martes, 9 de diciembre de 2014

MARQUETA MCKELLER [14.205] Poeta de Colombia


Marqueta Mckeller

Nació en San Andrés Islas. Economista de la Universidad Nacional de Colombia y especialista en Administración Pública de la Escuela Superior de Administración Pública (esap). Participó por San Andrés en la 5ª Feria Internacional del Libro en Bogotá, 1992.
En 1998 presentó su trabajo poético al Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, y obtuvo una beca para la presentación de su trabajo literario. Ha participado en numerosos recitales en San Andrés. Pronto publicará su primer libro de poemas, Memorias. Actualmente se desempeña como profesional universitaria en la Secretaría de Educación de la Gobernación de San Andrés



Mujer

Mito o leyenda hecha carne,
muslos de oro,
senos firmes y suaves,
blonda cabellera de vistosos colores,
cintura cimbreante,
termina en caderas cadenciosas,
semejantes al monte del Olimpo.

Mujer, oh mujer,
perderme en tus ojos soñadores,
aspirar tu piel perfumada,
soñar con duendes y hadas,
sentir palpitar
tu corazón y el mío.

Mujer, oh mujer,
tu vientre, henchido está,
de él saldrán vibrantes
lenguas de oro macizo,
caras, rostros, piernas.

Mujer, oh mujer,
sois la diosa fecunda,
oropel divino,
volátil primavera;
padeces sufrimientos,
ríes, lloras, amas.

Mujer, oh mujer,
cuerpo virginal,
osar quisiera yo
tocar tus labios frescos
como amapolas en rocío.

Mujer, oh mujer,
desencadena tu ímpetu amoroso,
destila cremosa tu voz,
canta y alienta mi duro penar.
Mujer, oh mujer.





Imagen

De tu cuerpo brota fuego,
anisado con olor a tulipanes,
son las almas de las ánimas errantes
cuya búsqueda inacabable repercute
en un ámbito etéreo y perenne;
grana entretejida,
volutas de humo
por fuera y por dentro.

De tu cuerpo brota sangre,
venas rotas se desangran,
estás herida y esa herida no te duele,
sabes ya con agonía,
que más dolor no sería
capaz de colarse más frío
dentro de tu corazón.

De tu cuerpo brotan lágrimas,
formando surcos transparentes
en tus pálidas mejillas,
son las llagas retorcidas
del desconsuelo y los pesares.
Miles de brotes emanan de tu cuerpo,
capullos incontenibles
de crueldades y miserias,
brujos malvados han hechizado
la gloriosa concha de tu alma.

De tu cuerpo ya nada brota,
se ha secado, ya no sufre,
lo han matado y quitado
todo el aire, la inocencia
y la eterna lozanía.





Espejo roto

Inimaginable espejo roto,
reflejo de imagen despedazada,
temblor de trémulas hojas
parecen unas sombras
que languidecen a la par
con las gotas de lágrimas,
cristalizadas, rotas.

Intento de homicidio no consumado,
a última hora se olvida de su venganza,
el más pequeño detalle,
planeado estaba,
y surca por su mente
estigma de hormiga.

Lujurioso se mira en el espejo roto,
se siente deslizar por túneles podridos,
una cortina negra empaña sus ojos
buscando encontrar en el ambiente,
ráfagas primaverales
cuyo olor sutil e ingenuo,
le devuelvan a su alma,
paz, quietud y dulzura.

Se mira de nuevo, largo y perfecto,
lentamente deposita,
frente a él, el arma siniestra,
orificio negro, silbido angustioso,
trampolín perfecto
hacia otra naturaleza viva.

Se torna agitado su respirar,
hondo, profundo, ruidoso;
caen los pedazos… espejo roto,
al suelo;
un disparo, humo opaco,
un hilillo de sangre.
Callado y taciturno
se remonta a lo lejos,
tras las impávidas colinas,
el doliente sol;
esplendor naranja con visos rojos.

Mientras él
escapa silenciosamente,
ni homicidios, ni lechos,
ni flores, ni espejos…
absolutamente nada.




Búsqueda

¿Dónde estás hada milagrosa?
No te veo en ningún lado,
detrás del palo de rosa,
ni debajo del matorral.

Sal pronto divina amiga,
sal del madrigal,
alumbra en un instante el camino,
del constante vendaval,
porque insistes en esconder
tu perfume angelical.

¿Por qué insistes niña hermosa,
en dejar en oscuridad,
la faz de la tierra?
No la dejes a merced
de la mano engañosa,
del vino y del mal.

Enciende pronto la vela,
trae contigo el clavel y la joven rosa,
para que sus candorosos pétalos
la acaricien y le den vida,
al peregrino errante
y al abuelo solitario,
no ves que están tristes,
los hijos olvidados.

¿No ves la amargura del soldado?
Ven pronto con tu alegría,
trae contigo, por favor,
al dichoso bienestar,
dile que el tiempo anhela
y clama,
por su suave aletear.






El payaso

Matemáticamente gira el péndulo.
Ha llegado la hora.
Acomodas tu máscara de risa
y un sutil velo
esconde tus lágrimas.

Ellos esperan ansiosos
salir de la monotonía;
saltos y cabriolas,
a ras del piso metálico.

Falso quitapesares,
asesino efímero de preocupaciones,
como huracán desencadenado,
rompen las alegres carcajadas
de la multitud.

Las llagas pasadas,
cual soldado liberado,
huyen veloces
en la densa llamarada.

Como hormiga laboriosa,
evocas en un solo instante,
las efervescencias lejanas,
olvido momentáneo
de luchas y fracasos,
dientes que se ven,
pechos rojos que se agitan,
una que otra lágrima
aparece desprevenida.

Aun a ti te quema por dentro,
como cuchillo filoso,
la realidad palpable
de miserias insondables;
los caminos recorridos
se deshacen en segundos,
euforia pasajera.

El péndulo no suena,
rebelde no da punto final
a la obra teatral,
por fin se cierra el telón.
Tiemblas por dentro y por fuera,
desahogas el cúmulo de dolor,
entierras júbilo y euforia.

Al apagarse tu mirada,
entre blancas sábanas,
piensas desvelado
en el payaso
que todos llevamos dentro.






Desafío

¿Dónde estabas?
Te busqué y no te hallé.

¿Dónde estabas
cuando un manto gris
se cernía cual buitre taimado
sobre mi huesuda humanidad?
Miré a lo lejos y no vi nada,
perdido en la nebulosa del tiempo,
vagando en laberintos del pasado.

Ahora es tarde,
la lluvia ha empañado
la ventana del ayer,
ya ha bajado la persiana.

Hoy huérfana queda la dicha,
roce de pétalos,
baúl de inconsistencias.




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