jueves, 23 de octubre de 2014

FRANCISCO NÚÑEZ DE PINEDA Y BASCUÑÁN [13.804]


Manuscrito original del Cautiverio Feliz, de Maestre de Campo Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, 1673



Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán

Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán y Jofré (Chillán, CHILE 1607 - Concepción, 1682) fue un escritor y militar español nacido en Chile, destacada figura de la literatura chilena del siglo XVII.


Fue hijo del maestre de campo general Álvaro Núñez de Pineda y Bascuñán y de Magdalena Jofré y Madariaga. Como su padre, también siguió la carrera de las armas. En 1629, participó en una expedición para reducir a los indígenas mapuches; sin embargo, luego de la derrota sufrida el 15 de mayo en la batalla de Las Cangrejeras, a manos del lonko Lientur, fue tomado prisionero por el cacique mapuche Maulicán, quien lo mantuvo cautivo durante más de seis meses, hasta el 29 de noviembre de ese año.

Décadas después de ser liberado, fue nombrado maestre de campo en 1656 por el gobernador de Chile Pedro Porter Casanate y tuvo una importante actuación en la victoria española de Conuco y en el rescate de Boroa en 1677.

Se casó con la chillaneja Francisca de Cea y Ortiz de Atenas, con quien tuvo seis hijos.

Obra

Por su experiencia entre los mapuches, escribió en 1673 la crónica Cautiverio feliz y razón individual de las guerras dilatadas del Reino de Chile, que constituye una de las más importantes y realistas descripciones de las costumbres del pueblo mapuche, además de hacer una defensa en favor de sus derechos.




A LA INCONSTANTE FORTUNA

Rueda, fortuna, no pares
hasta volver a subirme,
porque el bien de un desdichado 
en tu variedad consiste.

Un tiempo me colocaste
con las estrellas más firmes,
y ahora me tienes puesto
en la tierra más humilde.

Entonces me vi tan alto,
que me pareció imposible
ver mis glorias humilladas
a los pies de quien las pise.

Tan dichoso fui en un tiempo,
que me diste lo que quise,
y hoy te muestras tan contraria,
quitándome lo que diste.

Tu natural inconstante 
con varios efectos vive,
abatiendo al que merece,
sublimando al que no sirve.

Si tu inconstancia ignorara
quejarme fuera posible,
pero es forzoso que ruedes
cuando con tu ser te mides.

La esperanza me sustenta
de ver que cuando me afliges,
tanto más cerca me hallo
de la gloria que me impides.

Que no pares en mi daño
la rueda, quiero pedirte,
porque es mi dicha tan corta
que presumo ha de estar firme.





ROMANCE

Dejadme, imaginaciones,
dejadme llorar un rato:
veré si llorando puedo
dar a mi pena descanso.

Dejad que mis claras luces
despidan de sí cuidados
que tal vez al pecho afligen
si quiere disimularlos.

y pues estáis, ojos míos,
tan llenos de pena y llanto,
desaguad por esas fuentes
el mar que os tiene anegados.

Dejad que se precipiten
esos arroyos colmados,
para que con su avenida
salgan pensamientos varios.

Con valeroso denuedo
arrojadlos al naufragio,
que tal vez al atrevido
le favorecen los hados.

Al prudente sufrimiento
se sujetan los contrarios:
sufrid, que todo lo vence
el tiempo con darles vado.

Y pues Jeremías fuisteis
en lo afligido y llorado,
sed Job en tener paciencia,
que en ella hallaréis el lauro.

Mas no me admiro lloréis,
pues con eso halláis descanso,
que es propio del afligido
mitigar su mal llorando.





ROMANCE Y ORACIÓN

Gracias os doy infinitas,
Señor del empíreo cielo,
pues permitís que un mal hombre
humilde amanezca a veros.

En este pequeño bosque,
las rodillas por el suelo,
los ojos puestos en alto,
vuestra grandeza contemplo.

Consolado y afligido
ante vos, Señor, parezco,
afligido con mis culpas,
consolado porque os temo.

Diversos son mis discursos,
varios son mis pensamientos,
y luchando unos con otros
es la victoria por tiempos.

La naturaleza flaca
está siempre con recelos
de los peligros que el alma
tiene entre tantos tropiezos.

El espíritu se goza
en medio de mis tormentos,
porque es docta disciplina
que encamina a los aviesos.

Dichosos son los que alcanzan
tener aquestos recuerdos,
guiados por vuestra mano
para que no andemos ciegos.

Trabajos y adversidades
entre inconstancias del tiempo
padezco con mucho gusto
en este feliz destierro.

En mí las tribulaciones
han sido un tirante freno
que ha encaminado mis pasos
y refrenado mis yerros.

Todos son, Señor, favores
y de vuestro amor efectos,
que atribuláis al que os huye,
porque en vos busque el remedio.

¡Oh! Rey de cielos y tierra,
¡oh! piadoso Padre eterno,
¡Oh! Señor de lo criado,
¡Oh! Dios de Sabaoth inmenso.

Vos, Señor, sois mi refugio,
vos sois todo mi consuelo,
vos de mi gusto la cárcel, 
vos mi feliz cautiverio.

Lo que os suplico rendido
y lo que postrado os ruego,
es que encaminéis mis pasos
a lo que es servicio vuestro.

Que si conviene que muera
en esta prisión que tengo,
la vida que me acompaña,
con mucho gusto la ofrezco.

En vuestras manos, Señor,
pongo todos mis aciertos,
que nunca tan bien logrados
como cuando estáis con ellos.

Merezca yo por quien sois
lo que por mí no merezco,
y por la sangre preciosa
de vuestro hijo verdadero,

Y por los méritos grandes
de Maria, cuyos pechos
fueron de Jesús bendito
en su humanidad sustento.

Y vos, purísima Reina,
escogida de ab eterno
para hija de Dios Padre
y para Madre del Verbo,

del Santo Espíritu esposa,
de las tres personas templo,
corona de lo criado,
señora del hemisferio,

Patrocinad al que os llama,
socorred con vuestros ruegos
al que os invoca afligido,
y al que está cautivo y preso.




Batalla de Las Cangrejeras (1629), en donde cayó prisionero Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, el autor del Cautiverio Feliz.


LIRAS

Entre marmóreos riscos,
cuyas guirnaldas verdes Febo dora
de famosos lentiscos,
principio cuyo humildemente adora
una fuente risueña
que por regar sus plantas se despeña,
formó naturaleza
de brutescos peñascos aposento, 
con tanta sutileza
que suspensión causara al más atento,
por ver que sus honduras
labran techumbres para sus alturas.

Pabellones copados
a aquesta cumbre sirven de edificio, 
con arte originados
de dos firmes columnas, que el bullicio
de aquel cristal corriente
los sublimó por cima de su frente.
Al son de sus corrientes,
imitadoras lágrimas envía
Fenicio, viendo ausentes
los bienes que en un tiempo haber solía;
que siempre el desdichado
jamás conoce el bien si no ha pasado.






ROMANCE EN AGRADECIMIENTO A MAULICÁN MI AMO, DEBIDO A SUS AGASAJOS Y CORTESES ACCCIONES

Estas mal medidas letras
que de un pecho ardiente salen,
mi agradecimiento ofrecen
a ti, valeroso Atlante.

En la guerra batallando,
mal herido en el combate,
desmayado y sin sentido,
confieso me cautivaste.

La fortuna me fue adversa,
si bien no quiero quejarme
cuando tengo en ti un escudo
para mi defensa, grande.

En la batalla adquiriste
nombre de esforzado Marte,
y hoy con tu cortés agrado
eternizarás tu sangre.

Porque al valor y al esfuerzo
que le asiste lo agradable, 
no ha menester más crisol
para mostrar sus quilates.

Cautivo y preso me tienes
por tu esfuerzo, no es dudable;
mas con tu piadoso celo
más veces me aprisionaste.

Mas podré decir, que he sido
feliz cautivo en hallarme
sujeto a tus nobles prendas,
que son de tu ser esmalte.

Vivas, señor, muchos años
a pesar de los cobardes
que con émulos se oponen
a tus acciones loables.




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