jueves, 11 de septiembre de 2014

RAFAEL ESCOBAR DE ANDREIS [13.265]


RAFAEL ESCOBAR DE ANDREIS 

(Santa Marta, Colombia, 1946)
Nace el 21 de febrero de 1946 y vive en Cali hace más de treinta años. Es médico de la universidad del Cauca y Anestesiólogo de la Universidad del Valle. En los años 1981-1982 formó parte, en Cali, del grupo editorial de la revista literaria Luciérnaga Cuentos suyos fueron publicados en el Magazín de Asmedas, hoy Asomeva, en los años ochenta. Actualmente es codirector de la revista de poesía Clave 

Ha publicado: A la espera del alba (relatos, 1995), Mirada de sombras (poemas, 2001), Entre el mar y el olvido (poemas, 2005), Golpes bajos en los años altos (Relatos, 2013). “Navidad en familia” cuento que forma parte de la Segunda antología del cuento corto colombiano, publicada por la Universidad Pedagógica Nacional (compilación realizada por Guillermo Bustamante Samudio y Harold Krémer). 

Hace parte de los autores publicados en el libro Peldaños de arena (Cali, 2006). Incluido en La piel del tiempo, antología del Taller de Poesía El Palabreo (Cali, 2012), libro ganador de una beca a la edición de antologías poéticas de talleres literarios del Ministerio de Cultura. 

En septiembre de 2011 su poema: “Morada de niebla” fue uno de los ganadores del concurso nacional La Poesía como una Casa, convocado por la Casa de Poesía Silva de Bogotá. 



AL FILO DE LOS DÍAS

Embetunados esqueletos de infantes
aletean con el fuego entre sus manos.
Risas pálidas, pardos ojos, tristes pies,
miran codiciantes las monedas y el pan.
Una barriga próxima a reventar,
mientras cuida la carreta cargada de cartones,
expulsará pronto otro esqueleto malabarista.
Llueve y el frío cala los cuerpos.
Cuando cae la noche son buenas cobijas
las noticias de envejecidos días.
Las flores azules han cerrado sus puertas
y enmudecen los párpados de los girasoles. (6)

(6) En el ejercicio sobre Georg Trakl. 29 de Octubre de 2.005.





SIN TÍTULO

No es como para morirse,
que los colores -adornos
de los trajes de las flores
y la menuda lluvia de estambres
con su fragancia iluminada
sean para despertar el instinto
de los obreros aleteantes,
no para saciar el ansia de belleza
de los ojos humanos. (7)

(7) En el ejercicio sobre Emily Dickinson. 8 de octubre de 2.005.





A M. M. CARRANZA

Hoy, no quiero abrir los ojos
ni decir más palabras
de imágenes gastadas
de asuntos ya sabidos:
El mismo pantalón doblado
en una silla,
la lámpara en silencio,
unos zapatos viejos al margen
del camino,
la empolvada cortina que anoche
me separó del mundo.
Hoy, no quiero abrir los ojos
ni decir más palabras
del ayer ya vivido.
Si no cambia el paisaje
o los ojos que miran,
que yo siga dormido
por esta vez...
por siempre. (8)

(8) En el ejercicio sobre María Mercedes Carranza. 5 de Noviembre de 2.005





JAZZ

Katrina, puñal de agua y viento
que hiere de muerte la música
y la vida.
Ya llegan los convoyes militares
con hombros sudorosos
para calmar los gritos sumergidos
de los náufragos.
Si muchos se salvan
habrá quien consuma y gaste
en las ciudades vecinas.
Y quien compre tiquetes
para ir a ver los rascacielos.
Y quien toque esa música triste,
libertaria, negra, que jalona
turistas y dinero.
Y quien se una a los tributos
que sostienen la guerra.
Y quien represente a esa raza
que nos convierte, por estar incluida,
en verdadera democracia.
Que siempre se escuchen sus gritos
y sus cantos.
Que suban a los cielos sus tonadas tristes.
Ahora... ya... jazz... jazz (9)

(9) En el ejercicio sobre Arthur Rimbaud. 17 de Septiembre de 2.005.





LOS MUROS

Se acercan y oprimen
como la soga
al cuello del condenado.

Invisibles muros que recuerdan
lo poco que dura una llama
y una existencia humana.

Muros que dejan los parientes,
amigos y conocidos
de edades similares a las nuestras.

Cuando ellos mueren
nos dejan de cara a la pared
y con un pie tanteando en el vacío. (10)

(10) En el ejercicio sobre Konstandinos Kavafis. 19 de Noviembre de 2005.






NADIE RECUERDA IGUAL EL MISMO RÍO

Riachuelo magro ahora, Manzanares,
sin ruido, sin piedras, sin torrente,
que al mar Caribe llegas débil,
como un hilo y vomitando desperdicios.

Sólo cuando el invierno irrumpe
creces, vuelves a correr raudo y ruidoso,
en un mal recuerdo te conviertes
recuperando el lecho
que miles de tugurios te han robado.

En el invierno crudo, añoso Manzanares,
existes nuevamente, palpitas,
renaces por desgracia
para invadir casuchas y dejar ruina y lodo.

Padre, tú, como el río de antaño,
te fuiste apagando,
volviéndote frágil, delgado y macilento;
al contrario del río entre alados recuerdos,
casi a la par del alba...regresas mansamente. (11)

(11) En el ejercicio sobre Antonio Machado. 1 de Octubre de 2.005





REVELACIÓN 

Como mercancías en las vitrinas
de un día sin comercio,
había varios objetos cubiertos
por la soledad y el polvo
en el cajón de la mesa de noche.
Al reloj le faltaba una muñeca
llena de hebras blancas
y de manchas color de chocolate.
La lupa no tenía quién la guiara
en la fabricación de exageraciones.
Las gafas, sin ojos,
estaban más muertas que nunca.
El radiecito amarillo se resignaba
a su petrificación en off
Comprendí entonces
que mi padre había muerto.





Para Borges

Podría sacrificar la luz de los ocasos
y no ser yo ni otro en los espejos.

Sólo por el rumor saber que el mar existe
sin apreciar si los barcos van o vienen.

Me hablarían del cielo sus historias
y del verano la huída de las lluvias.

Recordar de las calles el color de las sombras
y la frescura verde de los patios.

Reconocer tu cuerpo con mis manos
que de tus labios dan razón los míos.

Guardar con celo en la urna de los sueños
el banco sol y la amarilla luna.

Si me nacieran y nunca se apagaran
dos asombrados ojos en el alma.






VELADA

Días después de la reunión
duerme debajo de la mesa 
la cuerda que cayó al quitar los velos
del regalo que le hizo su hija.
Sigue allí sin que nadie la levante
como si al hacerlo un encanto acabara.
Si dejáramos todo igual después de la fiesta:
las copas con las huellas de labios,
los palillos con que cada uno pinchó las aceitunas,
las migas de pan y crispetas que no acataron
el ansia de las bocas,
las colillas de los cigarrillos y la forma 
como cada cual apaga el fuego y riega la ceniza.
Si no corriéramos a lavar y dejar todo como estaba
¿Podríamos tener una reunión que perdurara en la
memoria? ¿Vendrían por su cuenta frases, comentarios,
risas?
¿Se escucharían canciones?
¿Reemplazarían los objetos a las personas?
Quizá hasta podríamos repetir la velada
sólo con las cosas y los gratos recuerdos.






AL MEJOR POSTOR

Hubiera sido mejor
prodigarle cuidados,
envenenar los demonios que poco a
poco lo vencían por dentro,
o conseguir un huésped
con manos de ángel
que tañera la pesada arpa.
Hubiéramos podido contemplarlo
año tras año caerse a pedazos,
el despeñe de las teclas como regalo,
sería un desfile armónico de notas.
No fue la mejor solución
que una borrasca de pesos desteñidos
lo alzara por los aires
dejándonos los bolsillos medio llenos
y un silencio vacío.






POR UN PAÍS DEL NORTE

I

Abandono el ruido
y el humo de los exostos
de la famosa “Indy”
prefiero las rejas de la jaula
al otro lado de las graderías
donde todos parecemos del mismo bando
y discriminados por una misma razón:
“Zona de fumadores”


II

¿Cómo lograr el silencio?
Que las ambulancias
no se aprovechen de sus sirenas.
Que algunos carros no ametrallen
con sus exostos.
Que los egos de los conductores
no se crezcan por sus pitos
ni por sus estridentes equipos.
Habría que vivir en Hampton
ese barrio de Edmonton (Alberta)
donde hasta la lluvia es acolchada
y sólo se siente el crujir de las tripas.


III

Por la calle de las “compra-ventas”
de algunos bares de poca apariencia
y de lavanderías de monedas…
Un aviso: “Esta comunidad
no tolera la prostitución.
“Llame a tal teléfono”.
Me pregunto si para todos es claro
a qué se refiere tal denominación del oficio.


IV

En el aeropuerto de Toronto
nos tropezamos
con dos horas más que en Edmonton
y más  rudeza:
-“Si no saben inglés cómo pudieron
llenar this card?
No entiendo español… the next”


V

Verano de flores inunda el paisaje
el trabajo paciente volcado en materas
pasará como una exhalación;
el invierno inclemente
no sufre de ataques sentimentales.




VISITA A MI HIJA

Antes estuve allí o eso pienso
reconozco mis pasos dibujados
por rodillas que apenas se saludan;
a pesar de los miles de kilómetros
un mentón descansa en los dedos de una mano
con un gesto que algo me recuerda.
El espejo refleja cada tarde
la forma lenta y minuciosa
de ordenar y mezclar
los preludios de la cena.
Más allá del verano sofocante
el abrazo, el calor, las caricias
de un rostro satisfecho
y los labios de las buenas noches
como exorcismo de las pesadillas.
De lado a lado el cielo sin límites
como este largo viaje con escalas
no sé si el último emprendido
antes del viaje final y sin paradas…
¡hasta mi cuerpo ignora ese futuro!




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