]


Alejandro Mallada

Mi nombre es Alejandro Mallada, nací y resido en Gijón (Asturias).
Ni me considero un poeta, ni un escritor, ni me considero nada.



HAY QUE ABRIRLOS

Lleno la bañera
y como un contorsionista
me meto
buscando la postura
(hay una)
en que entro lo más posible
y es además cómoda
como para mantenerla
unos minutos.

Divido el baño
en dos partes:
primero será mi tronco
el que quede fuera,
después lo sumergiré
y con mis piernas
colgando de la bañera
podré hundir
la cabeza.

Aguanto
con ella sumergida
y escucho
el silencio y el ruido
a través del agua,
que empieza
a colarse
por entre 
los apretados
párpados.

Pienso en abrirlos,
algo me dice
que dolerá
pero los abro,
tengo que abrirlos,
hay que abrirlos
aunque
duela.





COMPAÑEROS

Ya iba notando
con el pasar de los años
que la espalda se resentía,
que me dolía
punzantemente,
donde más duele,
con el simple gesto
de intentar dormir.

Aguanté a base
de tranquilizantes adulterados
que apuntaban con saña
a un hígado
saturado de trabajo.

¿Que qué pasó?

Tuve que parar en mitad de la calle
sacar las pesadas piedras de la mochila
y dejarlas
allí mismo.

Las pesadas piedras
en las que se había
convertido
el pan.

DE su poemario inédito 33.




EL AFINADOR

Mi padre tiene un afinador digital. 
Me ha enseñado como se usa 
para utilizarlo yo 
con la guitarra 
con la que me pagó 
un colega una deuda. 

El afinador muestra en la pantalla 
una aguja 
y tal como un velocímetro 
al tocar cada cuerda 
se mueve de izquierda a derecha. 

En el medio del arco, 
digital como la aguja, 
hay una marca, 
si se para ahí 
la pantalla destella en verde, 
la cuerda esta afinada. 

Ahí, ahí está afinada, 
justo ahí. 
Y esto es lo que hay que hacer 
siempre antes de nada,
afinarla. 

Eso intento hacer, 
afinarla, 
aunque en mis manos 
la guitarra 
apenas escupe notas. 

Voy a buscar el afinador 
y pienso: 
que aunque como mi padre 
no sea de oído, 
no se me olvide 
nunca 
afinarla.




Lotería

"Que no. Que no quiero lotería, señora."
Kutxi Romero.

Yo no juego a la lotería,

no seré rico

pero tampoco venderé
mi esperanza,
ni me gastaré el dinero
manchado de sangre,

la transparente sangre

de las ilusiones.




El espejo del alma

Tengo un dolor
en mitad de la cara,
es lo primero
que me encuentro
al despertarme.

Ayer fue un buen golpe,
una buena hostia,

ahora lo noto.

Mi nariz esta algo torcida,
quizás es demasiado larga,
no es la más bonita,
pero eso es así
desde hace mucho.

Hoy me duele,
esta algo roja,
algo hinchada,
me duele.

Ayer fue una buena hostia,

no la peor
pero otra.

El caso es que
mi nariz y yo
tardamos en darnos cuenta
de las hostias
y nunca volvemos
a ser los mismos
después.




Gasoil en las manos

"... los adultos aceptan la monotonía,
el tedio, la frustración"
Edward Bunker.

Aquel trabajo
era para tres meses,
en una gasolinera,
un verano,
a jornada completa.

Ocho horas,
dos turnos,
mañana y tarde,
que acabó
siendo uno:
tarde.

Entonces
en un calendario
empecé a tachar
los días que quedaban
de contrato.

Los jefes
se portaron
y el curro:
Simple,
no requería esfuerzo:
echar chofa*
y cobrar,
un montón de tiempo muerto,
fregar, barrer
y alguna chorrada más.

Ya lo quisiera yo, ese curro
¡Vaya chollo!

Pero yo
al llegar a casa
tachaba días,
semanas,
meses.

Me llevaban
y me traían
y yo,
al llegar:
tachaba
de uno en uno
lo días,
porque tachar
de dos en dos
no iba a servir
de nada.

Me daba vergüenza
la verdad,
un poco,
era un buen currelo:
Ocho horas,
de 3 a 11,
de lunes a viernes,
novecientos pavos*.

Y yo era un tío digno,
con curro
y pasta,

pero
al llegar:

tachaba,

tachaba
y contaba
los días
para dejar
de serlo.
                  
* Gasolina.
* Euros.





Yo no voy a ir

¡Ven! ¡Ven aquí!
¡Ven aquí hijo de puta!
Me gritan al pasar,
no voy.
Son las tres,
es lunes,
es de noche,
vuelvo a casa.

¡Ven me cago en tu raza!
¡Ven aquí!
Me persuade,
me quiere,
dar el palo claro.

No quieres que vaya
hazme caso,
no llevo nada
y además no quieres que vaya,
porque en un bolsillo
si que llevo algo
¿Sabes?
Unas ganas terribles,
terribles,
de echarlo todo.
No me importaría
dejar de lado al papel
esta vez
y que cayera sobre ti,
que cayera
sobre mi.

No vengas,
no vengas te digo,
yo no voy a ir.
Por favor
tu no vengas.
Hazme el favor,
deja que caiga
sobre el papel.





Bestias desatadas

Una mala contestación
o la nada en ella.
Y el enfado,
el enfado de la gente.
No lo siento,
no se retuerce en mi nada,
no se agarrotan mis intestinos de ira,
no se me anudan los interiores,
la voz no salta hasta elevarse
y caer desde lo alto y morir,
no se inundan los vasos
de mi piel con sangre,
no se desata la bestia
y desatada anda.
Solo, de vez en cuando,
hace algún aspaviento.
Después se queda ahí,
babeante,
con los serrados secándose,
sin hacer demasiado.
Y yo enfadado,
por ella.
Y confuso,
por las demás.




Ambidiestro

De niño, al colegio,
llevaba mis tijeras,
mis tijeras de zurdo.
Hasta que las perdí.
Entonces cada vez
que tenia que recortar
me prestaban unas.
Y la tijera y yo
discutíamos como
confundidos de Babel*,
con el papel por medio.
Harto,
después de la batalla,
cogía las tijeras con
la otra mano.
Derrotado,
resignado.

Ahora de mayor
sigue la terca discusión
en mi mismo,
de cuando debo usar
la mano izquierda
y cuando aprender a usar
la derecha.
                  
* Hago referencia a la ciudad de Babel. Ciudad donde se levantó la «Torre de Babel» para intentar llegar al cielo. Dios entonces confundió a los hombres haciéndoles hablar lenguas diferentes, según el relato bíblico del Génesis.





No te confundas

"Si me hubiera hecho payaso, o incluso
animador de variedades, habría sido famoso.
La gente me habría apreciado precisamente
porque no me habría entendido: pero habría
entendido que no había que entenderme. Eso
habría sido un alivio, como mínimo."
Henrry Miller.

Una vez
y alguna más,
estuve ahí arriba:
encima de los escenarios,
blanco de los focos
y los ojos que los siguen
allá donde señalen.
Hasta salí por la tele.

Una vez
y algún más,
allí arriba:
encima de un escenario;
conocí a mucha gente
y muchas cosas,
ninguna me gusto demasiado.

No es resquemor, no,
no te confundas,
pues triunfe.
No es prepotencia,
pues también fracase.

No me gusto demasiado digo,
pues desde arriba:
encima de un escenario,
camino a un escenario,
del escenario a la barra,
del escenario a casa;
a pesar de las luces
cegadoras,
de las miradas
mareantes por su número,
del humo y la oscuridad
hecha de sombras
por otros que no son capaces
ni de subir ni de vivir abajo,
yo: pude ver muchas cosas
que no me gustaron.
Una sobre todo:

Una confusión,
la confusión de todos,
del todo,
que me hace hasta dudar...
Pero no,

yo no quería ser cómico,
hacía reír

y ahora no soy un poeta
solo te lo cuento.





Brújula

Te admiro si es que lo tienes todo claro
desde un principio.
Te admiro que no envidio,
aunque
      a veces
              también.
Porque cada día
estoy más seguro
que a mí me abrieron la cabeza
en algún momento.
Cogieron la brújula,
ya sabes,
la que nos guía.
¿No has oído lo de perder el Norte?
Y la tiraron al suelo
         y la pisaron
y cuando era una con el asfalto
y ya no sabía que señalaba,
la cogieron y me la pusieron.

Y ahora qué, eres poeta, escritor.
Me dirán.

No sé. Llámame como quieras.
Pero no te aseguro nada.
Les contesto yo.

La puta brújula... 





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