jueves, 27 de noviembre de 2014

MARTA SVORCAN [14.130] Poeta de Argentina


MARTA SVORCAN 

Nació en Córdoba, Argentina en 1959. Publicó en la década del 80 dos libros con formato de autor: “Trenes” y “Vidrio y alcohol”. Participó en diversas revistas y diarios. En 1989 “Azoteas”, Editorial Foja Cero y el libro colectivo “Once titular”, Llantodemudo y  en el 2013 “Suburbio”.




Suburbio, 2013


la noche había refrescado y me ofreciste tu abrigo
el bar en la avenida ya era todo un lujo
bebíamos cerveza y hablábamos
esa noche y otras nos fuimos amanecidos de la misma manera
veía arrancar tu auto desde los siete y alejarte
el día se hallaba bendecido.
dominabas mis pensamientos.


el amor es algo parecido.


*

el hambre
de los que están sentados en los bancos de las plazas
padeciendo otro día.
ahí el poeta
en su mesa
observa y corre a las revistas literarias
la madre vuelve inclinada de peso
con el rostro gozoso de conseguir el alimento
vos,
rondaste hasta la madrugada esperando descargar
el desconcierto 
entre empastillados sueños
sin sollozos 
tu semen tirado en el piso
muerto
construyendo un pequeño páramo.


*




es marzo
el olor a otoño
va encontrando nuestros huecos
deben caer de los árboles hojas
deben venir vientos que lleven todo
pertenecido y ganado
¿vas a irte con el viento?
¿o es mejor acá?
mirando cómo los chicos limpian vidrios
un teléfono suena a alguien,
nuevas compañías
erróneas formas del optimismo
el olor de la habitación prestada
y las mantas viejas manchándose por los años
tus manos frías
que cubro y cubro
aquí no es mejor
es el lugar donde podemos estar.



*

caminan en el asfalto caliente
en un mundo que ha vendido todo
cada pedazo tiene un precio
los hielos se derriten
los que padecen son solo cifras
este lugar tiene rostro de barbarie
no hay nada para fundar
todo viejo y desgastado
y ellos siguen
defienden el suelo miserable
el arroz en comedores entre extraños
esperando algo
en la intemperie
los que aguardan el golpe de suerte.



*


se conmueven con la sangre
de nuestros cuerpos maltratados
y acusan nuestro vientre vaciado
a espátulas.
dejamos los niños en las plazas
solos
víctimas de púas y abusadores.
dejamos los niños en bolsas
ignorando su espíritu
mutilados, asfixiados.
somos las bestias
negras de malón y barbarie ovárica
mordemos los miembros
intentando completarnos
tiramos sus retoños
masticando hombrías.
tiranas salvajes
que deciden su cuerpo
magas eternas de lo que vive
hembras calientes que gozan
y ríen por la madrugada.



*


no quiero llenarla
te quiero vacía
que duela el hueco
pequeña alma.
que me sorprenda
el fuego purificador,
que ventile cobardes intentos de nirvanas
escupo, escupo
y luego la tos
con mis manos trato de darme alivio
pobre perra
perdida a medianoche
tratando de vaciar
el peso del alma
y esta ciudad son todas las ciudades
pasan autos con hombres aullando mujeres
sirenas
parejas de edad
acongojadas en bares
en estas calles
los sin nada
miran con hambre el desperdicio
y el hueco asusta.
hay que pasar
vaciar y llenar
dar la forma.



*


busca sus rasgos
y vuelve a retenerle
hurga algo diferente
en sus inestables humores
una coartada para la vuelta a casa
pensó en horizontes enlazados
el sosiego de noches en compañía
su pene exquisito emergiendo
de la carne blanca y escasa
todo tan ordinario y cotidiano
residuos amorosos
castigo de las pieles amadas
el ritual cómodo
del sexo seguro
infortunio de lo familiar.

(De “Suburbio”, 2013)




Ella le dijo que le gustaban los bares donde poder mirar por la ventana sin importar que se ve. Poder imaginar o mirar, sin hacer preguntas y sobre todo sin intentos de respuestas. Ella le dijo que le gustaban los bares donde la gente va sola y no desea resolver nada acerca de su vida. Ella le dijo que le gustan los bares donde la gente se sienta y pide el vino y la soda en una intimidad desgarrante. Ella le dijo que le gustaban los bares donde poder estremecerse de risa y besar a sus hombres. Luego le sonrío y le tomo las manos.



*


Lavaba una pollera
de las gotas de mi sangre.
Pensé en la sangre de las mujeres
manchando cosas por ahí
nuestras cotidianas intimidades
lavadas
perfumadas
y la sangre perdida, abandonada
juntada en algodones y receptáculos
las hembras sangramos
y lavamos
perdonando nuestra sangre
los machos solo acechan fastidiados
el fenómeno recurrente;
pobres, tan torpes y solos.





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