sábado, 22 de noviembre de 2014

ANTONIO GONÇALVES DIAS [14.100] Poeta de Brasil



Antonio Gonçalves Dias

(Caxias, Brasil  10 de agosto de 1823 - Delhi 3 de noviembre de 1864) fue un poeta y dramaturgo brasileño. 
Se le considera el primer y más grande romántico brasileño, que cantó a la patria y al indio, iniciando así la literatura indianista en el Brasil.

Hijo de un portugués y una mestiza, cruce de negra e indio, estudió leyes en Coimbra y leyó la poesía de los románticos.

Publicó Primeiros cantos (1846), Segundos cantos (1848), y Últimos cantos (1851). También se cuentan entre sus obras Sextilhas de frei Antào (1848), en las que utilizó el portugués tradicional del siglo XVI, así como un importante Dicionário da lingua tupi (1858), y dejó inacabado el poema épico Os timbiras.

De regreso de un viaje de Europa, muy enfermo, murió a bordo del buque Ciudad de Boulogne que naufragó en las costas del Marañón.



Deprecación

¡Tupá, oh Dios grande!, con denso velaje
Cubriste tu rostro de plumas gentiles;
Y yacen tus hijos clamando venganza,
¡Perdidos los bienes que otrora les diste!

¡Tupá, oh Dios grande, tu rostro descubre:
Ya mucho sufrimos tu dura venganza!
Ya lágrimas duras lloraron tus hijos,
Tus hijos que lloran tan fuerte mudanza.

Añangá implacable de lejos nos trajo
Los hombres que el rayo manejan cruentos,
Que viven sin patria, que vagan sin tino,
En busca del oro, voraces, sedientos.

La tierra que pisan, y el campo y los ríos
Que asaltan son nuestros; nuestro Dios tú eres.
Si el rayo de muerte que lanzan es tuyo,
¿Por qué tal pujanza concederles quieres?

¡Tupá, oh Dios grande! con denso velaje
Cubriste tu rostro de plumas gentiles;
Y yacen tus hijos clamando venganza,
¡Perdidos los bienes que otrora les diste!

Tus hijos valientes, en guerra temidos,
Al romper el día, cuán fuertes los vi.
La muerte habitaba sus plumadas flechas,
La maza de guerra, el arco Tupí.

Y hoy, cuando las aguas del río cien veces
Solamente he visto crecer y bajar...
Pocos de los tuyos quedan ya que puedan
De los suyos, muertos, los huesos llevar.

Tus hijos valientes terror infundían,
Tus hijos llenaban los bordes del mar,
Las olas cuajaban de estrechas canoas,
De flechas el aire solían llenar.

Ya no más persiguen en bosques frondosos
Las corzas ligeras, el nasón coatí...
¡La muerte habitaba las plumadas flechas,
La maza de guerra, el arco Tupí!

El Piaga nos dijo que breve sería
La que nos inflinges, cruel punición;
¡Y aún vagan los tuyos por sierras, por valles,
Buscando un asilo por hostil sertón!

Tupá, oh Dios grande, descubre tu rostro:
¡Ya mucho sufrimos tu dura venganza!
Ya lágrimas tristes lloraron tus hijos,
Tus hijos que lloran tan larga tardanza.

Descubre tu rostro, resurjan los bravos
Que al rayar el alba he visto luchar:
¡Los fieros confiesen al verse vencidos
Que te vengas y eres grandes, oh Dios, Tupá!




El mar

Frappé de ta grandeur farouche
Je tremble... est-ce bien toi, vieux lion que je touche,
Océan, terrible océan!

Turquety


Océano terrible, mar inmenso
De procelosas olas que se enroscan
Floridas reventando en blanca espuma
En uno y otro polo,
Al fin... al fin te veo; al fin mis ojos
Trémulos clavo en tu cerviz indómita,
Y tu iracundo, bárbaro rugido
Al fin medroso escucho.

¿En dónde hubiste, oh piélago profundo,
Ese rugido tuyo? En vano el mazo
Enloquecido de los vientos hiende
Cuanto golpea, y llama.

Del abismo profundo las mil olas
Que avaro guardas en tu seno undoso;
Al terrible rugir del viento bravo
Tu rugido ensombrece.
En vano truena horrísona tormenta;
La voz del trueno, que estremece al cielo,
No cubre tu clamor. ¿Dónde la hubiste,
Majestuoso Oceano?

Oh mar, ese rugido es eco incierto
De la voz creadora que te hizo:
Sea, dijo; y tú fuiste, y a las rocas
Tus olas arrojaste.

De noche, cuando el cielo es puro y limpio,
Tornas tu suelo azul, corren tus olas
Sobre luceros mil; los ojos nuestros
Entre los cielos túrbanse.
De la voz de Jehová un eco incierto
Pienso que es tu rugir; sola, perenne,
Imagen de lo eterno, reflejando
Las acciones de Dios.

Sola contigo, pues, la mente libre
Se eleva, sube al cielo ardiente, altiva,
Y de este lodo terrenal se limpia,
Como el bronce en el fuego.

La ardiente musa, a tu canción unida,
Glorifica al Señor de las alturas
Con la frente más alta que las nubes
Y los pies sobre ti.

¿Qué hay más fuerte que tú? Cuando se eriza
Tu terrible melena, la flotante
Nao, de artificio extremo, en breve tiempo
Húndese y se aniquila.

Nada en la tierra tu poder resiste,
Pero un grano de arena te detiene,
¡Tan fuerte contra el hombre, tan sin fuerza
contra cosa tan flaca!

Pero en aquel instante que me espera
En que de esta prisión he de evadirme,
Iré tan alto, oh mar, que allí no llegue
Tu sonoro rugido.

Aún más fuerte que tú será mi alma:
Sin saber de temor, espacio y tiempo,
Con un gesto abrirá el estrecho círculo
del mundo y de los cielos.

Entonces, entre estrellas consteladas,
Cantando himnos de amor en arpas de ángeles,
Sonará más potente que tus olas
Al morder la áurea arena.

Será más dulce que el sencillo canto
De nostálgica virgen, cuando llena
La noche el mundo, y que la mansa brisa
Que suspira entre flores.





Lecho de hojas verdes

¿Por qué tardas, Jatir, que con desgana
A la voz de mi amor mueves los pasos?
La brisa de la noche, entre las hojas,
En los altos del bosque rumorea.

   Bajo la copa del altivo mango
Nuestro lecho gentil cubrí celosa
Con delicada alfombra de hojas blandas,
Donde la luz lunar juega entre flores.

   ¡La flor del tamarindo abrióse ha poco
Y ya exhala el jazmín más dulce aroma!
Como una prez de amor, como estas preces,
En la noche silente el bosque exhala.

   Brilla la luna, brillan las estrellas,
Vuelan perfumes al volar la brisa,
A cuyo influjo mágico respírase
Un desmayo de amor, mejor que vida.

   Sea en valles o en montes, tierra o lago,
Donde quiera que vayas, día o noche,
Siempre va en pos de ti mi pensamiento;
¡Mío tú, tuya yo, sin más amores!

   Mis ojos otros ojos nunca vieron,
No sintieron mis labios otros labios,
Ni otra mano, Jatir, sino la tuya
La flor del arazá me ciñó al talle.

   La flor del tamarindo está entreabierta
Y ya exhala el jardín más dulce aroma;
También mi corazón, como estas flores,
Mejor perfume con la noche exhala.

   No me escuchas, Jatir, ni tardo acudes
A la voz de mi amor, que llama en vano.
¡Oh Dios ya rompe el sol: del lecho inútil
Barra las hojas mañanera brisa!

Antología de la poesía brasileña. Desde el Romanticismo a la Generación del cuarenta y cinco (Editorial Seix Barral, Barcelona, 1973, trad. de Ángel Crespo).





TEXTOS EN ESPAÑOL
Traducción de Washington Delgado


CANCIÓN DEL EXILIO

         Kennst du das Land, wo die Citronen blühen,
            Im dunkeln die Gold-Orangen glühen,
            Kennst du es wohl? - Dahin, dahin!
            Mocht ich ... ziehn.
                                               GOETHE

Mi tierra tiene palmeras
En donde canta el sabiá;
Las aves que aquí gorjean,
No gorjean como allá.

En nuestro cielo hay más luces,
En nuestras vegas más flores,
En nuestros bosques más vida
Y vida con más amores.

Al pensar, solo, en la noche
Más placer encuentro allá;
Mi tierra tiene palmeras
En donde canta el sabiá.

Mi tierra tiene primores
Como no las hallo acá;
Al pensar -solo y de noche­
Más placer encuentro allá;
Mi tierra tiene palmeras
En donde canta el sabiá.

No permita Dios que muera
Sin que vuelva para allá;
Sin que goce los primores
Que no encuentro por acá;
Sin que vea las palmeras,
En donde canta el sabiá.




DESEO

¡Que no me muera sin gustar, al menos
Por un breve momento, en esta vida
         Amor igual al mío!
Permite, Dios, que en esta tierra encuentre
Una mujer, un ángel, la obra tuya
         Que sienta como yo.
¡Un alma afín, hermana de la mía
Que mi silencio escuche, que me siga
         Por la amplitud del aire!
¡Que estrechamente unidas, nuestras almas
Dejen la tierra y hacia el cielo suban
         En éxtasis de amor!





!NO ME DEJES!

Asomada a las aguas del arroyo
         Dijo en vano la flor
A la corriente donde se miraba ...
         "iAy, no me dejes, no!

"Quédate aquí o trasládame contigo
         A la amplitud del mar.
Límpida o turbia, te amaré por siempre.
¡No me dejes jamás!"

La corriente pasaba, iban las aguas
         Tras otras siempre en poso
Inclinada la flor, decía en vano:
         "!Ay, no me dejes, no!"

A las aguas que huían incesantes
         En igual sucesión,
Siempre hablaba la flor, en vano siempre:
         "!Ay, no me dejes, no!"

Por fin desfallecida, ya en el suelo,
         Marchita y sin colar,
Busca el arroyo aún para decirle
         Que no la deje, no.

La impiadosa corriente la envolvía
         Y, mortal, la arrastró.
AI hundirse decía, pobrecita:
         "!No me dejaste, no!"




I JUCA-PIRAMA
(fragmentos)


IV

Mi canto de muerte,
Guerreros, oíd:
Hijo de la selva,
En selvas crecí;
Guerreros, provengo
De tribu tupí.

EI hado inconstante
Ha tornado errante
La tribu pujante
En la que nací.
Norteño, por suerte,
Soy bravo, soy fuerte,
Mi canto de muerte,
Guerreros, oíd.

Ví en guerras e intrigas
Tribus enemigas,
Las duras fatigas
Guerreras probé.
En ondas falaces
Sentí los mordaces
Silbidos fugaces
Del viento que amé

Corrí luengas tierras,
Luché en duras guerras,
Vagué por las sierras
De los Aimorés.
Ví lides de bravos,
Ví fuertes esclavos
De hierros cargados
En manos y pies.
Ví campos talados,
Arcos vi quebrados
Y brujos cuitados
Sin sus maracás.
Vi a tiemos cantores,
Sirviendo a señores,
Que fingen traidores,
Amor a la paz.

Sin hogar ni abrigo,
Al golpe enemigo,
mi mejor amigo
¡Cayó junto a mí!
Con faz como ajena,
Plácida y serena,
Tan amarga pena
Callado sufrí.

Mi padre a mi lado,
Ciego y quebrantado,
De penas calado,
Se apoyaba en mí.
Entrambos, mezquinos,
Por malos caminos,
Cubierto de espinos,
Llegamos aquí.

El viejo, entretanto,
Sufría ya tanto
El hambre y quebranto
¡Que ansiaba morir!
Ya no me contuve
Al bosque me atuve,
Las flechas que tuve
Me iban a servir.

Luego, forastero,
Caí prisionero
De un grupo guerrero
Con el que topé.
Los trágicos ruegos
De mi padre ciego
Al ver que no llego,
Triste imaginé.

Era yo la guía
En su hora sombría,
La única alegría
Que Dios le dejó.
En mí se apoyaba,
En mí se afirmaba,
En mí descansaba,
¡Hijo suyo soy!

¿Qué resta al cuitado
Viejo quebrantado,
Ciego, abandonado?
Tan sólo morir.
El tiempo tan breve
Que su vida leve
Acabarse debe,
¡Dejadme vivir!

Yo, sin menoscabo,
No vil sino bravo,
Seré vuestro esclavo,
Volveré hasta aquí.
Corre sin desdoro
EI llanto que lloro,
La vida no imploro:
¡También sé morir!     

Extraído de TRES POETAS ROMÁNTICOS: GONÇALVES DIAS, CASTRO ALVES, SOUSÃNDRADE. Prólogo de Luis Jaime Cisneros. Traducciones de Washington Delgado, Arturo Corcuera y Javier Sologuren.  Lima: Centro de Estudios Brasileños, 1984.  109 p.
(Tierra Brasileña. Poesía, 20)





TRADUCCIONES DE JAIME TELLO
De CUATRO SIGLOS DE POESÍA BRASILEÑA
Caracas: Centro Abreu Lima de Estudios Brasileños, Instituto de Altos Estudios de América Latina, Universidad Simón Bolivar, 1983


LECHO DE VERDES HOJAS

¿ Por qué tardas, Jatir, que con demora
A la voz de mi amor mueves tus pasos ?
La brisa nocturnal mueve las hojas
y en las ramas del bosque rumorea.

Bajo la copa del altivo mango
Nuestro lecho gentil cubrí celosa
Con mimoso tapiz de blandas hojas,
Donde un rayo lunar salta entre flores.

La flor de tamarindo abrióse, ha poco,
¡ Ya exhala el jazmín más dulce aroma!
Como una prez de amor, con estas preces,
En nocturnal silencio el bosque exhala.

Brilla la luna, brillan las estrellas,
Corren perfumes al correr la brisa,
A cuya magia aspírase un quebranto
De amor, ¡ mucho más dulce que la vida!

Sean valles o montes, lago o tierra,
Doquiera que tú vayas, noche o día,
Va siguiendo tras tí mi pensamiento;

Soy tuya, tu eres mío: ¡ nunca amé a otro!

Mis ojos otros ojos nunca vieron,
No sintieron mis labios otros labios,
Ni otras manos, Jatir, sino las tuyas
Ciñeron a mi cuerpo la arasoia.

La flor del tamarindo está entreabierta,
Ya exhala el jazmín más dulce aroma;

También mí corazón, como estas flores,
Mejor perfume ante la noche exhala.

¡ No me escuchas, Jatir, ni tardo acudes,
A la voz de mi amor que en vano llama!
¡ Tupã !* ¡ Ya nace el sol! ¡ Del lecho inútil
La brisa matinal barre las hojas!

* Denominación Tupí del trueno, empleada
por los misioneros jesuítas. (N. del T.)




MARABÁ*

Vivo sola; ¡ nadie buscarme procura!
Pero, ¿acaso hechura
No soy de Tupã?             
Si algún hombre acaso de mí no se esconde,
    '”Eres", me responde,
    "¡Eres Marabá!".
" Mis o jos son garzos, color de zafiro,
Tienen luz de estrellas, y tierno brillar;
Imitan las nubes de un cielo de añil,
¡ Sus colores copian las ondas del mar!".

Y si algún guerrero no huye a mi paso;
"Tus o jos son garzos",          
Responde enojado: "Eres Marabá".
Prefiero unos ojos bien negros, lucientes, ;
    '”Ojos refulgentes,
    “Negros y retintos, ¡ no como anajá!. **;

"Oh, mi rostro tiene blancura de lirios ,
Color de la arena pulida del mar;
Las aves más blancas, lasconchas más puras
Nunca son más blancas, nunca brillan más".
Y si aún me escuchas mis acres delirios:
"Blanca como lirios,
Eres", me responde; "pero Marabá: ,
"Prefiero una cara color de guayaba,
'”una piel tostada
“Del sol del desierto, ¡ no flor de cajú !".***

'”Mi cuello tan leve se curva agraciado,
'Pecíolo pendiente del cactus en flor;
“Mimosa, indolente, me tiendo en el prado,
“ ¡ Como un sollozante suspiro de amor!".
“Amo la estatura flexible, ligera,
“Cual una palmera",
Me responden: “Pero eres Marabá:
“Más prefiero el cuello de la ema**** orgullosa,
“Que anda vanidosa,
“Reina de los campos que cruzando va."

“Mis rubios cabellos en ondas descienden
“Nunca el oro puro tuvo un brillo así;
“Las brisas del bosque de ellos se prenden,
“Al verlos tan bellos como un colibrí".

Pero me responden: "Tus largos cabellos
“Son rubios, son bellos,
“Pero son rizados; eres Marabá:
“Prefiero cabellos bien lacios, bien lisos
“No pelo de rizos,
“Color de oro fino, como curajá''.

¿ Y las dulces voces que tenía aquí dentro
A quién las diré?
El ramo de acacia en la frente de un hombre
Jamás ceñiré;

Jamás un guerrero de esta arasoia
Me despojará:
Vivo solitaria, llorando mezquina,
¡ Que soy Marabá!

(  *) Mestiza de blanco e indio. (N. del T.)                    i
( **» Maximiliana regia Mart., una especie de palmera. (N.delT.l
( ***) AnacardiumoccidentaleL.elmarañónomerey (N.delT.).
{****) Rhea americana (L.) el avestruz ema. o ñandú suramericano
(N.delT.)




SI TE AMO, ¡NO SÉ!

¡ Amar! si te amo, no sé.
Oigo por ahí pronunciar
Esa palabra de modo
Que no sé lo que es amar.

Si amar es soñar contigo,
Si es pensar, despierto, en ti,
Tenerte en mi alma presente
¡ Todo olvidado de mí!

Si es codiciarte, quererte
Como bendición de Dios.
Solamente a ti en la tierra ¡
Como allá, arriba, al Señor;

Si es dar la vida, el futuro,
Para decir que te amé;

Amo; aunque si te amo
como oigo decir —¡ no sé !.






CANÇÃO DO EXÍLIO

         Kennst du das Land, wo die Citronen blühen,
            Im dunkeln die Gold-Orangen glühen,
            Kennst du es wohl? - Dahin, dahin!
            Mocht ich ... ziehn.
                                               GOETHE

Minha terra tem palmeiras,
Onde canta o Sabiá;
As aves, que aqui gorjeiam,
Não gorjeiam como lá.

Nosso céu tem mais estrelas,
Nossas várzeas têm mais flores,
Nossos bosques têm mais vida,
Nossa vida mais amores.

Em cismar, sozinho, à noite,
Mais prazer encontro eu lá,
Minha terra tem palmeiras,
Onde canta o Sabiá.

Minha terra tem primores,
Que tais não encontro eu cá;
Em cismar, —sozinho, à noite—
Mais prazer encontro eu lá;
Minha terra tem palmeiras,
Onde canta o Sabiá.

Não permita Deus que eu morra,
Sem que eu volte para lá;
Sem que desfrute os primores
Que não encontro por cá;
Sem qu'inda aviste as palmeiras,
Onde cantei o Sabiá.

            Coimbra - Julho 1843.




DESEJO

         E poi morir.
            METASTÁSIO

Ah! que eu não morra sem provar, ao menos
Sequer por um instante, nesta vida
         Amor igual ao meu!
Dá, Senhor Deus, que eu sobre a terra encontre
Um anjo, uma mulher, uma abra tua,
         Que sinta o meu sentir;
Uma alma que me entenda, irmã da minha,
Que escute a meu silêncio, que me siga
         Dos ares na amplidão!
Que em laço estreito unidas, juntas, presas,
Deixando a terra e o lodo, aos céus remontem
         Num êxtase de amor!

            (De Primeiros Cantos)




NÃO ME DEIXES!

Debruçada nas águas dum regato
         A flor dizia em vão
A corrente, onde bela se mirava ...
         "Ai, não me peixes, não!

"Comigo fica ou leva-me contigo
         "Dos mares à amplidão,
"Límpido ou turvo, te amarei constante
         "Mas não me deixes, não!"

E a corrente passava; novas águas
         Após as outras vão;
E a flor sempre a dizer curva na fonte:
         "Ai, não me deixes, —não!"

E das águas que fogem incessantes
         A eterna sucessão
Dizia sempre a flor, e sempre embalde:
         "Ai, não me deixes, não!"

Por fim desfalecida e a cor murchada,
         Quase a lamber o chão,
Buscava inda a corrente por dizer-lhe
         Que a não deixasse, não.

A corrente impiedosa a flor enleia,
         Leva-a do seu torrão;
A afundar-se dizia a pobrezinha:
"Não me deixaste, não!"
            (De Novos Cantos) 




I JUCA-PIRAMA
(fragmentos)

IV

Meu canto de morte,
Guerreiros, ouvi:
Sou filho das selvas,
Nas selvas cresci;
Guerreiros, descendo
Da tribo tupi.

Da tribo pujante,
Que agora anda errante
Por fado inconstante,
Guerreiros, nasci:
Sou bravo, sou forte,
Sou filho do Norte;
Meu canto de morte,
Guerreiros, ouvi.

Já vi cruas brigas,
De tribos imigas,
E as duras fadigas
Da guerra provei;
Nas ondas mendaces
Senti pelas faces
Os silvos fugaces
Dos ventos que amei.

Andei longes terras,
Lidei cruas guerras,
Vaguei pelas serras
Dos vis Aimorés;
Vi lutas de bravos,
Vi fortes — escravos!
De estranhos ignavos
Calcados aos pés.

E os campos talados,
E os arcos quebrados,
E os piagas coitados
Já sem maracás;
E os meigos cantores,
Servindo a senhores,
Que vinham traidores,
Com mostras de paz.

Aos golpes do imigo
Meu último amigo,
Sem lar, sem abrigo
Caiu junto a mil
Com plácido rosto,
Sereno e composto,
O acerbo desgosto
Comigo sofri.

Meu pai a meu lado
Já cego e quebrado,
De penas ralado,
Firmava-se em mi:
Nós ambos, mesquinhos,
Por ínvios caminhos,
Cobertos d'espinhos
Chegamos aqui!

O velho no em tanto
Sofrendo já tanto
De fome e quebranto,
Só qu'ria morrer!
Não mais me contenho,
Nas matas me embrenho,
Das frechas que tenho
Me quero valer.

Então, forasteiro,
Caí prisioneiro
De um troço guerreiro
Com que me encontrei:
O cru desasossego
Do pai fraco e cego,
Em quanto não chego,
Qual seja, — dizei!

Eu era o seu guia
Na noite sombria,
A só alegria
Que Deus lhe deixou:
Em mim se apoiava,
Em mim se firmava,
Em mim descansava,
Que filho lhe sou.

Ao velho coitado
De penas ralado,
Já cego e quebrado,
Que resta? —Morrer.
Em quanto descreve
O giro tão breve
Da vida que teve,
Deixai-me viver!

Não vil, não ignavo,
Mas forte, mas bravo,
Serei vosso escravo:
Aqui virei ter.
Guerreiros, não coro
Do pranto que choro;
Se a vida deploro,
Também sei morrer.




CANÇÃO DO TAMOIO
(Natalícia)

Não chores, meu filho;
Não chores, que a vida
É luta renhida:
Viver é lutar.
A vida é combate,
Que os fracos abate,
Que os fortes, os bravos,
Só pode exaltar.

II

Um dia vivemos!
O homem que é forte
Não teme da morte;
Só teme fugir;
No arco que entesa
Tem certa uma presa,
Quer seja tapuia,
Condor ou tapir.

III

O forte, o cobarde
Seus feitos inveja
De o ver na peleja
Garboso e feroz;
E os tímidos velhos
Nos graves conselhos,
Curvadas as frontes,
Escutam-lhe a voz!

IV

Domina, se vive;

Se morre, descansa
Dos seus na lembrança,
Na voz do porvir.
Não cures da vida!
Sê bravo, sê forte!
Não fujas da morte,
Que a morte há de vir!

V

E pois que és meu filho,
Meus brios reveste;

Tamoio nasceste,
Valente serás.
Sê duro guerreiro,
Robusto, fragueiro,
Brasão dos tamoios
Na guerra e na paz.

VI

Teu grito de guerra
Retumbe aos ouvidos
D'imigos transidos
Por vil comoção;
E tremam d'ouvi-lo
Pior que o sibilo
Das setas ligeiras,
Pior que o trovão.

VII

E a mãe nessas tabas,
Querendo calados
Os filhos criados
Na lei do terror;
Teu nome lhes diga,
Que a gente inimiga
Talvez não escute
Sem pranto, sem dor!

VIII

Porém se a fortuna,
Traindo teus passos,
Te arroja nos laços
Do imigo falaz!
Na última hora
Teus feitos memora,
Tranquilo nos gestos,
Impávido, audaz.

IX

E cai como o tronco
do raio tocado,
Partido, rojado
Por larga extensão;
Assim morre o forte!
No passo da morte
Triunfa, conquista
Mais alto brasão.

X

As armas ensaia,
Penetra na vida:
Pesada ou querida,
Viver é lutar.
Se o duro combate
Os fracos abate,
Aos fortes, aos bravos,
Só pode exaltar.

  




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