jueves, 15 de enero de 2015

MELINA ALEXIA VARNAVOGLOU [14.496] Poeta de Argentina


Melina Alexia Varnavoglou 

Nació en Buenos Aires, Argentina en 1992.  

Estudia Filosofía en la Universidad de General San Martín. Participa de varios ciclos literarios y colabora en la organización del Festival de Literatura de Azul junto al poeta Jotaele Andrade.  Su obra es aún inédita.

Fue ganadora del “Slam argentino de poesía oral”, finalista en el “Mundial de poesía” e invitada al Festival Internacional de Literatura de la Ciudad de Azul. Participó también en el proyecto de videopoesía “Literatura histérica” a cargo de Alicia Aquino. Está escribiendo su primer poemario y cursando los últimos seminarios de la carrera de Filosofía. 




Uruguay

I

Nos despertábamos como saliendo a manotazos
de una poderosa tormenta.
las almohadas:
un pedazo de madera todavía flotante,
todavía incorpórea,
a la que nos aferrábamos,
fetales,
hasta que chocábamos.
Por el efecto de un hueco que se abría entre las camas
durante la noche
que como una gota se estiraba hasta el piso,
nos chocábamos
y eso era como tocar tierra firme.
Nos mirábamos asustados sin entender muy bien,
En nuestros ojos todavía podían verse clavadas
las astillas
del barco.
Era como haber despertado justo antes de morirse,
-sí, como pasa siempre en los sueños-,
sólo que los dos juntos al mismo tiempo.
Me gusta pensar que si no, a uno de los se le hubiese agotado el aire.


II

Yo no sé si vos tenías la misma sensación
pero esa casa estaba abandonada
hasta por los muertos.
Nuestra pieza se hubiese visto hermosa salpicada de sangre.
No podía parar de pensar en eso.
Entonces, cada vez que nos despertábamos
era como vencer una doble apuesta a la muerte:
Por estar juntos y por estar vivos.
Todo eso cabía en el primer contacto de la mañana.
Eras la prueba, todavía insegura, todavía húmeda de que yo existía.
Pero cuando cantaban los gallos
junto con los perros
junto con las vacas
y todos juntos en ese exceso
de vida campesina
gritaban al unísono
era como entrar en otro sueño
todavía más dulce y más siniestro,
en el que nos iba el resto del día.



III

Yo no sé si era que estaba muy drogada siempre
pero en ese lugar había mucha luz.
Entraba por todos lados, a todas horas,
a la noche, se filtraba por las estrellas,
y si había nubes, mandaban a las luciérnagas.
No había forma de escapar.
Eso también hacia parecer que el cielo
estaba más cerca, más abajo.
Repito: quizás estaba muy drogada,
por eso todo me resultaba dulcemente aplastador,
o tal vez era que por fin tenía algo
para mantenerme bien agarrada a la tierra.
Durante el día, el caballo;
durante la tarde, tu cuerpo.
Era muy flashero coger después de salir a andar a caballo,
nos peleábamos por ver quién iba a arriba,
-cosa que, por lo general, casi nunca sucede-.
No sé si llamarlo distracción, pero cuando me
tocaba a mí, no podía evitar cruzar
montañas,
valles,
ríos
imaginariamente.

De repente me caía en un pozo.
Abajo estabas vos, sonriendo.
Otra cosa que era perturbadora
era saber que en cualquier momento
una serpiente podía picarte el tobillo,
y andar mirando cómo los peludos tenían el poder ácido de
desintegrar una colonia de hormigas en menos de un minuto,
(Imagináte qué harían con tu dedo gordo del pie).
Después de varios días aprendimos a vivir con eso
y andábamos descalzos
-los más cautos usaban zapatillas-.
En el amor, pasa un poco algo parecido a eso, creo.



IV

La noche era tan profunda que tardaba todo el día en irse.
Ése peso del que hablaba antes.
Eso que nos pesaba tanto en los párpados cuando nos dábamos un beso
¿Sabés que era?
La noche
o la droga,
capaz
era la droga.





Mi funeral


“Todos tienen algo que envidiarle a los muertos/                                                                 

Ellos nunca tienen frío/ ellos nunca hacen lío 
/ni se bañan/ni se peinan   
y no tienen que votar…”

                                        (Acorazado Potemkin)


I

A mi muerte
voy a llegar tarde
sin desayunar
y con el pelo mojado.
Van a estar todos ahí,
esperando a que marque la tarjeta.
Mi abuela me va a decir:
 “¿por qué te viniste tan despechugada, nena?”
y va a sacar un echarpe de la cartera.
Negro, claro, así no desentono.
Mi mamá probablemente diga
que cómo puedo ser tan informal
que aunque sea me hubiera puesto un poco
de rimmel para mi muerte.
“¿No ves que así pareces muy pendeja?”
-Estoy muerta, ma-
-¡Por eso! A nadie le gustan las muertas jovencitas, es taan triste.
Vení veni que te pongo un poco de sombra aunque sea, rubor en las meji…-
Paf, le encajo una trompada de ectoplasma en la jeta.
Sigo:
amigos
ex parejas
profesores
gente del barrio
gente del… ¿colegio?
2 o tres hippies del under
están improvisando un escenario
en frente del féretro.
Se sube uno,
se descalza
¿Qué? ¿Es en serio?
Se ponen a recitar mis poemas
los gritan
los “performean”
Naiké hace una coreo de mientras
Si, es en serio
Me muero de vergüenza, ay no,
Uf ahí terminaron, listo, ya pasó
“Bueno y ahora vamos a pasar la gorra”
La puta madre, loco. 
¿Porqué no habré estudiado para contadora?
“Como sabrán… todo este funeral fue organizado de manera independientee, pedimos su colaboración por Melina que esta presentee”.
Se suma una anarko torta “estamos en contra de la institucionalización de la muerte, de los dispositivos que ejercen su poder sobra la vida y sobre el cuerpo. La concha es… el arma genital del pueblo”
y un trosko: “¡SI! y de las grandes empresas de sepelios que se la llevan en pala esquilmando el sueldo de los trabajadoreees.
¿Ustedes saben cuánto cobra un funebrero?”
Juan, que es hincha de Chacarita, sonríe.
Cómo lo quiero.
Mis amigos foucaultianos se agarran a las piñas con los del Partido Obrero,
Hay quilombo.
Mi abuela pregunta:
“¿Qué es el capitalismo?”
En mi mente suena una canción de cumbia sin parar
Quizás sea el rasquido de las barbas de toda esa gente en pose
Filosofando en mi funeral trackt trackt.
Me pongo a bailar entre toda la gilada,
Soy feliz.



II

Me tomo el bondi en medrano y corrientes
me olvidé la sube
tengo que pagar con monedas
le digo al colectivero que estoy muerta
que si no hay algun tipo de descuento
me dice que sin el permiso no.
Lo mando a la mierda.
Empiezo a sacarme las monedas desde el fondo de los ojos
están todas pegoteadas no entran por el tragamonedas
la gente me mira obtuso y de soslayo
pero sienten, sienten la presencia ineluctable de una muerta
me ofrecen pagarme con su sube
y yo les digo: nono, yo puedo,
y saco mas y mas monedas,
me duelen los ojos, tengo sangre en las manos,
una señora me ofrece el asiento,
le digo que ya me bajo y que además el cuerpo no me pesa,
que ya le va a llegar,
que no se moleste.
Me pierdo mirando por la ventanilla
Todo está insoportablemente vivo e insoportablemente muerto
Las casas se desvanecen
el colectivo choca contra otro colectivo.
Yo me cago de risa, porque total ya estoy muerta.
Para mí fue todo como una simulación del PAMPA 1 solo que más intenso.



III

Respiro, tengo sangre en mis alveolos cadavéricos
me prendo un pucho pero el humo me sale por las costillas
Es al pedo.
Ya es mañana: el ejército de vivos se amotina en los comicios
de curiosa nomás, paso por mi escuela:
Figuro en el padrón, ja, qué hijos de puta.
también está Luna, mi perrita, que la atropello un 3cua.
Obviamente lo voto a Zamora, porque es un muerto.
Y salgo gritando:
La vida es para los débiles.
  
Cucarachas
Mis sueños se caen
se caen (de mi vida)
como las cucarachas
(de los estantes),
esos momentos de la noche
en que el silencio
es ésto
o  el crujido de los muebles que se achican por el frio
o los graznidos de una animadora de juegos de trasnoche por la televisión,
No pasan autos por mi calle,
me gustaría,
es más inspirador
saber que hay alguien ahí, a esta hora,
haciendo algo,
yendo a algún lugar por una causa más o menos importante,
como por ejemplo, comprar cigarrillos
–eso sí que es importante-
como por ejemplo, apagar un incendio
como por ejemplo, evitar un suicidio
como por ejemplo ir a decirle a alguien: te amo.
Yo en cambio
sólo tengo
a las cucarachas
las cucarachas suicidas
de mi estante
que suben escarbando la madera por las aristas del escritorio
(su gran y gelatinoso edificio),
se amontonan en el borde y se tiran,
después vuelven a subir
y lo mismo;
casi siempre caen boca abajo en el piso
y se quedan ahí pataleando
como electrificadas
mucho tiempo,
yo las miro
y digo: -ja, ¡sí que se parecen a mis sueños!-
no sólo por lo suicidas
y por lo desesperadas
Y por lo repugnantes
y por lo insistentes
sino porque destilan insignificancia
y sin embargo viven desde hace milenios
porque seguirán vivas
mucho después de que yo me muera
como mis sueños.
A veces mis sueños
vuelan
vuelan (de mi vida)
como las cucarachas
cuando vuelan
Es todo un espectáculo
con el que la gente por lo general se escandaliza
las espantan horrorizados
por miedo
a que se les estampen
en la cara
como sus sueños.



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