lunes, 10 de noviembre de 2014

ENRIQUE ANGELELLI [13.963]


Enrique Angelelli

Enrique Angelelli (Córdoba, Argentina 18 de julio de 1923 – La Rioja, 4 de agosto de 1976), cuyo nombre completo era Enrique Ángel Angelelli Carletti, fue un obispo católico argentino. 

Poeta y religioso nacido en la provincia de Córdoba y asesinado en Punta de los Llanos, provincia de La Rioja. En 1949, ordenado sacerdote, continuó sus estudios en la Pontifica Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo la licenciatura en Derecho Canónico. De regreso, en 1952, se hizo cargo de la capilla "Cristo Obrero". Fue consagrado obispo en 1961. Tuvo participación activa en muchos conflictos gremiales, por lo que fue duramente resistido en los círculos católicos más reaccionarios de su provincia. En 1968, designado por Pablo VI, asume el obispado de La Rioja. Producido el golpe militar de 1976, denunció las violaciones a los derechos humanos que el nuevo régimen llevaba a cabo; ese mismo año, la camioneta donde viajaba fue embestida y volcada ex profeso por sus perseguidores, los mismos que luego lo sacaron del vehículo y le dieron muerte al costado de la ruta. "La pastoral de Angelelli se caracterizó por estar junto a los trabajadores en sus reclamos, y con los campesinos impulsando su organización. Denunció la usura, la droga, las casas de juego y el manejo de la prostitución en manos de los poderosos de la sociedad riojana", anotó un biógrafo. "Encuentro y mensaje" es el título del libro que recoge sus poesías.

Fue Padre conciliar en el Concilio Vaticano II, durante el cual apoyó públicamente las posiciones renovadoras. Fue designado obispo de la diócesis de La Rioja (Dioecesis Rioiensis) el 3 de julio de 1968. La diócesis incrementó significativamente el número de sus sacerdotes y de parroquias durante su ministerio episcopal. Caracterizado por su fuerte compromiso social, formó parte del grupo de obispos que enfrentó a la dictadura militar iniciada en la Argentina en 1976, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional. De su muerte, acaecida en ese mismo año y presentada por las autoridades militares como accidente automovilístico, se sospechó que se trataba de un asesinato encubierto hasta que el 4 de julio de 2014, transcurridos casi 38 años, Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella fueron condenados a prisión perpetua por el crimen. El 4 de agosto de 2006, al cumplirse 30 años de su muerte, el entonces presidente de la Conferencia Episcopal Argentina Jorge Bergoglio, luego papa Francisco, había señalado en una homilía en la catedral de La Rioja que monseñor Enrique Angelelli «recibía pedradas por predicar el Evangelio y derramó su sangre por ello».

Enrique Angelelli, nacido en la ciudad de Córdoba, fue el primer hijo de Juan Angelelli y Celina Carletti, italianos inmigrantes. Entró al Seminario de Ntra. Sra. de Loreto a los 15 años de edad. En 1947 fue enviado a terminar sus estudios en el Pontificio Colegio Pío Latino Americano de Roma. Fue ordenado presbístero allí, el 9 de octubre de 1949, a los 26 años, y continuó sus estudios de licenciatura en Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana.

En Córdoba

De regreso a Córdoba, en 1951, fue nombrado Vicario Cooperador de la Parroquia San José de barrio Alto Alberdi y capellán del Hospital Clínicas. Visitó las villas miseria de Córdoba y asumió como asesor de la Juventud Obrera Católica (JOC), con sede en la Capilla Cristo Obrero. Fue profesor de Derecho Canónico y Doctrina Social de la Iglesia en el Seminario Mayor y profesor de Teología en el Instituto Lumen Christi.

Por bula pontificia, el papa Juan XXIII lo nombró obispo titular de Listra y obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Córdoba el 12 de diciembre de 1960. El 26 de diciembre de ese año fue nombrado vicario general. El 16 de febrero de 1961 asumió como arcedeano del Venerable Cabildo Eclesiástico de la Iglesia catedral, y fue consagrado el 12 de marzo de 1961. Fue rector del Seminario Mayor y como obispo auxiliar se involucró en los conflictos laborales gremiales (Fiat, IME, Municipales), y trabajó con otros sacerdotes para reconquistar un lugar para la Iglesia, causando que fuese resistido por el conservadurismo eclesial. En 1963 convocó a campañas de solidaridad para mitigar el hambre y el abandono de los desposeídos.

Fue Padre Conciliar: participó de la primera sesión del Concilio Vaticano Segundo (octubre de 1962), de la tercera (1964) y de la cuarta (1965). En 1964, en el marco de los cambios conciliares, se produjeron tensiones en la Iglesia cordobesa a raíz de la publicación de reportajes periodísticos a los sacerdotes Vaudagna, Gaido, Dellaferrera y Viscovich. Angelelli apoyó públicamente las posiciones renovadoras, lo que originó su exclusión del gobierno eclesiástico, pasando a desempeñarse como capellán de las religiosas Adoratrices Españolas en Villa Eucarística.

En 1965, el titular de la arquidiócesis Mons. Raúl Primatesta restituyó como auxiliar a Mons. Angelelli.

En mayo de 1966, se formó una Comisión provisoria invitada a elaborar el primer Plan nacional de Pastoral. Como resultado, el 19 de julio de 1967 se configuró la Comisión Episcopal de Pastoral bajo la sigla COEPAL que presidió Manuel Marengo, obispo de Azul, y en la que Enrique Angelelli ofició de vicepresidente. La comisión se integró además por Vicente Faustino Zazpe (obispo de Rafaela), José Medina (obispo de Jujuy) y Juan Iriarte (obispo de Reconquista). En la organización interna, Angelelli ocupó la presidencia de la subcomisión de santuarios (1969-1970), y también figuró como responsable de pastoral popular. Durante el período como vicepresidente hasta abril de 1970, Angelelli tuvo una presencia activa en las diversas reuniones deliberativas y ejecutivas.

En La Rioja

El 24 de agosto de 1968, Mons. Angelelli asumió como Obispo de la Diócesis de La Rioja, en el noroeste de Argentina, designado por el Papa Pablo VI. Lo que aparecía como el camino al ostracismo, se transformó en el escenario episcopal que movilizó a los amplios sectores riojanos sumidos en la postergación, promoviendo la formación de cooperativas de campesinos y alentando la organización sindical de los peones rurales, los mineros y las empleadas domésticas.

En La Rioja, Angelelli colaboró en crear sindicatos de mineros, trabajadores rurales y de domésticas, así como cooperativas de trabajo, de telares, fábricas de ladrillos, panaderos y para trabajar la tierra. Una de estas cooperativas solicitó la expropiación de un latifundio que había crecido a través de la apropiación de pequeñas parcelas porque sus propietarios no podían pagar sus deudas. El Gobernador Carlos Menem, prometió que iba a transferir dichas tierras a la cooperativa.

El 13 de junio de 1973, Angelelli fue a Anillaco, la ciudad natal de Menem para presidir las fiestas patronales de esta ciudad. Fue recibido por una turba liderada por comerciantes y terratenientes, entre ellos Amado Menem, hermano del gobernador, y sus hijos César y Manuel, quienes junto a otros propietarios se habían vuelto contra el obispo. La turba entró por la fuerza en la iglesia, y cuando Angelelli suspendió la celebración y salió de allí, ellos le lanzaron piedras.

El gobernador Menem retiró su apoyo a la cooperativa so pretexto de "agitación social". Angelelli denunció a grupos conservadores, canceló las celebraciones religiosas de la diócesis, y declaró un interdicto temporal sobre Menem y sus partidarios.

El Superior General de los jesuitas, Pedro Arrupe, y Mons. Vicente Faustino Zazpe, de la Arquidiócesis de Santa Fe, enviado por la Santa Sede en calidad de auditor, visitaron La Rioja y apoyaron a Angelelli, quien previamente había ofrecido su renuncia al Consejo Presbiterial y pedido al Papa Pablo VI que lo ratificara o que le retirara su confianza. Casi todos los sacerdotes de la diócesis se reunieron con Zazpe para apoyar Angelelli y le dijeron que "los poderosos manipulaban la fe para preservar una situación de injusticia y opresión del pueblo" y para tomar ventaja de la "mano de obra barata, mal paga".

Por otra parte, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Adolfo Tortolo, dijo que la Conferencia no debía mediar, y el Nuncio Lino Zanini apoyó abiertamente a los sancionados, a quienes les dio crucifijos como obsequios.

Zazpe concluyó su inspección con una misa conjunta con Angelelli y expresó su pleno apoyo en referencia a su trabajo pastoral y a la doctrina.

La «Guerra Sucia»

La corta presidencia de Isabel Martínez de Perón (1974-1976) estuvo marcada por el inicio de la guerra sucia, que pronto derivó en ataques con bombas, secuestros, torturas, asesinatos, y persecuciones.

El 12 de febrero de 1976, el vicario de la diócesis de La Rioja y dos miembros de un movimiento de activistas sociales fueron detenidos por los militares. El 24 de marzo tuvo lugar el golpe de Estado que derrocó a Isabel Perón y a todos los gobernadores del país, incluyendo Carlos Menem de La Rioja. Angelleli peticionó al coronel del ejército Osvaldo Pérez Battaglia, nuevo interventor de La Rioja, para obtener información sobre el vicario y el paradero de los activistas. Al no obtener respuesta, viajó a Córdoba para hablar con Luciano Benjamín Menéndez, por entonces comandante del Tercer Cuerpo de ejército. Menéndez advirtió amenazante a Angelelli: "Es usted quien tiene que tener cuidado."

Muerte de Angelelli

Existen indicios de que Angelelli sabía que estaba en la mira de los militares. Personas cercanas a él lo habían escuchado muchas veces decir: "Es mi turno." El 4 de agosto de 1976, conducía una camioneta junto con el padre Arturo Pinto, de regreso de una misa celebrada en la ciudad de Chamical en homenaje a dos sacerdotes asesinados, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, con tres carpetas con notas sobre los dos casos.

Según el Padre Pinto, un automóvil comenzó a seguirlos, y luego otro. Y en el paraje denominado Punta de los Llanos habrían encerrado a la camioneta hasta hacerla volcar. Después de permanecer inconsciente durante un tiempo, Pinto vio a Angelelli muerto en la carretera, con la parte de atrás de su cuello mostrando lesiones graves, "como si lo hubieran golpeado".

La zona fue rápidamente rodeada por la policía y personal militar. Se envió una ambulancia y el cuerpo de Angelelli fue trasladado a la ciudad de La Rioja. La autopsia reveló varias costillas rotas y una fractura en forma de estrella en el hueso occipital, en consonancia con un golpe dado con un objeto contundente. Los frenos de la camioneta y el volante estaban intactos, y no había marcas de proyectiles.

El informe policial indicó que Pinto era quien había conducido el vehículo, que tuvo una pérdida momentánea del control, y al intentar volver a la carretera reventó un neumático. Según esta versión, Angelelli habría perdido la vida como consecuencia de los sucesivos vuelcos del camión. El juez Rodolfo Vigo aceptó el informe. Pocos días después, el fiscal Martha Guzmán Loza recomendó cerrar el caso, que calificó de "accidente de tránsito".

Otros obispos (Jaime de Nevares, Jorge Novak y Miguel Hesayne) señalaron al caso como un «asesinato», incluso durante la dictadura, pero el resto de la Iglesia guardó silencio.

El 19 de junio de 1986, ya bajo el régimen democrático, el juez de La Rioja Aldo Morales sentenció que había sido "un homicidio fríamente premeditado y esperado por la víctima". Cuando algunos militares resultaron involucrados en la acusación, las fuerzas armadas trataron de bloquear la investigación, pero el juez rechazó sus reclamos. El caso pasó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina, que a su vez lo derivó a la Cámara Federal de Córdoba. El tribunal de Córdoba dijo que era posible que las órdenes provinieran del Comandante del Tercer Cuerpo de ejército, Luciano Benjamín Menéndez.

En abril de 1990, la Ley de Punto Final puso fin a la investigación en contra de los tres militares acusados ​​de la muerte (José Carlos González, Luis Manzanelli y Ricardo Román Oscar Otero). Sin embargo esta ley fue derogada en 2005 junto con la Ley de Obediencia Debida, y en agosto de ese año el caso fue abierto nuevamente. La Corte Suprema dividió el caso en dos partes: la acusación contra los militares fue enviada a los tribunales de Córdoba, y la posible participación de civiles en el asesinato fue remitida a La Rioja. El ex comandante Menéndez fue llamado por el tribunal de La Rioja el 16 de mayo de 2006, pero decidió no declarar nada.

La causa judicial

En abril de 2009 se realizó una necropsia. El informe médico legal ratificó que las múltiples fracturas en el cráneo fueron la causa de la muerte. Asimismo, se divulgó cierta información que pretendía negar el homicidio. Al descartarse la presencia de proyectiles de armas de fuego, aspecto que nunca estuvo mencionado como evidencia en la causa, se quiso abonar la tesis de un simple y casual accidente vial, descartando la existencia de intencionalidad, es decir, de un atentado.

En 2010, el Centro Tiempo Latinoamericano de Córdoba, la sobrina de mons. Angelelli, María Elena Coseano, el propio Obispado de La Rioja, las secretarías de Derechos Humanos de la Provincia y de la Nación, y Arturo Pinto como víctima sobreviviente, se constituyeron en querellantes en el Juzgado Federal de la La Rioja. En la presentación, se resumió una vez más el relato varias veces repetido por el P. Arturo Pinto, único testigo directo en la causa judicial, quien mencionó que la camioneta que manejaba el obispo fue encerrada bruscamente por un Peugeot 404, en una maniobra que le provocó el vuelco. Se reclamó la imputación de catorce militares y policías, encabezados por el dictador Jorge Rafael Videla y el entonces comandante del tercer Cuerpo de ejército, Luciano Benjamín Menéndez, como responsables mediatos del crimen. El 4 de julio de 2014, Luis Fernando Estrella y Luciano Benjamín Menéndez fueron condenados a cadena perpetua por el crimen de Enrique Angelelli.  Otros acusados tales como Jorge Rafael Videla, Juan Carlos Romero y Albano Harguindeguy, fallecieron antes del comienzo del juicio.

Pocas semanas antes de la sentencia, la investigación judicial había recibido un impulso imprevisto de la Santa Sede, cuando el papa Francisco remitió dos documentos hasta entonces secretos que resultaron un aporte significativo a la causa. Se trataba de una carta firmada por el propio Angelelli enviada al entonces nuncio apostólico Pío Laghi en la que advertí­a estar amenazado, con lo cual la misiva comprometía al nuncio. La otra carta contenía el relato detallado del asesinato de Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias, dos sacerdotes muy próximos al obispo, el 18 de julio de 1976.

Posición de la Iglesia católica

Después de la muerte de Angelelli, la Iglesia católica oficialmente aceptó la "historia del accidente automovilístico", aunque oficiosamente algunos de sus miembros (mencionados abajo) hablaron en contra[cita requerida]. L'Osservatore Romano reportó esa muerte como "un extraño accidente"[cita requerida]. El cardenal Juan Carlos Aramburu negó que fuese un crimen[cita requerida]. Diez años más tarde, aún después que la sentencia pasó por el juzgado del Juez Morales en la ciudad de La Rioja, la jerarquía de la Iglesia continuó evitando hacer referencia a la muerte de Angelelli como un asesinato[cita requerida]. En el 2001, una declaración emitida por la Conferencia Episcopal Argentina estableció que "la muerte lo encontró mientras completaba una ardua misión, acompañando a la comunidad herida por las muertes de sus pastores".

Homenajes a Angelelli

Busto dedicado a Monseñor Angelelli emplazado a la vera de la ruta nacional 38 en Chamical, localidad de La Rioja, Argentina.

El 2 de agosto de 2006, dos días antes del 30º Aniversario de su asesinato, el Presidente de Argentina Néstor Kirchner firmó un decreto declarando el 4 de agosto día nacional de duelo, dando un discurso en la Casa Rosada "conmemorando a los religiosos que fueron víctimas del terrorismo de Estado". Estela Barnes de Carlotto, de las Abuelas de Plaza de Mayo que escuchó misa en homenaje al Obispo Angelelli, dijo atendiendo al velado "homenaje" de la Jerarquía católica: "No quiero que Monseñor sea hecho una estampa. Él está vivo en nuestra memoria."

El día del aniversario, el entonces cardenal Jorge Bergoglio, luego papa Francisco, celebró una misa en la Catedral de La Rioja en memoria de Angelelli. En su homilía él dijo de Angelelli "removió piedras que cayeron sobre él por proclamar el Evangelio, y se empapó de su propia sangre", aunque no hizo mención explícita de la participación de la dictadura en su muerte. Bergoglio sentenció con una frase de Tertuliano: "la sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia". Así, fue la primera palabra oficial de la Iglesia Argentina sobre Angelelli, y la primera vez que se lo invocaba en calidad de mártir.

Después de la misa, 2 000 personas (incluyendo al gobernador de La Rioja Ángel Maza) rindieron homenaje a Angelelli en Punta de los Llanos, donde se produjo el crimen. Angelelli formó parte, junto con Carlos Horacio Ponce de León, Jorge Novak, Jaime de Nevares y Miguel Hesayne, del grupo de obispos que denunció más enérgicamente las violaciones a los derechos humanos durante el Proceso de Reorganización Nacional.

Documental

En 2007 fue presentado el documental Angelelli, la palabra viva, dirigido por Fernando Spiner y Víctor Laplace, con guion de Juan Pablo Young, sobre la vida del padre obispo Enrique Angelelli. El documental de 67 minutos fue emitido por el canal cultural «Encuentro».





ANOTACIÓN

Estoy pelando la leña
para encontrarle el alma al palo...
y así dibujar mi rostro
en el interior de este palo.

Por eso huyo de la ciudad
donde es difícil encontrarle
el alma a este palo.
Aquí en la quebrada
y en el silencio de los cerros,
cuidado por los cardones,
los pájaros y el diálogo del arroyo
descubro que es fácil
tallar mi rostro
en el alma de este algarrobo
y escuchar en él
la voz del silencio de los cerros.
Para cantarle a mis hermanos,
negros o blancos,
pobre, rico, marginado,
que cada palo de algarrobo
se aprende a amar
cantando, llorando,
tallando, silbando,
sirviendo
sin mirar qué leña tiene el palo.






Pastor y poeta  

"Sólo se es poeta cuando se muere"
(El ave deshoja en el ocaso toda su antología).
Pedro Casaldáliga

- A La Rioja querendona

En cada chaya escondes tu dolor hecho harina y albahaca...
los del puerto te han amordazado para que no grites...
ya tus tientos se cortan y caen tus machetes;
solo te quedan ranchos tristes...
y tierra caliente.

Los de afuera, Chango, te han robao' las vacas;
tu Tata ha quedao' solo... y la Mama un recuerdo;
el Estargidio se fue lejos, a juntar petróleo
allá en Comodoro... rumiando nostalgias.

Y a la Rita la llevó el patrón para que lo comediera,
dicen que en Buenos Aires donde todo es mentira;
tiene que hacer de todo, aunque no lo pueda,
total es riojana, lo mismo que... ¡nada!

Pero el sol está sangrando
allá en Los Mogotes,
y en La Cueva de adentro se oyen galopes;
se acercan pasos por los caminos llaneros
y El Chacho amanece con sus montoneros.

Y por La Quebrada
que le dicen de Chusquis
unos lloros del cerro se gritan contentos;
hay olor a racimos y a vino nuevo,
y Don Aurelio ya calienta la pava en el fuego.

¿Por qué no quieren que diga lo que siento...
es que es mentira hablar del silencio...
no escuchan el grito de los de tierra adentro?

Somos, nosotros, porteños...
es fiero ¡si vieran lo que yo siento!
Quebradas y llanos... cansados y sedientos...
el alero del rancho se lo llevó el viento,
dicen que anoche silbando el silencio...
¿No escuchan el grito de los de tierra adentro?



- Oración de mi Sacerdocio

Siento que mi tierra, dolorida y
    esperanzada, reza y canta
con su historia, vida y mensaje...
Peregrina conmigo, en mi carne y
    en mi sangre,
me parece escucharla con su chaya.

En esta Roma pecadora y fiel,
un día floreció en mí una Unción...
"Sacerdote para siempre"
me dijiste entonces, Señor.

Veinticinco años vividos por esos caminos 
    de Dios,
con mañanas de Pascua y tardes de dolor,
con fidelidades de hijo y debilidades 
    de pecador,
con las manos metidas en la tierra
    del hombre...
de este pueblo tuyo que me entregaste,
    Señor.

Mi vida fue como el arroyo...
anunciar el aleluya a los pobres
y pulirse en el interior;
canto rodado con el pueblo
y silencios de "encuentros"...
contigo... solo... Señor.

Mi vida fue como el sauzal...
pegadita junto al Río
para dar sombra nomás.

Mi vida fue como el camino...
pegadita al arenal
para que la transite la gente
pensando: "Hay que seguir
    andando nomás".

Mi vida fue como el cardón...
sacudida por los vientos
y agarrada a Tí, Señor;
vigía en noches de estrellas
para susurrarle a cada hombre:
"Cuando la vida se esconde entre espinas,
siempre florece una flor".

Mi vida canta hoy dichosa a Ti, Señor...
Es misterio que se hizo camino
ya andado un buen trecho, Señor...

Mesa que acoge y celebra
los racimos ya maduros
que tu Sangre fecundó.

Todo esto soy yo, Señor...
un poco de tierra y un Tabor, 
veinticinco años de carne ungida
con un Cayado, un pueblo y una Misión.

Hoy la tumba de Pedro es la Mesa
de esta Eucaristía, Señor...
en mis manos renace, como entonces,
la Nueva Carne del Amor.

Pablo, tu Vicario, me sale al encuentro
como un hermano mayor...
Me dice al oído: "Hermano, 
confirmo tu Fe y tu Misión,
recibe el ósculo de la paz
y lleva a tu pueblo mi bendición".

Y... mientras se encienden las estrellas...
allá, lejos, sigue floreciendo el amor.
Por este Sacerdocio tuyo,
que es mio y de tu pueblo,
muchas gracias, Señor.

Es hora que me despida
de esta Roma que me ungió,
con un Credo agradecido
a la Iglesia que me engendró
y con la esperanza de María,
¡hasta La Rioja, Señor!

La Patria está gestando un hijo
con sangre y con dolor...
Lloran los atardeceres
esperando que el hijo nazca
sin odios y con amor.

Mi tierra está preñada de vida
en esta noche de dolor,
esperando que despunte el alba
con un hombre nuevo, Señor. 



- El hombre proyecto de pueblo

Mezcla de tierra y de cielo,
proyecto de humano y divino...
que en cada hombre se hace rostro
y su historia se hace pueblo.

Es barro que busca la Vida,
es agua que mezcla lo Nuevo,
amor que se hace esperanza
en cada dolor del pueblo.

El pan que en el horno florece...
¡Es para todos, amigos!
Nadie se sienta más hombre,
la vida se vive en el pueblo.

Porque el proyecto se hace silencio,
porque la vida se hace rezo,
porque el hombre se hace encuentro
en cada historia de pueblo.

Déjenme que les cuente
lo que me quema por dentro;
el Amor que se hizo carne
con chayas y dolor de pueblo.

¿Saben? Lo aprendí junto al silencio...
Dios es trino y es uno,
es vida de Tres y un encuentro...
aquí la historia es camino
y el hombre siempre un proyecto.



- Al reaccionario

¡Amigo! un crepúsculo enrojecido te envuelve
y la noche peregrina tu existencia,
el miedo resquebraja tu esperanza
y la oscuridad se hace sangre en tus venas.

¿Por qué hieres al hermano y calumnias...
por qué manchas, envileces y persigues?
¡Advierte! no eres pasado sino historia,
eres proyecto y siempre mensaje,
pueblo que camina y no desierto,
agua que canta y no estanque.

No te quedes solo, porque envejeces;
escucha la Fuerza de lo que no muere...
es El... de ayer, de hoy y de siempre.

¡Advierte! no eres pasado sino historia,
agua que canta y no estanque.




- Aniversario de una Unción

Un gesto maduró el Misterio en un hombre
y ungió una vida para una misión;
un Cayado y un Libro iluminaron el camino
para que un pueblo encontrara el Amor.

Fueron jornadas con sabor a Cruz,
fueron racimos maduros para Tí, Señor.
La Unción se hizo Misterio
en la Carne y en la Sangre de Dios.

El Cayado animó la marcha,
el Libro encendió la Luz,
las manos abrieron los surcos
para el hombre necesitado de amor.

¡Doce jornadas... son tuyas, Señor!
Me llamaste para que fuera testigo...
soy débil, soy pobre y con temor.

Tú me dices: "¡No temas!... mi amor te ungió;
no es tuyo lo que llevas... apura la marcha...
te basta mi Palabra... lo demás es ilusión".

También Felipe y Juan, Pedro y Pablo,
aprendieron que el llamado es Misterio,
es muerte, es vida y es misión...
para que en Tí el pueblo encontrara el camino,
en tu Cayado, en tu Libro y en tu Unción.

Y mientras se duerme la tarde de esta jornada
y se perfuma de aceite todo esto que soy yo...
por el Cayado, por el Libro y por la Unción,
déjame que te lo diga: ¡Muchas gracias, Señor!




12 de mayo de 1973
en el duodécimo aniversario 
de mi Consagración Episcopal
versos inspirados al despuntar el 
amanecer de este día

- Oración de la Nochebuena

Señor...
yo te pido esta noche,
que nos des a cada uno de nosotros,
valentía, coraje y decisión.

Porque hay muchas cosas por hacer
casas dignas para tanos que son tus hijos,
hay que hacer y buscar fuentes de trabajo
porque no hay pan.

Hay que buscar, no sé cuántas soluciones,
para curar las enfermedades,
y hay que solucionar los problemas
de la educación y el descanso.

Cuántas cosas
te tendría que pedir esta noche!!

Señor, yo te pido por mí mismo,
una cosa fundamental:
que me hagas fiel,
que no me canse nunca
de pronunciar tu nombre.
Y caminar con mi pueblo,
ayudándole a que todos pechemos juntos.

Amén

Misa de Nochebuena
La Rioja 1971



- Al cardón

Silencioso vigía de cerros,
amigo del hombre de mi tierra,
envuelto de esperanza sufriente,
canto florecido en mi guitarra.

El viento se hace música en tu cruz,
el silencio se hace amigo de tu flor,
los cerros te cuidan por la noche
y el coplero te arrebata tu canción.

Te siento cerca, hermano cardón,
me cuentas las cuitas del hombre
que solitario madura su dolor...
el silencio se esconde en tus fibras
cuando siento arrancarte tu amor.




- Tinkunaco Riojano

Ya se oyen galopes en la quebrada
         del cerro,
las cajas peregrinan una marcha de
         encuentro
y en Las Padercitas un fraile prepara
         la Pascua
para la raza india, americana y diaguita.

Un niño vestido con la carne nuestra
es encuentro de cielo y de Mama tierra;
los cerros le cantan con voces de estrellas
y en La Quebrada, cuajada de flor,
         una Luz se hace huella.

La caja diaguita cargada de penas
galopa en el tiempo cantando la chaya,
llenita de harina, llenita de albahaca,
con color de vino y coraje de guapa.

Ya son las doce con rumbos de encuentro,
los "Aillis" ya llegan en el filo del tiempo,
y al Niño vestido con carne de pueblo
lo adoran los "Alfereces" en la Casa
          de Gobierno.

Incienso y silencio se queman en la calle.
No es farsa... mito... recuerdo... es mensaje
con gritos de penas y esperanzas de sangre...
así reza la caja del "Inca" que de nuevo sale.

Porque el Santo lo espera con carne
          de pueblo,
la misma del Niño que viene de "Alcalde".
Y cuando la campana canta el Tinkunaco
          grande,
La Rioja florece en historia, vida y mensaje.




- Canto a la luz

Voy buscando una luz en el cerro...
con senderos... silbidos... silencios
mi guitarra sueña un encuentro
en cada piedra preñada del eco.

Llora el algarrobo su secreto,
me cuenta el arroyo su pena...
la vida madura en la cuesta,
la esperanza termina en el cerro.

Andar y andar... me grita el arroyo;
el sol ya calienta... ¡qué dura es la cuesta!
Arriero amigo, camina hasta el cerro
hay música en la pirca... ecos de fiesta.

La luz hace día el sendero,
música y canto el lamento,
la marcha se convierte en término...
hay un abrazo en la punta del cerro.

El valle está preñado de luz
con rumbos de marcha hacia el cerro
cara pirca es una meta
y la tranquera un encuentro.

La luz se esconde en el cardón,
la quebrada es su misterio,
el silencio es fecundo en el cerro,
el agua canto en el encuentro.

Hay una tranquera abierta
en cada punta del cerro,
la luz se hace silencio,
la marcha acaba su término.

Cada valle es un misterio
y cada marcha un despego
el arriero silba en el monte,
la luz le sale al encuentro.

¡Aleluya! cantan los cerros.
¡Aleluya! canta el arriero.
La luz se hace silencio
con música de cencerros.

Enero de 1968
Junto a los cerros de Calmayo (Córdoba)




- Desovillando a mi pueblo

Honduras de quebradas y silencios,
arenales sedientos y bravíos,
cardonales vigías en horizontes,
lloros de cerros escondidos...
así es el alma de mi pueblo.

Promesante con fe de peregrino,
caminante incansable de recuerdos,
alforja cargada de esperanzas,
con el ritmo del tun-tun de las cajas...
así es el alma de mi pueblo.










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