martes, 11 de noviembre de 2014

ANTONIO ALIBERTI [13.971] Poeta de Argentina


Antonio Aliberti 

Nació en Bellona, Sicilia en diciembre de 1938. Llego también a su poesía por la inmensa obra de recopilación de Isaccson. Su obra es poética y crítica, ensayística, bilingüe, ítalo-argentina. Su poesía sintética y filosófica es su forma de relacionarse con la vida y el mundo. Falleció en San Antonio de Papua, provincia de Buenos Aires, el 29 de julio del 2000.

Obra esencial:

Geografía Lírica Argentina. José Isaacson (Corregidor, Buenos Aires, 2003)
Ceremonia íntima (1975)
Lejanas hogueras (1981)
Todos recordaron a Casandra (1987)




“La lejanía es otro abismo…”
                                               María Granata  

LLANURA


5

Se incendia la lluvia allá a lo lejos.
todo está allí,
porque la realidad es otra cosa:
no es esta danza enclavada
en el tiempo, en el espacio…;
es un rayo desnudando a la noche,
descerrajando animalesprehistóricos,
cicatrices-rótulos en el paisaje.

No es esta plenitud, esta fatiga…
es otra cosa;
es el deseo radiante de la sangre,
el temblor en la sangre.
No es realidad lo que se toca;
realidad es fuga,
es luz que se desangra.

            De “Límites posibles”, Fundación Argentina, para la Poesía, 1983)



LEJANÍA

Mirar hacia delante
y ver la imagen del agua
que se yergue y avanza
Pulsar la aventura de la sangre
pero no desangrarse;
porque la lejanía es otro abismo
donde también se cae,
como si la espesura de la luz
que se percibe a lo lejos
fuera un pozo profundo
un agujero colgando de los ojos
que no termina nunca.
O que termina siempre en un portón
detrás del cual ya no importa qué hay.

    (De “ Límites posibles”,1983)




Destino

“Quien anda de viaje se lleva todo
Lo que tiene, también la fiebre”
Batolo Cattafi

Un tren que sale siempre va a alguna parte
Un hombre que sale no siempre va a alguna parte
Aunque viaje en el mismo tren,
Un hombre que sale se lleva todo se lleva todo a cuestas
Se lleva todo lo que tiene:

(también sus ganas de quedarse)
(también sus ganas de no ir a ninguna parte).



Miramar

I

De roturas de olas,
De fugas y regresos
-pertinaz arquitectura
De empuje y paciencia-
Hablan las heridas de las rocas.
Y el mar
-hermano del tiempo-
Sigue cavando hasta llegar al hueso.


II

Paisaje solo

Una sucesión de imágenes que llegan
En confidencias del sol,
Como remolinos de fuentes heridas
Por su soledad, por su inmovilidad sin testigos
El tiempo se desprecia en su fatiga,
La piedra permanece ajena a la tarde,
Tendida en su letargo:
Sin más molestias que el ajetreo inútil
De las aguas y el piar de algún pájaro
Que no emigró a su hora.

Existen en su inocencia,
Como una muchacha en su harén de espuma.




Internet

No renuncio a entrar a la red              
y ser un punto virtual                      
entre millones de puntos virtuales          
de todo el universo. Acepto el juego.      
A lo que me opongo es a renunciar          
a la caricia, a la palmada en el hombro    
y, sobre todo, a prescindir                
del antiguo saludo del sol,                
los dedos de la lluvia                      
meciendo mi escasa cabellera.              
Adhiero a la ilusión,                      
pero aspiro a la necesidad                  
de que el hombre se conmueva por el hombre.





Tantálica

Nos enamoramos de la noche                            
porque acumula los sueños de días muy largos.          
Todo lo acumulado se ve a través de un velo            
picoteado por las aves magníficas de la memoria;      
pero no hay forma de mirar por las hendijas            
que la escarcha va dejando en los ojos de los muertos, 
porque los muertos, cuando menos se espera,            
salen a caminar por las ramas de los árboles          
y, desde lejos, parecen manzanas ahorcadas,            
juegos de palabras, signos de interrogación            
de preguntas que nadie ha elaborado todavía.          
Hay sin embargo un dios en cada uno                    
y es ese dios que gobierna nuestros actos              
cada vez que el cúmulo de días y los sueños            
se funden en noche muy oscura,                        
donde las aves magníficas empollan                    
sobre un viejo fuego solapado;                        
y la memoria avanza, nos supera,                      
se ubica cada vez más adelante,                        
como un futuro que nunca alcanzaremos,                
siempre en fuga,                                      
siempre más allá de nuestras intenciones.         





El saludo

Mi abuelo se paraba para saludar;           
se llevaba la mano a la cabeza           
(había usado gorra alguna vez)           
y saludaba con una reverencia.           
A veces la gente salía           
sólo para cruzarse con mi abuelo:           
no era un saludo como tantos,           
sino una ceremonia,           
como cuando uno despierta de mañana           
y ve la punta del sol en la cortina.           
Cuando el día está nublado parece más largo.           
No recibir su saludo era lo mismo.           
Pero de pronto se le dio por mirarse al espejo           
y no pudo reconocerse.           
Entonces se sentó a buscarse adentro,           
como quien se sumerge en una laguna de sueños.           
Y los sueños tienen sus riesgos:           
se parecen al agua turbia de un estanque,           
al humo espiralado que llena la memoria.           
A veces quisiera ir a visitarlo,           
hacerle señas, llamarlo por el nombre;           
pero no sabría responderme           
porque está en su propio sueño,           
que es posterior a mí,           
y yo lo vería como si todavía no hubiera nacido,           
como si todavía no tuviera nombre           
y todo estuviera a£n por suceder.           
Vivimos en un mundo de cartón.           
Ninguna cosa ha sido nunca.           
O acaso sea sólo una metáfora,           
como la gorra que alguna vez usó.




Notas sobre la obra de Antonio Aliberti, 
un poeta notable

Por Amadeo Gravino

El querido compañero de innumerables aventuras poéticas y amigo entrañable de tantos años, Antonio Aliberti, el que ha dado el nombre a nuestro Café Literario, nació en el año 1938 en un pequeño pueblo de Sicilia, Italia. Vivió en nuestro país desde 1951 hasta julio del año 2000, cuando falleció tempranamente. Fue editor, periodista literario, crítico, antólogo, traductor, asesor de editoriales, corresponsal de revistas de poesía extranjeras, etc. Pero, por sobre todo, fue poeta, un auténtico poeta. Y los poetas viven para siempre en su poesía. Por eso, en este trabajo sólo quiero abordar ciertas características de su personal poética, la que para mí siempre fija una postura ética y trata el dolor del desarraigo, la integración a una nueva realidad extraña, y propone una serena reflexión profunda sobre las condiciones de organización del mundo a partir de la suma de estas dos circunstancias.

Comienzo diciendo que coincido plenamente con la opinión de Carlos Alberto Débole, el que divide la obra de nuestro poeta en dos partes y dice que, la primera de ellas, va desde Poemas, de 1972, libro inicial de Aliberti hasta Mareas del tiempo, de 1981, su séptima publicación; pasando por El Hombre y su caliz, de 1973; Tráfico, de 1974; Ceremonia Íntima, 1975; Cuestión de Piel, 1978 y Estar en el mundo, 1979/80.

En esa primera parte de su obra, las vertientes de Aliberti guardan estrecha relación con su condición de emigrado. Veamos como lo dice el fragmento de un poema de entonces:

Del árabe heredé este cuerpo árido,
este galope incesante de caballos
en el desierto interminable,


Allí, también aparece el mar, para la poesía tradicionalmente símbolo de la eternidad, como un simbolismo del amor-odio, representando tal vez el espacio vacío que dejó la vida del poeta entre dos mundos distantes, a los que nunca más podrá volver a unir; va un ejemplo: 

Si he de viajar, quiero ir
-más allá del mar-
a un pequeño pueblo
anclado en medio del bosque
como un milagro.

En esos libros primeros, también el tiempo y su inasibilidad, y la preocupación social auténtica, se entroncan con el intento consciente del poeta de reconstruir una niñez que excede a su propia memoria o, en todo caso, que pertenece a la “memoria atávica”. Sin embargo, los poemas de Aliberti de entonces tampoco se apartan de la realidad que los rodea, aunque no la nombren explícitamente y sólo la rocen, encubierta a veces, generando nuevas y ricas sensaciones que la trascienden. Así nos dice:

Me duele –este tiempo-
como una lágrima viva.

Al respecto, escribió hacia 1985 sobre la poesía de Aliberti el querido maestro Alberto Luis Ponzo: “Ya en 1973, su íntima indagación le hace desechar un recurso frecuente por aquellos años: el de la crítica social retórica y estéril. Su sensible lenguaje nunca se confunde, sin embargo, con la actitud evasiva, típica de otras corrientes de aquella época”. 

La segunda parte de la obra de Aliberti va desde el libro Lejanas Hogueras, de 1981, hasta Nessun Maggior Dolore, del año 1997, su libro póstumo. Lejanas Hogueras es un texto de ruptura que consta de dos partes de varios tiempos breves cada una de ellas: obra profunda, de características infrecuentes en nuestra poesía. Hay allí una manera válida de agotar las obsesiones que poblaban los libros anteriores del poeta: pasado, presente y futuro desfilan ahora sucesivamente por sus páginas. También revela intuiciones, confesiones, relámpagos de una vida que va definiéndose como una grieta; veámoslo en unos versos del libro:

La grieta
por donde me pierdo,
los trozos de mí mismo
desencontrados,


En ese libro ya el poeta logró fundir, experiencias de origen que venía tratando, con nuevas vivencias acumuladas en nuestro país. Además, la lectura del volumen evidencia que Aliberti ha crecido como creador y es ahora dueño de una voz personal, de un estilo propio. Esta obra se publicó en edición bilingüe (castellano-italiano) y recibió importantes premios aquí y en Italia. En aquél país, al comentárselo, se habló de un logrado realismo metafísico y también de un retorno a la palabra pura.

El siguiente libro de Aliberti es Límites posibles, de 1983. En este volumen formidable, según lo expresó Raúl Gustavo Aguirre, nuestro poeta ya hace gala de un ritmo muy marcado y asimismo nos muestra que sus obsesiones se han ampliado considerablemente. El lenguaje es más suelto y se nos ofrece más expandido. Además, llama la atención aquí el uso que hace Aliberti de un recurso formal que le otorga a su poesía gran fuerza y dinámica: el remate propuesto casi a la manera en que se utiliza en los cuentos. Doy un ejemplo de ello:

Lo absoluto ha pasado
y ha dejado un charco donde nunca
hubo nada


En 1986 Aliberti publicó Cuartos contiguos, libro de transición según Jorge Ariel Madrazo, para el que también: “El resultado es un tono más carnal, más realista y metafísico a la vez”. Aquí ya percibimos la definitiva inserción del poeta en los problemas de nuestro país, lo que se manifiesta mediante una mayor riqueza técnica y a partir de un más atrevido uso de la palabra y la emisión más firme y más audible de la voz. Allí el poeta manifiesta:

Hasta que a los vientos del Sur los hice míos.

y también
Son tantos los hermanos que he perdido
que ya el goce se me hace necesario.


De 1987 es el notable Todos recordaron a Casandra: según muchos pensamos, el título más importante de Aliberti y uno de los mejores libros de poesía de los últimos años. Se trata de un texto crítico –como la mayoría de los del poeta- aunque aquí la crítica no sólo apunta a lo cotidiano, sino que se amplía, y sobre todo, se detiene puntualmente en la liviana conducta de los intelectuales frente a una sociedad que va perdiendo de vista valores esenciales que alguna vez la sostuvieron. Como mínimo ejemplo anoto:

Los héroes que no fuimos, que nunca más seremos
(corchos que flotan en el pecho
padecen cada día una derrota)

Este excelente volumen -tan calurosamente elogiado por Joaquín Giannuzzi y por María Rosa Lojo, entre otros- no desdeña ningún recurso de lenguaje y también muestra la formación clásica de Aliberti, sus conocimientos sobre mitología, arte y cultura griega; sobre música, teatro y literatura universales. Asimismo, evidencia en toda su dimensión, las intenciones humanísticas del poeta y un recurso que, sin serle desconocido en sus trabajos anteriores, pasa ahora a ser empleado por Aliberti con gran maestría: el sarcasmo. Se me ocurre como ejemplo:


hay que reclutar a los desamparados
ponerles un sello, una misma mueca en la cara
para que nadie pueda confundirlos así como así.


La última poesía publicada en vida por Aliberti está contenida en Delicado equilibrio, de 1991, un bello libro medular; La mujer que llegó al atardecer, Primer Premio del Concurso de Poesía de la MCBA, incorporado como parte de El llanto de Aquiles (1994) texto de estudio de la obra de nuestro poeta realizado por Agustín Gribodo; Incierta Vocación, de 1995, otro de los libros mayores de Aliberti y Nessun maggior dolore, de 1997, trabajo escrito y publicado en idioma italiano, en el que retoma, con visión madura y serena, algunas de sus primeras obsesiones.

Cabe consignar también que actualmente tengo en preparación una Selección de Poemas de Aliberti y que el querido amigo Ricardo Rubio –gran animador del mundo de nuestra poesía- encara el ordenamiento y la posible publicación de Los Poemas Inéditos que dejó el autor al morir.

Para finalizar estas apresuradas notas, las que sólo pretenden ser una aproximación al estudio de la obra del poeta, agrego que tras la relectura de todos sus poemas publicados, los que indudablemente se imponen al desgaste del tiempo, estoy plenamente convencido de que Antonio Aliberti es realmente una figura notable de nuestra cultura. Que es un creador que supo construirse un modo personal e inconfundible de comunicarnos su mensaje siempre cargado de sentido, sin tener necesidad de integrarse a los manierismos propios de los movimientos ocasionalmente de moda. Que Aliberti es un poeta mayor, sincero, talentoso, original. Que en toda su obra, el poeta logra sortear el riesgo de la uniformidad paralizante, mediante el empleo de un tono variado, el que le posibilita ser con naturalidad, actual y comprometido con su tiempo y, a la vez, con los más altos y permanentes valores de la poesía.



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