viernes, 28 de noviembre de 2014

JULIO CÉSAR GOYES NARVÁEZ [14.139]


Julio César Goyes Narváez 

Nació en Ipiales, Nariño, COLOMBIA. Docente investigador del IECO de la Universidad Nacional de Colombia donde dirige Quinde Audiovisuales: Morada al sur, beca de artes visuales (1999), El pacto (2003), Carros alegóricos (2009), La semana del diablo, beca DIB (2011) y Viaje a la claridad (2012).
Ha publicado: Tejedor de instantes (SMD, 1992); Imago silencio, premio de poesía Sol de los Pastos (1997); El rumor de la otra orilla, premio de ensayo Morada al Sur (SMD, 1997); El eco y la mirada, beca ICI, España (Trilce, 2001); Imaginario postal (SMD, 2010); Nubes verdes para una ciudad gris (Caza de Libros, 2010); La escena secreta, premio Obra selecta de la Universidad Nacional (2011) y La imaginación poética (Caza de Libros, 2012). Aparece en las antologías: Artesanías de la palabra (Panamericana, 2003) y Desde el umbral (UPTC-SMD, 2004). 
Cofundador de la corporación literaria Si Mañana Despierto y miembro de la asociación cultural Trama y Fondo de España. 




Arrayán- Julio César Goyes Narváez
Colección Los Conjurados


I.

Los desengaños se esfuman con el alado sueño. Más allá está el espacio mudo del rito en los geranios, la precisión del instante en que todos los quindes del mundo pican una flor y olvidan el vuelo. 



Tus diminutos ojos miran absortos la constelación en la que habitas, el jardín en penumbras que te escolta. 


Cual dios borracho te dejas estar en el goce que ya fue y el silencio de lo que no podrá ser. Rezongo en el vaivén de la memoria, búmeran del tiempo, dardo; tominejo íngrimo oculto en las materas de la infancia, chasqui del fuego; Luli revoloteando en las flores de la chagra y el arrayán que cura heridas.

Visitante de los escobillones rojos del barrio, inquilino desvelado que te lluspes con el mensaje iridiscente, déjanos ver el código, regálanos una señal para descifrar esa extraña flor que vive abriéndose al fracaso de toda realidad.




NUBES VERDES PARA
UNA CIUDAD GRIS


Danza en la cintura

Recorres las habitaciones convocando la nostalgia
de los retratos.
Observas el camafeo, los libros, los vídeos;
el cielorraso de estalactitas infinitas
Miras la mujer elegante de Hopper vestida de rojo,
la que cultiva una ilusión en una mansión sin nadie.
Le echas un ojo al drama geométrico de la pared,
Malevich o Mondrian están sin duda convocados.
Te paseas por la alcoba y haces el ademán
de la cama destendida bajo la mirada sesga
de una presentadora de televisión.
Entras al baño que luce impecable,
te aproximas hacia el espejo, te vas de foco.
Regresas al sofá y enciendes otro cigarrillo,
el aire en borlas anuncia una música frenética:
Tihuanaco abre sus puertas y el sol danza con la luna.
Te concentras con el mejor golpe seco que puedes
y ante tus ojos se yergue una de «las señoritas de Aviñón»,
la danza ha comenzado en su cintura.





Amantes con piano

Los amantes suben por las escaleras,
pasillos con espejos levantan acta de sus cuerpos.
La cortina roja destazada por la luz
hace juego con la cama desteñida que aguarda.
En la habitación hay un olor a detergente
que blanquea el sueño, a insomnio
que la palabra agota.
La mirada da a la calle vacía,
la radio al piano de Duke Ellington.
El soslayo  de los rostros y esa sensación
de querer morir sin prisa,sin lamentos.






Una muerte menos pasajera

La escena falaz espera la risa del rebaño
y aunque gastes la vida negando tu parecido con la muerte,
ella jamás te ignora.
No se puede olvidar a una amiga por estas calles de jolgorio,
ni evitar la mirada a esos charcos sin fondo,
a esa voz arrastrada por tarros de pasión.
Las noticias de comunidades mutiladas se descargan
entre toallas higiénicas y farándula de televisión.
Ve a los teatros o al lugar que te plazca.
Circula.
No te derrames sobre cualquier baldosa,
no permitas que te pisen los talones.
Circula.
Ve a encantar mañanas con el tinto de tus ansias,
con las uñas de tus creencias.
Circula.
No huyas de tu sombra; ella no te persigue, te acompaña,
pegada a tu cuerpo se esfumará también cuando te vayas.
Circula.
             Circula.

Circula.
Ensaya toda la noche una forma de morir menos pasajera




Agua que se cuela

Fíjate bien en ese poste íngrimo que desata sombras,
en ese amarillo de la cafetería y su cesta de colores.
Fíjate en el semáforo que pica el ojo
y en ese mundo de trombones que se descarga
en la calle de repente.
Es mágica la noche de hormigón cuando ha sedimentado
en sus confines curiosos pájaros,
sutil esperma entre el agua que se cuela.
A esta hora los árboles levitan con el viento de los cerros
y la luz se crispa llenando de gotas los jardines.
Es mágica la noche en su melodrama de hoja vencida
o tinta de lapicero que se agota,
mágica la vida que regresa entre calles eróticas
y la sangre de seres que perecen:
briznas que a contraluz en la ventana crecen.
Afuera está la hierba mojada del parque y sus estrellas,
adentro una pareja en trance se despoja.





Imago silencio    Poemas
 

 
 Cuánto deseo llevan sus aguas esparcidas
en los senos más salvajes,
echando raíces para que árboles y hombres
crezcan en medio de la sed y el olvido.

A orillas de un vado claro juega el amor
y hunde en la noche su quejido clandestino.

Guáitara es palabra que mira,
son que cura, ojos que hablan,
voz trasnochada de silencio entre las ramas.

No se sabe dónde rasgan sus guitarras,
ni cómo retorna al origen de todos los días.

 

 


Eres uno de tantos callejeros
que soporta la llovizna tácita de una ciudad
que no doblega su humeadora de dicha.

Muestra tu flor,
aquella cristalina cancion
empujada por los que ya han partido.
Destrenzada calle mirándose en los colores
de la tarde tímida,
linda comandando enjambres.

Presiento tu decir en un blanco papel:
regálame las formas de tu silencio
morena aparecida, tal vez entre los dos
surja el color de algún destino.

 


 

Nadie de los invitados a esta escena escucha otra musica,
preocupados por responder olvidan quién es quién
en esta mesa inmensa.

Todos convidados contados los que asisten,
incluso temerosos degluyen sus dones.

¿Y este dolor de potentados e indigestos?

Cada comida tambien lleva su patíbulo.

 



En los confines del dormitorio
una trucha coletea en las manos que festejan
la suerte de sus cuerpos:
el anzuelo esconde secretos
en el vientre de las aguas.

El jaguar ruge la desgracia de un venado
en la altura de los cerros:
su victoria cubre algo
a la hora de los sacrificios.

Una rana salta a la orilla del lago:
su dicha oculta algún retorno
a la tierra del relámpago.

Despoblada de ríos se levantan ciudades audaces,
mujeres estertoran en los brazos de sus hijos,
escombros que ladran la suerte
de un raro país volcánico.

Los hombres guardan su cinico secreto
en la hondura de un amor que no comprenden.

 







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