lunes, 13 de octubre de 2014

DANIEL TAPIA [13.648]


DANIEL TAPIA 

Nace en Santiago de Chile el 6 de agosto de 1980. Tuvo estudios de literatura en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile.



Libro La antología de los extintos.

  

CONJURO

Tú eres el regalo que han forjado para mí las pequeñas voces.
Tú eres la fábula que ha creado el pensamiento mordido,
la cadena que embriaga el rumbo del destino cuando permanezco en soledad.

Hija de las aguas cortadas por el filo de la luz
¿qué haces sumergida en esta piedra tan profunda?
Compañera del robusto sol primaveral
¿qué pretendes encontrar en el abismo de tus ojos?
¿qué quieres desenterrar en los incoloros sueños de los hombres?

Hay una certidumbre que sólo vive en el barco en el que viajas.
La tarea del que carga un ataúd en sus espaldas
es hacerlo caminar hacia la penumbra,
no encaminarlo hasta la llama de sus días.

En la proyección de la tormenta habita el que huye de su ángel,
el que huye de sí mismo acompañado de sus Furias,
cogido de sus manos, atrapado entre sus mantos.

Yo soy el pequeño regalo que han forjado para ti otras Voces.
En mis manos he creado un refugio momentáneo,
capaz de soportar las caricias de la tempestad.

Si quieres, aquí está el obsequio, aquí está el refugio.
Si quieres, ahí está la tempestad, frente a tus ojos,
siempre ha estado soplando en tus pestañas.
No huyas, frente a ti hay una antorcha a la que debes acogerte.
Tu regalo y las Voces están en tu baúl
y la tempestad aprende a temerte y a alejarse poco a poco.

Para Sofía Gonzáles.

  

LAS SEÑAS DEL OTOÑO

Otra historia se hila en este lugar.
Otro traje se puso el otoño para darnos el veneno.

Cuando la estación es ocre
y los signos en la piedra atraen a los pájaros
y les sugieren que coman gravilla,
se oye un himno de hombres que gime preguntando
"¿qué se hace? ¿a quién se acude?"

El sol suele responder que nada, que a nadie
y te quema suave para que conozcas tu soledad.



HIMENEO

Recuerdo con especial ardor
el sonido de tu cuerpo
y el rocío de tus manos sobre mi espalda.
Izamos nuestras banderas,
flameaban a la par.
Tu cuerpo bajo el mío, una ciénaga.
Contemplamos el producto del placer.
La tarde nos ofreció un raro enlace:
el sol se heló al entregar sus brasas a la luna.
La sangre derramada sobre las flores azules
no fue signo de violencia,
tampoco el resultado de la situación.
Dos cuerpos que se agitan así
pertenecen a la antología de los extintos.
La estructura es parte de la entrega.
El rito se repite siempre.



UN ESPEJO DE MIS SUEÑOS.

La lágrima que se derrama
es luz, no tinieblas.

La lágrima que cae
es un ángel que me cuida sin pretensiones.
Rueda a través de círculos
que se tocan sin acariciarse,
para caer en un prado yerto.
Hace crecer la ortiga que hiere
y la flor que derrama sangre y se marchita.

La lágrima es un mal que necesito,
una mujer que me consiente.
Tiene caras que no quiero ver
y muestra la cabeza de los alfileres.
Río que busca el descanso
en un estuario inexistente.

(Simula a la semilla que no vuela con el viento.)

La lágrima que cae
es un espejo de mi faz quebrada,
me muestra que sonrío hipócrita
cuando lloro como lloran los hombres.

Este espejo necesita un océano que lo abrace
sin dejar húmeda la orilla de esta playa de cristal.

  

VIAJE DE LA MIRADA HACIA LA VOZ.

¿Quién dijo que el tránsito de la magia no era tal?
Y si el tráfico entre mi pupila y la tuya,
y si el choque en la esquina del espasmo penetrante de tu iris como espada,
la locura de una nota anudada al alambre prodigioso de tu cántico,
proponen que en los labios debe haber rubor,
que en las mejillas existe un ardor inocente,
proponen que el relieve de la célula ha sido contactado con la niebla del aliento.
¿Quién puede explicar el regreso de este rocío a esta espina?
¿Quién puede explicarlo sino tu canto, sino tu voz?






"Ki" de Daniel Tapia

El sueño de narrar la vida

Por Leonardo Robles
El Mercurio de Valparaíso, domingo 11 de Enero de 2009, página 28.



"Ki" es un libro con la pretensión de no tenerla, atravesado por un tono existencial que fluye como si no le importara.

Poemario impregnado de una poética de lo cotidiano, contaminado por el registro de las noches en las que el autor escribe ante la imposibilidad de poder hacer otra cosa y se dedica a responder una carta venida desde su infancia infectada de respuestas sobre sí mismo.

El poeta entabla relación a través de su poemario con el músico Charles Mingus y Violeta Parra; con los cineastas Ingmar Bergman, Andréi Tarkovski y Werner Herzog, lo que otorga un aire de crónica con elementos audiovisuales a su obra, donde Tapia sueña con su propia película, un drama inevitable construido con elementos de esperanza anudados por la penumbra, que bebe de su imaginario cinéfilo y de una cierta solemnidad de la simpleza que recuerda por momentos a algunos poetas mapuches.

El autor crea una simbiosis entre la prosa y la poética mediante su obra. Ejemplo de esto puede apreciarse en un extracto del poema "Tradición paternal": "Lee a tus hijos y aprenderás como escribes. Tus talones limítrofes en la arena de la playa, el beso que le dabas cuando tenía hipo y una pena intraducible. Escucha también que cada ola es diferente, con las rimas de una madre y un padre que te sueñan y todo por la marejada... debiéramos conversar como el vaso y el vino...".

Tapia es un talento porteño que merece atención, así como las Ediciones Perro de Puerto. Un escritor y una editorial emergentes plagados de buenos augurios.


(selección)



MELODY

Los domingo, mi abuelita se levantaba temprano. 
Hacía el aseo y el almuerzo luego para poder ir a visitar a mi bisabuelita en Lampa. 
Antes de limpiar, ponía en su radio los cassettes de música clásica 
que venían con la revista Ercilla (qué revista más mala, no?). Esos que traían un librito con la biografía del compositor. 
Creo que a ella el que más le gustaba es el que se apellidaba Brahms. 
Ella no sabía ni pronunciarlo, sólo ponía play en la cassettera y tarareaba los temas mientras barría y sacudía los muebles. 
Con mis hermanas y mis primas éramos niños. 
Yo ponía atención, lujosa atención. 
Ahora es difuso: eran las Danzas Húngaras, parece. 
Cuando las escucho cierro los ojos, abro la ventana, entra el viento al living de la casa de mis abuelos, veo el patio y los mantos de Eva, los cardenales y las hortensias, a la madreselva que crece verde, los gladiolos y la ruda y la menta y el palto. Los palos amontonados de mi tata, el damasco alto y macizo, la tierra regada y el barro. A mi perro Bambam mordiendo mis pelotas de plástico, la llave y la manguera naranja, a las niñas todas cochinas y comiendo plantas en las tacitas plásticas de té, a mi mamá y a mi abuela a través de otra ventana, muelen el choclo y guardan las hojas para las humitas. El olor de la albaca predomina. Y el de la ruda y los damascos maduros. 
Eso está en mi cabeza cuando las oigo, 
en vez de gente danzando húngaramente.




SILLA EN EL CIELO

Para Charles Mingus

Que se me permita recordarte para que no valga más el lápiz, 
pithecantropus erectus, ¿por qué iba a estar tan alta tu silla?, 
bendito esquizo de la fauna de los genes, en tu distorsión 
musical metonímica. Por qué iba a ser tan largo el camino a tus 
cuerdas, tú sí sabes de poesía / Anarquía seas.






Fuera de precio
Presentación de “La contru de mi alma” poemario de Daniel Tapia
Hebra Ediciones, 2014

Por Jaime Pinos 



Vivo como en un cuento de Bukowski/ Hago como que trabajo en una inmensa obra de construcción/que recibirá a 840 familias en un sector periférico de Valparaíso/Nuevamente como que soy guardia por unos cuantos morlacos más de los que me pagaban en la librería del mall. Este libro, este libro bitácora como lo define el propio autor, se sitúa en el contexto de esa experiencia. Trabajar por dinero. Vender la propia energía a cambio de recibir un salario, siempre escaso, siempre insuficiente, al  final de cada mes. Esas son las condiciones de vida para casi todo el mundo. Vivir para trabajar, trabajar para pagar. Vivir como en un cuento de Bukowski: Me parece que la vida está totalmente desprovista de interés, y esto sucedía especialmente cuando trabajaba ocho horas por día. La mayor parte de los hombres trabajaban ocho horas al día, y tampoco ellos amaban la vida. No hay ninguna razón para amar la vida para alguien que trabaja ocho horas al día, porque es un derrotado. Este libro habla de esa derrota. La derrota de casi todo el mundo en un país donde, como escribió Henry Miller, ganarse la vida es perderla.

La contru. Escenas de ese mundo, de su vida cotidiana: Una cuadrilla de hombres de cascos amarillos se refleja en las pozas y el traqueteo de la maquinaria pesada es una música odiosa y turbia. Por unos pocos pesos, cada uno de ellos hace su trabajo, ocupando su cuerpo de obra, arriesgándolo todo, por unos pocos pesos. Un mundo que es presentado aquí como un ámbito hostil, violento, que funciona según el código de hierro de una colonia penal: A las 8 en punto de la mañana debemos ingresar a la obra/(de ahora en adelante CENTRO DE RECLUSIÓN)/Necesariamente estampamos la firma en el libro de asistencia/(de ahora en adelante REGISTRO DE LOS REOS)/para ver así cuánto sale a pago a fin de mes. La contru. Un mundo donde campean la arbitrariedad y la explotación. Donde los seres humanos valen según sea el color del casco que llevan puesto. Donde rige sin contrapeso la voluntad de los dueños y los jefes. Donde los que trabajan con la cabeza descubierta viven bajo la amenaza constante de recibir una dentellada de los blancos colmillos de los capataces: Circundan en sus blancas camionetas/los demonios de blancos cascos, blancos colmillos/Zumban igual que zancudos/en un festín de sangre obrera.

Chile, su mundo laboral. Un país donde, a más de veinte años de la dictadura, el derecho a huelga es aún meramente nominal. Donde el abuso es la ley. Desde ese ángulo, este libro podría inscribirse en la rica y larga tradición del realismo social chileno. Leerse como un registro de la sobrevida de los explotados, de los hombres oscuros.  De esa tragedia cotidiana. Gente para quien la vida, como escribe Bukowski, ha llegado a estar totalmente desprovista de interés: Damos pena. Ellos hacen su trabajo/Yo hago mi trabajo, escribe Tapia.

Sin embargo, creo que la fuerza de este libro radica, en gran medida, en la mirada de quien escribe esta bitácora. En su esfuerzo por rescatar, a través de la escritura, los pequeños gestos de humanidad que dignifican y salvan a quienes trabajan en esta construcción. Nombres propios. Más que personajes, personas con nombres y apellidos, con apodos y oficios. Maestro Bendiciones, Montecino, Espinoza, Maestro Alessandri.  Luis Zenteno (jornal) Juan Aros Padre e hijo (nochero), Fernández padre (excavador) Fernández hijo (pintor)  No hay sociología en estos textos. Lo que hay es experiencia y sensibilidad. Sensibilidad para retratar las vidas de quienes las han perdido, embrutecidos por el trabajo asalariado. La experiencia de haber estado allí, de hablar de un mundo que se conoce porque se ha sido parte. Porque, compartiendo la misma suerte, quien escribe ha llegado a hacerse amigo hasta de los perros.

Desde luego, hay muchos aspectos del libro que sería interesante pero demasiado extenso abordar acá. Por poner un ejemplo, el trabajo con las formas del habla popular. Otro es su óptica realista, objetiva, que consigue representar ese habla, esa vida, sin idealizaciones. Que despliega sus escenas como un documental. Tal vez el documental fallido de que se habla en el texto,  titulado irónicamente El dinero siempre es muy lindo. No es linda la vida que hay que vivir para conseguirlo. La vida de los que viven para trabajar mientras, como reza la cita de Alfonso Alcalde, Devorándole el sudor vive el dinero.

¿Qué queda de la chispa humana, es decir, de la creatividad posible, en un ser arrancado al sueño a las seis de la mañana, zarandeado en los trenes de acercamiento, ensordecido por el estrépito de las máquinas, pulverizado y triturado por los ritmos, los gestos carentes de sentido, el control estadístico, y arrojado hacia el fin de la jornada en las salas de espera de las estaciones, catedrales de partida para el infierno de todos los días y el ínfimo paraíso de los fines de semana, donde la muchedumbre comulga en la fatiga y el embrutecimiento?

Creo necesario citar en extenso este pasaje de Tratado del saber vivir para las nuevas generaciones de Raoul Vaneigem. Lo hago porque, de alguna forma, me parece que el libro de Daniel Tapia nos enfrenta a la misma pregunta. La poesía, la buena poesía, tiene preguntas, no respuestas. Sin embargo, creo que este texto explora una contestación o encierra el esbozo de una.

La contru de mi alma se llama este libro. Su escritura es una demostración de que es posible, aún en los pasillos de la colonia penal donde transcurre el trabajo a sueldo, emprender ese camino. Que la poesía puede ser una forma de construcción humana y personal. Un intento por vivir, a pesar del peso muerto del trabajo y el dinero, según la máxima de Niesche: Sé amo y escultor de ti mismo.  

En realidad, la vida es gratis. La única moneda real es la vida y la muerte, tal como afirma este libro. O como dice el epígrafe de Arturo Carrera que se incluye al inicio: la vida gratuitamente recibida/no tiene ningún precio. Comprender eso es importante. Sólo esa comprensión abre la posibilidad de construir el alma propia. De vivir en la gratuidad tal como la define Carrera en ese mismo poema: gratuidad es gozar con lo que está fuera de precio. La poesía es gratis. En medio de un mundo donde todo, incluida la sangre y el alma, es mercancía, la poesía es eso que no puede comprarse ni venderse.

Valparaíso. Octubre de 2014.



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