lunes, 17 de noviembre de 2014

CLAUDIO LAHABA [14.027]


Claudio Lahaba 

(Manzanillo, Cuba 1970). Sus poemas han sido publicados en varias revistas y publicaciones literarias, como el compendio Si el pez vuelve el rostro, Ediciones Safo, Bayamo, Cuba 1991, y Casa de las Alucinaciones del proyecto Banco de Ideas Z. La Revista Literaria Alforja de México, en una compilación que hizo el poeta Yoel Mesa Falcón publicó una selección de su poesía en la edición de abril de 1997. Poemas suyos fueron también publicados en la Recopilación de poetas del Evento Al Sur está la poesía (1998). En el año 2000 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Manuel Navarro Luna, de la ciudad de Manzanillo con su poemario Del Silencio y otros Corderos; libro que por razones extraliterarias nunca fue publicado en su país, y que recientemente salió a la luz bajo el sello editorial Black Diamond Editions, así como  su libro de poesía de amor Torpeza de Amante, disponibles ambos por la librería virtual de Amazon. Fue miembro y fundador en 1993 del Grupo Literario Da Capo; grupo que estuvo integrado en sus inicios por jóvenes talentos de la Ciudad de Manzanillo, Granma, Cuba, y que continua funcionando como proyecto literario por medio de Facebook. Preside desde su fundación en el 2013 la Editorial Black Diamond Editions. Radica en Estados Unidos, El Paso Texas, desde el año 2001.




Oscuros signos del regreso

“El que tiene oídos. Oiga”
Apocalipsis 2:11

Han intentado toda forma de libertad
para el más absurdo vuelo
desde la transparencia hacia un cielo indefinido
pero los ojos no pueden absorber la luz que no los guía.
No pueden las manos atadas al sueño desertor
estar al amparo de los más indescifrables designios
y el vuelo es sólo calcinado espacio de la memoria
que reconstruye su indefinidas formas del regreso.
Han escrito en cada piedra de las abominaciones
el limitado espacio del tiempo
como extraño anhelo de los perseguidos.
La palabra incrustada en los muros de todo lamento
para la gloria de un rey extinto
y sus fieles seguidores que siendo sombra de su propio miedo
un ilusorio esplendor enaltecen.
Han escrito un dolor como carne abierta al frío
en la mesa ajena que vuela en temida asfixia
el pájaro reconstruido en su ilusión de roto espejo
que no es  manjar sino apetece
estar en la mesa de los que no han sido invitados
al banquete de la fruta prohibida
donde la torre en suspensión a sí misma se figura.
Han hecho del polvo un porvenir,
del ruido aterrador un canto de triunfo
arena movediza para el tributo de todo vacío
y cada lamento señal del fin
los espacios menos inhabitados
de un cielo que  pedestal de su caída siempre ha sido.
Pero se advierte el recuerdo
como fronda amarga del sueño en disolución.
Sueño del dolor y los años del ajeno espacio
la ciudad y sus hombres
que cargan a cuestas la gran sombra de un dios muerto.




Otras formas de exterminio

I

Duele el signo de la bestia
como mudo juego de aproximaciones
enlutado deseo de cada hora en que padeciendo
se alzan divergentes los muertos de entonces
van petrificados los ojos
el gesto ambiguo de toda angustia
como la más codiciada presa que en su boca
agua del minúsculo silencio apetece.
Duelen los dardos clavados hondo
El alma gastada como viejo espectro
de la oscura desidia de exterminio
donde no hay temor  y el espacio es reticencia de muerte.
Muere el animal dominado
y su consumación es Vida
Árbol de Luz para el tiempo de las pérdidas.
Muere el tiempo y todo asombro es magnánimo deseo
de los aborrecibles espacios que lo nombran.



II

En prontitud del día los nuevos signos
Trono de la palabra en divergente discurso
De la muerte austera quien se eterniza.
Mueren los ríos que saliendo del pecho
un seco anhelo de aguas borradas
por el polvo nos recuerdan
En espacio cerrado para cada sitio
Para esa hora indescifrable
donde burlamos toda imitación de muerte.



III

Callados los corderos hacia el festín de muerte
Sus ojos son estrellas disecadas
la obediencia seca espina
que al alma del verdugo nunca hiere.
Callados,  en mortal silencio van…
Llevados de la mano  ciegos sueños
Van en filas primeros
todo abismo es sanación
Terminada angustia
Nuevo comienzo.



IV

Aquél que clama en el desierto
para proyectar toda Luz no ha venido
No hay tristeza, formas o extravío
Sólo un vacío del agua
que reteniendo nuestra sed nos olvida.
Nos olvidan los altos bosques
La pertinaz luz del manto adolorido
Para cubrir cada bestia distinguida
Nos olvidan y cada ilusión es rama podrida
Agua estancada para el más triste de los goces.
Aquel que clama en un desierto lleno de exquisitas frutas
Como espejismo del alma y el espacio de las más adorables tentaciones
Ha mirado la espesa blanca luz como un irrisorio cumulo de mentiras
Y su voz es hilo de agua que en la seca roca del olvido penetra.
Penetran las manos a espacio alguno
El cuerpo y la carne que se gastan y no puede el alma soportar
Todo peso de irreverente duelo
No puede el elemento que el signo de la bestia nos ofrece
Darnos el camino y la señal del fin.



V

En desventaja el sueño arrastrado por la más duce bestia
Su dolor es efímero sendero de comprensión
Y el impulso de verter sobre la nada todo auspicio
Es consumación y deterioro
Y los ojos que regresan sin conocerse a sí mismos
Y cada bruma  del alma un puente tendido entre dos muertes
En desventaja sobre dos voces que no claman
Como caballos desbocados en delirio
Van los sueños arrastrados por viejos bueyes
que arando sobre un árido espejo
Ceniza de su propio anhelo fertilizan.





Habrá un tiempo de luz, de olvido…

Nada, excepto la noche y los signos más oscuros que la rigen
como un estatua en disolución del espejo enemigo
la niña que fuiste alejada del bosque antiguo
se aproxima de nuevo a ti y los relojes que del mar
toda caricia a cercenar niegan.
Nada, salvo esas manos que invisibles
escriben un tiempo de signos oscuros
como velero en desventaja tragado por las aguas del olvido.
Nada, excepto a ti misma, niña de antiguas fábulas
cuyo corazón fue devorado por la misma indescifrable pregunta.
Nada, pero todo pacto de nunca saber crece
como la hierba en silencio
como los derrumbados arrecifes del viento
como el susurro de la voz que dentro llama.
Nada y el tiempo que se diluye.
El tiempo de las más codiciadas pérdidas
donde el extravío fue una deslumbrante respuesta
y la noche fue blanca a su merced de entender
cada estrella que lactando para ti su luz te obedecía.
La niña que fuiste y se llenaron tus ojos de mar oscuro.
De pálidos sueños para el más abominable espejo
donde desnuda te conviertes en mar
y tu corazón es un monumento coralino.
Ahí está el fuego y las palabras que el silencio ofrecía.
Ahí están los años de risas y llantos
la canción de cuna que la soledad protegería.
Tus manos han crecido como un árbol extinto.
Tu pecho para todo vacío
donde los pájaros transparentes hacen nido.
Nada, excepto un tiempo menos oscuro
donde se escriben todas las preguntas
que jamás responderá el más cruel de los olvidos.




Altos tronos, tu cuerpo tendido
como la vasta noche…

(Fragmento)

I

Anonadado, como entusiasta pierrot de los días
temiendo al tiempo de las no celebraciones
sin voz y el alma llena de pájaros muertos
Como saltimbanqui de los días
va toda memoria en bruces
y el recuerdo de la nada en prontitud
Van tus manos secas de lluvia y olores
que establecen giros de aduladas manías.
Anonadado como mendigo ante el gran manjar
que jamás tendrá de ofrenda para su oscura boca
y los pálidos animales
de los ojos como puñales que se clavan
en un vacío espejismo de cuerpos invisibles
de desnudos pechos que un árbol pletórico
de exquisitos frutos recordaba….
Van los días
Van los ojos del ciego lamento
A tientas como pierrot de los días
Como el amor sacrificado por primera vez….




Como el Ave Fénix

Polvo soy y hacia el polvo me dirijo
con cada ceniza del cuerpo construí una nueva casa
crucé los bosques incendiados
burle las más astutas trampas
del polvo y los estrados
que ungieron con lodo la cabeza
reconstruí un sepultado sueño
a patadas fue arrastrada mi alma
llevando a cuestas la gran piedra
como un Sísifo del canceroso y moderno tiempo
ay de mí que soy una especie de redentor
de lo que había muerto
ay de quienes sacándose un ojo desearon verme ciego
como el ave Fénix me levanto de las llamas
y cruzo los indomables fuegos
como un ave que sepultada en su ceniza
pudo alzar el vuelo.



Los breves extrañamientos

Toda soledad entre dos vidas
de su gloriosa forma como maniático deseo
esa angustia de la espera
se apuesta al tiempo calcinado y los días van despacio
y toda noche es aproximación
de lo que ajeno se hace amargo
como velamen para los ojos del desacierto
contra una luz minúscula y perseguida
que se debate entre dos furias.
Vuela la mente suspicaz como ave mal herida
de su infecunda ala todo el extraño peso.
Toda soledad como barco
que ha dibujado en el mar su desatino
se hunde contra la noche en su propia desmemoria
amargo extrañamiento de su breve antojo
el asesino recuerdo.
Ha de ser la mente portadora del olvido
han de ser mis ojos del pájaro que muere
alimento de todo pacto ciego.
Y el pecho y cada árbol podrido
creciendo en su orfandad y deseo
y la vida que no basta para ocultar
el cielo ennegrecido.
Un tiempo de amor como una canción huérfana
como la mano del opaco espejo de la ira
como el tiempo de todas las pérdidas,
de todo sacrificio que nos concede un reloj enemigo.
Toda soledad y todo vínculo abismal
como el más preciado de todos los olvidos.





Exilio de las aguas

A Felipe Gaspar Calafell

He vuelto como la escasa luz derretida en los ojos ciegos
como tropiezo que del bosque en agua pudre de sombras la mirada
de turbia mueca y hambre abismal de quien no la nombra.
Aguas que no sacian la sed  del temido silencio
voz de lamer cada pregunta que el antiguo corazón confiere
y vamos indomables por  espacios decapitados de los breves giros
por toda fauna consagrada del miedo
y ese letargo de perder lo nunca visto.
He vuelto y el hambre de mundo se hace vieja
como los más inhóspitos sueños
para cada fuego consumido y toda potestad del iracundo impedimento
donde soy quebrado espejo, basura del alba, hojarasca de la luz, pedazo de
escombro de sol que su luz en el agua diminuta vierte.
Soy labriego y aprendiz de aquel extractor de la noche
que una vez fui y ahora soy torva luz muerta en el desierto
oscuridad que alumbra a quien sentado sobre sí mismo espera
y aniquilando su esencia se levanta como derrumbado templo.
He vuelto desde la inconclusa mirada del mar decapitado
que nombra su tempestad de muerto cuerpo de soledad
para la sed del agua mustia de todo regreso.
Exilio de las aguas dadme cada trozo de paz
cada sedimento de lo que significa el no tiempo.
Quiero estar allí donde se une el dolor y lo enigmático es solo
beber del polvo todo llanto de la estatua
del derrumbado parque y el sepultado sueño
donde fui pierrot, bufón de los días lúgubres
arlequín de las noches
donde el ahorcado me invitaba a ser parte de su cuerpo
y ser así carne amarga de los días
donde aislado la condición humana entiendo.
Quiero beber de mi sangre la tierra infértil que se funde en mí
para cada lamento de quien nunca regresa.
Y ser parte del abismo. No lo contemplarlo.
Solo eso.

Publicado en: En la misma orilla, La marmita de poesia






LAMENTO Y REGRESO DEL GUERRERO

Acaso porque la luz no está en el follaje del sueño regreso
no hay tiempo ni espacio para detener este deseo.
Regreso como un guerrero celebrando todas las perdidas
y los infortunios más ilustres que ahora me distinguen.
He perdido el espejo donde encontré ese milagro de saberme vivo.
He dejado la suma de todo lo construido en las aguas diminutas de mi sed.
Y en cada círculo de lumbre la sombra de todo cuanto no podré ya perder.
Acaso porque aquí la luz es una imitación diluida del fuego regreso.
El camino que me sigue está dentro de mí
como un vacío para la celebración de la nada
como un péndulo de antiguo reloj.
Regreso y como una estatua decapitada llena de árboles
en la sucia pared del sueño todas mis miserias colgaré.
Acaso porque estoy muerto camino por la ciudad destruida
para que los pájaros enfermizos se posen en mí.
y dejen un poco de sus alas sobre la libertad de ser yo mismo
la libertad que no es el pájaro en sí, sino su vuelo reconstruido
su mano en el impedimento y un giro en el retorno de las formas.
Acaso la voluntad con que te escribo es solo un glosario
de cosas sin importancias que no leerás.
Son palabras llevadas por el viento
que tus ojos después de tantos años de ausencia van a sentenciar.
Acaso porque no he visto tu Rostro
en las calles infinitas que conducen al cielo
la luz es confusa y no puede llevarme
hacia un sitio promisorio donde tal vez pueda hallar lo perdido.
Acaso la voluntad con que escribo mi testamento
tiene algo de la miseria de estos días
cuando el complemento que le falta a la vida no eres tú
pero vendría bien un poco de tu rostro
junto al sol que sale en las mañanas
o simplemente un barco hundido en la memoria del que olvida
que en la piedra del corazón escribió su naufragio
para que no lo vieran mis ojos
que ya no miran y son monstruo y belleza
a la misma vez de un muerto porvenir.
Acaso la voluntad con que te escribo sea la madrugada
un canto fúnebre una canción de cuna para el niño que nunca fui.
He despertado cada noche con el pánico en los ojos
dentro de la hoguera donde me iban a incinerar.
Donde mi madre rompió en llantos y clavo en mi pecho la cruz.
Me esperan los condenados señores del sueño
y aquel arlequín de la infancia para el fantasma de la timidez
que ya no sigue en ristres al que fui.
Me esperan los días de encierro:
Una casa en llamas que se hunde y extiende sus manos al cielo:
La casa sin rostro para el funeral de mis desvelos
y la brevedad de la vida que ahora es este pecho agujereado
y unas medallas que por temor a la inmortalidad perdí.
Pero no hay pacto ni glorias solo un mundo de fabulas.
Un mundo de abundantes miserias
para todos lo que no quieran regresara a esta hora.
Acaso porque traigo en mis bolsillos un puñado de mi tierra
y en los ojos la luz de mi estrella que calcine yo mismo aquí
soy por el resto de los minutos que me quedan muy feliz.
Acaso porque la luz no está en el follaje del miedo regreso
no hay tiempo ni espacio
no hay luz que me cubra ni bardera que viertan sobre mí.
No hay nada que pueda detener este sueño
que tirado por caballos me llevaran como un soldado muerto
de regreso a donde quiero.



FIN DE LOS DÍAS

                               A Yoel Mesa Falcón, amigo.

Qué lentos los brazos de esa muchacha que danza sobre la cuerda
Parecería caer en desventaja sobre si misma
Pero en el anfiteatro de los muertos nadie suspira ni está atento.
Todos estábamos sentados muy desnudos
Los unos frente a otros mientras llegaba el domador.
Justo la fiera en sus nupcias y las casitas de colores como portada.
Se oyeron voces desde lo alto
Alguien con el pelo pintado grito desde el fondo
Los altos cerrojos del cielo se abrieron
Cayeron cadenas y sucio metal
Y el bostezo de la banda
Los rígidos desafueros del viento
Pero me basta estar contra mí a todas horas seducido
Porque creyendo de veras valdrá la pena ir lastimado desde siempre.
Me da pena de mí mismo cuando me miro austero y sin prisa
Acomodo los riesgos que se van quedando en el resquicio del que fui.
La octava felonía del asesino a sueldo que llevo dentro y es inconforme.
Todos los vicios fueron buenos
Cuando no entendíamos nada de lo que ahora es.
Aquellos días lésbicos
Aquellas horas taciturnas de café y poemas
Justo el silbato de Pandora
La caja negra del deseo
El labio mordido por un pez alucinado
Mi amigo el indefinido que nunca está contento
Que no sabe de qué color son las palabras
Y escribe hermosas cartas echadas al mar
Estas son las nostalgias asechando cada vez.
Vale la pena de verdad soñar e irse de un salto a cruzar el fuego.
Vale la pena el hechizo de unos ojos miopes que nada ignoran.
Homosexuales serán los árboles que dan humana sombra.
Y el hibrido placer del fruto.
Gaviotas que se posan en mi hombro
Sin definición vacilo
Un hombre siente persuasión por la muerte del gusto
Por la alfombra de los besos
Por los entretejidos muslos depilados del trapecista
Vengan todos desnudos gritándole a dios su justo nombre
Como la primera vez en desventaja
Si la muchacha que danza desnuda
Tiene ahora su mirada de pergamino papel.




FORMAS Y COLORES DEL MIEDO


I

Sintiéndome amputado
de todo vínculo extraño con la muerte
y los apetecibles sueños del Armagedón
voy lento contra el tiempo golpeando toda caída
que desde antaño señalaba el fin.
La caída del muro sobre sus riesgos
como pacto del salto y las formas del regreso.
Camino hacia el fin el lento desafío de las cosas en su finitud
y el pronto asombro de lo que se detiene.
Camino hacia la extraña figuración del árbol y mesa del olvido
cada fruto de su propia prolongación muere.



II

Yo no sé qué mar como gigante poderío en los ojos de la estatua crece.
La tarde del árbol recién cortada en cuadritos de color
y el gesto lujurioso de quien de amor muere.
Muere para sí la tarde como el pájaro ceniciento de Dios.
La tarde del fruto ante toda enajenación
y su mano encorvada en la caricia que niegan.
Yo no sé porque estoy amando la vida desde su fin
los años del regreso sobre los muros
que se elevan al cielo y lo nombran.
Yo no sé.
Nunca podría saber.



III

El muro del sueño árido como la patria
es la nada figurada en desventaja
para una raíz de árbol que enorme crece y es la mano
la pregunta del deseo convertido en agua que se derrama.
Es el gesto definición de quien a todo teme.
Yo no temo del fin los días que sobrevienen.
He vivido como un árbol pletórico de sequedad.
He construido mi casa y las aguas que pasarán hacia el fin.
La gran ciudad anunciada que se hunde
las luces de colores para el dócil animal que gira.
Sintiéndome nombrado embajador
de todo vínculo con la muerte
yo no sé de otros ojos que me recuerden un sereno valle
de sedientos animales transparentes que nuestra mirada hiere.
Yo no sé sintiéndome innombrado
como la tarde desde su trono toda palabra desobedece.



IV

Ellos marchan con sus grandes bolsas de cuero a cuestas
La montaña es un país o el tiempo de las tribulaciones.


VII

Muerte, aquí está mi cuerpo.
Tómalo y no apartes de mí este cáliz.
Muerte, hermosa dama y yo que soy tan pobre ante tu reino.
Qué palacio encantado puede nombrarte.
Qué luz aguada y caída como roca sobre la montaña de la noche crece.
Vendrán otros en tu nombre diciendo toda profecía.
Que no bebamos el mismo manjar sobre la mesa turbia
y la bestia indefensa sobre ajenos caballos.
Que no bebamos de la noche cada estrella
el inmenso tiempo de los enaltecidos.
Yo que solo vengo con unas monedas
como Ben Hurt a nombrar cuanto ya ha sido….
Yo que solo tengo cuanto he perdido
soy luz de la oscura forma que se pierde.
OH muerte, oh bestia...
Cuanto de ti he conseguido.






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