martes, 18 de noviembre de 2014

MANUEL VÁZQUEZ PORTAL [14.060] Poeta de Cuba


Manuel Vázquez Portal 

(Morón, Cuba, 1951) es poeta y periodista, licenciado en Lengua y Literatura Hispanoamericana y Cubana por la Universidad de Santa Clara, Cuba. Fue profesor de enseñanza media, asesor literario del Ministerio de Cultura y periodista en diferentes medios estatales cubanos. Obtuvo varios premios entre los que se destacan los de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC, 1984), La Edad de Oro, 1985 y 1993, del Ministerio de Cultura y el Premio Abril de la editorial del mismo nombre. Publicó en Cuba los libros Del pecho como una gota, A mano abierta, Cantos iniciales, Un día de Pablo yCascabeles. En Estados Unidos dio a conocer su poemario Celda número cero y en Italia Cambio de celda. En Argentina, España e Italia publicó su libro Escrito sin permiso. En Miami ha publicado su poemario Velo de cristal y su novela Un amor en los ochenta. En 1995 ingresó en la agencia de prensa independiente CubaPress y más tarde fundó el Grupo de Trabajo Decoro, el que presidió hasta su encarcelamiento. En abril de 2003, el Tribunal Provincial de Ciudad Habana lo condenó a 18 años de cárcel por ejercer libremente el periodismo y, en junio de 2004 consiguió una “licencia extrapenal” por razones de salud, gracias a una campaña internacional por su liberación emprendida por el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ). Mientras estuvo en prisión recibió el Premio Internacional de Libertad de Expresión del CPJ y el Premio Internacional de Libertad de Expresión “Hellman Hammett” que otorga Human Righ Watch. Partió al exilio en el 2005 y actualmente ejerce el periodismo en algunos medios en la ciudad de Miami.




La prisionera del Quibú

                         Para Raúl Luis, que ama lo antiguo.

Si yo pudiera ser un caballero:
El Amadís de Gaula,
Percival
         o
Roldán
quizás te liberara.

Te escucho por las noches
gemir desde la torre del palacio
-alta torre de cultos y rituales-
y mírote de día pasar escurridiza
asustada,
febril,
enferma,
cuchicheante
en los labios apáticos del miedo.

No alcanzas a ser tú,
no significas nada,
cuenco vacío en la memoria,
sólo en la voz del Príncipe
tu cuerpo llega a estatua

pero estás travestida,
casi irreconocible,
eres una mixtura de dama y meretriz.

Si yo pudiera ser El Amadís de Gaula,
rescatarte a la grupa,
liberarte en el ágora
y verte reventar
brillante y clamorosa cual fuegos de artificios,
pero, pobre de mí, soy
el torpe felibre amordazado
que en mitad del otoño
me he quedado sin ti.






Campo de batalla

No quiero ver el ceño vanamente severo
de quien la sangre ensalza…
Fray Luis de León.

Para Waldo Leiva Portal, por Santiago de Cuba,
por la piedra que no ha sido lanzada.


Llevo un zurrón de próceres al hombro.
Tanto hueso cloqueante me atolondra.

Esa terca manía
-noria de mil demonios-
no deja que los muertos reposen un instante.

Indóciles,
         frenéticos,
                          adustos
                                      sentenciosos
vienen de los albores a nublarme el presente.

Inundan las paredes,
           el techo,
                          las fronteras
sus salmos partisanos;
suya es la escaramuza,
mía
la retahíla de los trenos gloriosos;
suya
es la bizarría,
mía
la mimesis a ciegas.

¿Qué remedio?

Cargo con el jolongo.

No sé si soy de ayer
o de ahora mismo.

Tanto cadáver vivo me acompaña
que debo ser un vivo cadavérico
perdido en el estruendo de un campo de batalla.





Hora en punto

                     Para Abel Prieto, que lo sabe,
                             pero prefiere ser ministro.

Es un tiempo vacío,
reloj ensimismado
con su haz de amenazas,
la hora en que transcurro.

Con solo abrir la puerta
corro el riesgo
de morir abrasado por las llamas
de sádicos minutos,
idus agonizantes,
calendas sin destino.

El geriátrico príncipe
cabalga un esqueleto
de lo que otrora fuera su brioso alazán
pero en puño de hierro
conserva
su cetro y sus pendones.

Es sobre un precipicio
que erigen su gobierno las tinieblas
de un tiempo cancelado.




ANTIPOESÍA 

El sol sabe que el mar no es un espejo
sino una alberca llena de rumores.
El mar sabe que el sol no es un reflejo
sino un carbón brindándose en fulgores.

Sabe el mirlo que el cielo no es de tules
sino nimbos que esparce la tormenta.
Sabe el cielo que ignora sus azules
el gusanillo que al mirlo alimenta.

Como sabe el labriego que un alero
del más mísero rancho es una fe
contra la lluvia, el sol, la soledad.

Y sabe el caminante que el sendero
no es la sierpe que ondea bajo el pie
sino pisadas de una anterior verdad.





El hombre que fui ayer

Extraño mucho al hombre que fui ayer,
¡congeniamos tan bien! 
que me ha dejado 
cierto sabor de amor en el recuerdo.
Creo que discutimos, nos burlamos,
que estuvimos de acuerdo en no ser aburridos
y en aburrirnos si nos daba la gana,
que cautelosos 
seguimos 
con la vista a una mujer de culo formidable,
que intentamos un verso trascendente,
que después nos cagamos en el verso,
el gobierno, las estrellas, los gnomos
que en la noche
mandamos al carajo no sé bien a qué o a quién
pero sí sé que nos reímos,
como debe de ser 
cuando sin miedo 
se anda por lo días que nos tocan.
Extraño mucho al hombre que fui ayer, 
y es bueno recordarlo con cariño,
mañana extrañaré a este de hoy
y volveré a elogiarme.






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