jueves, 19 de febrero de 2015

ALBERTO ALEXANDRE JIRÓN FLAMENCO [14.966] Poeta de El Salvador




Alberto Alexander Jirón Flamenco

Nació el 8 de septiembre de 1991 en El Salvador, en Dulce Nombre de María, Chalatenango. En el 2012 ganó el primer lugar en el Certamen de Poesía Universitaria “Tu Mundo en Versos” organizado por el Círculo de Estudio de Lenguaje y Expresión de la Universidad de El Salvador (CELEXUES), con el poemario “Huésped transitorio de las dos residencias”. En el 2013 obtuvo una mención de honor en el Certamen Artístico Cultural “El Justo Juez de la Noche” en la rama de poesía, premio “Roque Dalton”, organizado por el Espacio Cultural Alfonso Hernández de la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales de la Universidad de El Salvador con el poemario “Amor, desamor y soledad”. Ha sido incluido en la antología de poesía joven salvadoreña “Invisibles” publicada por la editorial Pirata Cartonera en Venezuela, y en la antología poética “Versos en el aire III” publicada por el colectivo Diversidad Literaria en España, ambas antologías en el año 2014. Además ha publicado su poesía en el periódico “El Universitario”. Ha realizado lecturas poéticas en la Universidad de El Salvador, la Casa Tomada del Centro, en la peña cultural Los Tacos de Paco y en el Festival de poesía Roberto Armijo. En el 2014 impartió el Taller de Escritura Creativa en la Escuela de Invierno organizada por el INFORP UES. Pertenece al Círculo Literario Chicle Chalateco.




La vida me cruzó por tu camino

La vida me cruzó por tu camino
en un día tan claro, de repente,
y se prendió en mi pecho llama ardiente;
ardiente llama que contigo vino.

Esencia de lo bello y lo divino
divisé caminando entre la gente,
caminando con paso diligente:
un dulce ángel; regalo del destino.

Fuiste el ángel que llega y que no avisa,
que llega así de pronto, inesperado,
desde un cielo jamás imaginado.

Y me bastó tan solo tu sonrisa,
y te bastó tan solo mi mirada,
que dijo todo sin decirte nada.



Amor no estás. Ahora que te has ido

Amor no estás. Ahora que te has ido
es mi gran soledad la compañera,
te llevaste contigo la quimera
y me dejaste solo en el olvido.

Me dejaste el recuerdo en lo vivido,
y el beso en el clavel que te venera.
Extraño tu palabra mañanera,
dulce voz endulzándome el oído.

Extraño tu silencio tan callado,
tu mirada profunda, tu caricia,
el néctar de tu boca, su codicia.

Y el labio que por ti quedó sellado,
extraña de tu beso su delicia,
y el roce de tu poro enamorado.




Si pudiera

Si pudiera devorar esta distancia,
este mar de lejanía que nos separa, 
pudiera verte, disfrutar de tu presencia.

Y si pudiera volar para llegar hasta tu lado,
sería pájaro o gorrión sobre tu cielo.

Y si pudiera acelerar el tiempo,
el tiempo cruel que sin verte se hace eterno,
o si pudiera devorar sus horas,
horas largas colmadas de tu ausencia;
lo haría,
lo haría sin pensarlo:
tan solo por verte.




QUISIERA CON UN BESO DESBOCARTE

La sed del labio saciarás sediento,
cuando vuelva, mi amor, a encontrarte.
Quisiera con un beso desbocarte,
de tu labio beber dulce tormento.

Será tu tierno beso mi alimento,
y en mi beso la dicha voy a darte.
No alcanzará tu piel para besarte,
besaré hasta tu voz, hasta tu aliento.

Será tu dulce boca, vivo gozo,
gozo preciso, verdadero y cierto;
panal de miel dejado al descubierto

donde la gloria habita confinada,
donde mi labio encontrará reposo
para besar tu rosa inmaculada.



RECONOZCO QUERERTE COMO LOCO

Reconozco quererte como loco,
con locura infinita, lo confieso.
De esta amarga ilusión yo vivo preso,
y prisionero muero poco a poco.

Por besarte a tus labios yo me aboco,
pero nunca he podido darte un beso,
por eso sufro, y de sufrir no ceso;
porque me quema el fuego si te toco.

Me aloco tanto. Amor no quieres verme,
tus dulces labios quieren no besarme.
En el fondo del mar quiero perderme

para que nunca puedas encontrarme.
Te quiero mas no quieres bien quererme,
prefieres al olvido condenarme.



LA VIDA HUYENDO DEL TIEMPO Y LA MUERTE

La vida se me escapa de las manos
como pez escurridizo.
Es agua de río que fluye,
espuma que entre mis dedos se evapora,
y se desvanece.

¡Y de mi presencia la vida huye!,
escapa,
como si alguien la viniera siguiendo.

Y veo a lo lejos,
es el tiempo cruel que viene tras de ella,
intento detenerlo,
pero no puedo,
el tiempo corre más a prisa,
parece como si el corazón se le hubiera agitado,
como si tratara escapar de la cárcel,
del dulce encierro,
del reloj donde se encuentra prisionero.

Y la vida corre,
corre con su larga cabellera soltada al viento,
corre por los campos floridos,
corre por el valle,
corre por la pradera;
pero es imposible,
no hay escapatoria,
la sentencia de la vida está dictada,
el tiempo viene en caballo ligero.

¿Y si la vida escapa del tiempo?
No escapará de las garras de la muerte,
llegará precipitada al abismo,
y será su fin,
porque ahí la muerte la espera sentada,
sentada bajo la sombra de un árbol enlutado,
que se nutre de las vidas humanas.

De “Huésped transitorio de las dos residencias”




SONETO DE LA SANGRE DERRAMADA

A los Héroes y Mártires del 25 y 30 de julio de 1975

Con tu sangre la tierra ensangrentada,
con tu dolor la patria adolorida,
con tu tragedia, gente conmovida,
con tu lucha, tu vida arrebatada,

Tu vida que de golpe fue segada
con barbarie y crueldad, tan desmedida;
en este pueblo aún sangra la herida,
y más crece esta lucha desatada.

Tu sangre derramada, sangre pura
aún corre en mis venas con impulso
como rojo torrente incontenido.

Ese impulso a la lucha me apresura,
y aunque callen mi pecho con su pulso,
albergará otro pecho tu latido.

De “Huésped transitorio de las dos residencias”




LOS OLORES DE ESTE MUNDO

Me embrutecen los olores de este mundo,
me embrutece el olor del cigarrillo,
y su humo me asfixia,
me embrutece el olor de la cerveza,
rezagado en los estanques de mala muerte.

Me embrutece el olor mineral
de la sangre recién derramada,
y el olor de la miseria
en la carne de los pobres.
Me embrutece el olor de la muerte
rondando a las pobres gentes
en las salas de los hospitales.

Me embrutece el olor del analfabetismo
pintado con trazos ligeros
en el rostro de los adultos, de los niños,
más en el rostro de los niños,
que son el presente y el mañana de la patria,
de esta patria tan inocente y vulnerable.

Y me embrutece el olor del llanto desgarrador
de los enfermos que sufren.

Me embrutecen todos los olores
que percibo con los ojos.
Ya no quiero ver,
ya no quiero respirar esos olores,
porque siento un remolino en mi garganta,
y siento náuseas,
y me embrutezco.





OCTAVA REAL I

Marchitaste la verde primavera;
la más verde, mi amor, la más florida,
y menguaste la llama de la hoguera
que crecía en mi pecho, desmedida,
y te marchas, mi amor, aunque te quiera,
pero no lloraré tu despedida
porque en la tierra fértil que dejaste
crecerá la ilusión que me negaste.








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