jueves, 13 de noviembre de 2014

RAÚL CÓRDOBA [13.989] Poeta de Argentina


RAÚL CÓRDOBA 

(Neuquén, Argentina, 1978). Hasta la fecha ha publicado las obras Ejemplares turbios (2006), Nunchaku (2013), El club de los besos negros (2013) y Treinta y cinco (2014).



hay poemas que comienzan
con una buena mayúscula, como
anclados en una letra. son
manteles que se sacuden
entre hormigas y migajas
aquel viejo verano. y agregué
"hay poemas que comienzan
cada verso en mayúscula". vos
preparabas mate. ésos son
como chicos corriendo en 
bicicleta, uno contra el otro, uno
junto al otro.( nunca supe
de dónde me venía la estupidez;
pero ahí estaba) insistí:
hay poemas que caen igual
que la nieve, minúsculos,
imprecisos, como autitos rusos.
te miré. estabas callada.
después salimos al patio y creo
que conversamos de otra cosa.





para vos envío estas palabras
que quizá lleven el soplo
de un momento que cruzó el escarnio
de todo amor verdadero: no ser
sino en el otro. vos, que acaso
construiste un jardín y trasladaste
algunos muebles a través de habitaciones
oscuras esperando
la virtud de toda espera, recibí
este envío, estas flores vanas
y reales, tal vez, por eso mismo.





a mil palabras luz de distancia
uno puede oír su propia voz
resonando como en una lata. es
un efecto de eco que disimula
cualquier intento de hablar gravemente.
esto lo hemos estudiado
y sabíamos que pasaría. quizá
por esas cosas, por estas cosas,
la tristeza es un arrebato
que nos duele menos, cada vez
que colgamos la llamada.
me dejó la tuca de su cariño.

una brasa pequeña, pero que
arde y quema en la oscuridad.




era otra piel
la de esa mujer a la de aquella casi niña,
y acariciarla en la oscuridad
traía su riesgo, siempre; nadie
puede llevar una rosa entre
los dientes como en una película
y salir limpio. la madrugada 
endurece las cosas del patio
y ella fuma contra el frío debajo 
de una constelación sin nombre...
es la gracia que se bebe
en el hueco de su nuca o en 
las palmas de sus manos el misterio
de una vida regida por un instante
de decisión: jamás bajar los ojos. 
con el ruido en mi cabeza
conozco su piel. yo tampoco pude
borrar todas sus huellas.






era feliz en el desastre.
salir al patio a mordisquear
palabras para ser dichas en
alguna especie de rito. 
dicen que el amor trastorna
las cosas de este mundo, cambia 
el aire que uno respira. pero,
(como los buitres delante
de los despojos) era feliz
y sonreía; sobrevolaba en paz 
mientras decía: "si querés,
podés irte". sí, grandemente,
era feliz en el desastre.





si al cruzar por la oficina de frontera
en altas horas, me piden
los documentos y los motivos
para ingresar a un mundo que no
me concierne, voy
a contarles del peso que me empuja
hacia fuera de mí, el
recuerdo de tu pelo mojado,
nuestro hijo corriendo
entre las cosas que nos separan,
jurando que ya estoy listo
para las piedras del camino.






aprendí a caminar de la mano de mi hijo:
a cada pequeño paso, el aire
se me encorvaba, agazapado a la espera
del siguiente. ahora lo entiendo.
son casi las cuatro de la mañana,
y ahora lo entiendo. no es una verdad
universal; el duraznero
del patio no necesitó dar frutos
para ser un duraznero, ni las nubes
de ayer por la tarde, la tormenta para ser
nubes. pero yo precisé cada
pequeño paso para esperar
el siguiente.
como ahora, llegando a las cuatro
de la mañana, me agazapo detrás
de este vidrio negro
y dejo que cada palabra me guíe
hacia lo que viene.





miraba el agua quieta.
hubo un recuerdo que pudo golpear
en la puerta correcta del
corazón, ese órgano que carga
con los residuos de la vida. miraba
el agua moverse, oscura y blanda
en su recipiente. ¿cómo
es que se vuelve
a sentir el mismo agua que fluyó
creyéndose perdida? miraba
el agua, seguro
de tocar otras cosas si mojaba
los dedos en ella.




DESERT EXPRESS

Sundance Kid y la gringa de sus amores
bailaban rock & roll allá en Cholila
y acá en Esquel llovió, llovía
y seguiría lloviendo todo el año. (En las terminales
la soledad se disimula con
la urgencia de un nuevo viaje)
Pero ya es la hora de partír y el esbozo de un poema
que hablaba de un lugar; la hembra sentada
un par de números más adelante (su
aroma a felicidad); Esquel en la distancia y 
la lluvia y las casitas de chapa en la montaña;
Blanca; Blanca como una dosis de verano
entre las sábanas; la miseria y el barro;
el pan casero con chicharrones del mercado de
la vuelta; Blanca y sus pechos por donde siempre salía el sol.
Luego Gualjaina, Tecka, Las Plumas, El Sombrero.
Más allá el desierto se llena de ovejas, me dicen,
el desierto es privado, los gringos hicieron pata ancha 
en el desierto, las comparsas de la esquila se llevan a los
hombres al desierto
y parece un buen sitio para encallar el alma.
Sundance Kid era buen cristiano, era anglicano
y tenía un amigo reverendo que le perdonaba los pecados.
(Estamos en la línea Sur, donde por un trago
de café te cobran lo mismo que por una cita)

Esquel, Argentina, Octubre 2001





con el gesto con que
me quito el abrigo, con el gesto
con que doy vueltas en 
la cama, el gesto: cuántas sílabas, páginas
la resaca
reventada con dosis de manzanilla hormigas
en la cabeza (agosto vacío vacío)
el gesto, vueltas en la cama.
expulsarte
me exigió demasiada vida;
envejecimos todos, de golpe.




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