lunes, 15 de septiembre de 2014

ROBERTO MERINO [13.320]


ROBERTO MERINO 

Nació en Santiago (Chile) en 1961.
Es Licenciado en Literatura por la Universidad de Chile,donde obtuvo el grado con una tesis sobre la obra de Juan Luis Martínez. Ha publicado los siguientes libros de poesía:
Transmigración (1987) y Melancolía artificial (1997; segunda edición 2009); de crónicas, Santiago de memoria (1997), Horas perdidas en las calles de Santiago (2000) y 
En busca del loro atrofiado (2005); también el libro antológico Antología del humor literario chileno (2002) y Luces de reconocimiento (2008), recopilación de ensayos sobre literatura chilena. Actualmente,Merino es profesor de literatura en la Escuela de
Literatura Creativa de la Universidad Diego Portales





EL BOSQUE 151

Donde hubo fuego queda la realidad.
A partir de eso el mundo se me vela
(en la pieza vacía no hay cabida).
¿Interrogar, torturar ese fantasma,
la sábana de la que ha desertado?
La única hermosa, la única mirada,
ciega a mis ojos no mira lo que alumbra
(un cuerpo sin luz propia desvelado).
No busque entonces en el jardín nocturno
otra prueba del tiempo detenida:
habrá de sobra lluvia y corrupción
y una luz de mañana que nos niegue.
Por último saber que estas palabras
no alteraron el ruido ni el silencio.





MELANCOLÍA ARTIFICIAL

Es probable que sólo haya venido
para que pase el amor entre estas páginas
(una palabra en un idioma extraño).
Ese esplendor tardío y tan usado
en su efímera pose, ya distante
de la esfera que alumbra sus propósitos.
No lejos de los bosques prohibidos
el mar nocturno hiende sus orillas.
Pensar en esos límites ahora
demasiado remotos, los que eran
antes de ayer el punto de partida.
La estrella solitaria, la luz fría
que vela al acercarse lo que llama
(amanecer, vivir, otras palabras).






TANTALISE

Es demasiado caro haber amado,
haber creído amar durante un lapsus.
Con cierta urgencia haber necesitado
esa, la oscura piel en la que nunca
toqué fondo. Al tacto, a oscuras
morir sobre su piel, tal fue el deseo
que me abrió de súbito los ojos.
Quemar sobre la propia indiferencia
esta soleada piel que me ha vendido.
Quemarme en frío, ardiente y esoftálmico
y no dejarla verme al otro día
sin emociones huir desabrigado.
En esta noche siguiente y perseguida
sé que es su libertad lo que he perdido.







PRIMER AMOR

De luces ciega, de ideas trasnochada,
la hipnosis de los círculos, la quimera del agua,
profusión de los árboles en atmósferas vagas,
cosas que amó, personas que la amaban.
Las noches se prendieron en su mente y la mía,
las bengalas lanzadas al paso de la vida
y devueltas al rumbo como estrellas quemadas.
Cuántas noches llegamos a encontrarnos de lejos
reflejados de amor en la ciudad vacía
y en los parques blanqueados de insomnes luminarias.
No quisiera saber de qué modo perdida
queda ahora de mí en íntima distancia
entre árboles ajenos e incomprensibles días
flotando en las orillas de la luz de su lámpara






PARQUE GRAN BRETAÑA 

Cómo sobrevivir de aquí a mañana,
cómo alcanzar otra vez la disipada
luz de las nieblas matinales,
la amarillez del otro despertar.
El gallo canta y el lirio se desdobla,
ensueños diurnos y vigilia insomne.
No es posible esta luz municipal
al acecho de las flores nocturnas
(cuyos estambres procesan ciegamente
el tacto del rocío artificial).
Lo que quiero decir: estos legados
de alegría social del día antes,
estas corolas de retinas blancas
que no evidencian ni camuflan nada. 
Y a la luz de los focos sumergidos
que enrojecen el agua del estanque,
los jardines colgantes de la Polaroid,
el non sancto sepulcro de colillas,
polillas, flores y otros testimonios.
El fin dominical de ningún viaje






RICARDO LYON 3352

Sé que no creo, pero no es bastante
ese premio menor de desconsuelo.
De una vida de pura explicación
desaparecen de pronto los paisajes.
Lo que no espero lo espero del azar
pero dudo del método en la noche.
Sin comentarios las hojas en los techos
acumulan inútil permanencia.
El mismo azar es un albur lejano
(no queda otro cigarro que el que fumas).
Me imagino que hay playas, que hay un norte
despertándose del despojo de las olas.
Pero en la vida misma constatarlo
se hace lento y difícil y desbordan
a estas horas los años estancados





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