jueves, 11 de septiembre de 2014

TERESA ALZATE SANDERS [13.272]



Teresa Alzate Sanders

Medellín (Antioquia, Colombia) 1944.
Periodista y educadora. Poeta de gran ascendencia espiritual y de exquisita concepción verbal. 
Su labor la ha desarrollado sobre todo en la ciudad de Cali. Pero ha dado a conocer su obra en Medellín y otras ciudades del país a través de variados eventos y actividades culturales. Igualmente ha escrito cuentos infantiles. 2º. Puesto en el Premio Nacional de Poesía Casa Porfirio Barba Jacob en 2002. Ha recibido además, numerosas distinciones y otros reconocimientos.
Realizó estudios en Humanidades en la Universidad de Columbia de Nueva York, Sociología en la Universidad de Köln de Alemania e Idiomas y Religión en la Universidad de Wien en Austria. También realizó cursos de escultura en Bellas Artes de Cali. Participó como poeta invitada en el XIV Simposio Internacional de Literatura de la Universidad de Antioquia y la Biblioteca Piloto de Medellín. Recibió el Gran Premio Ediciones Embalaje del Museo Rayo 2001, con el poemario Para decir vuelve. Ha escrito varios cuentos y libros para niños. Su obra poética se encuentra en los libros La escondida Voz (1977) con prólogo de Eduardo Carranza e ilustraciones de Augusto Rivera, Huellas en el viento (1978), Reflejos (1986), obra facsímil con ilustraciones de su autoría y Seres imantados (2001). 




III 

Correr 
 el verde anclado 
 de ungida geometría 
 es ir tras el envés del tiempo 
navegantes 
 al encuentro 
 predilecto 
donde el rubio 
 es más dorado 
 y el uno 
 del perfecto desorden 
cuando 
 el hielo es humo 
 como el fuego 
la oruga 
 polvo 
 como la mariposa 
la voz 
 néctar 
 en lengua de azahar. 
correr 
 al ya! 
 de la serena orilla 
 es renovación 
 desde el primero 
 al quinto elemento 
 ...ambulante 
 a r c o r a z ó n... 
 daga de amor 
frente 
 al pájaro en vuelo 
 de sangre 
redentora!. 





VI 

solitario resplandor de lagos 
 eclipses 
 y un reguero de sales 
 abatido. 
solitario reloj de piedra 
 aceite 
 la mesa sin flores 
solitaria luz llena de frío 
 a pleno cenit 
 y en la ausencia del ángel 
 humanado 
 ¡naturalmente !. 





IX 

Eco primigenio 
reconquistable encarnación 
 de viento - luz 
 comulgada en cada respirar
pródiga claridad 
 de acendrado amanecer 
una y otra vez expuesto 
 al crepúsculo 
 en su reino de ajedrez y agua 
 va y viene 
como árbol y niño 
 a cunas 
 parques 
 circos. 
témpano de hoguera 
 consumiendo la lumbre 
 de nocturna ilusión 
inhalada presencia 
 del entero regazo 
 aura estelar 
 esperándonos 
en la vendimia 
 de cosmi-telúricos vientres. 





Para decir vuelve

Mirarte
y no poder acunar
ni oír
tu solfeo anaranjado

capullo airado
de silencio

tan lejos
de mi ropero
remendado
de llantos
que tampoco oyes

mientras
se desmoronan
las paredes de un castillo
de sueños
mirarte
sin poder vernos
náufragos
en barcas de cristal

(Un poema tomado del libro Comarca sin fronteras II)






To say return

 Looking at you
and not tasting
or hearing
your orange melody

a bud in anger 
silenced

so far 
from my clothes
mended
with weeping
that you do not hear

while
the walls 
of a castle of dreams
crumble
looking at you
without seeing each other
shipwrecked 
in boats of glass

Translated by Aurora Arciniegas






POZO DEL JAGUAR 

Comentarios Rodrigo Valencia 

Teresa Alzate Sanders es poeta antioqueña, pero vive en Cali oteando vientos en la pura melodía del verbo. Su último poemario, Pozo del Jaguar (2012), recoge su vasta experiencia de años por la latitud de la palabra. Comentarla no es fácil; es como asir lo inasible, dar cuerpo a la etérea sensación de las definiciones, quizá de cierto aforismo desglosado en versos huidizos. Pocas líneas para cada poema, cinco, cuatro, tres o dos, encierran el pensamiento que sortea el precipicio del discurso. Caer por allí es correr el riesgo de hallar el fondo que divaga y trata de tocar algo. Pocas palabras bastan para desgajar lo sutil, o la totalidad de un vasto giro de significados, imprecisión que precisa lo intangible: 


“A través del continuo  
poderoso instante, se revelan  
excesos que desangran el 
piano, de la hora vertical”.  


Liba un momento, describe la cortedad sonora. 


“¿Quién se alza del naufragio 
oropel, hechizos, a salvar 
la base en cunas 
a umbrales de un rojo aire?” 


Uno quiere captar la línea conductora del pensamiento, pero la libertad, virtud poética, hace que la ambigüedad significante se fugue en varias direcciones. 


“Pasiones 
sin freno, querían 
confundir el ritual 
de tiernos verdes, 
seducción extinta 
por caricias de 
lluvia al azahar
que lunas 
encendían.” 



Los versos son líneas para sugerir, nunca para  precisar el rostro de la imagen o los sentimientos. En fin, en estos tres poemas tomados al azar, se oye el eco de toda esta escritura que, por lo íntimo que se oculta en ella, yo la llamaría “hermética”, no sólo por su atmósfera críptica, sino porque dirige al alma hacia su propio terreno laberíntico, en busca de ahondamientos y luces anímicas escondidas entre líneas. Leer a Teresa Alzate Sanders (entre otras cosas Premio Nacional 2001, Imprenta  Departamental, Cali; incluida en la Primera Antología de Poemas por la Paz “Granos de Arena, auspiciado por la Consejería Presidencial, 1999; invitada al XIV Simposio de Literatura Internacional de la Universidad de Antioquia; invitada al IX Encuentro Internacional de Mujeres Poetas, Méjico, 2001) es llamar al sortilegio; un minimalismo del texto se compenetra maravillosamente con las veintidós preciosas ilustraciones de nuestro ya ausente artista caucano Augusto Rivera Garcés, que en feliz hora regalara a la poeta como flor de amistad; líneas y textos aprisionan el aire, la aparición evanescente de las cosas, el amor, la fragmentación nubosa del instante, la fugacidad de las formas que procuran quedarse en nosotros con su huella. Tiempo espiritual que nuestras culturas arcaicas idealizaron con la figura mítica del jaguar. 

Rondar al jaguar es sondear, transitar el mapa perdido en procura de nuestra identidad secreta.


 “La selva parece dormir de noche, pero 
está enamorando arcanos, cuya sonora 
excelsitud, despunta su aro ardiente”. 


La lira de Teresa Alzate Sanders comienza y termina en ese escrutinio verboso, brújula encantada.



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