lunes, 19 de enero de 2015

DU FU [14.518] Poeta de China

Visión artística, posterior a su muerte, del poeta Du Fu



DU FU  (TU FU)

Du Fu (chino: 杜甫, pinyin: Dù Fǔ, Wade-Giles: Tu Fu), también conocido como Dù Shàolíng (杜少陵) o Dù Gōngbù (杜工部), (712-770) fue un destacado poeta chino durante la época de la dinastía Tang. Su nombre de cortesía era Zǐ Měi (子美).

Contemporáneo y amigo de Li Bai, su poesía tuvo, sin embargo, un carácter más político y social que la de aquél. Aunque suspendió los exámenes imperiales en una ocasión, llegó a convertirse en funcionario del Estado, trabajando en la corte del emperador Tang Suzong.

Su vida pasó por muchas vicisitudes, la principal de las cuales sería la rebelión de An Lushan de 755, que desestabilizó todo el país y obligó a Du Fu a abandonar, junto a la corte Tang, la capital Chang'an. Pasaría el resto de su vida en condiciones muy precarias.

Debido a la originalidad de su obra, no logró un gran reconocimiento en vida. Sin embargo, su prestigio y fama no cesarían de crecer tras su muerte, llegando a convertirse en unos de los más grandes escritores de la historia china, cuya influencia se ha dejado sentir en generaciones posteriores de poetas tanto en China como en Japón. En Occidente, uno de sus traductores más importantes (al inglés) fue Kenneth Rexroth.

Alcanzó una gran perfección en la técnica del género shi. Escribió poemas de temática social y política (Canciones de los carros de guerra), meditaciones (Sobre el otoño) y textos autobiográficos (Yendo de la capital a Feng Xian). Sufrió las consecuencias del hambre y la guerra que asolaban su país; su poesía es una desoladora pintura de la sociedad. "Era de constitución alta y delgada, también robusto pero de forma fina: sus maneras fueron exquisitas y su apariencia distinguida. Provenía de una familia de literatos y, como decía de sí mismo, desde sus siete años hasta los cuarenta el estudio y las letras ocuparon la mayor parte de su tiempo. A la edad de veintisiete años se movió en dirección de la capital China precedido de su fama y ahí el poeta Li Po y Ts’en-Ts’an se convirtieron en sus amigos y Ming Huang en su protector. Obtuvo un puesto similar al de Maestro de Ceremonias en la corte. Pero el poeta tenia algunas simpatías por la vida artística. Estaba tan fuera de éste mundo que cuando el Emperador Su Tsung retornó triunfante a la capital y lo ubicó como Censor Imperial, le comunicó a su majestad que la extraña y libre apología ornamental que utilizaba era en extremo desagradable. Gracias a esto, prontamente se lo recompensó con el exilio en una gobernación.Pero Tu Fu no era hombre de andar con intrigas. En los días de su presentación como funcionario público, retiró sus insignias de la oficina ante la sopresa de los notables. Dejando una por una sobre la mesa, les hizo una profunda reverencia y luego de ello tranquilamente los dejó sin empleo. Como su amigo, Li Po, se volvió un vagabundo sin hogar, pero, aun sin gustarle, conservó su brillante nombre, motivo por el cual obtenía comida y patronato para su deliciosa vida sin nombre y no para su reputación personal. Finalmente fue descubierto por el gobernador militar de la provincia de Ssuch’ Uan que le concedió el puesto de Restaurador de Monumentos Antiguos en el distrito Mantuvo el puesto por seis años. Pero los problemas con las hordas rebeldes. estallaron en la provincia y debió marchar nuevamente al exilio. El último acto de esta vida llena de incidentes tuvo lugar en su distrito nativo: un mandarín local dio un gran banquete en honor del distinguido poeta a quien rescatara medio ahogado y famélico de un mausoleo invadido por el agua de la costa.Las copas llenas de vino se repitieron, la comida fue apilada enfrente del invitado de honor hasta que éste, aguardando el inicio del festejo, cayó muerto. El final fue rápido, repentino y piadoso ya que el invitado murió frente al banquete de su rescate."

Noticia biográfica, tomada de la página de Raúl Racedo.




NOCHE EN LA CASA JUNTO AL RÍO

El año está muy avanzado; 
El Ying y el Yang luchan a la 
Breve luz del sol. En las 
Montañas desérticas escarcha y 
Nieve relucen en la noche 
Helada. Pasada la medianoche, 
Suenan tambores y cornetas 
Violentos que parten el corazón. 
Sobre el Triple Desfiladero 
La Vía Láctea late por entre las 
Estrellas. Por sobre el 
Fragor de la batalla se oyen los 
Amargos gritos de millares 
De familias. Los trabajadores cantan 
Por doquier con voz desaforada. 
Los grandes héroes y generales de 
Antaño son ya polvo amarillo 
Para siempre. Así es la vida de 
Los hombres. La poesía y las 
Letras persisten en silencio y soledad.

(Traducción: Carlos Manzano, de la antología en inglés de Kenneth Rexroth, "Cien poemas chinos", Ed.no bilingüe)




Escrito en el muro de la ermita de Chang

Es primavera en las montañas.
Vine sólo en tu busca.
Entre las crestas silenciosas
El eco de las hachas: talan árboles.
Los arroyos helados todavía.
Hay nieve en el sendero.
Bajo un sol indeciso
Llego a tu choza, entre dos rocas
Colgada. Nada pides, nada esperas.
No ves siquiera el halo que te envuelve,
Vaga luz oro y plata. Manso
Como los ciervos que has domado.
¡Olvidar el camino de regreso,
Ser como tú, flotar,
Barca sin remo, a la deriva!





Alba de invierno

Hombres y bestias del zodíaco
Una vez más contra nosotros.
Verdes botellas de vino, rojas conchas de langosta,
Todas vacías, se apilan en la mesa.
"¿Cómo olvidar a un viejo conocido?"
Y cada uno, sentado, escucha sus propios pensamientos.
Fuera, chirrían las ruedas de los carros.
En el alero los pájaros despiertan. 
En otra alba de invierno, pronto,
He de enfrentarme a mis cuarenta años.
Me empujan duros, tercos instantes,
Doblado hacia la sombra larga del crepúsculo.
La vida gira y pasa, borracho fuego fatuo.





En la tormenta

Viejos fantasmas, nuevos.
Zozobra, llanto, nadie.
Envejecido, roto,
Para mí solo canto.
Andrajos de neblina
Cubren la noche, a trechos.
Contra la nieve, el viento.
Mi copa derramada;
Mi botella, vacía;
Ceniza, el fuego. El hombre
Ya no habla: susurra:
¿A quién decir mi canto?





Primavera cautiva

El imperio se ha roto, quedan montes y ríos;
marzo, verde marea, cubre calles y plazas.

Dureza de estas horas: lágrimas en las flores,
los vuelos de los pájaros dibujan despedidas.

Hablan torres y almenas en las flores,
los vuelos de los pájaros dibujan despedidas.

Me rasco la cabeza, cano y ralo mi pelo 
ya no detiene el tenue alfiler del bonete.




Viajando hacia el norte

Entre el moral que amarillea
Una lechuza grita. Ratas escurridizas
Buscan sus madrigueras. Medianoche.
Un viejo campo de batalla.
La luna brilla, fría, sobre los huesos mondos.




DU FU

Por David Hinton
(Versiones del inglés de Armando Ibarra)

Vivió durante el reinado del emperador Xian Zong. Recibió una excelente educación en Luoyang. A los 19 años viajó por el país y recorrió sus provincias como parte de su formación, que se vió trastocada al no lograr pasar los exámenes que le hubieran garantizado un cargo en el gobierno. No pudo, por tanto, acceder a la función pública y se vio obligado a realizar su obra poética lejos del reconocimiento oficial.

Tu Fu es la primera sensibilidad poética integral en la literatura china; su poesía muestra la total vulnerabilidad de la dimensión humana y explora la gama completa de las experiencias. Desde esta amplia base edifica un enorme monumento al ser humano. De hecho, la búsqueda de Tu Fu fue tan completa y original que dio origen a las vertientes poéticas que a la postre definieron la tradición. Aunque las innovaciones revolucionarias de su poesía no permitieron que gozara del debido reconocimento mientras vivió, su trabajo no tardó en inspirar poéticas tan disímiles como las del realismo socialista y la introspección surrealista. La poesía de las cosas sencillas de la dinastía Sung con su serena simplicidad, también se nutrió de Tu Fu. En efecto, su influencia fue tan profunda que la tradición poética de la China se puede definir en los términos de su obra, así como debemos aproximarnos a su obra en términos de la tradición.

Uno de los aspectos que abarcó Tu Fu fue un realismo objetivo sin precedentes en la poesía que le antecedió, para lo cual incorporó todos los aspectos de la esfera pública y privada al campo de la poesía, incluyendo los aspectos menos agradables de la vida, los cuales el decoro tradicional había evitado. Adicionalmente, el compromiso de Tu Fu con estos campos inexplorados llegó hasta las últimas consecuencias: concibió la experiencia en los términos de la precisión de los detalles concretos. Como consecuencia, la textura misma de su poesía es un acto de alabanza a la existencia.

Tu Fu fue el primer poeta en escribir extensivamente sobre las preocupaciones sociales inmediatas y reales. Los poemas de Tu Fu sobre asuntos cotidianos muestran que encontró poesía en los asuntos más prosaicos.Temas tales como el mundo doméstico del poeta, las pequeñas bellezas y los padecimientos de la vida ordinaria eran muy escasos en la poesía china y nunca habían sido tratados de forma tan completa y realista. Sin embargo, la poesía de Tu Fu en muy contadas ocasiones muestra una separación tajante entre lo público y lo privado. Tu Fu, a quien se le conoce como el "poeta historiador", vivió en un período de la historia china particularmente agitado, así que muy pocos de sus poemas domésticos carecen de preocupaciones sociales. Al mismo tiempo, sus poemas sobre temas públicos rara vez carecen de la dimensión doméstica. Esta articulación, por sí misma, se convirtió en una innovación importante en la poética china, la cual por tradición requería de unidad temática.

Durante el período Tang tardío, los poemas debían plantear un tema y, al mismo tiempo, debían mantener un único contexto, atmósfera y tono. Debido a que estas restricciones iban en contra de la profundidad que su poesía exigía, Tu Fu de modo rutinario variaba sus preocupaciones temáticas al tiempo que mezclaba atmosféras, tonos, imágenes y perspectivas discontinuas. En efecto, con frecuencia yuxtaponía estos elementos disímiles dentro del mismo verso pareado -la unidad fundamental de la poesía china-, alterando radicalmente de este modo el equilibrio tradicional. Otra extrategia que Tu Fu inventó para aumentar la complejidad de los poemas fue la secuencia de versos: una serie de versos no solamente agrupados, sino entretejidos íntimamente para formar un poema complejo y extenso.

Adicionalmente, a un mundo nuevo de claridades objetivas, el realismo de Tu Fu abrió nuevos abismos de subjetividad, no sólo en términos de la temática sino de la forma. Durante sus últimos años de vagabundeo, la escritura de Tu Fu se centró más y más en el ser solitario enfrentado contra el movimiento elemental del Universo y esta nueva temática se reflejó en su lenguaje innovador. Mientras que la organizacion discontinua le daba a los poemas un tipo de complejidad intuitiva, el lenguaje altamente refinado de Tu Fu extendió su riqueza al límite. Dicho lenguaje llegó a ser tan refinado y deforme que prácticamente se volvió a veces ininteligible, al tiempo que su imaginería se acercó a los surrealistas. En sus poemas de K'uei-chou, Tu Fu se conviritió en el primer poeta chino en explotar la ambiguiedad sintáctica de forma calculada y generativa, lo que produjo a veces resultados totalmente disonantes.

En un primer momento, la preocupación inagotable de Tu Fu sobre los asuntos políticos nos puede parecer familiar, aunque exagerada. Como ciudadanos de las democracias occidentales, vivimos bajo la promesa de que nosotros determinamos la política gubernamental y cada uno tiene que cargar con una preocupación particular por la responsabilidad de los abusos de "su" gobierno. Un funcionario académico dentro de la concepción confucionista vivía con un mayor compromiso y responsabilidad porque pertenecía a una clase cuya única "razón de ser" era la administración del gobierno. En el caso de Tu Fu, la preocupación del compromiso se componía de un sentido de sustitución casi metafísica, lo que para nosotros es completamente ajeno. A pesar de que dentro de la concepción confucionista el lugar apropiado para un funcionario académico es la colaboración con el emperador para ayudar al pueblo, Tu Fu sólo ocupó dos puestos gubernamentales por breves períodos en toda su vida.

Pero en el transfondo de su poesía se puede percibir una desesperanza aún mayor: la desesperanza de la pérdida de fe de un confucionista. En el mundo confucionista la comunidad humana es por sí misma sagrada y absoluta (la estructura "religiosa" se manifiesta en el sistema de mitos y rituales). Al final de su vida, Tu Fu tenía pocas razones valederas para tener fe en ese orden. Y al perderla, sin la civilización que representaba su encarnación total, nada quedaba para él sino un abismo: un abismo metafísico que se materializaba en ejércitos bárbaros que amenazaban con destruir China. Sin embargo, hay en el corazón de la sensibilidad de Tu Fu un profundo desprendimiento de las cosas, incluido él mismo. En lugar de ofrecer la liberación del mundo prosaico, el desprendimiento de Tu Fu es desesperanzadoramente complejo por su profundo amor por todas las cosas. A la par que le permite sobrepasar lo límites de las reacciones personales, también lo adorna con un exquisito sentido del humor, uno que es capaz de traer de modo sutil una perspectiva terrenal hasta para las más duras de las propias circunstancias.

En sus últimos años, Tu Fu forjó una indentidad para su vida y su arte. Su vida errante en un mundo cada vez más mermado y extraño se convirtió no solamente en su viacrucis, sino en el viacrucis humano. Miles de detalles de la vida diaria encontraron correspondencia con el carácter de exiliado que caracteriza a nuestro espíritu. Fue un hombre de extraordinaria sabiduría cuando nos refirió sus hallazgos en los extremos de la experiencia humana y logró que en el temple de su voz hasta esos extremos se sosegaran.


POEMAS DE DU FU


LA CANCIÓN 

DE LOS HELICÓPTEROS ARTILLADOS*

Los helicópteros artillados tartamudean y crujen,
las llantas se hunden, los motores resoplan:
los que van a la guerra,
con fusil y munición terciados,
se preparan para subir abordo.
Madres y padres, esposas e hijos
se congregan alrededor del campo:
la nube de polvo de la despedida es tan densa
que el puente de La Esperanza se desvanece a lo lejos.
De todas partes llegan a la base aérea para llorar
un llanto que se quiebra contra el cielo,
mientras jalan a los soldados de los uniformes
como para que no se los lleven.
A un lado del camino,
un transeúnte le pregunta a los que van a la guerra,
las razones para ir a la guerra,
a lo que un soldado responde con sencillez:

-Nunca tuvimos otra salida.
Apenas cumplíamos quince nos llevaron al norte,
a patrullar el río Amarillo.
A los cuarenta debimos ir hacia el oeste
para reforzar los campamentos de la frontera.
Entonces, los ancianos de los caseríos
nos enseñaron a amarrar los cascos;
y ahora regresamos con la cabeza cana,
para que nos envíen nuevamente hacia tierras lejanas,
tierras donde las marejadas de la sangre
son más caudalosas que las del mar.
Y los sueños de conquista imperial
de los comandantes no tienen fin.
¿Acaso no se ha enterado
de que al oriente de la cordillera,
en las tierras medias del río Madre,
el abrojo invade los caseríos
y el azadón y el arado
yacen oxidados en medio de los escombros
y no se puede distinguir entre los cultivos y la maleza?
Es la eterna historia de los desplazados:
cuando sobrevienen los violentos combates
terminan peor que las gallinas o los perros.
Pero, siendo que usted preguntó, señor,
¿cómo no puedo aprovechar la ocasión para quejarme?
Imagínese cómo ha de ser la temporada de lluvias en los Llanos.
Los hombres aún no han regresado
y los funcionarios presionan para que los pobladores paguen las contribuciones.
¡Contribuciones! ¿Como podrían pagar contribuciones?
Hasta el nacimiento de un niño se ha vuelto una tragedia.
La gente prefiere tener hijas
porque el nacimiento de una niña
al menos termina en matrimonio,
mientras que el de un hijo
termina en una tumba abierta no se sabe dónde.
¿No ha visto cómo los huesos de los antepasados yacen,
desteñidos y sin dueño,
en la orilla de los mares del Cielo Azul?
¿No ha oído cómo se une una nueva voz
al lamento de los antiguos fantasmas?
Un siseo, en medio de la lluvia,
que sube hacia el cielo plomizo.

* Versión libre en la que se ha descontextualizado el entorno histórico





NOCHE DE LUNA


La misma luna que ella mira alumbra esta noche
el filo de la cordillera y la soledad de nuestro cuarto.
Mis hijos pequeños, mis ausentes niños, todavía muy tiernos
para entender las razones de mi encierro o para recordarme.

En este momento los cabellos de mi esposa tendrán el aroma de la madrugada
y sus brazos de jade blanco se estarán congelando en la claridad de la luz.
¿Cuándo nos volverémos a encontrar para abrir las cortinas de par en par
y mirar la luna hasta que las lágrimas secas nos manchen las mejillas?





AGITACIÓN NOCTURNA


El aire frío del guadual entra en la alcoba
y la luz de la luna cubre por completo los rincones
del jardín. El rocío forma innumerables gotas perladas.
Las dispersas estrellas de pronto brillan, después desaparecen.

Las luciérnagas brillan en un oscuro vuelo. Las aves acuáticas
despiertan y comienzan a llamarse cantando.
Todas las cosas son presas del fusil y la granada.
La noche se vacía de sufrimientos y transcurre despejada.





OTRA VEZ ME PREGUNTAN POR WU LANG


¿No será que podemos permitirle que hurte manojos de dátiles del jardín?
Después de todo es nuestra vecina y no tiene hijos que la mantengan.

A esa solitaria sólo la desesperación pudo haberla obligado a caer tan bajo.
Debemos ser amables, aunque sólo sea para aliviar sus sinsabores.

Toparse con extraños la asusta. Ahora que nos conoce, no permitirle cruzar la cerca puede parecer algo exagerado. Me contó que los recolectores de impuestos
la persiguen como perros para que nunca salga de su pobreza esquelética...
Es asombrosa la rapidez con que las lágrimas ruedan cuando pensamos en la guerra.





Alone, Looking for Blossoms Along the River

The sorrow of riverside blossoms inexplicable,
And nowhere to complain -- I've gone half crazy.
I look up our southern neighbor. But my friend in wine
Gone ten days drinking. I find only an empty bed.

A thick frenzy of blossoms shrouding the riverside,
I stroll, listing dangerously, in full fear of spring.
Poems, wine -- even this profusely driven, I endure.
Arrangements for this old, white-haired man can wait.

A deep river, two or three houses in bamboo quiet,
And such goings on: red blossoms glaring with white!
Among spring's vociferous glories, I too have my place:
With a lovely wine, bidding life's affairs bon voyage.

Looking east to Shao, its smoke filled with blossoms,
I admire that stately Po-hua wineshop even more.
To empty golden wine cups, calling such beautiful
Dancing girls to embroidered mats -- who could bear it?

East of the river, before Abbot Huang's grave, 
Spring is a frail splendor among gentle breezes.
In this crush of peach blossoms opening ownerless,
Shall I treasure light reds, or treasure them dark?

At Madame Huang's house, blossoms fill the paths:
Thousands, tens of thousands haul the branches down.
And butterflies linger playfully -- an unbroken
Dance floating to songs orioles sing at their ease.

I don't so love blossoms I want to die. I'm afraid,
Once they are gone, of old age still more impetuous.
And they scatter gladly, by the branchful. Let's talk
Things over, little buds ---open delicately, sparingly. 






Ballad of the Army Carts

The carts squeak and trundle, the horses whinny, the conscripts go by, each with a bow and arrows at his waist. Their fathers, mothers, wives, and children run along beside them to see them off. The Hsien-yang Bridge cannot be seen for dust. They pluck at the men's clothes, stamp their feet, or stand in the way weeping. The sound of their weeping seems to mount up to the blue sky above. A passer-by questions the conscripts, and the conscripts reply:
``They're always mobilizing now! There are some of us who went north at fifteen to garrison the River and who are still, at forty, being sent to the
Military Settlements in the west. When we left as lads, the village headman had to tie our head-cloths for us. We came back white-haired, but still we have to go back for frontier duty! On those frontier posts enough blood has flowed to fill the sea; but the Martial Emperor's dreams of expansion remain unsatisfied.
Haven't you heard, sir, in our land of Han, throughout the two hundred
prefectures east of the mountains briers and brambles are growing in thousands of little hamlets; and though many a sturdy wife turns her own hand at the hoeing and ploughing, the crops grow just anywhere, and you can't see where one field ends and the next begins? And it's even worse for the men from Ch'in.
Because they make such good fighters, they are driven about this way and that like so many dogs or chickens.
``Though you are good enough to ask us, sir, it's not for the likes of
us to complain. But take this winter, now. The Kuan-hsi troops are not being demobilized. The District Officers press for the land-tax, but where is it to come from? I really believe it's a misfortune to have sons. It's actually better to have a daughter. If you have a daughter, you can at least marry her off to one of the neighbors; but a son is born only to end up lying in the grass somewhere, dead and unburied. Why look, sir, on the shores of the Kokonor the bleached bones have lain for many a long year, but no one has ever gathered them up. The new ghosts complain and the old ghosts weep, and under the grey and dripping sky the air is full of their baleful twitterings.'' 




Ballad of the Old Cypress

In front of the temple of Chu-ko Liang there is an old cypress. Its branches are like green bronze; its roots like rocks; around its great girth of forty spans its rimy bark withstands the washing of the rain. Its jet-colored top rises two thousand feet to greet the sky. Prince and statesman have long since paid their debt to time; but the tree continues to be cherished among men. When the clouds come, continuous vapors link it with the mists of the long Wu Gorge; and when the moon appears, the cypress tree shares the chill of the Snowy Mountains' whiteness.
I remember a year or so ago, where the road wound east round my Brocade River pavilion, the First Ruler and Chu-ko Liang shared the same shrine. There, too, were towering cypresses, on the ancient plain outside the city. The paint-work of the temple's dark interior gleamed dully through derelict doors and windows. But this cypress here, though it holds its ground well, clinging with wide-encompassing, snake-like hold, yet, because of its lonely height rising into the gloom of the sky, meets much of the wind's fierce blast. Nothing but the power of Divine Providence could have kept it standing for so long; its straightness must be the work of the Creator himself! If a great hall had collapsed and beams for it were needed, ten thousand oxen might turn their heads inquiringly to look at such a mountain of a load. But it is already marvel enough to astonish the world, without any need to undergo a craftsman's embellishing. It has never refused the axe: there is simply no one who could carry it away if it were felled. Its bitter heart has not escaped the ants; but there are always phoenixes roosting in its scented leaves. Men of ambition, and you who dwell unseen, do not cry out in despair! From of old the really great has never been found a use for 





By the Lake

The old fellow from Shao-ling weeps with stifled sobs as he walks furtively by the bends of the Sepentine on a day in spring. In
the waterside palaces the thousands of doors are locked. For whom have the willows and rushed put on their fresh greenery? 

I remember how formerly, when the Emperor's rainbow banner made its way into the South Park, everything in the park
seemed to bloom with a brighter color. The First Lady of the Chao-yang Palace rode in the same carriage as her lord in
attendance at his side, while before the carriage rode maids of honor equipped with bows and arrows, their white horses
champing at golden bits. Leaning back, face skywards, they shot into the clouds; and the Lady laughed gaily when a bird fell to
the ground transfixed by a well-aimed arrow. Where are the bright eyes and the flashing smile now? Tainted with
blood-pollution, her wandering soul cannot make its way back. The clear waters of the Wei flow eastwards, and Chien-ko is
far away: between the one who has gone and the one who remains no communication is possible. It is human to have feelings
and shed tears for such things; but the grasses and flowers of the lakeside go on for ever, unmoved. As evening falls, the city is
full of the dust of foreign horseman. My way is towards the South City, but my gaze turns northward. 




Full Moon

Above the tower -- a lone, twice-sized moon.
On the cold river passing night-filled homes,
It scatters restless gold across the waves.
On mats, it shines richer than silken gauze.

Empty peaks, silence: among sparse stars,
Not yet flawed, it drifts. Pine and cinnamon
Spreading in my old garden . . . All light,
All ten thousand miles at once in its light! 


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