martes, 9 de septiembre de 2014

SURLAY FARLAY [13.241]


Surlay Farlay 

Nació en Medellín, Colombia el 24 de noviembre de 1971. Publicó el libro de poemas A la Espera de Nayan, en 1991. Integrante del taller de poesía de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, entre 1990 y 1998. Psicólogo egresado de la Universidad de Antioquia. Ha sido promotor de lectura en diversas instituciones, así como coordinador de talleres de poesía. Miembro del Comité Editorial del Periódico Literario El Gaviero. Escribe: “...Recuerdo que mi maestro Jaime Jaramillo Escobar predicaba en sus talleres que la poesía escapa constantemente, del libro al cine, de la palabra a la imagen. Además escapa de las cofradías literarias a las vivencias cotidianas. Que la poesía se acabe… no creo… como decía el gran José Martí se acabaran más fácil los poetas. Que la poesía avance a causa del internet y las grandes redes satelitales… tampoco lo creo. Comunicarse e informarse es muy diferente a encontrarse con la poesía… La experiencia de tener el libro en las manos y leer desnudos boca abajo, mientras la cabeza del ser amado descansa en nuestra cadera y mira al cielo sonriente, escuchándonos, no se compara con la lectura en la pantalla del computador. A eso llamo experiencia poética. …La globalización nos garantiza la comunicación, la publicidad, el saludo al mundo… pero no nos garantiza la experiencia poética, subjetiva, aleatoria y a veces no literaria que habita el ser. En muchas ocasiones, dejo de escribir poesía porque la estoy viviendo








DE LO QUE ME DIJO UN PACIENTE

Debería usted conocer el balcón de mi casa doctor…
En mañanas de atortoladas lloviznas,
me habla muy quedo.
Pregunta por la esquina más discreta de mi cuerpo,
constantemente me regaña por haber crecido.
Yo le digo que soy escritor, que aún soy niño,
pero el balcón refuta airado: ¡Tonterías, te descuidaste!
-Los poetas son los primeros que pierden su infancia y la inocencia
por estar en la pose de escribir el mundo de nuevo…-
Vamos ya lo hemos hablado antes, no te desanimes:
Lánzate.
Ya no eres el niño que jugaba con mis barandas,
convirtiéndome en su barco o su nave inter-estelar.
Cae en picada sobre los recibos de luz y acueducto
no los pagues esta vez.
No uses más las escaleras.
¿Para qué te ahorras lo de la funeraria?
Yo le respondo doctor a mi balcón, con una confusión silenciosa.
-No lo sé balcón, no lo sé…-
Suena el timbre y mirando por encima de la baranda
le digo a mi balcón: -¡Cállate, dejemos la cosa para otra ocasión¡
Acaba de llegar ella.







SAUDADE DE MARZO

Hoy vuelve lo que tanto llamamos felicidad.
Pero aun punza la duda.
¿Qué será lo que quiere de mí ahora la felicidad?
Después de tener una cueva cómoda,
la soledad que madura a los tipos como yo,
y la santa pobreza del desprevenido…
¿Qué puede ser?
Ahora que estaba viendo la vida como tú lo deseabas:
Un incidente azaroso,
resultado de tu estrategia o cobardía.
Si al menos se desvaneciera ese orgullo que confundes
con las condiciones naturales de tu existencia.
No felicidad, las cosas no son así no mas…
¿Qué quieres de mi ahora?
Ahora que vuelvo a tener heridas importantes
y soy fuerte a causa de las lamentaciones
que he lanzado a los muros.
Entre la almohada y los dientes he apretado tu nombre.
¿Felicidad?, ya no me sorprende tu visita,
ya no se pude aplaudir tu espectáculo.







DEL MUNDO DE ELLAS

Una mujer se aferra a un hombre.
En algún lugar donde nadie la observa se resigna,
sabe que hay docenas como ella y hasta mejores...
Y aunque la tierra es ancha solo puede ver a ese,
vecino, casi.
Un niño presto a una lobotomía,
el que siempre la acompaña medio cojeando,
su hombre apenas medible en un perímetro justo
para que exista una mujer como ella.







DEL DÍA QUE TE DIBUJE EN SANTA ELENA

Propongo encender una vela,
traeré una cerilla del sótano

¡ Hola búho! Grita enfiestada una niña taciturna
de azotea en azotea
Huyendo de no ser azotada,

Propongo la noche para dialogar,
Y el día para perderlo de vista tras el sol.
Día para tendernos sobre una cobija de frescos fieltros,
verdes pliegues, moras de castilla.
Y un pañuelo blanco para cada pino de esta asamblea.







COMO UN GRANO DE ARENA

El único fragmento de poesía
que aún no me duele
es esa chica que repite casi a la perfección
la historia de cuando me amabas…






No tienes el veneno exacto

La historia aquella del sabio centauro es muy cierta.
Muerte y dolor parecen las palabras que susurran los sueños.
¿Dime qué hago con el ambil que me dejas?
Me das la amistad como cadena perpetua,
por temor y pulcritud decides perdonarme la vida.

Debo decirte que tu veneno resultó ser el más mortal,
Por ser el más mal preparado.





Culpa al poema

De todas esas situaciones
en donde has tenido cuerpo.
Te levantas y observas en el espejo de la habitación
a alguien que duerme en tu cama como si fuera suya.
Te procuras un batido de leche y bananas.
Culpa al poema que licúa a los amigos
entre las sobrecolchas.
La espiral se comprime, tragándose la franja azul del techo.
Culpa al poema cuerpo de tus facultades recién descubiertas.





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