jueves, 15 de enero de 2015

CRISTIAN FOERSTER MONTECINO [14.497] Poeta de Chile


Cristian Foerster Montecino 

(Santiago de Chile, 1988) es licenciado en Letras Hispánicas PUC (2011). Ha participado en diversos talleres de escritura, en el que destaca el Taller de Escritura Emergente dictado por la escritora Guadalupe Santa Cruz. Con una parte de Ruido Blanco ganó el primer lugar en poesía de los Juegos Florales de la Municipalidad de Samtiago (2013). El 2010 fue becario de la Fundación Pablo Neruda. Hace dos años que dirige junto a Lucas Costa el taller de poesía Al pulso de la letra. Actualmente termina el magister en Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Chile.
Ha publicado Ruido Blanco (Editorial Cuneta, 2013)



Lo que queda fuera
lo que queda dentro
del poema arma otro
porvenir
más claro   más oscuro
sueño       esa cordillera
de sábanas  su memoria
limita con la ausencia
o ansia de tu cuerpo

¿qué harías de este lado?

amar fantasmas lo cubre todo
de un perpetuo amanecer
condena del poema atado
al fulgor de tu semblante
aún la chispa contra el mio

dilema es la pantalla
la piel en blanco de tu parte
se mece al fin
pero se adelanta
su sueño desnudo
calma manchas
la familia
despedida por los ojos
-remolino blanco
no forcejees con mis huellas-
se  deslizan
en picada             el ahogo
visto de espaldas nuestros cauces
diferidos al unísono
palabras
o instantes del poema
que no duran
no resisten
el amor
este lienzo curvo
te fijas

(de ruido blanco)





Bosque quemado

más acá de la postal
se abre un camino entre helechos

un forado: el pacífico se impone
un sol acurrucado en las olas
caminatas al borde de la rompiente
viajamos para rasguñar
algo de paisaje

parte de mi tuvo lugar en esas casas
en su mirada cubierta de niebla

siglos del mismo encierro
días bajo cortinas de lluvia

el temporal
una casa crepita
hasta hoy
duermo siamés
bajo soles cuadrados lagartijas
se tienden en mi visión
perpleja al ritual del pellejo

produzco cahuín
el secreto para paliar su ausencia:
dibujar su humedad más acá
de la humedad que te rodea

el paisaje camufla los hechos

una loma de helechos
una loma de hechos
una loma de lechos
una loba de hechos
una loba de lechos
una loba de helechos
una llama de helechos
una llama de lechos
una llama de hechos
canción de mimbre
el silencio
enrollado
en el papel
tapiza
mis pasos
por el pasillo
de alerce

en el juego del niño con la abuela
quien pierde
es siempre la abuela

una especie extinta
de luz        fósil
por sábanas floridas

crujen tablas      su legalidad
húmeda
entra por los poros
se cobija por años        de explotación
la lluvia          casas             islotes
rodeados por el rumor
del mar             los hechos

el asesinato
de una niña
por su padrastro
ebrio

un vecino corre la cerca mediometro
para instalar su chanchería

¿qué camino señalan estas huellas en forma de árbol?

otro muro se posa en mis párpados

visualizo el semblante             de dos madres
su vapor               empañando ventanales
del recuerdo                         esa extensión
entre la selva y la tetera
cubiertas de silencio             un casette rallado
de Neruda                         nuestro último ungüento

despierto en la esquina del cobertizo
en la otra          abro un ojo
de buey             la marea llega hasta al límite
nuestro jardin
quebrado

dedos de niebla frotan astillas chamuscadas
la geografía esquelética de los árboles
marca aún el pulso del paisaje




Lejos está este paisaje
rasgado por el recuerdo
al borde    la rompiente
de esas casas mirador
se camuflan con arbustos
familiares
sin tronco
puras raíces aflorando

Lejos está este pulso
de las caminatas
por calles de légamo
tu mano
unía rostros
los tiraba al mar

Lejos están estas palabras
del hedor de los cochayuyos
al sol pudriéndose esos cuerpos
desde el umbral de su niñez







Por un lado, el día a día de un entorno familiar en el que una voz busca su espacio. Por otro, un retraimiento radical en que lo inconsciente y lo social configuran la normalidad y cualquier promesa de autonomía. ruido blanco no es una canción biográfica de emociones vaciadas, sino música obstruida de un vórtice subjetivo que absorbe y compacta ambos planos. El intérprete opera horadando la familiaridad. Desajusta y agujerea la sintaxis habitual de la representación, e instaura un forado de silencio en que la palabra, desplazando los bloques alterados, construye un “monumento plegable” en que “otro porvenir en penumbra” se despliega. La construcción de este instrumento permite diferir constantemente el lugar común, mientras que la escritura del poema, en tanto, abre un espacio en que lo propio se sobrepone al “amor en exceso [que] lo recubre todo” mediante el arrastre lúcido y oblicuo de todo tipo de huellas.

Christian Anwandter





remembranzas           espías del futuro
rompen el cristal       la piel
monstruosamente quieta
en la respiración
de este lado
del marco
su hedor impronunciable
parecen solo palabras que perecen entremedio
de muebles gastados

una alfombra enrollada en la punta de la lengua

fuera de la fotografía
espera obediente que digan su nombre

una infancia tras otra
entre pantallas otras vidas
ajena al compás de la vida

soñaba un cuerpo
perfecto pero tieso
capaz de derrotar a un ejército
de juguete

mi deseo
amar como el envase
plástico ama a su mercancía
ese vacío me consuela

mientras el kiwi en un armario
yo también lo llené de patadas

ya no dura entre nosotros
pero su carne todavía mella
la consistencia de este memorial

por los dedos se desliza una apertura en la ventana
persistencia de astilla enterrada entre uñas
cierro los ojos para volver a ver un barrio hecho añicos
el vapor de la ruda empaña los lentes
fuera del rostro la mirada se marea






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