jueves, 23 de octubre de 2014

JEAN PIERRE BONNEFONT BELLOLIO [13.816]


Jean Pierre Bonnefont Bellolio

Nació en 1976 en Concepción, Chile. Trasladado a Santiago en 1980, terminó su educación media en el Liceo Alemán y en 1994 ingresó a la carrera de sicología de la Universidad Católica de Chile. En 1992 figura en el libro Temporada Cultural que incluye a ganadores del concurso nacional
de poesía organizado por la Sociedad de Escritores de Chile (SECH) filial Concepción, y el Hotel Araucano. Desde 1994 participa en lm Taller de Poesía personalizado con Miguel Arteche, poeta y Premio Nacional de Literatura que le prologa un primer libro, La Edad del Sol, Ediciones Rumbo, 1994.



Te quiero cerca
(Poesía) 


TE QUIERO CERCA

Te quiero cerca
pues he vivido tu inexsistencia,
capturado tu partida.

Es porque ya
has vuelto la mirada
ida,
en ruinas originada.




EMPIEZA ESTO EN EL FINAL

¿Cómo ser otro y explicarte cómo soy
en el fondo, y al mismo tiempo
entregarte en una caja eterna un beso?

Trascender este cuerpo, también
esta dimensión respiratoria,
donde tú eres tú y yo soy yo.

Quiero ser tú y amar
en tú lengua-je.

Eso en el comienzo.

Ahora
¿cómo retroceder si tus latidos avanzan?
¿te vas?

¿cómo sellar tu silueta inmensa
en el lienzo que empapaste
como agua en el agua?

Empieza esto en el final.




OCASO

¿Dónde vamos a anidar cuando este otoño acabe?
¿Y cuándo acabará este peso de noche?

¿Dónde iremos cuando la vida ya no continúe,
cuando creamos ver la muerte?
¿Dónde anidar el frío de las manos separadas?

¿Acabaremos de vivir el vértigo, la cabeza roída
de tanto pensamiento, como osamenta hecha polvo?
¿Vivirá también el gusano
para podrirme y acabarme de una vez
-estúpido deseo inmortal-
y para decirme la nada que debo decir, que será vómito?

El agua pasa y pasa.

¿Podremos mirar el ocaso,
cuando debamos anidar para siempre?





LO NUESTRO

Mi felicidad quedó atrapada allí donde lo nuestro jamás sucedió. 
Lástima habernos separado antes de conocernos, antes que llegase la caricia. 
Lástima no habernos amado como personajes lluviosos en estaciones de tren, 
sus manos alejándose y sin cesar el tiempo. 
Quizá no haber dicho lo que no se lleva el viento; haber sostenido ese beso atemorizado. Quizá apostar en favor de lo desconocido, dejar en automático pilotos y destinos.

Curioso. Acordamos en lo escrito, el anonimato y un mismo silencio; 
tras bambalinas recitábamos idéntico monólogo. Y fue igual también 
el invierno padecido. Y a destiempo se abrieron nuestros ojos. Y quedamos vertidos en arrepentimiento. Fuerte el asunto, hablábamos en serio, creo.

Ahora nos existen tres poemas y una carta. La nuestra es historia de fantasmas. 
De todo lo que no tuvo lugar, ni tiempo. Tanto deseo, tanto calor ahogado. 
Tu sola imagen era tan fuerte como la opresión de las sábanas una mañana de invierno.
Era un peligro nuestra estancia fuera de la palabra. 
Nos dolía la piel sin tocarnos siquiera. ¿Había manera de aliarnos 
sin reventarnos al mismo tiempo?

Dijiste "Se ha erizado mi cuerpo y te salgo a buscar donde nunca estuviste conmigo 
¿te acuerdas? Ahora es tu refugio esa calle donde jamás caminamos juntos 
y me acuesto en otras camas por si acaso.
Voy a estallar, te lo advierto, y que Dios te pille confesado."

Tal vez tú también escribes esta historia. Desde Brasil, ya vas para los 40, 
te ves más feliz, el clima te acompaña, ondulas aún tu pelo de pantera,
y te preguntas si alguna vez fuimos presa el uno del otro.

Figuramos como mito en cuatro o cinco páginas escritas. La memoria 
nos va distorsionando. Lo nuestro era imposible. Intentar lo nuestro 
era pura soledad.




CONSUELO

Sujétate de mí, desabrocha con cuidado mis ropas, tócame, 
préndeme, pero despacio porque estoy
herido.
Y si me tienes desnudo te ofreceré el cuello.
Abusa de la oscuridad, susúrrame con la lengua,
has que pierda el sentido y ámame por un segundo;
que con ese segundo viviré más.
Perdona mi silencio, comprende mi estatua;
rómpela, recoge los pedazos y moldéame desnudo,
siempre desnudo.
Pero con ternura porque aún estoy herido.
Hunde tus manos en mi pecho como si fuera
un pozo antiguo, y extrae el agua
y el fuego que gimen despacio.
Hazlo tú, por favor,
yo ya no puedo.


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