lunes, 27 de octubre de 2014

LUZ MARCHIO [13.854]


Luz Marchio 

(Buenos Aires, Argentina 1982) Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires. Es coordinadora del Departamento de Lengua e Investigación Cultural de la Fundación Xeito Novo. En 2012 publicó el poemario Lugar, ilustrado con acuarelas de Diego Perrotta. Actualmente se encuentra trabajando en su próximo proyecto basado en los cantos de los pueblos ancestrales latinoamericanos.


La medida

Dejar atrás todo.
Incluso los días en los que fui
un perro amado
al borde de la cama.
Así es como emigro de la niñez.
Me hubiera gustado que te dieras cuenta
de algo: llevo un árbol con uñas rojas por dentro.
Yo hablo con Anahí.
Niña perro tenemos que encontrar la manera
de convivir sin vernos.
Ahora somos una sola mujer
repartida en la calle.
Cada verano
las tardes de tierra mojada
harán el resto.
Puede ser.



Balcón de las maritas

Un  paseo suspendido en la mañana.
No hay personas acá.
Solo balcón.                      
Profundo corte solitario.
Laten las hojas y pienso
que prefiero ser viento
el día que llegue
eso que quiero.
Agota ir a la deriva todo el tiempo
inventando un jardín secreto
alrededor de mi nombre
para alejarme de las voces
y el humo.
Puedo ser otra todas las noches
pero quisiera que alguien piense que soy el mar
o Andrómeda.
Sin ruta
diluirme en las cúpulas de otro tiempo.
Y nada más.




Agua sobre agua

¿Ves esa gota que recorre la ventana?
Mirá, ahí viene otra.
Y otra.
Se pegan como animales en celo.
La fertilidad
es agua
en todas sus formas.
¿Crees que estamos listos
para escribir un tratado de amor
ahora que somos
pedacitos de río?
Nos estamos diluyendo en la ventana.
No está mal para empezar.




Mañana de balcón

Una luz forzada
guarda la trama
de nubes
que baja hecha bruma
hasta la calle.
Parece mentira,
cada tanto un puñado de pájaros migra
en forma de triángulo
como si pudieran elegir
algo de lo que les toca.
No saben que un árbol muestra
cada hoja con un color,
con una sombra distinta
y que en el borde
el negro partido
por la luz que cae
desde arriba,
vuelve luminosa
la oscuridad que lleva dentro.
Ninguna pintura podría decir tanto
como un pájaro
que vuela.
Debe ser por eso:
los años vuelven aves
a las que alguna vez fueron nenas.




Infancia II

La repetición de la despedida
nos hace sentir en casa,
a nosotros,
que nacimos sin saber caminar.
Con un puñado de tierra en la mano
y un vasito de agua
jugamos
a que viajamos.
Puede ser Uruguay
O Córdoba.
Lo importante es llegar
a donde están los pájaros
que no vuelven.
Regresar al trópico
como decía Gauguin en mi sueño.
Eso me decías
la otra noche mientras me hacías upa
y jugábamos,
obcecados con el encantamiento
de lo duradero,
a ser los mejores alumnos
de mamá:
“Los hijos te marcan la edad,
Chichi”
La extraño.
Tan chiquita.
No, no tanto.
“¿Y el pentimento?”
A veces nos acordamos de palabras que nunca entendimos
y queremos quedarnos así
para siempre
guardados.
Ojalá pudiéramos quedarnos quietos
para volver con la forma de un esqueje.
No es costumbre
pero podemos burlarnos
cada tanto del hábito.







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