viernes, 10 de octubre de 2014

OMAR ARDILA MURCIA [13.618]


Omar Ardila Murcia

(Valle de Laboyos, Colombia, 1975). Poeta, ensayista y analista cinematográfico. Ha publicado los siguientes libros: Alas del viaje en un instante (2005), Palabras de cine (2006), Corazón de Otoño (2010), Espejos de niebla (2012), Antología de Poesía Anarquista – Tomos I y II (2013) y Cartografías cinematográficas (2013). Ha obtenido las siguientes distinciones: Segundo puesto en el 2° Certamen de poesía y prosa Azul (España 2004); Mención de Honor en el 4° Certamen Internacional de poesía “Mis Escritos” (Argentina 2005); Finalista en el IV Concurso de poesía YoEscribo.com (España 2005); Primera  Mención de Honor en el concurso de poesía ecológica “Los guayacanes de Popayán” (Colombia 2005); Segundo premio en el Concurso Departamental de Literatura del Huila, modalidad ensayo (Colombia 2010); Finalista en el II Premio Rara Avis de Ensayo y Memorabilia de Ediciones Irreverentes (España, 2011); Ganador del Premio de Poesía José Eustasio Rivera (Huila, 2012). Colabora permanentemente en diversas revistas virtuales e impresas, en las secciones de cine y literatura. Es creador de los blogs: "Cine Sentido" y "Pensar, crear, resistir".



Estos poemas forman parte del apartado 
El viaje, del libro Alas del viaje en un instante (2005)


I

El tiempo,
¿es una esperanza de otra forma de caída?
¿o un simple recuerdo de todas las ausencias?.

La vida,
¿es una ilusión de la existencia del tiempo?
¿o un recuento de las sucesivas muertes?.

La muerte,
¿es un espejismo de la imagen fugada?
¿o una vida que espera más allá del instante?




II

El silencio se calla
para escuchar la música
de la carne
que está siendo consumida
en los sepulcros.

...En los sepulcros,
que son todos los cuerpos.



III

Cae el dolor sobre el dolor. 
Se fortalece la herida. 
El silencio acusa, 
la mirada escruta. 

—La violencia, 
el desespero, 
la conciencia, 
el escudo—. 

Bienvenida ansiedad, 
¡toma este esfuerzo!. 
Tu presencia evocadora 
refuerza todo intento. 

Maldito 
el infortunio acaecido. 
Bendito 
el abismo que lo propuso.





IV

Luz y sombra le acompañan,
y un espigado valle solitario.
La fuerte y altiva coraza
se desgarra inconteniblemente.
Por sus mejillas avanza,
la salinidad calurosa de una lágrima.
Triste y abrumado
desata el llanto contenido en su pecho.

       Es el retorno
          hacia un nuevo destierro,
             en tierra propia.

Oh melancolía,
Oh sueño postergado.
Dejadle salir,
¡raudo!,
hacia lo incierto.





V

Aunque no mire tus manos y tus ojos,
  aunque no escuche tu suave melodía,
    aunque no vuelvas a la calle donde habito,
      y aunque la fuerza de tu ausencia, inmovilice mis pasos.

No renuncio a los instantes que consumimos juntos,
  y con la memoria como cómplice,
    los fijo en la palabra,
      en el viento,
        en el muro,
          en el polvo que levanta mis pasos.

En el amor,
que reinvento contigo.





VI

¿Buscas refugio en el rosal marchito del desierto?
¿Abordas el Galeón que capitanea Barba Roja?
¿Vuelves la mirada para acompañar a la mujer de Lot?
¿Cabalgas sobre las yeguas de Diomedes?
¿Bebes el vino del eterno ciclo nocturno?
¿Transmutas el cuerpo en canción, árbol o palabra?
¿Marchas en el sueño demoníaco
o te esfumas en el suspiro de Dios?

Extraviado en el mito de la nada,
...que es todo.





VII

Para Óscar A.

El tiempo persiste en su avasallador paso,
la memoria resiste e invoca el recuerdo.
De vuelta a la inocencia,
al asombro,
     al jolgorio,
          a la tristeza.
Reviven los instantes en el eterno círculo:
los campos florecidos,
  la sabana inundada,
    las sucesivas diásporas,
      las calles solitarias,
        el tren presuroso,
          el confesionario cómplice,
Todo... Todo se consumió mientras caía la hoja
en el vibrante abismo.
Pero la primavera regresa,
los pies inician el ascenso,
y las puertas se abren

para más nunca cerrarse.
Las preguntas,
   las respuestas,
      las eternas alas,
         y el instante,
            que burla la muerte.




VIII

Para  John Lennon

La fugaz bala del día “inmaculado”
aleja al poeta,
de este mundo en el que su corazón ya no cabe.
Todos los hombres libertarios
juntan las manos y las voces
para hacer  una proclama de paz y de alegría:

¡no más armas de la muerte,
            no más cruces represoras,
                 no más imperios agresores,
                        no más palabras asexuadas,
                              no más voces detenidas!.

La canción
halla su eco en el universo,
y se expande libremente.




IX

Para  Arthur Rimbaud

Charleville y su entorno
acogen el mito poético.
El espíritu se posa
en el dogma de la palabra
y le confiere vida.
El pueblo entero se levanta
y escucha el consejo
de un ángel ascendido del abismo:
es preciso, derrumbar
las ataduras de almas sometidas
y desgarrar el velo
de las inmóviles formas.
                        ¡Hay que “reinventar el amor”!,
en carne propia.

No como un escape religioso,
no como una renuncia al placer de los sentidos,

no como un simple concepto desprovisto,
sino,
como la reafirmación plena de la vida
con sus días y sus noches.

Ve la luz, un nuevo ciclo cósmico
en el espejo de un infante maldito.
¿Cuándo romperemos las cadenas
de los amores marchitos?.




La guerra

“Decimos lo que decimos
para que la muerte no tenga
la última palabra”

Roberto Juarroz




X

Sonrisa con sigilo.
            Abrazo con desdén.
                        Regalo con esperanza.

                        Mentira oficial del mandatario
                                ...Primero está la máscara
Ausencia sin presencia.
            Soledad concurrida.
                        Libertad celosa.
                                   Dialéctica unívoca.

                       
Mentira sagrada del sacerdote
                                ...Primero está la máscara
El verso engañoso,
      —acto sombrío de la palabra—.
            El beso delator,
                 —reacción primaria del amante—.

                        Mentira castrense del general
                              ...Primero está la máscara

La poética circunscrita.
            La Reina enjuiciada.
                        El deseo adecuándose.
                                   El monje permisivo.

            Mentira piadosa de la niña violada
                  ...Primero está la máscara






XI


Inevitable y absurda la guerra,
describe la ruta de lo humano:
una lucha de principios
le da vida al concepto
y lo inscribe en la historia.

La articulación de la primera palabra
es un ataque al silencio.
La exactitud excluyente de cada número
proporciona una fisura en la unidad de la esfera.
La razón científica
deslegitima el poderío del mito.
Y la fría hermenéutica
debilita la inocencia del símbolo.

 El planeta entero, detenido
en el péndulo de la agresión y la muerte.
Y la indiferencia cómplice
que nos sujeta al abismo.

¿Cuándo abriremos las alas
para planear sobre las cimas?





XII

La guerra es:
una aliada imprescindible
para el que obtiene la victoria;
la encarnación de la muerte
para el que llora la derrota;
un fenómeno social que dinamiza la historia
para los “analistas”;
y una oportunidad de feriar la información
para los “periodistas incrustados”.

¿Y para el niño huérfano
que pierde la inocencia?
¿Y para la madre viuda
que asiste al reclutamiento de su único hijo?
¿Y para el anciano solitario
que quiere borrar el pasado e iniciar la partida?

Unas voces la aclaman,
mientras otras la repudian.

Pero ¿cuántos corazones estarán desarmados?.

El círculo roto
no ha vuelto a cerrarse.
Y la eterna paradoja
afina su marcha.





XIII

La "injerencia humanitaria"
para establecer el "nuevo orden mundial".

Una "bomba inteligente"
para "ablandar" el "eje del mal".

Un "fuego amigo" que apoya la "decapitación"
para evitar "daños colaterales".

Otra falacia que se cierne impunemente
bajo la ejecución de la "guerra preventiva"

Y la agresión no cesa.
Y la plusvalía no se agota.
Y el "dejar hacer, dejar pasar" no inicia su retorno.

Y los que quedamos vivos nos ahogamos en la sangre.
Y la razón es masacrada
por un solo imperativo: ¡la guerra!.





XIV

Para José A.

En la mano empuñada
florece un agapanto.
En la mirada cegadora
recuperan sus pasos todos los caídos.
En el infinito laberinto de una boca injuriosa
ven la luz transparentes poemas.
En la fría mañana
se calienta la paradojal pluma.

La danza cotidiana
asegura el eterno movimiento.

Y la coraza del rencor se rompe,
...se rompe ¡eternamente!.




Las alas

“La alegría tiene alas pero no cuerpo
La tristeza tiene cuerpo pero no alas”

Adonis




XV

Aceptar la invitación al viaje,
desandar en la noche la rutina del día,

      y partir para siempre,
     —con alas propias—.

    ...Antes que se consuman los instantes.





XVI

Quiero volver a las pesadas calles
que desanduve junto a los desafiliados
—mis lazarillos—,
 y reencontrarme con su abrazo,
con su migaja de pan,
con su costal repleto de ilusiones,
con su sueño aconteciendo en alguna acera
y a cualquier hora,
con su libre opción de no poseer ni la muerte.

Esas calles conservan, bajo estricto secreto,
la razón de mi locura
y el tránsito por el abismo.

¡Voy a volver!
...para arrancarle a la calle mi pasado
y darle muerte al Yo
que me sujeta las alas.




XVII

La oscuridad,
                        siendo ausencia,
                                                           imperiosamente se aposenta.

La luz,
                        siendo presencia,
                                   débilmente se insinúa.

La libertad,
                        naturalmente,
esquiva la ausencia y la     presencia

                                   ...en todos los instantes.





XVIII

Regresa la mañana con la vida entre las manos.
Sospecho que su rostro
—presagio de la eternidad—,
es una invitación
a romper la inercia de las alas.

Puedo ver en sus cánticos laudatorios
la voz que permanece para alentar las caídas.

Tras el último insomnio,
ahora se impone la partida.
No conozco la ruta,
ni poseo medio de transporte
pero tengo abiertas las manos
y despiertos los sentidos desconocidos.

Para fugarme de mí mismo,
...hacia la cima del mediodía.





XIX

Camino con retorno
el que conduce
la vida.

Impulso fugaz
el que consume
la imagen de la nada.

Desequilibrio vital
el que acepta
órdenes y ordenadores.

Poderío real de la palabra
el que existe
antes de ser articulada.





XX

Una imagen escrita en el viento,
un fuego cabalgando sobre montañas de  nieve,
    una flor de sándalo alentando la noche,
      una espiga indagando al abismo
un ángel designado para humanizar los templos,

          una esperanza para los desafiliados
              que bailan al ritmo del coro asesino.





El viaje

«¡Oh, alegría...! Mi abismo habla.
¡He vuelto hacia la luz mi última profundidad!».

Friedrich Nietzsche





XXI

Tengo la carne sometida por punzantes temores,
pero el espíritu se levanta
bravío e indómito.
Me pesa la sensual mirada de la noche,
pero el rocío es un bálsamo
que vuelve a renovarme.
Todo paso obtuso e inseguro describe mi camino,
pero en cada paso
desando la muerte.
Cada música que escucho se transforma en un réquiem,
pero la nada me regala
su eterna melodía.
Cuando intento partir abrasivos deseos me consumen,
pero tengo conciencia de las alas
que no dejan de vibrar.

…y soy el aire,
en el que transitan libremente,
los sueños de los mundos en eterna vigilia.




XXII

Voy juntando raíces con raíces de otros
en el vientre de la tierra.

Una alquimia impoluta
impregna los deseos.

El silencio aguarda
con un vuelo pausado de imágenes.

La simiente brota en el silencio
y alimenta los campos.

Espero el nuevo viaje
...hacia el centro del instante.



XXIII

Conozco el vivir, 
aunque esté muerto desde siempre.

Preparo el paso
hacia la inmortalidad del caos musical.

Aguardo la abrasiva sombra,
en la solitaria calle de los sepulcros.




XXIV

El sentido,
aparece como esencia.

La magia,
ausculta el sentido.

La verdad,
duda de sí misma.

…Y el discurrir,
continúa olvidando el sentido.





XXV

Recobra impulso la palabra
para volverse a verter
sobre el cuerpo olvidado.

Regresa el castigo de la ausencia
para los días iguales.

Un largo delirio
inmoviliza los sucesivos intentos.

Es preciso salir
con las manos en alto
y sobre ellas, 
un altavoz
que traduzca los silencios.






XXVI

Estoy detenido en una isla
que le teme al océano.
Me acompañan los fantasmas terrestres
que nunca han salido de viaje.
Todos los caminos me abren las puertas,
pero tengo miedo de mí mismo.
Busco la profundidad de las formas
en cada movimiento,
y nada consigo.

Tampoco,
logro asir el tiempo
con los números,
que no sé dónde existen.

Continúo partiendo
sin saber hacia dónde.

Aferrado a la inconsciencia
que no me deja morir,

¡aunque esté muerto!.





XXVII

Voy a un encuentro…

¿Con la prolongación de mi sombra?
     ¿Con el deseo reprimido?
             ¿Con la voz vertida hacia dentro?
                 ¿Con el reflejo de mis ojos?
¿Con la brecha sembrada por   mi esperma?
              ¿Con la fisura de mi única palabra?

¿Con el número?
¿Con lo inexacto?
¿Con la pureza?
¿Con el sonido?
¿Con lo silente?
¿Con la armonía?

¿Con el guerrero que enaltece el campo de batalla?
     ¿Con la voz que clama en el desierto?
             ¿Con el antepasado más cercano?

¿Con la materia socavada por su ausencia?
¿Con el presagio de que sigue  un mañana?
¿Con la seguridad de ir a un encuentro?

No logro descifrarlo.
Sin embargo,
sigo yendo al encuentro.





XXVIII

Reposo en el diván de la planta sagrada.
La tarde 
presiente el acecho de la noche.

Unas manos danzan 
con movimientos circulares,
sobre el espacio visual 
de la inquieta pupila.

Una cruz,
un mantra,
un tambor...

—El toque del Chamán—.

El silencio espera.
Y una súbita aspiración aparece en la memoria:

¡Volverse inmortal y morirse!








Primer Poema del libro

Ícaro en el vacío

Cuando la soledad inunda el vientre de las horas.
Cuando los rostros discurren solitarios en las calles con ojos insidiosos.
Cuando el aire saturado invoca el fragor de la inocencia.

Un instante para perderlo todo, para sentir el hastío de Dios.
Un instante con las alas rotas.

Como Ícaro en el vacío, sin noche a la espera de sus huesos, volvemos a llenar la copa del silencio con la voz apagada por las constantes fugas.
Ese gesto pueril de las palabras alentadas por el odio, se apodera de nuestra máscara y le confiere ritmo.

Despertamos en una galaxia envejecida, inundada por el dolor de los príncipes malditos, donde los cuerpos sin memoria son condenados a la muerte en la primavera de sus años azules.

– Música ondulante en el desierto carnívoro
es el eco de los suburbios que naufragan en la peste –.

Mas en el tiempo de la caída vislumbramos la ruta del ascenso.
Ahora, esperamos al otro lado de la luz, donde se cruzan todos los retornos y los abrazos acompañan la jornada interminable del sol.



“SEMILLAS DE LUZ”
CORAZÓN DE OTOÑO
Omar Ardila Murcia
(Sic) Editorial. Bucaramanga. Marzo de 2010.


por Jorge Caicedo 


I. FALL DOWN EARLY*

Y sin embargo, el paso del tiempo resulta ineludible, contraproducente, arriesgado, enfermizo.
Al final, para las sobras de las estadísticas, aquellos resultados que poco o nada han tenido que ver con las portadas, las entrevistas, el rutilante lado del esplendoroso oficio escritural.
Es cierto, la contracorriente no se hizo para todo el mundo. Mucho menos escribir poesía. Afortunadamente.
O cuando la esencia prima sobre el nombre, el número de ediciones, los contratos, las ventas.
Las risas, entonces, se oían por todo el valle.
Producir antes que provocar.
La búsqueda del doloroso resultado, la emoción sin fin del bucle angosto del costumbrismo, el temor al qué dirán, o la pérdida de la investidura del saludo del amigo más frecuente.
Poco o nada hay para ese camino extraño, desafiante y llameante.
Lo distinto -¡Con lo que cuesta mirarnos a sí mismos!- sale caro.
Y de lo “subterráneo, marginal y discreto”, ¿qué se podrá agregar?
Siendo esas las palabras mágicas para que la puerta de esta reseña se abra, sospecho que ha llegado el momento de entrar en materia:





II. “ESCAPE IS NEVER, THE SAFEST PATH”

Omar Ardila nace en 1975 en Valle de Laboyos. Y su destino, es ser poeta.
Publica en 2005 “Alas del viaje en un instante”, y ahora este benéfico ejemplar. Rutilante, con ese eco antiguo que permite apoyar el pie del ojo sin temer la falsedad, bárbaro y al mismo tiempo seductor.
Dividido en tres capítulos, el sendero al que conduce ofrece una parte de las respuestas que se prohíben preguntar; a lo sumo, aquellas que quedaron proscritas a la pintura de un desatado escapado de la sociedad: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Hacia dónde vamos? No solamente sin que nunca nadie dijera nada, sino que, la clave acá quizás sea el sendero sobre el que se pisa, le correspondiera a él mismo buscar/hurgar en la herida de la herencia que (bien) le tocó en suerte.
El primero, Las Voces Del Náufrago, recrea la desazón de esta era, un tanto vacía, un poco dispar, con esos visos de desolación, con esos ecos mudos, el dolor y la pena, la angustia y la plegaria reemplazada por la propaganda.
El segundo, Memoria Ancestral, atiende un llamado diferente, menos posmoderno de lo que usualmente se topa uno por doquier, cada poema es una indagación, una búsqueda, una respuesta. La tierra, la madre, el camino, la creencia, la palabra, la herencia. Lectura requisito -¡oh osadía!- para llegar a la siguiente parte.
El tercero, Corazón De Otoño ofrece una suerte de recapitulación triangular: el vacío, el silencio, la soledad, pero desde una perspectiva duplicada: la visitación de un encierro, y la llaga de la libertad: “(..)y brindemos ¡Por los días que le faltan a este efímero soplo!”, grita con esa expectación de que ya para qué, puesto que de ahora en adelante figura (todo) como un comienzo.
¿Será posible?




III. “POR EL MOMENTO, CONSEGUIMOS FINGIR QUE NO SOMOS NUESTRO PEOR ENEMIGO”***

Se vive nuestra época. Se dialoga sostenida y mudamente con nuestras propias sombras en pasadizos orgánicamente propios. “Me fortalezco recorriendo los abismos”. O revisando el fondo del cielo o escuchando los ecos del sur del mismo. “Absortos, en el destino” que (nos) correspondió en suerte, las palabras parecen empezar a sobrar nuevamente, mientras el instante apunta al delirio de la imagen. Saltamos de pantalla en pantalla. Mientras la “vanguardia” regresa a la empastadura hecha a mano en casa, sin vigilancia ni intermediarios, el camino de la mano a la mano, del ojo al ojo, del trueque despertando ese instinto mágico con que amanece el final de una era.
“Vienen las horas repetidas, sin claridad, sin esperanza, como ésta palabra que no cesa, aunque siga siendo clandestina”.
Ese refugio de los que ya no tienen nada que hacer ahí afuera.
“Aunque siga siendo clandestina”, cómo para qué, a razón de qué, por qué.
O cuando el artista era el peligro porque su obra mostraba aquello que más se temía.
O cuando la palabra representaba una exigencia.
O cuando la seducción de la voz era un puente al delirio.
Parte de todo ello yace (a la espera del contacto lector) en este libro, rojo como la sangre de un amanecer en nuestros otoños privados, en zonas “arrasadas” en las que resulta patético “recuperar la memoria” puesto que “el canto más arraigado es una plegaria de olvido”.
Y sin música, ¿cómo sobreviviremos?
O la poesía como el camino a sacrificar la verdad, necesaria, pero verdad al fin y al cabo.

* Título de una canción del magnífico grupo Bajo Tierra
**Verso de la canción “Dissident” de Pearl Jam
***Frase atribuida al escritor norteamericano, donde los haya, Chuck Palahniuk

Tomado de:
http://lectorritual.blogspot.com/2010/08/semillas-de-luz.html 




LUZ SIN CENTRO

Al otro lado de la luz quedan las sombras, el lugar donde se desmoronan las ilusiones y se desahucia la palabra. Lugar desencantado que Omar Ardila ha querido iluminar para fijar el contorno preciso de este mundo, esta piedra cansada de dar vueltas que estamos convirtiendo en despojo, esta isla de vida que vamos a destruir con todos nosotros dentro a pesar de las muchas señales que avisan, de las muchas voces insumisas que se alzan contra los geocidas, los biocidas, los genocidas; contra todas esas manos cómplices que continúan su macabra tarea porque se saben impunes y, al final del día, recompensados.

Omar Ardila describe en estas Luces sobre las piedras una completa geografía del horror, ninguna parte de la madre tierra queda a salvo. El capitalismo se vuelve contra la vida para negarla con sangre, desesperanza, frío y muerte. Estamos ante un poemario de una crudeza sin igual, áspero y rudo como el corazón de piedra que describe. Un mundo poblado de desaparecidos, exhumados, desplazados, exiliados, extraviados, mudos y  agredidos en nombre de la democracia y la libertad por la maquinaria monstruosa del poder y sus lacayos; pero frente a ellos todavía algunas voces clandestinas resisten con sus actos, con la palabra, en la calle, en poemas como estas piedras que Omar Ardila ha sabido lanzar también contra nuestra conciencia dormida.

Omar se sitúa así con este poemario junto a los lúcidos, junto a los proscritos, junto a los que no cedieron, los que no se creen las mentiras oficiales, los que se saben hechos de pasión, dolor y libertad, los que se dejaron crecer las alas de la palabra y vuelan con ellas por encima de cadenas y fusiles.

Luces sobre las piedras es, en suma, un libro hecho de desobediencia, de ese viejo y atronador susurro libertario que vuelve una y otra vez como las olas, moldeando la playa, abriendo nuevos caminos a la materia de los sueños, erosionando las certezas y las razones, abriéndose paso entre ellas como la aventura mejor de nuestra especie. En esa tarea sin fin, ya sabemos que podemos contar con los versos de Omar Ardila, vida, rabia y pasión se levantan en ellos como la ola encrespada dispuesta siempre a batirse contra la orilla porque ese es su destino de aire y transparencia. 

Antonio Orihuela
En la vieja charca, 19 de julio de 2015




8 poemas de LUCES SOBRE LAS PIEDRAS de OMAR ARDILA

Anarquía

“Soy como el sándalo: perfumo el hacha que me hiere”
Biófilo Panclasta

Cesará la noche escandalosa, incierta y cegadora
Acabará el descenso de la bruma
Descansará la inútil lucha cotidiana
y regresará dichosa la fuerza de la nada.

Será el tiempo del vuelo
en la ausencia que es el caos eterno.

Unidad mágica del ser:
pasión, dolor y libertad.

¡Tenía que hundirse el suelo a nuestros pies
para que abriéramos las alas!


Proclama

Aunque caigan las tinieblas sobre nuestros ojos cansados de aventurarse en el laberinto de la luz, y aunque la palabra no alcance a nombrar toda la rabia amparada en el silencio, no vamos a callar ante las voces que enmascaran cadenas y fusiles.

Quizás, el eco de nuestros gritos en la diáspora, vuelva como una bala y nos enseñe el interior de un ataúd.
Sin embargo, prometemos no ser buenos difuntos;
pronto asfixiaremos a la muerte con gritos libertarios y volveremos en los resquicios del viento para abrirle nuevos caminos a la materia.

Rotas las tablas de la ley
¡Todo vuelve a ser A G I T A C I Ó N !


Discursos escatológicos

Ahora, cuando se han apagado los gritos incendiarios que asediaban las esquinas,
la ley encuentra su morada en los cementerios.

Incomunicados, volvemos la mirada hacia las fosas comunes
y lisonjeamos al verdugo que engaña desde los tribunales.

Nihilistas, escépticos, ascetas del rencor, hemos aprendido a invocar la derrota y a descansar en la inmundicia.

El espejo de la muerte que nos roba el pan envenenado, acompaña los cuerpos golpeados.
Arengas escatológicas seducen la vida y el deseo.

En los campos áridos, donde sólo se multiplican las cruces, nos siguen hablando de economía y democracia.


Añoranza

En la mirada extraviada que ha olvidado la contextura grácil de los cuerpos
En los brazos pesados que ya no resisten las banderas enhiestas
En el aquí tan distante de los ríos cristalinos y de las montañas misteriosas
En el ahora sin sueños y sin cánticos.

Esquiva es la profundidad del universo
para el que ha comido el cordero de la Sagrada Alianza.

Nunca el silencio es el exilio de los débiles
ni la partida el olvido de la batalla
que a diario sostenemos con las sombras del odio.

Yo también vivo en la orilla del exilio
arropado por disfraces
que a veces dejan pasar la transparencia.



Camaradas

Los que callaron cuando la soberbia inundaba
esas palabras que nos aferraban a las máscaras.
Los que viajaron junto a nosotros
en los caminos oscuros del precipicio.
Los que nos ofrecieron su lecho, su manta y su carreta
a cambio de una sonrisa o de una delirante historia.
Los que alimentan la memoria en las frecuentes noches de insomnio.
Los que no apagan nunca su voz ni dan a torcer el brazo.

Los que en este desolado crepúsculo volvieron a visitar nuestro refugio
y a ofrendar por la vida

(nuestra eterna pregunta, nuestra esquiva respuesta).


Libertad

Cuando la palabra enmudezca ante el dios de los cobardes
Cuando quebrantemos el ritmo de las hormigas que anuncian el verano
Cuando busquemos los edificios derrumbados por el hastío
Cuando la noche ya no sea cómplice de los furtivos encuentros
Cuando multitudes de voces convoquen a asesinar los sueños
Cuando el corrosivo humo ahogue el latido de las entrañas
Cuando las horas vean llegar el abismo disfrazado de altura
                  
¡Vuelve,
vuelve,
vuelve
Libertad!

En el grito,
en el viento,
en la piedra,
                                                                      
en nuestro destino de aire.


Utopía

Se ha detenido el hombre en su caída
Es hora de conquistar las montañas y las nubes
El corazón de la tierra recupera su palpitar leve
Cristalinos amaneceres al otro lado de la galaxia
esperan lo que antes fue materia.

Ya no le tememos al vacío

La luz que habita en los ojos del universo
nos enseña a escalar los círculos de la nada: el infinito instante.

Proclamamos la voluntad del Superhombre
ante los cuerpos mecánicos que sólo alimentan propiedades ilusorias.

Desposeído el cuerpo de su gravedad,
ahora es multiplicidad agitándose en el Éter.


El visitante

“La mayor soledad está en la puerta”
Roberto Juarroz

1

Pasaré el atrio del silencio
y encontraré todas tus puertas
(las cerradas, las abiertas; las que no buscan ser puerta, y las que quieren ser llave).
Tu recinto será un brazo
transmutándose en ala.


2

Vulnerar tu portal,
adentrarse en la fugacidad de la piel, recorrer la memoria
y encontrar el más puro de tus rostros.
Ver el silencio que habita en la mirada del búho
y convertirlo en nota, en cantata, en aria;
en una expresión de victoria.


3

Transgredí los espejos de tu mirada
y ya nada fue puerta.
Un lugar conocido,
una máscara hablando con mi máscara,
una vida jugada en los pequeños instantes.
Tu recinto fue un hombro
pero no para cargar el mundo.
Para cargar la soledad
y darle pausa.



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