jueves, 2 de octubre de 2014

GABRIEL MANTILLA CHAPARRO [13.537]


Gabriel Mantilla Chaparro

Escritor colombiano (Cali, 1954). Reside en Venezuela, país del que se nacionalizó. Licenciado en letras y magíster en literatura latinoamericana por la Pontificia Universidad Javeriana. Es profesor asociado y jefe del Departamento de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Los Andes (ULA), en Mérida. Dicta las cátedras de Taller de Poesía y Cuento y de Literatura Contemporánea. Es autor de los libros de ensayo Hernando Track, el superior de las lámparas (1992), Vivir a pulso (1995), Ser filosófico y ser poético en la obra de Álvaro Mutis (2001), Los hijos de Acteón (2002) y Viaje al poema (2003), y de los poemarios Último bosque (1985), Canción para Mervarid (1985), El velo de Maya (1998-2000), Una tumba en el bosque (2000) y Larga es la noche (2001).



Ella

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Ella era fresca, saltaba como loca por la vida
Atravesando jardines de extraños dueños
Con sus senos al aire que eran el tormento de curiosos
Fruta desprendida del árbol del paraíso
Tiraba sus redes por la colina,
Seductora, como agua abandonada en el desierto
Corría por el sendero que va al bosque
Dejando huellas de su cuerpo en el follaje
Orgullosa de sus cantos
cubiertos sus pies de hermosas sandalias
Salía siempre con la luz del día
Regresaba a casa sólo cuando las tinieblas
Lanzaban sus misterios en la Noche cerrada
Y las sombras se alargaban
Los campesinos dormían con sus manos sufridas
O rendidos por el trabajo y la ebriedad

Ese día, la hora cuando todas las casas
estaban Durmiendo la siesta
en medio del sopor de una tarde aciaga
Oí su canto río abajo, un son adolorido
Traía desgarrados sus jóvenes pechos,
Como si hubiera salido de una trampa
Ya no era la mujer que conocía el arte de la vida
Sino una ola cansada que llegaba a mi orilla
Como cierva herida vagando por el bosque
Algo había dañado su alegría
Una grave amenaza, un horroroso peligro
Algún mercenario oculto en la maleza
Una serpiente infernal,
Algo la sembró de miedo
y borró de su rostro aquella sonrisa
Estaba como ciega
La vi correr por el medio de la calle bajo el sol ardiente
Rumbo al abismo del final
Corrí tras ella para detenerla

Corrí tras ella para detenerla
Para que no nos abandonara
Yo la amaba a distancia como una antorcha
Que ve pasar a la princesa en los pasillos del palacio
Mudo, encendido entre el dolor de no tenerla
y el gozo de verla
Siempre cantando y corriendo

¡Qué cruel combate la hubo herido!
¡Quién habrá de devolverme esa fulgurosa presencia!
Ese rayo perfumado que pasaba a mi lado
Cuando el tedio del día no tenía nada que ofrecer
Ha quedado abierta una gran cicatriz en los días pasados
Y una gran duda asalta los que habrán de venir

Ella iba valle arriba y valle abajo
Hacia el río donde se bañaba con su exquisita desnudez
Como Diana, se abrían las corolas de las flores
Y el bosque era una espesa canción

La vi correr hacia el abismo
Traía ausentes los ojos y el pelo desgarrado
Ya no existía esa huésped de oro
No pude alcanzarla, se lanzó a lo profundo
Esa ha sido su tumba, cada tarde me acerco
Al borde del risco y toco mi flauta
Para que algún día ella entone desde allí su canción

De tanta altura ha caído la mujer que amé
Herida por la dura realidad del pantano
Donde habitan demonios ocultos
Quienes odian todo lo alegre, lo que quiere volar




Así es el amor

La alegría se eleva desde las entrañas de la tristeza
Como de las cenizas emerge una lengua de fuego
Que no ha de cesar

Del volcán irrumpe la hirviente roca
Hacia los poderosos vientos helados de la ventisca

Así es el amor, una sed de besos
Y cuerpos abrasados y desnudos
En la gélida noche

Así es el amor, estrellas fundiéndose
En el secreto gemir que en los aposentos sucede

Allí los cuerpos se hunden uno en el otro
Como ciegas raíces que hincan la tierra

Y en sueños ruedan por el valle
Hasta detenerse en la gran roca
del placer consumado

como una canción hermosa y antigua
que nos deleita un buen rato y poco a poco
va apagando sus notas.



Muerte en plenitud

Afuera quedan la muchedumbre y el desvarío
Aquí quedamos nosotros, solitarios y tenaces
Recorriéndonos a besos
como quien se despide para siempre

como dos añejas botellas
que se envidian y buscan
en la profunda y oscura bodega

yo me alimento en el furor de tu mirada
y tú sucumbes en mis brazos
hermosa y herida amazona
como una niña que se derrumba

hundo mi mástil en tus tiznadas arenas
navego en tus playas
agonizante y sin prisa
para morir de dulce plenitud

aquí yace un amante feliz
entre los escombros de la tibia cabaña
más allá del río, donde acaba el camino.



Nunca esté tan solo

Que nunca esté tan solo que no te vea sonreír
Que nunca estés tan lejos que ya no puedas volver
Y esté la casa alegre y yo te vea suspirar
Que todo esté impregnado de tu hermosa presencia
Como una estación sin pasajeros ausentes

Que tú escuches atenta mis poemas
Que nacen de una alegría donde reinas tú
Y sea plena esa dicha como un silo colmado
Que no se instale entre nosotros el olvido

Y estén siempre nuestros corazones vecinos
Arrebatados de amor en el largo camino
Y yo sea poeta sólo por vivir en ti
Con este amor con que te amo y me hace feliz



Pan nuestro de cada día

“uno que come el pan conmigo, levantará contra mí su calcañar”

Cristo. San Juan XIII, 18

Pan surgido en La Noche de nuestra Edad de Piedra
Pan del verbo que fundó el Universo, Maná llovido del Cielo,
Pan sagrado que alimentó los primeros pájaros
y los que sobrevivieron al Diluvio,
Pan celosamente guardado por Noé en el Arca para el instante de La celebración del Renacimiento del Mundo.
Pan comido en las catacumbas
Pan que se multiplicó ante los ojos de los hambrientos,
Fragancia que sube al cielo como La mirada del orante,
Pan de los querubines ante La mesa de Dios.
Pan que el obrero atesora hasta el mediodía como premio en su descanso,

Pan que se busca en medio de La tormenta,
Pan que el huérfano come debajo del Álamo,
Pan, piel y aroma a acema y miel de Mervarid, La mujer que amo,
Pan Mujer que caliente desborda su queso y su mar de guayaba,
Pan mirada que nos vuelve hermosos,
Pan que voraz mi cuchillo invade,
Pan de Artemisa en su juvenil andanza por los bosques
Pan de los enamorados, partido en exactas mitades.

Pan premio, Pan de amistad, pan solidario
Símbolo del andar de La cultura humana,
Pan de los cocheros en La taberna,
Pan comido en La distancia que separa a los amantes,
Pan variado como el arte: pan de bizcocho, pan de manita,
trenza de queso, pan de La pizza perseguida en La noche,
pan de avena, integral y de leche;
pan de bolita de los grandes momentos.
Pan dado y recibido, pan de La palabra que nos llega de remotos lugares en una botella lanzada al Mar,
Pan de luz que vence La sombra, pan de ágora que vence el abismo,
Pan no en vano aliñado.
Pan que come el Juez antes de su final entrevista con el Reo,
Pan de Sancho, Dulcinea y Don Quijote,
Pan que comió el Leal Cid Campeador en su injusto y valiente destierro y que compartiera con Doña Jimena y sus ofendidas hijas,
Pan de Penélope, Circe y Ulises, Pan en el que caía el llanto de Aquiles,
Pan que comen el Artista, el Poeta y el Amigo,
Pan de “Los Miserables” de Víctor Hugo
Pan que se abre cuando canta el gallo,
Pan eterno que ha estado en humildes y solemnes mesas,
Pan de los humildes de Rembrandt, Millet y Constantin Guys,
Pan del guerrero y del Moribundo, pan del náufrago Robinson Crusoe,
Pan de Miranda en la oscura carraca,
Pan de los desahuciados,
Pan de avena, trigo o centeno,
Pan de los antiguos hebreos, romanos, irokeses, dakotas, hindúes, aztecas, incas, y suizos; pan de los hopies,
Pan del Señor y los Campesinos de La Aldea
Pan de la noche, ganado con el sudor de la frente,
Pan de América, luchado, sudado y ganado; Pan de La dignidad,
Molino de pan junto al viejo arroyo, Molinos de Holanda,
Pan de “El Llano Encantado”, Pan de Valentina Moreno,
Pan del desierto, de La Sierra Nevada, dulce joya Merideña,
Venerable Tahona de La madre de César de Vallejo.
Pan, hogaza esponjosa y tibia,
fragancia que nos trae recuerdos desde La sigilosa infancia: Cuentos a La luz de La vela, silueta del pan frente a La chimenea,
lluvia, neblina y aroma; agradable velada;
Migas de pan dejadas a lo largo del camino por Hansel y Grettel,
Pan que come el gendarme en el lejano faro,
Pan que comiera Jesucristo en La “Última Cena”,
Pan del fugitivo, del ermitaño, del errante, del extranjero,
de La reciente viuda, de La mujer que no vimos ni sabremos su nombre,
Pan en las ávidas manos de un niño,
Pan, palabra de siempre que nuestros hijos pronuncian, pan gustoso y hermoso que sus pupilas reflejan,
Pan diario que las Esposas y las Madres reparten,
Pan de los Agricultores, del Periodista, de Reyes, de la Reina Gabriela,
del Médico, del Abogado, del Boticario, del Atleta, del Educador,
Pan fortuna de un pueblo, pan, agua entre los alimentos,
Pan Sol, Pan Luna, Pan del solitario Poeta en su Guarida.

Pan nuestro de cada Día, dánoslo Señor.
Pan nuestro de cada Noche, dánoslo Señor.
Amén.







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