miércoles, 10 de septiembre de 2014

ROMINA BAYO [13.255]


Romina Bayo

Nació en Buenos Aires, Argentina, y reside en República Dominicana desde el 2002. -Cofundadora del programa radial Revista Literaria “Con Buena Letra”. Fue miembro del Grupo Literario “José Audilio Santana”, en Higüey. Ha sido incluida en los trípticos “Voces Latinas”, “Pasión Latina”y “Al Descubierto”. Sus trabajos fueron incluidos en la “Antología de poetas de la Provincia de la Altagracia” publicada en el 2005.
-Ha publicado "Nos dolerá la noche", Ediciones Ferilibro, (No. 115), 2008.
-Ganadora del el Premio Internacional de Poesía de la Feria del Libro de Santo Domingo, Romina Bayo, argentina de nacimiento, dominicana de adopción. 




Hoy renuncio a estos títulos que se han pegado a mi piel,
para tener la libertad del desconocido.
transito la calle que lleva mi nombres
sabiéndome ajena a ella.

Quiero que me miren por primera vez
sin el preámbulo de un biógrafo,
y descubran que hay algo más
que estas palabras que salen de mis labios.

Déjenme abrazar las plumas vírgenes,
embriagarme de versos en un callejón oscuro,
hacer mío el poema
sin necesidad de ponerle mi nombre.

Quiero la libertad del silencio,
perderme en una madrugada sin domicilio,
para dormir en alcohol
todas las veces que dije presente.

Quiero suicidar mi nombre
y volver a ser yo:
una mujer anónima,
persiguiendo el eco de una vieja canción.






Pasaje de ida

Quiero habitar el rincón donde el silencio pierde fuerza,
donde la noche no se vence
ni aguardan renacer los geranios.

es hora de hallar la luz más allá de la luz,
de pedir la absolución a la altura de mi fe,
de reencontrar el espacio habitado antes de la vida,
es hora de partir.

ya no soy de las que esperan,
he deshojado demasiados rostros al borde del puente...
ahora me desnudo para ti,
me desnudo sin miedos,
con mis ríos de vida brindándose a tu filo,
o entregando mi cuello al último abrazo...

hubo un tiempo en que te tuve miedo,
y ponía tres cerrojos a la orilla de las edades,
pero ya no...
ya no tengo miedo a tu beso,
al susurro oscuro que suele esconderse en las noches marinas
al paciente trabajo de los gusanos
a la ausencia de las lagrimas el día del adiós.

estoy lista para ti
ausente de alma y dolientes,
vacía de palabras y aún con los sueños intactos
envejecida, 
no por el tiempo, sino por el amor...
tal como a ti te gusta,
vencida...

llévame,
llévame pronto antes de que vuelva a dormir
y otra vez su voz sea letanía,

y otra vez me tiente salvarme...

llévame,
llévame ahora que estoy de acuerdo con los espejos,
ahora que la palabra ha matado al ángel
ahora que no temo
ahora que no creo
ahora que perdí el derecho a la espera...

Es hora de partir,
no tengo miedo al viaje
ni a la posada final...
solo me llevo una duda
solo una duda...
una pequeña y aguijoneante duda 

a ti, que creías quererme
te aliviará ver mi nombre durmiendo en el mármol?





Nanas para el olvido

No es tanto lo que pido...
La desmemoria de la risa
el acorde equivocado
un vino rancio que no deje huellas
un poco de silencio blanco…

solo dormir…
eso quiero,
solo dormir antes del invierno
vencer este cansancio de nombrarte
este suicidio lento de creer.

Como evito que siga amaneciendo?
que el espejo de la bienvenida al tiempo?
como convenzo a la niña de que es sombra?

Dormir…
llegar al sueño sin edades
sin arena en los zapatos…

Dormir
para olvidar la medida de tu espalda

Dormir…
para dejar de nombrarte.





Certezas

La noche no es tan noche como mis silencios,
Ni los sueños son tan sueños como en mis manos.
Todas las luces tienen un motivo para dormir
y aquí sigue la vela encendida
la brisa quieta
y cuatro paredes sin huellas.

¿por qué sigo intentándolo?
¿Por qué insisto en despertar mi nombre,
En revivir la piel,
En concebir la rosa,
En conjugar huerto y sal?

He vuelto a dibujar la casa,
El árbol donde habita la risa
Y un camino al tamaño de mis huellas…
Y aun así
Mi nombre sigue partido en la almohada.

No me duele estar sola,
Me duele saberlo.






TRES IMPRESIONES Y UN DESAFÍO
Comentarios sobre el libro de poemas de Romina Bayo
Nos dolerá la noche
Ganador del Premio Internacional de Poesía Joven
Feria Internacional del Libro 2007
Julio 2008

por Manuel Salvador Gautier



I. EL MANEJO DE LA REALIDAD Y LA FIGURACIÓN EN LA POESÍA DE ROMINA BAYO
Iniciaremos esta presentación con una copla española del siglo XV:


Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte,
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquier tiempo passado
fue mejor (1).


Es la primera copla de Jorge Manrique (1440?-1479), de su obra “Coplas de don Jorge Manrique por la muerte de su padre”, escrita en 1477.
Para justificar esa manera directa, casi filosófica, con que Manrique las escribe, el intelectual y ensayista Pedro Conde Sturla (1945-), en un artículo escrito en el periódico El Caribe, expresa lo siguiente: “La fama imperecedera la debe (Manrique), sin embargo, a la poesía, a unos pocos versos, unas cuantas páginas de esas Coplas que sobresalen por la intensidad, por la inmensidad de un pensamiento que se sostiene casi por milagro en la más sencilla, natural y desnuda belleza de la forma. El asunto es íntimo, elegíaco, pero la visión del conjunto es universal, la expresión del dolor es universal” (2).
Fue exactamente lo que sentí cuando leí el poemario Nos dolerá la noche, de Romina Bayo (3). Tanto así, que, sorprendido y deleitado, arranqué la hoja del periódico y la guardé.
Es cierto. Es como digo. La poeta Romina Bayo hoy, igual que el poeta Manrique, hace más de cinco siglos, nos impacta con frases sencillas que trascienden su significado, que “sobresalen por la intensidad, por la inmensidad” de su pensamiento, y forman un conjunto “íntimo, elegíaco”, donde “la visión del conjunto es universal, la expresión del dolor es universal”.
Ahora bien. Más de cinco siglos no han pasado en vano. Romina Bayo está signada por un siglo XX que se esforzó en crear poemas significativos con metáforas surrealistas.
He aquí uno de los poemas más sencillos e impactantes de nuestro poeta surrealista Franklin Mieses Burgos (1907-1976).

Cuando la rosa muere
deja un hueco en el aire
que no lo llena nada;
ni el eco que sepulta
su desolado rostro
herido en otra arena;
ni la luz que va sola
en río transparente
hecho por serafines;
ni la sombra que es ala
de un pájaro de nieblas
nacido sobre el viento.

Son los primeros versos del hermosísimo poema “Cuando la rosa muere”, escrito el algún momento entre 1945 y 1947. Noten la sencillez de las frases y, al mismo tiempo, su complejidad, pues para entenderlas, hay que apreciar la totalidad del poema, su sonoridad seductora, su demanda emocional, que se logran con el uso de palabras afines como “desolado”, “herido”, “sola”, “sombra”, “nieblas” que crean una atmósfera de pesadumbre; y el uso de frases surrealistas como “eco que sepulta”, “luz que va sola”, “pájaro de nieblas” que urden el acabado enunciado agorero y, al mismo tiempo, sublime, que se inicia con “cuando la rosa muere”. En este poema de la producción de Mieses Burgos, como en otros mucho más complejos, las palabras son utilizadas para crear un clima sensorial, no el conocimiento de un estado de cosas, y toman el significado desarraigado, absurdo, de un enorme barco de papel que quiere ser goleta y logra llegar a alta mar, porque así lo sentimos, así lo queremos.
Romina Bayo está entre el realismo cuidadoso de Manrique y el surrealismo cautivador de Mieses Burgos. Con imágenes donde lo que dice es exactamente lo que quiere decir, como Manrique, pero puede ser otra cosa, como Mieses Burgos.
En el poema “Nos dolerá la noche”, la poeta se nos presenta con toda esta potencialidad:

Antes de abandonar el lecho
déjame pedirte algo:

Desanuda tus caricias de mi cuerpo,
seca mis humedades de tus piernas
y así como estiramos las sábanas,
desarruga las marcas que nos hemos dejado.

Es hora del adiós…
Será difícil los primeros días…

Nos dolerá la noche
y extenderemos la mano al lado frío de la cama.
Inútilmente convocaremos las ovejas,
El sueño no será cómplice de este olvido.

Sonreiremos de la mano del deber cumplido,
caminaremos con la frente en alto,
luciremos la decencia como prenda preciosa…

Y estaremos en paz…
Sí,
estaremos en paz.
Pero la necesidad seguirá nombrándonos
y en vano intentaremos callar las entrañas.

Y qué pasará con el amor…

El amor fue la excusa que nos convocó
aquella mañana robada a tu agenda.
Pero no fue suficiente
El tiempo de las trinitarias se nos había pasado.

Tranquilo…
Recuperarás la transparencia de tu nombre,
siempre que logres evitar el recuerdo.

Y yo…
Yo seguiré igual,
te observaré de lejos
sonreiré al verte…

Será la fidelidad la que vista sus silencios,
las almohadas y las noches las que desnuden tus verdades.


Los poemas de Romina Bayo son anecdóticos. En este poema de obvia narración y, al mismo tiempo, de exquisita sutileza, nos sorprende el uso de frases que se suceden una tras otra con el doble sentido de la descripción de lo real y del llamado subyacente a un reclamo que será, persistentemente, el tema del poema: la insatisfacción por la aceptación de aquello a lo que nos vemos obligados a hacer.

Antes de abandonar el lecho
déjame pedirte algo:

Desanuda tus caricias de mi cuerpo,
seca mis humedades de tus piernas
y así como estiramos las sábanas,
desarruga las marcas que nos hemos dejado.


Es un reclamo que no se desea, que debilita y desgarra, pero que se acepta con entereza. Y entonces entra el poeta. En un juego alterno de imágenes y descripciones, y, con palabras casi banales, crea el clima deseado.

Desanuda tus caricias de mi cuerpo es imposible hacerlo. Es una figuración.
Seca mis humedades de tus piernas es posible hacerlo; basta tomar una toalla. Es una descripción.
Y así como estiramos las sábanas, también es posible hacerlo, pero no para desarrugar las marcas que nos hemos dejado, que no son del cuerpo sino del alma.
Este es el juego poético de Romina Bayo, un juego de encantamientos con palabras sencillas que pueden significar lo que describen y pueden significar otra cosa, el lector tendrá que desenredarlo. Con estas sutilezas nos envuelve, nos encanta, nos lleva, como dice Conde Sturla, “por la intensidad, por la inmensidad de un pensamiento que se sostiene casi por milagro en la más sencilla, natural y desnuda belleza de la forma”.
Al final del poema, quedamos tan insatisfechos, tan amargados, como su narradora. Y ahí está la magia de un poema. Hacernos sentir. Ésa es la condición que nos requiere Manrique, sentirnos tocado por la muerte de un ser querido, y lo logra con sus cavilaciones sobre la vida y la muerte. Ésa es la apelación que nos hace Mieses Burgos, sentirnos lastimados por la ausencia de un ser querido, y lo alcanza con frases surrealistas, tristes y desoladas. Y ésa es la magia de Romina Bayo, sentirnos identificados con el abandono al ser querido, y nos la impone con la alternancia de frases que giran entre la realidad y la figuración, y que crean el desencanto y la inconformidad.

II. LAS TRES POSTURAS DE ROMINA BAYO

En su poemario Nos dolerá la noche, Romina Bayo nos impresiona con tres posturas, tres estados de ánimos y tres puntos de referencia.
La primera postura es el desdoblamiento, donde la soledad y la niñez se acompañan en mutua represalia; la segunda, el arrobamiento, donde la entrega y la sujeción a Dios se afilan como hojas de cuchillos; y la tercera, el sensualismo, donde el éxtasis del acto sexual y la posesión del amado son el despojo de un instante. Los poemas siguen este ordenamiento.

A. LA POSTURA DEL DESDOBLAMIENTO

Fueron los psiquiatras Sigmund Freud (1856-1939) y Pierre Janet (1859-1947) quienes a finales del siglo XIX comenzaron a hurgar sobre la mente humana y propusieron las teorías del desdoblamiento. Sería tedioso explicar las coincidencias y las diferencias conceptuales de estos dos sabios investigadores; lo importante fue que introdujeron al mundo de la creatividad un nuevo enfoque para manejar el discurso científico y literario, el enfoque psicológico, y en el caso del desdoblamiento, el de un hombre o una mujer que se mira a sí mismo como otro yo, y se acepta o se rechaza, una noción que ya los griegos habían caracterizado en la figura del mítico Narciso frente a su imagen en el agua, aunque sin establecerla como conducta humana consuetudinaria.
Uno de los primeros intelectuales en aprovechar este nuevo enfoque humano fue el poeta, narrador y dramaturgo inglés Oscar Wilde (1854-1900) que, en la novela El retrato de Dorian Grey, publicada en 1880, presenta el desdoblamiento de un narcisista y hedonista quien, cautivado por su propia belleza, hace un pacto con el diablo para que, en vez de él, envejezca un cuadro que le fue pintado en su juventud, cuya figura se llenará no sólo de canas y arrugas sino de laceraciones producidas por los desmanes e inmoralidades que comete el personaje, sin que desmejore la perfección de su cuerpo y de su rostro. El desdoblamiento se encuentra ahí. El yo elegante, ameno, atractivo está en la realidad; el yo malvado, pecador, antisocial está en el cuadro.
En 1969, el psiquiatra Thomas A. Harris (1910-1995), en su popular libro Im OK, youre OK, basado en los principios del análisis transaccional, que a su vez se nutre de la propuesta de Freud sobre una naturaleza humana compuesta por el ego, el id y el superego, trata de proponer recetas prácticas para que sus lectores puedan manejar estos tres aspectos de su personalidad, simplificados al niño, el adulto y los padres. Harris nos dice que en nuestra mente luchan por imponerse los comportamientos del niño que fuimos, del adulto que somos, y de los padres que debemos ser, y que está en nuestra naturaleza armonizarlos.
La literatura dominicana encuentra respuestas a esta postura. En 1977, el laureado poeta José Enrique García, en su primer poemario titulado Meditaciones alrededor de una sospecha, incluye varios poemas del desdoblamiento. Veamos el poema “El otro” (4).

No lejos de mí, en mi persona,
sin escándalo, está naciendo un hombre.
Aquí mismo, en mis testarudos huesos
echa raíces este hombre,
y con la sangre de mi propio barro
se levanta.

Después, lejos de mí,
toma el cuerpo que alimenté temprano;
se pone mi camisa,
sin permiso toma mis pantalones
y sin permiso también
abre aquella ventana para verse vestido.
Acaba por ponerse mis compañeros zapatos
y echar a andar conmigo y mis vestidos.
Ya muy lejos de mí, oigo cuando se aleja
alegre, muy alegre de saberse nacido…
Espero que se quede con todos mis cansancios.


Como en la obra poética de Romina Bayo, esta obra poética de García es anecdótica, forjada con palabras y frases sencillas, quizás más descriptivas que las de Bayo, pues no encontramos una sola figuración, todo es real, menos el planteamiento conceptual del desdoblamiento. Hay que leer el poema en su totalidad para sentir la sacudida emocional que nos propina el autor. Podemos ver al otro hombre que nace, gesticula, anda. Es un hombre distinto al original, un hombre lleno de alegría. La frase final espero que se quede con todos mis desencantos es suficiente para entender el sufrimiento por el que pasa el narrador, cansado de la vida, deseoso de que ese otro yo, despreocupado, neutralice o cargue con el estrés que lo domina. Una esperanza, un deseo que, alguna vez, todos hemos tenido y que nos liga emocionalmente al poema.
De los varios poemas del desdoblamiento que aparecen en Nos dolerá la noche, he escogido el más corto y, a la vez, el más intenso. Se titula “Soy”.

Tiene un epígrafe de Vicente Huidobro:

Es para llorar que la vida es tan corta.
Es para llorar que la vida es tan larga.

Entonces la poeta desgrana su postura:

Soy la niña, la madre…
Soy la virgen, la adúltera…

La mujer, la esposa, la amante,
la soñadora, la suicida, la poeta…

Soy
todas ellas,
parada al borde del abismo
mirando la muerte,
a la espera de la vida
escondida en una mirada de amor (5).


El epígrafe sienta el vector emocional del poema. Como en García, el aliento del narrador es de desventura, de sufrimiento. Igual que García, Bayo se desdobla, pero no en una, sino en varias y todas las mujeres que ella es, o siente que es, y que pueden contribuir a su estado de ánimo. Como en Manrique y, como propone Conde Sturla, “con la inmensidad de un pensamiento que se sostiene casi por milagro en la más sencilla, natural y desnuda belleza de la forma”, la vida y la muerte son los protagonistas de su desamparo. Y como García, de nuevo, la esperanza aparece; se enclava esta vez, no en el otro yo, sino “en la vida… escondida en una mirada de amor”.
Es maravilloso como un poeta nos hace sentir emociones recónditas. Romina Bayo, indiscutiblemente, es soberbia e insistente en eso. A través de su poemario, el amor será el sentimiento que la hace vivir y que la destruye. El amor en su significado más sublime será como un bálsamo que nutrirá la vuelta al candor, mientras que el otro, el amor carnal, adquirirá todas las connotaciones moralizadoras de lo prohibido, su angustia y su deleite.

Soy la niña, la madre…
Soy la virgen, la adúltera…

Contraposiciones y contradicciones. Orígenes de la bondad y de la maldad, de la virtud y del pecado. Pero está la vida, que nos ofrece el amor para amalgamarlas o para aletargarlas.

B. LA POSTURA DEL ARROBAMIENTO

Hay tres poemas exquisitos de Romina Bayo que asumen la postura del arrobamiento. Son: “Jueves Santo”, “Viernes Santo” y “Sábado de Gloria”, evidentemente inspirados por la Pasión, Vida y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo durante la Semana Santa.
Los epígrafes a cada uno de estos poemas son del poeta místico San Juan de la Cruz:

Esta vida que yo vivo es privación de vivir
y así es continuo morir hasta que viva contigo

Estando ausente de Ti, ¿qué vida puedo tener
Sino muerte padecer, la mayor que nunca vi?

¡Oh, noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!


Estos fragmentos evidencian el pensamiento místico del poeta, donde vivir sin estar en Dios no es vivir, y vivir en Dios es ser a plenitud, y describen con exactitud la disposición de entrega a la que debe aspirar un ser humano para alcanzar el misticismo, “el estado extraordinario de perfección religiosa, que consiste esencialmente en cierta unión inefable del alma con Dios por el amor, y va acompañado accidentalmente de éxtasis y revelaciones” (6).
Al Romina Bayo presentar estos epígrafes como substanciación a sus tres poemas, surgen entonces algunas preguntas: ¿Son místicos estos poemas? ¿Aspira la poeta al misticismo? ¿Qué la mueve hacia esta actitud de humildad, de entrega sinceradora hacia Dios?
Veamos uno de ellos, “Viernes Santo”.

Mi alma gime
te he fallado.

Comió y bebió de Ti
pero ensució tu sagrario.

¡Fallé, Señor!, ¡caí!

Ignoré tu voz que grita
que ama.

Y corrí tras el fruto.

¡Libertad! era mi excusa
y hoy llevo las cadenas del mundo.


No hay que conocer la historia de Romina Bayo para tropezar con sus sentimientos de culpa por considerarse una pecadora. Fue educada en el cristianismo. Mientras estuvo en el Movimiento Puente, una agrupación católica, trabajó en la evangelización y formación de jóvenes y niños. En esa tarea hizo contactos con los seres mas destituidos: niños abandonados por sus padres, prostitutas amenazadas por sus proxenetas. Esa es la Romina penitente, la que se entrega a los deleites del espíritu (8). Pero está la otra Romina, la que carga un cuerpo lleno de sensaciones, de ímpetus que la empujan a los deleites del cuerpo; ésa aturde, embriaga a la otra. En estos tres poemas, la poeta logra trascender el deseo de la carne y se inclina ante la Verdad de Dios. No hay búsqueda de Dios, ni deseo de identificarse con Él, que son requisitos fundamentales para el planteamiento místico de un poema. Hay sólo el reconocimiento de la grandeza de Dios, de Su amor, del atractivo de una vida con Él, que, finalmente, se aleja, porque la atracción hacia la vida sensual la asedia.
Sin embargo, la evocación al misticismo, está presente, no sólo en los epígrafes, sino en esa actitud de arrobamiento, de amorosa enajenación, de subyugación hacia Dios, y, sobre todo, de identificación con el sufrimiento de Dios por amor, cualidades que nos recuerdan uno de los grandes poemas místicos de todos los tiempos: el “Soneto al Cristo Crucificado” del fraile agustino Miguel de Guevara (1586-después de 1646).

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz, y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera (7).


En los tres poemas de Romina Bayo aparece explícito el amor que siente por el Dios crucificado, el Hijo del Hombre que muere en la cruz para redimir las culpas de los hombres, al que quizás, algún día, vuelva la pecadora, perdonada, a pesar de sus desmanes, de sus desafíos, de sus querencias. Es, y será siempre, un amor perfecto, imposible de tener sino es en Dios.

C. LA POSTURA DEL SENSUALISMO

¿En qué momento el hombre y la mujer se entregaron a la sensualidad en desmedr0 de toda otra sensación o sentimiento? Hay varias versiones, entre las cuales hay dos que nos interesan.
Está la bíblica, en la que Adán y Eva, en el Edén, comen de la fruta prohibida, y a partir de ese momento sus ojos se abren al conocimiento del bien y del mal, que serán definidos eventualmente por los diez mandamientos. Entre estos, según la versión de San Agustín (354-430), uno obliga a no cometer actos impuros y otro a no tener pensamientos impuros, entendiéndose como impureza la cualidad que impulsa al hombre a deleitarse con las cosas que percibe a través de los sentidos, entre las cuales están las sensaciones que tenemos en el acto sexual. Para las religiones que se basan en la Biblia, el deleite del acto sexual se logra en pecado, y sus seguidores deben controlarlo hasta su anulación.
Está la biológica, acondicionada por la evolucionista y la psicológica, donde el hombre y la mujer son simplemente animales que responden a sus instintos, entre los cuales está reproducirse. Para hacer más atractivo el acto de la reproducción encuentran deleites que facilitarán su unión y se impondrán a su personalidad. Esos deleites del acto sexual son un mecanismo natural, espontáneo, intrínseco a la condición humana del hombre y la mujer.
Son dos versiones contrapuestas que mantienen en vilo a todo ser humano criado bajo lo preceptos religiosos y científicos desarrollados durante siglos en la civilización occidental, la civilización que se origina en los países alrededor del mar Mediterráneo y que, eventualmente, domina el mundo.
Romina Bayo está influenciada por su formación cristiana y tocada por su condición biológica. En sus poemas se enardece la lucha entre el amor sacro y el amor profano, hasta hacerla perder el predominio de los espiritual sobre lo carnal. El acto sexual es acogido, finalmente, por los deleites que se perciben, pero se da una situación ineludible: ese acto implica también buscar a un compañero, y es aquí donde entra el conflicto. En casi todos los poemas de la sensualidad de Romina Bayo, el resultado no está en el momento del éxtasis, del orgasmo, que, en muchos de ellos, se describe con maestría lírica, sino en el momento de la separación, de la despedida. La separación es inevitable por haber aceptado un amor imperfecto, y es, a la vez, un castigo, por haber transgredido los mandatos de Dios.
Pero veamos con detenimiento la p0stura de la sensualidad en Romina Bayo.
En el poema “Huellas indelebles”, la poeta dice:

Redimimos el valor virginal de una mirada,
deshojamos los cuerpos,
nos despojamos de historia.

Desnudamos el enigma de la piel
conquistando la eternidad de un beso.

Y fuimos…

Esculpí mariposas en tu espalda…
esparciste jazmines en mi vientre…

Devoramos nuestros cuerpos,
bebimos del sudor aletargado,
hurgamos rincones,
penetramos esperas,
hasta convulsionar en las penumbras
de un tiempo alquilado.

Reposamos la embriaguez,
atamos con cabellos la promesa del reencuentro.
No sería la ultima vez…

Sonreímos,
detuvimos nuestras miradas
y una vez más,
estiramos las sábanas antes de abandonar el Edén.


Noten la calidad de las imágenes, sencillamente geniales.
Veamos algunas:
Nos despojamos de historia, que explica la manera en que, durante el acto de amar, se anula todo lo pasado y sólo se vive el presente.
desnudamos el enigma de la piel, que implica tanto desnudarse para hacer el amor carnal, como entrar en el significado del amor, dando a ese amor el carácter de misterio, algo por descubrir cada vez que se hace.
y una vez más,/ estiramos las sábanas antes de abandonar el Edén, donde se evidencia que el deleite del orgasmo es tal que, después de tener uno, se busca otro, y otro más.
En las primeras cinco estrofas de este poema se describe el acto sexual. He revisado varios poetas eróticos y ninguno logra la exquisitez de las imágenes con tan pocas y sencillas palabras.
Romina Bayo inicia su poema con imágenes preparatorias al acto:

Redimimos el valor virginal de una mirada,
deshojamos los cuerpos,
nos despojamos de historia.

Luego continúa con imágenes del acto mismo:

Devoramos nuestros cuerpos,
bebimos del sudor aletargado,
hurgamos rincones,
penetramos esperas,
hasta convulsionar en las penumbras
de un tiempo alquilado.

Viene entonces el acuerdo para volver a juntarse:

atamos con cabellos la promesa del reencuentro

Y luego la decisión de no perder tiempo y hacerlo de nuevo, ahí mismo.

y una vez más,
estiramos las sábanas antes de abandonar el Edén

En un momento dado, se hace evidente el conflicto con la frase “un tiempo alquilado”. El acto de amor será siempre un placer que concluye en la indefinición de la entrega, en la dudosa relación de amor entre los dos participantes. El hecho de que, entre los dos, pueda no haber amor sino sólo placer es un despropósito, una angustia que sacude hasta lo más hondo a la narradora, que idealiza el amor en términos del amor a Dios, un amor perfecto, grandioso, de entrega mutua. Por eso, viene la separación.
En este poema se plantea el reencuentro. En otros no será así.
Veamos.
En “Nos dolerá la noche”, que ya leímos, la separación llega por convencimiento de la narradora, que acepta el alejamiento del amante para que vuelva donde la otra mujer (quizás la esposa), y para que los desconsuelos que aporta la infidelidad dejen de importunar a los amantes. El amor entre ellos no encontrará reclamo en el vacío existencial de encuentros sin futuro; pero quedará mentalizado, hurgador, insoslayable.

Será la fidelidad la que vista tus silencios,
Las almohadas y las noches las que desnuden tus verdades.


En “No basta el amor”, se propone que, cuando la separación es inminente, no importa cómo tratar de evitarla, ella llega.

Y los conjuros no bastaron para convocarte
y el amor no bastó para salvarte


En “Asignatura pendiente”, la separación queda como algo que se diluye frente a la certeza de la muerte.

Camina tranquilo,
mis planes no han sido cambiados por ti.
Al fin y al cabo,
un solo destino nos envuelve.

Antes o después,
los mismos gusanos consumirán nuestros cuerpos.


En “Deshacer el recuerdo”, la sensualidad asume otra dimensión, pues la poeta no trata ya del rompimiento con el amado, no se detiene en esa dolorosa separación que destruye el alma, sino en el momento de despedir cualquier hombre con el cual se tenga un encuentro casual que provea el placer apetecido.

Deja en soledad a la que soy y que no entiendes
y abraza a la que sonríe,
a la que siembra crisantemos en tus labios.

Abraza lo que ves
y no preguntes…
Sólo intento deshacerme del eco taciturno
que siempre trae un hombre ajeno
al que me espera en las noches


En “Un poema para dos”, la poeta expresa que, en el acto de amor, sólo hay posesión del amante en el orgasmo.

Riegas el huerto fértil
con el bálsamo vivo de tu hombría
y en un agónico grito
se deshacen mis músculos sobre ti.

En ese instante,
donde nada de tu cuerpo sabe ajeno a mis labios
sé que me perteneces.


IV. EL DESAFÍO

El último poema de Nos dolerá la noche, titulado “Rebeldía declarada”, es la culminación de todo lo que se ha manifestado anteriormente.
Veamos.

Culpo a mis letras.
Han puesto en evidencia,
la que soy
que nadie quiere.

No las llamo,
Ellas vienen a mí,
me invaden.

Me obligan a sentir,
a ser.

Es cierto.

Son culpables,
me hacen gritar…

Y qué.

Prefiero besos robados
a novios eternos.
Me aburre la espera
y visito una cama
cuando el fuego quema.

Y qué.

Huyo a cualquier alianza
hago lo que amo,
y con eso basta.

Se me hacen largas las noches
si las comienzo sola.
Voy tras lo que me gusta.

¿Y qué
si me llaman puta?

Así vivo mis días…

Me enamoro diario,
Y en licor lavo mis labios.
Navego tras Alfonsina,
Resucito con Morfeo.

No piso tumbas ajenas
y arrugo la sábana que mejor me queda.

Y qué.

Llaman inmadurez
lo que es gusto.

Amo todos los días
y el fin de semana un poco más.
Pero cuando amo…
amo entera.

No daño a nadie
doy segundos
pero completos,
sin negocios en la cabeza
ni añoranzas entre mis piernas.

Cuando me doy
digo ¡Presente!
Entera.

Llega la noche
Y duermo tranquila.

¿Y si no amanece,
y si la muerte llega?…

Y qué.

No acostumbro dejar
asignaturas pendientes.


El poema se inicia con la revelación de una baja autoestima de la narradora por sí misma y, otra vez, en un desdoblamiento: la mujer y la escritora se enfrentan.

Culpo a mis letras.
Han puesto en evidencia,
la que soy
que nadie quiere.

No las llamo,
Ellas vienen a mí,
me invaden.

Así como el cuadro de Dorian Grey evidencia su maldad, las letras de la narradora revelan lo que ella realmente es y confrontan a la mujer con su realidad. Es una confesión y una admisión. Soy como soy, y no voy a ser otra. Y se van desgranando, punto por punto, los desmanes de la pecadora que seguirá siendo, porque ¿y qué? ¿a quién le importa cómo vive, sino a ella misma? Y ella se ha convencido de que es un despojo “que nadie quiere” y que siempre será así.
Parece un impromptu, una improvisación, pero es una catarsis. Vamos a salir de todas estas cosas que me agobian, vamos a reconocer lo que soy, vamos a ser.
¿Y entonces?
¿Y dónde queda la posibilidad de encontrar a un hombre que la satisfaga totalmente, tanto en su sexualidad como en su espiritualidad?
¿Y dónde queda la esperanza en “la vida… escondida en una mirada de amor”?
La narradora las niega. Todo quedará consumado en el mismo instante en que se da, nada tendrá futuro. Es un existencialismo del más reacio, un vivir el momento del más apasionado. Antes, la narradora ha sido cuidadosa en expresarse; ahora, es explícita. Pero, atención, hay un rastro de dolor en ese desafío, una frustración escondida. Y surge una pregunta sobre una postura que no ha sido tocada en este poema final: ¿Dónde queda Dios?

V. UNA ACLARACIÓN

Ahora viene una aclaración.
Es un hecho que en la creación literaria el narrador y el autor no necesariamente son uno mismo. También que las experiencias reales, aprendidas o imaginarias del autor determinan las acciones del narrador. En los comentarios que he hecho sobre Nos dolerá la noche he confundido continuamente a la autora y a la narradora. ¿Son una misma? ¿No lo son?
La respuesta es… Si lo son, ¿y qué?


NOTAS
1. Conde Sturla, Pedro. “Las coplas de Jorge Enrique”. Periódico El Caribe. 13 de julio de 2008. P. 8.
2. Conde Sturla, Pedro. Idem.
3. Bayo, Romina. Nos dolerá la noche. Premio Internacional de Poesía Joven Feria del Libro 2007. Ediciones Ferilibro No. 115. Dirección General de la Feria del Libro, Santo Domingo, República Dominicana, 2008.
4. García, José Enrique. Meditaciones alrededor de una sospecha. “El otro”. En Enegildo Peña, La poesía contemporánea en Santiago. Antología 1977-2005. Ediciones Ferilibro. Num. 74, Pp. 51-52.
5. Bayo, Romina. Idem. P. 23.
6. Real Academia Española. Diccionario de la lengua española. Vigésima primera Edición.1992. P. 1381.
7. Guevara, Fr. Miguel, “Soneto al Cristo Crucificado” en Bruno Rosario Candelier, Poesía mística del Interiorismo, Ateneo Insular Internacional. Santo Domingo, 2007. P.59
8. Gautier, Manuel Salvador. “Qué hacen dos argentinas en la República Dominicana”, Presentación de Mónica Galleano Lehmann y Romina Bayo en la conferencia “La visión del amor y el dolor en Alfonsina Storni y Alejandra Pizarnik”. Feria del Libro 2006.

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