jueves, 23 de octubre de 2014

CAMILO HENRÍQUEZ [13.805]


Camilo Henríquez

El fraile José Camilo Henríquez González (Valdivia, CHILE 20 de julio de 1769 - Santiago, 16 de marzo de 1825) fue un sacerdote, escritor y político chileno, héroe de la independencia de su país y de América del Sur. Escribió varios ensayos, en particular la Proclama de Quirino Lemáchez, donde promovió la independencia chilena y la libertad social.

Camilo Henríquez nació en una casa que pertenecía a su abuela materna, Margarita de Castro, ubicada en lo que corresponde a la actual calle Yungay, en la ciudad de Valdivia, Chile. Sus padres fueron el capitán de infantería española Félix Henríquez y Santillán (1745-1798) y Rosa González y Castro (1747-1798). Aunque oriundo de Valdivia, Henríquez pasó la mayor parte de su juventud lejos de esa ciudad. Cuando tenía nueve años de edad, fue enviado a Santiago para iniciar su educación formal en el Convictorio Carolino.

Vida religiosa

En 1784, fue enviado a estudiar a Lima bajo la dirección de su tío materno Juan Nepomuceno González, miembro de la orden de los Ministros de los Enfermos Agonizantes de San Camilo de Lelis. En la capital del virreinato del Perú, recibió educación en un convento de la orden de su tío. Allí, en particular, fue alumno de fray Isidoro de Celis, autor de obras sobre lógica, matemáticas y física, y un fuerte defensor de la ciencia, el racionalismo y el humanismo. Henríquez ingresó a la orden de los Ministros de los Enfermos Agonizantes de San Camilo de Lelis, o "de la Buena Muerte", previa rendición de un informe de limpieza de sangre de sus antepasados en 1789, y profesó como sacerdote el 28 de enero de 1790. Posteriormente, se enclaustra para proseguir sus estudios. Allí entabla amistad con José Cavero y Salazar, un compañero de estudios, quien más tarde se convertiría en un destacado miembro del primer gobierno independiente de Perú y embajador en Chile. Durante su permanencia en Lima, Henríquez frecuentó los círculos literarios y se asoció con miembros de la sociedad local.

Inquisición española

En 1809, Henríquez es detenido e interrogado por la Inquisición española. El historiador Miguel Luis Amunátegui señala que Henríquez fue siempre reservado sobre las razones de su encarcelamiento y que las afirmaciones hechas al respecto por los historiadores son especulativas. Sin embargo, la explicación más comúnmente citada para esto es que estaba leyendo, o que poseía, libros prohibidos. Henríquez había sido fuertemente influenciado por la filosofía de la Ilustración francesa en sus primeros años y comenzó a leer literatura que había sido previamente prohibida por el gobierno español, como El contrato social, de Jean-Jacques Rousseau, que además se encontraba en el Index librorum prohibitorum et expurgatorum, y El año 2440, si alguna vez hubo un sueño (en francés L'an 2440, rêve s'il en fut jamais), de Louis-Sébastien Mercier. Después de su liberación, sus superiores de la Orden de la Buena Muerte lo enviaron a Quito para que fundara un nuevo convento para la orden.

Escritor, periodista y político



Obelisco dedicado a Fray Camilo Henríquez, Manuel de Salas, Manuel José Gandarillas y José Miguel Infante en el Parque Forestal de la ciudad de Santiago de Chile.

En Quito, Henríquez fue testigo de la violencia del Ejército Realista en América en 1809. Posteriormente, sus vivencias las escribió en La Camila ó La patriota de Sud-América, un drama sentimental en cuatro actos publicado en 1817, la más famosa de sus dos obras de teatro, en la que narra la historia de una familia de criollos que lucha por la libertad del continente latinoamericano. En 1811 volvió a Chile y se involucró en la vida política.

Redactó la Proclama de Quirino Lemáchez, seudónimo creado con un anagrama de su nombre, que circuló el 6 de enero de 1811, con el objetivo de promover la elección de hombres de ideas independentistas en las próximas elecciones para elegir el Primer Congreso Nacional, convirtiéndose en uno de los primeros y más importantes ensayos revolucionarios promoviendo la independencia de Chile y, además, en representante de la creciente popularidad de la independencia entre la educada élite criolla chilena. En él, Camilo Henríquez escribió:

Vosotros no sois esclavos: ninguno puede mandaros contra vuestra voluntad. ¿Recibió alguno patentes del cielo que acrediten que debe mandaros? La naturaleza nos hizo iguales, y solamente en fuerza de un pacto libre, espontánea y vo­luntariamente celebrado, puede otro hombre ejercer sobre nosotros una autoridad justa, legítima y razonable. Mas no hay memoria de que hubiese habido entre nosotros un pacto semejante. Tampoco lo celebraron nuestros padres [...] Estaba, pues, escrito, ¡oh pueblos!, en los libros de los eternos destinos, que fueseis libres y venturosos por la influencia de una Constitución vigorosa y un código de leyes sabias; que tuvieseis un tiempo, como lo han tenido y tendrán todas las naciones, de esplendor y de grandeza; que ocupaseis un lugar ilustre en la his­toria del mundo, y que se dijese algún día: la República, la poten­cia de Chile, la majestad del pueblo chileno.

Proclama de Quirino Lemáchez

El ensayo llamó la atención de muchos lectores en Europa, donde se volvió a imprimir y, a pesar de que su verdadera identidad aún no se había hecho pública, sus escritos al instante lo catapultaron a ser conocido en Chile.

Después de la toma del poder por parte de la Primera Junta Nacional de Gobierno, Henríquez fue parte de la fuerza patriota que sofocó el contrarrevolucionario Motín de Figueroa, el 1 de abril de 1811.

En el Primer Congreso Nacional fue diputado suplente por el Partido de Puchacay. También pronunció un sermón en la misa de la inauguración de las sesiones en el que sostuvo que la Iglesia Católica autorizaba al Congreso para generar una constitución nacional.

A pesar de sus incursiones en la arena política, Henríquez fue quizá más conocido por la promoción y contribuciones a los periódicos que realizó durante toda su vida: escribió para numerosos periódicos y editó al menos diez en Santiago y Buenos Aires. El 16 de enero de 1812, se convirtió en el primer editor de la Aurora de Chile, el primer periódico chileno, en el que se utilizó una imprenta traída desde Estados Unidos. El primer número fue publicado el 13 de febrero de ese mismo año. Henríquez utilizó el periódico como medio para abogar por los valores revolucionarios y defender el nuevo espíritu de la educación y la razón que, él creía, venían con la Aurora de Chile:8

Está ya en nuestro poder, el grande, el presioso instrumento de la ilustracion universal, la Imprenta [...] La voz de la razon, y de la verdad se oyrán entre nosotros despues del triste, é insufrible silencio de tres siglos [...] ¡Siglos de infamia, y de llanto!

Aurora de Chile 


Pintura de fray Camilo Henríquez.


Henríquez se describía a sí mismo como un educador y un filósofo, y sus publicaciones reflejan con frecuencia los ideales políticos revolucionarios y conceptos de la Ilustración, especialmente de Rousseau, de la libertad personal y de la libertad social.

Entre 1812 y 1814 fue senador, y en 1813 fue presidente del Senado. Fue autor de varios proyectos de ley, entre los que destacan el Reglamento Constitucional de 1812 y el de protección a los indígenas. Durante esa época, Henríquez puso en escena la obra de teatro La procesión de los tontos.

Debido a la censura establecida por el gobierno de José Miguel Carrera, comenzó a publicarse, bajo la dirección de Camilo Henríquez, El Monitor Araucano en sustitución de la Aurora de Chile, cuyo primer número se publicó el 17 de abril de 1813. También publicó el Catecismo de los patriotas dentro de las páginas del nuevo diario.

Luego del Desastre de Rancagua, batalla en la que su hermano José Manuel murió defendiendo una de las trincheras en la plaza de Rancagua, se dirigió a Mendoza para luego seguir a Buenos Aires, donde colaboró con La Gazeta de Buenos Ayres y dirigió El Censor. Allí escribió además dos obras de teatro, Camila o la Patriota de Sud-América, ambientada en una aldea omagua de la selva amazónica, y La inocencia en el asilo de la virtud, situada en Filadelfia. Luego de la Reconquista, regresó a Chile por petición de Bernardo O'Higgins, volviendo a trabajar para los periódicos en Santiago. Se le nombró bibliotecario de la Biblioteca Nacional y se le encargó la edición de La Gaceta Ministerial de Chile10 y la de otro boletín sobre la administración del país, que fue el precursor de El Mercurio de Chile.

En 1823 fue diputado suplente por Chiloé y después fue diputado suplente y titular por Copiapó en 1824. Durante este tiempo, Henríquez fue uno de los nueve miembros del Senado conservador, creado para asesorar a Ramón Freire, el nuevo Director Supremo de Chile.

Camilo Henríquez González murió en Santiago el 16 de marzo de 1825, declarándose un periodo de duelo nacional por parte del gobierno.



HIMNO PATRIÓTICO

En día tan glorioso,
coronad de laureles,
eternos y triunfales
de la patria las sienes:
dadle perpetuo honor.


I

Hoy sale de las sombras
y del sueño profundo
y se presenta al mundo
rodeada de esplendor.
Sacudió el yugo indigno,
que sufrió por costumbre:
la dura servidumbre
en Chile feneció.


II

Detestan las cadenas
los hombres animosos,
ni p chos generosos
sufren tal condición.
Aspiran al renombre
los ánimos marciales,
hazañas inmortales
anhela el corazón.


III

La libertad augusta
hoy desciende del cielo,
de los hombres consuelo,
fomento del valor.
¡Cuán varonil se muestra,
cuán robusta y gloriosa
enarbola gozosa
el patrio pabellón!



IV

Resplandece en su rostro
ardor republicano,
y en su cándida mano
divisa tricolor.
Respira independencia,
denuedo y heroísmo,
inspira patriotismo,
y disipa el temor.





LA FARAMALLA


Letrilla

Dizque entre el dicho y el hecho
suele haber mucho trecho,
porque ya es maña muy vieja
perder antes una oreja
que su palabra cumplir.
No lo quisiera decir.

Hombre, si ya prometiste
con tan expresivas muestras
cumplir con tu donativo
y tu generosa oferta,
¿por qué te echas ahora atrás
Con subterfugios y tretas,
que nadie puede sufrir?
No lo quisiera decir.

El mundo vio con asombro,
y aun con susto y con espanto,
que sacaste el talegón
guardado por tantos años.
Que tu oferta era de viento
se dijo; y aseguraron
que quedabas al parir.
No lo quisiera decir.

Si pueden dar al través
tus soñadas esperanzas,
empuña algún palo ardiendo
si no encuentras una tabla.
No seas ya tan trompeta;
deja a un lado tanta trama
y tan sutil discurrir.
No lo quiero más decir.





EL ARREPENTIMIENTO

Letrilla

Yo llamo buena elocuencia
a la que mueve y persuade,
y llamo discurso agudo
al que es de fácil encaje.
y pues, aunque he hablado tanto,
no he conseguido ablandarte
el pecho de pedernal,
ya veo que hablé muy mal.

Yo no sé cuál es más duro:
si tu pecho y asadura,
o esa mano de Alejandro
que no suelta lo que empuña.
y pues, aunque te conozco,
intenté con gran locura
volverte más liberal,
ya veo que hablé muy mal.

¿Te enfadas y haces mal gesto?
Perdóname, dueño mío;
yo quiero tru conversión
y que quedemos amigos.
Si mudares de conducta,
de lo dicho me desdigo
aunque soy hombre formal,
pues veo que hablé muy mal.






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