viernes, 24 de octubre de 2014

MARÍA BAEZA [13.819]


María Baeza

(Chile)
María Baeza (1903 - Santiago 1936). Poeta. Publicó el libro "Canciones para ellos" (1935). En 1927 contrajo matrimonio con el narrador y poeta Manuel Rojas. Fuente: Revista Babel, 1946.


POEMA DEL DÍA 

El viento del alba tumba de costado 
a la cruz del sur tras de mi casa 
y alza la mañana su diamante puro sobre la tierra 
aún azul. 
El viento desenreda los árboles con sus dedos frescos. 

Con la mejilla sobre la almohada te veo dormir; 
en tu pecho que sube y baja va mi corazón, 
con remo seguro por la viva corriente. 
No soy ya la virgen, soy tu esposa; y el sol 
rompe su pecho de oro en nuestro cuarto. Reímos. 
Es el día. 

Mi casa está tendida al sol este verano; 
dulce la faena, la hago en un canto. 
Mis manos preparan para tí y sabias 
y ágiles van y vienen.

Por las anchas ventanas entra la luz, 
cantando con el viento, 
y tiembla sobre mis hombros mientras camino. 
Nuestro almuerzo alegre 
es un montón de hortalizas, de frutas y de besos. 

Asomó el mediodía su rostro ardiente 
dentro del patio. 
En el triángulo de sombras del muro de ladrillos 
se arrullan dos palomas. 
Su arrullo es profundo de amor y de verano. 
Cae un chorro de agua y los gorriones 
picotean, saltan y gritan. 

Sola, mis párpados sienten la frescura 
de la tarde blanca. 
Una estrella, dos, tres, mi corazón sale a esperarte, 
asomado a la esquina no te ve venir. 
Mis manos se detienen mientras mi cabeza escucha. 
Cuatro, cinco, seis estrellas, me dice 
el vidrio de mi ventana. ¿Y él? 

Él viene caminando hacia mi casa. 
Dulce calor de mis labios. 
Mi cabeza en tu pecho; 
me empino para alcanzar tu boca. 
La tarde te me devuelve y somos 
un solo corazón que entra a soñar 
en el obscuro pensamiento de la noche. 




LA NIÑA

Soñé mi vida, pero esta niña no la soñé. 
Soñé con el cardo ardiente de tu amor. 
Tu pecho ancho gritaba 
a mi pequeño corazón, 
a través del ambiente delgado de las tardes, 
a través del ambiente cobalto de las noches. 

Mi cuerpo crecía y se formaba 
para el hueco de tu coraz6n. 
Mis venas esperaban tu latido. 
Pero el pasto humilde de mi vida 
no alcanzaba a soñarte, hija mía. 
Y hoy te tengo aquí, 
apegada a la fuente de mi pecho; 
tu manita me palpa 
y es más ponderada que la dulzura 
de una flor sobre mi seno. 
La bellotita fina de tu cabeza morena 
se revuelve en mi pecho 
y se me lleva mi vida glotonamente. 
Y yo me embriago dentro de mi, 
me embriago y me pongo a cantar a mi niña. 

Y tú nos miras, nos miras 
y nos cubres con la mirada tierna 
de tus ojos obscuros 
que nos sonríen hermosamente. 




LA HORA DEL ALBA 

La voz de la sirena surge 
como un gran arrullo 
del corazón de paloma 
de la mañana. 

Mojadas aún de noche 
tiemblan entre la niebla 
las velas blancas 
de las montañas. 

Echa atrás mi corazón 
su capucha de sueños 
y surgen tu cara morena 
y el rostro de flor de mi niña. 

Ambas se asoman 
a mi conciencia que parpadea. 
Es un foco que enciende y apaga 
tu sonrisa de hombre y su sonrisa de flor. 

Tiemblan mis manos tendidas 
sobre el abismo del mundo. 
El caracol de mi alma 
se cierra y ensordece. 

Blanco y azul el abismo 
del mundo está hostil 
Encienda cerca de mi pupila 
tu astro ardiente y su estrella pura. 

Y mi cuerpo da un salto ágil 
y se echa a andar por el mundo 
que está nuevo esta mañana. 






JUEGOS EN LA PLAYA 

Arena amarilla, azul el mar. 
El viento hincha el cielo 
y hace florecer en las olas 
rosas blancas y saladas. 

-Mar, mar eterno, mar salobre, 
misterioso, mar amargo, 
traidor y monstruo, 
¿cuántas palabras te han dicho, mar? 
Y estás aquí, ahora, 
ante el cuadro simple, simple, 
de una madre y sus dos hijos 
que juegan en la arena de tu playa. 

Estás con tu manso gesto azul. 
Alargas una pata blanca 
que llega hasta nosotros; 
lames la arena amarilla 
a nuestros pies; 
levantas el lomo y te acomodas
para vernos mejor. 

Sí, sí. Una madre y sus dos hijos 
jugando sobre tu arena. 
El sol patina sus cuerpos 
y los dora; son cacharritos de greda 
que juegan a rodar. 
Juegan sus juegos sin sentido 
y el viento, y la belleza, y el yodo 
y la luz los traspasan. 

En medio de la tonada 
profunda del mar, 
cantó la clara risa de mi niña. 
Dentro de mi corazón, 
tiempo, deja esta canción. 
¿Quién te urge, tiempo, 
para que esto pase y se borre? 
Vendrán canciones ingratas y distintas. 
Déjame ésta. 

Mira cómo surge, 
recortada en la playa dilatada 
y la atmósfera transparente, 
la alta figura del hombre que nos ama. 
Somos tres sonrisas blancas 
que esperan su paso. 

Déjanos que juguemos largamente 
dentro de ti, tiempo. 
Quédate como quedó el mar: 
quietecito. . . Cuatro corazones 
juegan en la arena de la playa. 






Canciones para ellos
Autor: María Baeza
Santiago de Chile: Prensas de la U. de Chile, 1935

CRÍTICA APARECIDA EN EL MERCURIO EL DÍA 1935-09-01. AUTOR: RAFAEL CABRERA MÉNDEZ

Un conjunto de motivos amorosos y puros –amor del amado, amor de los hijos- es el que la señora María Baeza ha llevado a las páginas de este libro. Diafanidad, sencillez, emoción tenue y digna las enaltecen. “Canciones para ellos” es un volumen poético que reclama inmediatamente un lugar propio en nuestras letras sobre todo entre las que han sido trazadas por manos de mujer.

Las canciones de la señora Baeza sostienen su gracia en una posición de naturalidad y de salud. Su amor es el amor de las cosas tal como Dios las hizo. Su alegría es la alegría de la luz. He aquí unos poemas transparentes, llenos de unción, donde la melancolía no ha hincado la garra.


“La voz de la sirena surge
como un gran arrullo
del corazón de paloma de la mañana.

Mojadas aún de noche
tiemblan entre la niebla
las velas blancas de las montañas.

Echa atrás mi corazón
su capucha de sueños
y surge tu cara morena
y el rostro de flor de mi niña”.


En “Canciones para ellos” se canta la poesía del hogar sano y feliz, poesía que no siempre pueden expresar los que la conocen ni siempre conocen los que pudieran expresarla. Este es una de los títulos no menores con que aparece en las letras chilenas la poetisa María Baeza.

Otra es por cierto, la espontaneidad con que la autora hace lucir en el estilo más simple y cotidiano, una alta y conmovida belleza.

Esta obra viene a dar una nota poética que entre nosotros faltaba, esto es, la del amor que vive de su limpia y gozosa abundancia, sin choque, sin sombra, sin tempestad.

No puede dejar de mencionarse la factura extraordinaria de este libro. Al formato mayor agrega una tipografía muy hermosa y clara. La portada es sobria y elegante: el papel, de gran calidad, entona a la perfección con el carácter del volumen.

Así pues, tanto el contenido como la presentación de “Canciones para ellos”, constituyen dos notas excepcionales que las letras chilenas pueden recibir con justificada satisfacción.

La obra tipográfica ha sido realizada en las Prensas de la Universidad de Chile.

Firmado como R. C. M.




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