sábado, 25 de octubre de 2014

FANNY CARRIÓN DE FIERRO [13.838]


Fanny Carrión de Fierro

Fanny Carrión de Fierro es una escritora, crítica literaria, ensayista y profesora universitaria ecuatoriana. Recibió el Doctorado en Literatura de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (Quito, 1981), así como una Maestría de la Universidad de California en Berkeley, y una Licenciatura en Educación de la Universidad Central del Ecuador.

La doctora Fanny Carrión de Fierro ha publicado varios libros y antologías de literatura, incluyendo las siguientes obras:

La Mazorca de Oro y otros Cuentos, antología de cuentos bilingüe. Centro de Publicaciones de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Octubre 2010
Donde nació la Luz: Antología Personal, una antología de poesía bilingüe.
Where light was born (Donde nació la luz): A personal anthology of selected poems by Fanny Carrión de Fierro, traducido por Sally Cheney Bell, Heritage House, 1999.
En la Voz del Silencio, colección de poemas, Ediciones de la Universidad Católica (1980).

Sus poemas también han sido publicados en varias antologías, incluyendo las siguientes:

Poetic Voices Without Borders 2, editado por Robert L. Giron, Gival Press, 2009.
Poetic Voices Without Borders, editado por Robert L. Giron, Gival Press, 2005.
Eye to Eye-Women: Their Words and Worlds, editado por Vanessa Baird, 1997.
These Are Not Sweet Girls: Poetry by Latin American Women, editado por Marjorie Agosín, White Pine Press, nueva edición 2000.
Poet Lore, Vol. 89, No. 1 (Primavera 1994).
Ha recibido varios premios literarios, entre los que están: el Premio Nacional de Poesía Gabriela Mistral (1958, 1961, 1981 y 1985); el Premio Nacional de Poesía del Ecuador (1962); y el Premio de Poesía "Juana de Ibarbuoru", Montevideo (1995).

Crítica literaria

La doctora Fanny Carrión de Fierro ha publicado varios libros y ensayos sobre crítica literaria, incluyendo los siguientes:

José de la Cuadra: Precursor del realismo mágico hispanoamericano, Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.
Los Sangurimas, novela precursora de Cien años de soledad', ensayo sobre la novela "Los Sangurimas", de José de la Cuadra (http://cce.org.ec/index.php?action=pubpermanentes&id_maepub=8).
"Cien Años de Soledad, Historia y Mito de lo Americano", en: Lectura de García Márquez (Doce Estudios), editado por Manuel Corrales Pascual (Quito: Centro de Publicaciones de la Pontifica Universidad Católica de Ecuador, 1975)
La imagen en Jorge Carrera Andrade y en los imaginistas - En homenaje a los cien años de nacimiento del poeta, Separata de la Revista de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, No. 70, Agosto 2003.
Manuela Saénz, la Libertadora, en Revista de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, No. 79, Septiembre 2006.

Ensayista

Ha escrito y publicado ensayos y artículos sobre varios temas, incluyendo temas políticos, culturales y sociales. Estos incluyen ensayos sobre derechos de la mujer, derechos humanos, derechos de los niños, el movimiento indígena, y lingüística.

En las elecciones en el Ecuador de octubre de 2006, escribió y publicó electrónicamente un ensayo titulado "Hacia el Quinto Poder", sobre la importancia de la participación de la sociedad civil para consolidar la democracia (http://www.votebien.ec/carta027.htm).

Profesora Universitaria

La doctora Fanny Carrión de Fierro ha sido profesora universitaria en varias Universidades del Ecuador y Estados Unidos de Norteamérica. En la actualidad, es profesora en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Anteriormente, ha sido profesora visitante y Académica Fulbright en la universidad Keene State College, de New Hampshire; y profesora visitante en la Universidad de Willamette (en Oregon), así como profesora en otras universidades del Ecuador (Universidad San Francisco de Quito, Universidad Internacional, entre otras).

Otras actividades profesionales

Ha participado en la Directiva de la Asociación de Profesores de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, en Quito. También ha sido miembro de directivas de varias organizaciones no gubernamentales de desarrollo social. Miembro del Grupo América (grupo cultural y literario ecuatoriano), y de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Sección Literatura



A la Luna

Graciosa luna, recuerdo que,
hace casi un año, sobre esta colina
yo venía, lleno de angustia, a mirarte
otra vez: y tú te erguías sobre los bosques,
como ahora, y hacías brillar todo con tu luz.
Pero húmeda y temblorosa aparecías
a mis ojos, por mis lágrimas, pues dura
era mi vida: y lo es, no cambia aún,
oh mi querida luna. Y sin embargo,
recordarla y revivirla a través de los años
me consuela el dolor. Cuán grata es,
en nuestra juventud, cuando el camino de la esperanza
es largo y el de la memoria corto, la remembranza
de las cosas pasadas, aunque tan triste,
y con el dolor presente todavía.





A nuestra raza el destino

A nuestra raza el destino
no le ha dado sino el morir. Desprecia ahora
a la naturaleza, brutal poder que,
cruel, el daño universal imparte
y la infinita vanidad de todo.




A Sí Mismo

Ahora descansarás para siempre,
cansado corazón mío. Ha muerto
el extremo engaño que yo creía eterno.
Ha muerto, bien lo siento. Se ha extinguido
en nosotros no sólo la esperanza
de caras ilusiones, sino el deseo de ellas.
Descansa para siempre. Has palpitado tanto. Nada
puede pagar tu agitación, ni de tus suspiros
es digna la tierra. Amargura y tedio
es la vida, nunca nada más, y fango el mundo.
Aquiétate ahora. Desespera
por la vez postrera. A nuestra raza el destino
no le ha dado sino el morir. Desprecia ahora
a la naturaleza, brutal poder que,
cruel, el daño universal imparte
y la infinita vanidad de todo.





A Silvia

Silvia, ¿recuerdas todavía
aquel tiempo de tu vida mortal,
cuando la belleza brillaba
en tus ojos esquivos y risueños,
y tú, ligera y pensativa, los límites
de la juventud sobrepasabas?
En las quietas estancias
y caminos cercanos resonaba
tu perpetuo canto,
cuando, dedicada a las labores femeninas,
te sentabas, tan feliz
del alegre porvenir que imaginabas.
Era mayo oloroso: y tú solías
así pasar el día.
A veces, yo, interrumpiendo
los amables estudios y las afanosas notas
donde dejé mis días primeros
y lo mejor de mí,
desde los balcones de la mansión paterna,
giraba mis oídos hacia el sonido de tu voz,
y a la mano veloz
que atravesaba la tela fatigosa.
Miraba el sereno cielo,
los dorados senderos y los huertos,
y a este lado el mar, y en ese la montaña.
No hay lengua mortal que decir pueda
lo que en mi seno sentía.
¡Qué suaves pensamientos,
qué esperanza, qué cantos, Silvia mía!
Cuán fáciles lucían
la vida humana y el destino.
Cuando recuerdo tantas esperanzas,
un sentimiento, amargo y desolado,
me oprime,
y me vuelve a doler mi desventura.
Ay, naturaleza, naturaleza,
¿por qué no cumples hoy
tus promesas de entonces?
¿por qué tantos engaños para tus hijos?
Antes de que el invierno blanqueara los arbustos,
abrumada y vencida por oculta enfermedad,
pereciste, tierna niña. Y no llegaste a ver
la flor de tus años;
tu corazón no se alivió con el dulce halago
por tus negros cabellos,
o tus miradas amorosas y esquivas;
ni te hablaron de amor
en los días festivos.
Así murió muy pronto
mi esperanza tan dulce;
así a los años míos
el destino les negó
también la juventud. Y cómo,
cómo pasaste,
querida compañera de mi edad temprana
mi llorada esperanza.
¿Es así el mundo? ¿así
las delicias, el amor, los trabajos,
los hechos de los que tanto hablamos?
Al llegar la verdad,
Infortunada, tú caíste; y con tu mano
la fría muerte y la tumba desnuda
de lejos señalaste.





Aire de soledad

Aire de soledad, dios transparente
que en secreto edificas tu morada
¿En pilares de vidrio de qué flores?
¿sobre la galería iluminada
de qué río, qué fuente?




Al llegar la verdad

Al llegar la verdad,
infortunada, tú caíste; y con tu mano
la fría muerte y la tumba desnuda
desde lejos señalaste.




Amanece

Amanece
en la noche del cuerpo.
Allá adentro, en mi frente,
el árbol habla.
Acércate ¿lo oyes?




Dios mueve al jugador

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?




Ha muerto

Ha muerto
el extremo engaño que yo creía eterno.
Ha muerto, bien lo siento. Se ha extinguido
en nosotros no sólo la esperanza
de caras ilusiones, sino el deseo de ellas




el espacio interminable que surge más allá

el espacio interminable que surge más allá,
y el sobrehumano silencio,
y la más profunda quietud, donde el corazón
por poco no se aterra ...








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