viernes, 26 de diciembre de 2014

ALEJANDRINA CARVAJAL ASPÉE [14.322] Poeta de Chile


Alejandrina Carvajal Aspée 

Nace el 11 de mayo de 1881 en el sector de Rinconada de Silva en la comuna de Putaendo, Chile. Incursiona también en la pintura y en la música, destacándose en resaltar el valor histórico del país en su única obra publicada llamada “Cantos Patrióticos Chilenos”

La importante poetisa putaendina fallece el 15 de agosto de 1951, dejando un trascendental legado a su pueblo.



Alejandrina Carvajal Aspeé, poemas correspondientes a su libro inédito “La Paz solemne de los inviernos”. Algunos de estos poemas fueron publicados en el diario El Trabajo de San Felipe en los meses de marzo y octubre de 1931.


Continuo Retorno

Lo que yo pude ser y que no he sido...
El eterno volver a lo ya ido...
El retorno a las viejas alamedas
y jardín de aspiritas y resadas...
Esperar otra vez algún descanso
en la sonrisa inmóvil del remanso.
Sumergirse en la paz de las umbrías
 sollozando otra vez melancolías.
Sentir frío y buscar la vieja estancia
donde duerme el gateo de la infancia.
Quedarse junto a la amarilla tela
retratos del abuelo y de la abuela
y pensar: esta estancia y esta alfombra
son apenas la sombra de una sombra...
Lo que yo pude ser y que no he sido...
El eterno volver a lo ya ido...




Plaza de Infancia

Volví a la ciudad vieja de casas empolvadas,
con sus álamos tristes, con sus altas veredas.
Un burrito rastroja las yerbas laceradas
por las fuertes pezuñas y las chirriantes
ruedas.
La plaza era lo mismo: con sus cuatro esquinas,

vendiendo mil silencios.
Caían sordamente bellotas de encinas
con las que jugábamos en el año veinte.
Contemplé mi rostro en el agua verde
y sentí trizarse sus espejos claros.
La nostalgia inútil en mí alma muerde...
Ay! mi pueblo viejo... jamás debí dejaros.
Jardines en sombra, eterno motivo
De todos mis versos, de todas mis penas.
Crespúsculo, viejo, suave y sensitivo,
Con tus rozas pálidas y tus verbenas.
De la fuente vieja al murmurio terso
Con vaho de mirra en todas las cosas,
Quedóse llorando mi último verso,
En la vieja plaza de las pomarosas. 




UNA ILUSTRE OLVIDADA

Los pueblos plasman de generación en generación, gentes que por su talento se destacan en el contexto cotidiano. Pero no siempre la historia y quienes la escriben son consecuentes con los que han generado valores espirituales, Alejandrina Carvajal vda. de Cassi, poetisa nacida en Putaendo en 1881 y fallecida en 1951, constituye en las esferas de la intelectualidad aconcagüina, la única mujer que fue capaz de trazar un estilo en el campo de la poética, totalmente distinto a lo que era usual escribir en aquella época. Su temática impregnada de un ascendrado valor nacionalista, la impulsó a editar en 1947 su libro “Cantos Patrióticos Chilenos”, único en su género. Los estudiosos e historiadores aconcagüinos han considerado su obra como el más valioso de los aportes a la creación regional de la década del cincuenta.

A casi cuatro décadas de la aparición de esta obra de un claro contenido de chilenidad, los que hoy recuerdan a la insigne autora de la letra del “Himno de Aconcagua”, entre otras tantas creaciones que han dado orgullo a la bicentenaria ciudad de San Felipe.

Recordarla cuando el Taller Literario “Ernesto Montenegro” cumple su octavo aniversario, constituye para nuestra entidad cultural una obligación espiritual ya que Alejandrina Carvajal viuda de Cassi, cultivó con el escritor Ernesto Montenegro, nuestro padre espiritual, una profunda amistad que quedó reflejada en cartas y en comentarios escritos para el diario El Trabajo de nuestra ciudad.

Con justicia Carlos Ruiz Zaldívar, escritor y periodista de la zona, en su estudio realizado sobre la vida y la obra de personajes ilustres de Aconcagua, compara a la poeta con figuras tan destacadas como: Daniel Caldera del Villar, Emiliano Castro Samit, Julio Figueroa González, y Bernardo Cruz Adler.

Todo este pasado intelectual ha hecho posible que las manifestaciones del
espíritu y la palabra se encuentren renovadas de primavera en primavera,
dando paso a una sólida estructura en el campo de la intelectualidad regional y nacional. Todo pueblo que se precie de culto, debe mantener latente en el espíritu de sus generaciones, los nombres de quienes han dignificado los estamentos de la sociedad. Nada se puede sustentar en el futuro sin haber tenido basamentos en los cuales apoyar una tradición cultural.


LA VOZ DE LA RAZA

Yo soy la voz de una raza
que resuena en las montañas
de los macizos andinos,
donde se alza el Aconcagua,
con sus atrevidas cumbres
cual gigantesco atalaya. 
Nací en los bosques umbríos,
crecí en rústicas cabañas,
me arrullaron en mi cuna
los cóndores y las águilas. 
Fui a la Colonia más pobre
de la tierra Americana,
mis hijos los más sufrida
más fuertes y de más fama;
mi tierra, una angosta faja
entre el mar y la montaña. 
Yo tengo copihues rojos
en mi tierra araucana,
intenso azul en mi cielo,
nieve eterna en mis montañas,
y en mi tricolor bandera
una estrella solitaria,
que va alumbrando el camino
de mi vida centenaria.
¡Yo soy la raza chilena!
indo-ibero, americana,
unión de vida instintiva
entre dos razas contrarias.
Heredé de mis mayores
toda la bravura indiana,
junto al arrogante brío
de los soldados de España.




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