lunes, 6 de octubre de 2014

SANTIAGO PÉREZ MANOSALVA [13.568]


Santiago Pérez Manosalva

Santiago Pérez Manosalva, o de Manosalbas (23 de mayo de 1830, Zipaquirá - † 5 de agosto de 1900, París) fue un escritor, educador, periodista y político colombiano, que ocupó la Presidencia de Colombia de 1874 a 1876. Su mandato se caracterizó por el inicio de las obras del Ferrocarril del Norte y el fuerte impulso a la educación. Fue miembro del Partido Liberal Colombiano.

Fueron sus padres Felipe Pérez y Rosa Manosalva, y sus hermanos Felipe Pérez y Rafael Pérez.

Estudió en el Colegio del Espíritu Santo, fundado y dirigido por su mentor y amigo Lorenzo María Lleras, donde obtuvo el grado de doctor en derecho.

Fue periodista y redactor en periódicos como El Mensajero, La Defensa (del cual fue redactor en 1880), El Relator, además de La América, de Nueva York, donde criticó la Doctrina Monroe.

Cuando tenía 22 años fue Secretario de la Comisión Corográfica en 1852 y sus apuntes fueron publicados entre 1853 y 1854 en el periódico El Neogranadino.

Fiel a los propósitos de la educación, fundó un colegio, además de dirigir la Universidad Externado de Colombia en 1891 y asumir la rectoría de la Universidad Nacional de Colombia.

Sobre sus cualidades como docente, se comentó:

le eran igualmente familiares las humanidades y las ciencias físicas, morales, jurídicas y sociales, y especialmente enseñaba la economía política con tal claridad, que todo el que hizo el curso con él aprendió.
Eduardo Rodríguez Piñeres

Carrera política temprana

Participó en la Convención de Rionegro en 1863. Fue Secretario de Gobierno y de Relaciones Exteriores del primer gobierno de Manuel Murillo Toro (1864-1866), tras lo cual se convirtió en uno de los principales exponentes del Olimpo Radical. Hizo oposición al régimen dictatorial de Tomás Cipriano de Mosquera en 1867 y participó en su derrocamiento.

Se le encargo la Presidencia de los Estados Unidos de Colombia en reemplazo del general Santos Gutiérrez entre el 22 y el 30 de junio de 1869. Fue Embajador en Washington de 1868 a 1873.

Presidente de Colombia

Elegido Presidente de los Estados Unidos de Colombia en 1874 a los 44 años de edad, por un periodo bianual.

En su discurso de posesión dijo: "la instrucción, la moralidad y la riqueza son los factores de la República".

Los rasgos de su gobierno fueron el inicio de las obras del Ferrocarril del Norte, el aumento de las rentas (debido especialmente al incremento de las exportaciones), la reducción del contrabando y la disminución de los gastos.

Tras entregar el mando en 1876 a su Secretario de Hacienda Aquileo Parra, Pérez siguió en la lucha política y debido a su férrea oposición a Rafael Núñez decidió expatriarse voluntariamente de 1885 hasta 1891. En 1892 fue elegido Jefe único del Partido Liberal. Fue desterrado por el vicepresidente Miguel Antonio Caro en 1895.

Crítica a su gobierno

Su excesiva rigidez moral, su intransigencia con los especuladores políticos y la severidad de que había dado muestras como educador con algunos de los hombres que, habiendo sido sus discípulos, estaban ya figurando en la política, le enajenó muchas voluntades en su administración. Indudablemente con todos sus talentos y grandes virtudes, careció de la elasticidad necesaria para dirigir a los hombres en el accidentado terreno de la política.

Baldomero Sanín Cano

Llegaba al poder un hombre honesto, con amplia experiencia en cargos de representación, pero con poca habilidad política, como lo demostró en diversas ocasiones.

Ignacio Arizmendi Posada

Últimos años

Dejó algunos escritos que por haber sido únicas ediciones o inéditas, son poco conocidas: En primer lugar, El Manual del Ciudadano, que, según Baldomero Sanín Cano, es "la explicación, metódica, elocuente, asombrosamente luminosa de los principios de derecho universal y de conveniencia política consignados en la constitución de 1863".

Por otra parte, siguiendo a Sanín Cano, "es suyo un tratado de economía política todavía inédito. Sobre la conveniencia y la fecundidad civilizadora del Ahorro escribió un diálogo del mismo título, en que están de bulto las claras y permanentes virtudes de su estilo castizo, sobrio, lleno de dignidad y hondo sentido".

También escribió, agrega Sanín Cano, una Gramática Española, inédita, "materia que enseñó a varias generaciones con tanto fervor como competencia".







LA NOCHE EN EL MAR 
Jk. MI AMIGO fo. JVI. ¡S. 


¡ Adiós, mi amigo, adiós ! El corvo diente
Soltó del ancla el fondo ribereño,
Y henchida el alta lona, flota el leño
Como el nido de un pájaro en el mar.
Mi horizonte se ensancha : es el espacio ;
Mi paso, un vuelo; el aquilón, mi aliento;
Sólo es pequeño aquí mi pensamiento;
Sólo yo traigo aquí duda y pesar.

Vueltos los ojos á la comba playa,
Que en linea azul el horizonte muestra,
Tiendo hacia ti mi abandonada diestra,
Vuelvo á la tuya mi espantada faz.
Pero es en vano ya. Surco de espumas
Rompe en las aguas la tremenda quilla:
Tú te quedas pacífico en la orilla;
Yo vuelo con el céfiro fugaz .

Cual un punto á mi vista desparece
El alto monte, rey de la ribera;
Del mar, en tanto, tras la azul testera,
Grande, redondo, el sol se vaá apagar.
La noche viene. Su cordón de estrellas
Cruza en mil cintas el azul del cielo,
Cual lentejuelas del inmenso velo
Que está plegado ante el inmenso altar.

El silencio es tu voz, la paz tu aliento,
Noche, que duermes sobre el mar callado,
Abismo sobre abismo reclinado
En la escala de abismos hasta Dios.
Mas si guardas también en tu hondo seno
La voz del duelo y el raudal del llanto,
Desata ese raudal entre mi canto,
Desprende de mis labios esa voz.

Con su perfil de luz se alza la ola
Como la crin del mar que riza el viento,

Y fecunda cual grande pensamiento,
Cien nuevas olas hace borbotar.

El mar, así en sus aguas y sus playas,
Todo horizonte, toda zona encierra,
Y ciñe entre sus brazos á la tierra
En su tálamo hirviente de coral.

Él ve volar el tiempo hora tras hora;
Retrata el cielo estrella por estrella;
Mas ni el cielo ni el tiempo dejan huella
En su hondo seno, ni en su móvil faz.
Si onda de sangre hasta sus ondas corre,
Purifica su linfa en la ribera;
Hoy es terso y azul como antes era ,
El mar de Navarino y Trafalgar.

¡ No ! Ya no quiero el arpa de amargura
Que á el alma sólo su pasión recuerda;
Yo la despedacé cuerda por cuerda,
Y á la distante playa la arrojé.
Brota el mar olas, como el alma ideas;
Con el espacio crece el pensamiento;
Quiero medir el mar, beber el viento;
Aquí ya no suspiro: can-taré.

1 Oh I ¿ Quién aquí su bien ó mal no olvida?
¿ Quién del mundo se acuerda ó de sí mismo
De un abismo delante y de otro abismo,
Entre el cielo y el mar, no hay sino Dios.
Doquier que el alma en la mirada vuela,
El infinito encuentra, de Dios huellas:
Son las mil ondas y las mil estrellas
Que cada cielo y cada mar da en pos.

El lanza su rumor y su marea,
Que sonante á la playa se desboca;
Mas, ora dé en la arena, ora en la roca,
Quiébrase en ella y vuelve con clamor.
Las aguas llegan y en el linde mugen;
Cada corriente arrastra su cadena;
Y en movedizo círculo de arena
Mueren del mar oleajes y rumor.

Del alto monte y de las agrias rocas
Ruedan hasta él hinchados los torrentes,
Y arrastran mujidoras sus corrientes
Los arroyos, los rios hasta él.

Es su manto la aurora; el sol, su estrella;
Los iris, sus rayadas aureolas;
El céfiro, el suspiro de sus olas;
El cielo ilimitado, su dosel ....

Por un palmo de tierra divididas,
Las naciones a guerra se llamaron;
Mas los mares entre ellas se lanzaron,
Y dieron por confín la inmensidad;
La inmensidad, que Fulton algún dia
Recogió como un polvo entre su mano,
E hizo un pueblo, anudando el Océano,
De toda la dispersa humanidad.

Bello eres, mar ! Bajo tu manto de olas
Otro universo inmenso se dilata,
Do en nidos de coral, lechos de plata,
Brilla el delfín y mora el Leviatan.

Y es cada perla de tus hondas fuentes
En tu cáliz de roca desatada,
Globos de vida, límpida morada
Donde mil seres en su mundo están.

¡ Siempre sublime ! Ya cuando la calma
La ola reclina sobre la ola inerme,
Y como infante que en la cuna duerme,
Dueño de las tormentas, duermes tú;
Y ya cuando del fondo de tu abismo,
Arrastrando la muerte entre sus alas,
Brota armada y gigante como Palas,
La tempestad sobre tu frente azul.

Tú eres, mar, el coloso de mis sueños;
Algo hacia ti mi espíritu atraía;
Mi alma, estrecha doquier, en tí cabía;
Yo concebí, al mirarte, el porvenir.
¡ Qué mucho que, por verte, abandonara
La dulce paz de mis nativos montes,
Cuando viene á tus amplios horizontes
El sol á contemplarte y á morir !



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