jueves, 23 de octubre de 2014

ABELARDO VARELA [13.812]


Abelardo Varela 

(Chile,  1871-1903), poeta inédito que se suicidó a temprana edad, traduce a Verlaine, Richepin, Poe y Catülo Mendes; funda la Revista Cómica y publica poemas de exquisita factura modernista.

Nació en Valparaíso en 1871. Hizo estudios de humanidades en el Colegio
de los Sagrados Corazones de su ciudad natal desde 1880, y en seguida pasó a Santiago, en donde fue periodista. Dirigió desde agosto de 1897 la
Revista Cómica, que había sido fundada por don Julio Vicuña Cifuentes.
Sus versos, que no han sido nunca recopilados en volumen, quedaron dispersos en aquella publicación y también en la Revista de Chile, en la cual colaboró intensamente a partir de 1900.

Habiendo atentado contra su vida, falleció en Santiago el 8 de noviembre de 1903.






SIMPATÍA

Son mis encantos las noches
tristes y negras,
porque son parecidas
a mi existencia,
porque en ambas no brillan
luces de estrellas
y los senos henchidos
de llanto llevan.

Son mis encantos las noches
tristes y negras,
porque son insondables
como mis penas;
de fúnebres crespones
visten como ellas
y lágrimas y hastíos
tan sólo alientan ...

Cuando acabe el calvario
de mi existencia
y descansar me dejen
mis hondas penas,
de mi escondida tumba
borrad las huellas,
amadme siempre, ¡oh noches
tristes y negras! ...





ADÉLFICA

¿Que me ves distraído?
                                             Es que oigo voces
que en los espacios flotan; voces vagas
que a la mente me traen el recuerdo
de seres que me amaron; voces santas
que fueron luz, aroma
y arrullo de mis días de bonanza;
voces de seres que del mundo huyeron
y a eterno luto condenaron mi alma,
de seres que aún padecen
cuando ruedan mis lágrimas,
que me tienden los brazos incorpóreos
y sin cesar me llaman ..





MADRIGAL AMARGO

Recuerdo de tu amor falso,
una trenza obscura tengo:
cuando me cargue la vida
he de anularla a mi cuello.





ENTRE LAS RAMAS

Entre las ramas
de las lilas y lauros floridos,
por vez primera
me sonrieron las glorias triunfales
de sus ojos -azules abismos.

Entre las ramas
de las lilas y lauros floridos
leí el poema 
de marmóreas y tiernas estrofas
de su cuerpo -una tarde de estío.

Entre las ramas
de las lilas y lauros floridos,
sus brunas trenzas
a mi cuello arrolladas cual sierpes,
extenuados de amor nos dormimos.

Entre las ramas
de las lilas y lauros floridos,
una cabeza
bicornuda, riendo asomóse:
¡la de un fauno, tal vez, o un marido! ...





LA NOVIA

A Manuel Thomson.

Dentro de un blanco féretro tendida,
la frente coronada de azahares,
hermosa, pura, libre de pesares,
parece que tan sólo está dormida.

Verla es, aún, encadenar la vida;
dentro del pecho levantarle altares;
soñar con ella, y dilatados mares
hender de una ventura no extinguida.

Cuando en la copa del licor preciado
que el misterio del bien y el mal encierra,
iba su alma a calmar vago anhelos,

cual rico aroma de un cristal guardado
que triza el aire, sin tocar la tierra
se elevó, blanca nube, hacia los cielos.






INVIERNO

II pleure dans mon coeur
Comme il pleut sur la ville ...
VERLAINE.

Cuando cae la lluvia
incesante y monótona
en la desierta calle
amortajada en sombras;

cuando la agita el viento
y en el cristal redobla
como medroso anundo
de una visita incógnita:

en el fondo del alma,
sepulcro en que reposan,
suelen de nuevo alzarse
quimeras ya sin forma.

Suspira el alma entonces,
y algunas veces llora,
al contemplar la eterna
tristeza de las cosas.

y abstraída la muerte,
y en su tortura absorta,
las horas van pasando
lentas y melancólicas,

mientras cae la lluvia
incesante y monótona
en la desierta calle
amortajada en sombras...





LUCHANDO

Medroso corazón que tiembla y calla
es hoja seca que arrebata el viento,
rey derribado de su augusto asiento,
pastos de cuervos en la gran batalla.

Si el ansia loca de luchar no estalla,
si altanero no vibra nuestro acento,
más ruin a cada instante y más violento
nos acosa el puñal de la canalla.

¡Oh, la canalla! ... De su astucia en mengua
yo el velo rasgaré de su falsía,
escarnio haciendo de su orgullo necio.

Le arrancaré la venenosa lengua,
y al aplastarla con mis pies un día,
escupiré en su rostro mi desprecio.







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