miércoles, 29 de octubre de 2014

SELNICH VIVAS [13.885]


Selnich Vivas Hurtado

Colombia.
Es doctor en literaturas latinoamericanas y alemanas de la Universidad de Freiburg, Alemania. Su tesis doctoral gira en torno a Kafka y a la literatura colombiana. Es autor de las novelas Para que se prolonguen tus días, y Finales para Aluna. De esta novela, dividida en cuatro volúmenes, se editó el primer libro, Stolpersteine, en 2008, dedicado a la obra poética de la protagonista Sveta Aluna. La obra reúne los poemas que Selnich Vivas Hurtado ha escrito a lo largo de quince años, tanto en español, como en alemán, y que ha atribuido a su personaje Sveta Aluna.

Ha sido traductor de poetas alemanes como Trakl, Celan, Benn y ha trabajado como profesor de literatura alemana y latinoamericana en varias universidades de Colombia. También laboró como profesor de literaturas hispanoamericanas en Alemania. Con el libro Déjanos Encontrar las Palabras, ganó en 2011 el Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia, donde actualmente trabaja como profesor y donde da clases de literatura.



POEMAS

I

Ninguna escritura nos exime
del delito.
Semilla es ella
de las decapitaciones.
De buen o de mal grado
tose en su cabaña,
zurcida. Boca con nariz.
Un ruido osuno
y yo aprieto los puntos de la sutura.



II

Sí,
aún nos queda una palabra.
Y nosotros la decimos,
porque la palabra corre peligro sin palabras.
Aún nos queda una palabra, y la decimos claramente,
como si esta palabra fuera en realidad la palabra de las palabras.
La decimos, porque queremos retornar a la palabra.
La decimos para que no mueran las palabras.
La palabra del retorno es la palabra del peligro,
y nosotras retornamos para decirla claramente.
Sí, la decimos, sí, decimos la palabra “sí”
y retornamos sin miedo a la palabra.



IIIa

Tras el vaho, unos niños y unas huellas;
la luz y el crujir, en los copos de cristal.
Se aprietan, un sol y un río en la niebla.
Tal vez unas ventanas, si alguien mira.
Una piedra y un lugar, también de nieve.
O el frío frondoso: o el mismo árbol.
Puede ser, por qué no, una gota de cal;
sí un trazo sobre otro más fi no y claro.
Basta un color para alcanzar el fracaso.



IIIb

Hay hojarasca y pasos, talvez viento, torre y lago.
Como siempre hay voces, y una esperanza.
Entre las montañas quiere oscurecer y alumbrar.
La muerte prometida debe calentarnos durante el descenso.
Nosotras escuchamos a los secuestrados.
Ojalá que la noche extravíe el camino a casa.



IV

Dos bajo sospecha y lluvia.
Dos se ahogan en asco.
Dos desconocidos tiemblan bajo el calor de la selva
y lloran ante la sentencia de las armas.
Dos costillares se abrazan
y rascan una angustia amorosa
entre cambios de aliento.
Pronto amanecerá, sin huellas.



V

Nos coronamos.
Algo sale vertido
desde nosotras.
El metal nos crece bermejizo
en el ojo
la copa del árbol se torna jabón.
Pantanosas nos dirigimos a la piel:
como si la pulsión
retornara en las matanzas:
Se cucharea el caldo
desde las costillas del árbol
y sin encías los dientes
sepultan velludos la despedida.
Jamás terminan de espalar.
El abdomen aspira la serenidad, más allá.



VI

Una toca la fl auta
una
su fl auta
Un tramo largo mide la fl auta.
Bien quejumbrosa.
La fl auta,
las batallas.
Una toca la fl auta alrededor.
Flauteando huesos.
Mi brazo, su fl auta.
También
mi pobreza
su fl auta, su fl auta de hueso.
Los tonos
me alcanzan
su brazo
a mi
alrededor.



VII

Te llevaría por un paisaje de huito
tú a mí por uno más fragante.
Una de las dos nevaría adentro gradualmente
una de las dos – nosotras dos – vagaría
amarillo marrón
como si el té de maíz perviviera en la sangre
como si los monos capuchinos se pudieran oír.
Iríamos alejándonos y enrollándonos mutuamente
Tus despojos serían
sacudidos
desde los míos propios,
en forma de labios
se verían sus pisadas.



VIII

¿Quién nos sostiene colgados
con predilección a este plural
de frustraciones?
Una coja
soriasis
rasca
tu
mutilado
cuerpo.
Finos son aún
tus huesos.
Tus dientes,
tus días y noches,
hija,
tu bramido.
Odios



IX

Cómo es
Que todavía bailamos,
Que todavía
la muerte y el homicidio
nos alegran
Que todavía nos aparecemos
ante nosotros
sorprendidos.
Cómo es
Que todavía nos llamamos
nosotras a nosotras cómo



X

Con criminales de toda calaña salgo
a bailar en Friburgo: paras, guerrillos, tombos.
Nos emborrachamos con chistes.
Que quién puede pinchar los ojos,
Que quién puede cortar las piernas,
Que quién detona hacia adentro los cuerpos.
Quién muere de primeras, quién de últimas.
Idóneos somos para este compromiso:
Ninguno puede vomitar.
Ingrávido es el juego,
Falsificamos los nombres de las víctimas.





El autor de Stolpersteine – poemas traspiés (2008) resultó ganador del Premio Nacional de Poesía, Universidad de Antioquia 2011, con Déjanos encontrar las palabras (1948-1959), una reconstrucción de la difícil relación amorosa entre Ingeborg Bachmann y Paul Celan, los líricos de lengua alemana más importantes de la posguerra. Temas, motivos y firmantes de los poemas, escritos en forma de carta, son prestados; provienen de los primeros once años de su correspondencia. Los poemas de Selnich Vivas Hurtado reflejan la tensión entre destrucción emocional y elaboración artística. El título es una traducción literal de una petición empleada el 18 de noviembre de 1959, en un telegrama enviado desde Zúrich a París: Lass uns die Worte finden!. De esta forma, Ingeborg le definiría a Paul la poética que habían construido en medio de encuentros subrepticios, interferencias numerosas, matrimonios, amores paralelos, libros celebrados, crisis, premios, intentos de suicidio y de homicidio. Por tales razones, se le ha denominado a esta pareja “el amor después de Auschwitz”. Él hijo de judíos asesinados. Ella hija de un asesino nazi. Ambos se encuentran y se desenamoran en la poesía. Los jurados del premio indicaron que “el tono, el lenguaje y la atmósfera del poemario [son] elementos logrados, propios de una poesía depurada y sugestiva, y en muchos momentos conmovedora”. Además “presenta una estructura formal novedosa”. Aquí los dos primeros poemas del libro ganador que será publicado por la Editorial de la Universidad de Antioquia.



Número de oro

Para Ingeborg

Tú no deberías buscar en los ojos obscuros.
Tal vez adornar con dolor lo que tus padres han mutilado.
Que todos sepan que has dormido con el huérfano de unos judíos.
Que todos sepan de mis rasgos indios y de mi ejemplar alemán.
Pero no olvides el fracaso: hemos de encerrar
esa noche en cifras y letras agotadas.
Ella, cargada de quemaduras, secará las venas y las voces.
Pretender la estalactita tal es la tarea
de quienes alcanzarán la muerte en el agua o en el fuego.

22 años después de tu primer cumpleaños.
Viena, 23 de mayo de 1948





Raíz de tres

Viena, Navidad, 1948

Querido, querido, Paul:

Aún deseo el nosotros tribulante.
Y leeré y corregiré estas palabras
tantas veces como sea necesario hasta volverlas tuyas. 
No sé si quieres seguir pensando juntos, en París.
No sé y da lo mismo. Estoy decidida a desconectar
al amigo, cuando luche contra un ejército de monstruos,
máquinas y medicamentos, cuando penda
de un fruto aún no nacido, cuando busque
a los padres asesinados en una francesa adinerada.
¿Me lo permitirás? ¿Permitirás que te devore
esta muerte alemana a la que tanto le huyes?
¿Serás tú mi propio fin?
¿Mi obra?

Con mucho, mucho amor,
Tu Ingeborg





¿De qué puente?

Amadísimo Paul:

El agua ha cedido a las piedras.
El vacío ya no abre los brazos.
El ahogado sin corriente
hace el ridículo a los átomos.
Dime, de qué puente
me puedo lanzar, si aquí
no hay río ni abismo,
si no he venido a saltar:
si sólo quiero fluir mi cuerpo.

15.7.59




De ventisca agria

16- mayo-59

Querido Paul:

Todas mis muertes están de acuerdo:
incluso las fulminantes, las duraderas, las compartidas,
las apareadas, las buscadas, las padecidas,
las entrenadas, las aplaudidas.
Aún las casimuertes y las muertas de miedo
y las muertes ajenas en la propia muerte.
Todas mis muertes están contadas.
Todas se suman, sin dejar de lado
las tentativas de muerte,
las muertas de risa,
las muertes que dan vida,
las muertes que me has perdonado.
Todas, todas mis muertes se han puesto de acuerdo.
Antes de librar esta faena con el fuego.
Todas conmigo y contigo,
ahora que sorteamos la despedida.

Ingeborg





Vitrina o librería

Paul:

El arte, aparición en el campo de percepción.
Da igual si es verbal o visual.
Si es Zúrich o París.
Si es un hombre o una mujer.
Es, más bien, lo que inventa la vitrina.
Dos veces, en la luz y en el aire, con o sin pies.
Ellos existen sólo gracias a la técnica de la cámara
y a la representación de algo ya pasado, ya fallecido.
Somos apariciones de vitrinas.
Llevamos la infidelidad en los ojos.
Apenas casi humanos y casi vidrio y casi papel.
Pero, hablar, lo que se dice hablar, no podemos.
Y mucho menos la una con el otro.
Visibles, eso sí, por el dolor.
Libros en un vacío de cristal.

Ingeborg

Zúrich, 8 de febrero de 1959





Se espesa el aire

Mi amada Ingeborg:

Y qué hacer si en ese instante el aire se espesa y el recuerdo se corta en milímetros. Y la buena voluntad extirpa el pedazo malogrado y la voz se va por una sonda. Y el ahogo se ahíta por el grito y los ojos de padre se agitan con la imagen, que va a parar al río. La voz del amante ido devora a dentelladas, mientras la cabeza retumba entre las piedras. Las hojas se juntan en los giros, adormecen el color que se oscurece, en ese instante, que va a parar al fuego. Y qué hacer si tú estás allí. Como siempre. Esperándome, dispuesta a darme la otra mano que tienes libre, mientras la muerte, tu fiel amada, nos convoca.

Paul, 20.7.59.








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