lunes, 15 de septiembre de 2014

GERMÁN MUÑOZ PILICHI [13.321]


Germán Muñoz Pilichi

Escritor chileno (1951). Doctor (C) y Magíster en Literatura (Universidad de Chile), Licenciado en Estética (Pontificia Universidad Católica de Chile). Profesor (Performance Art) del Programa Magíster en Artes de la Facultad de Artes. Departamento de Teatro. Universidad de Chile.  

Ha publicado dos libros de poemas: Muerte colmada (2001) y Espejo de semejanza (Washington D.C.,2008). Una selección de poemas de Muerte Colmada obtuvo el Primer Lugar en el III Concurso Nacional de Poesía ―Ciudad de San Felipe‖ (Chile, 1999). Ha sido Becario CONICYT conpasantía (Visiting Researcher) en Georgetown University (Washington D.C., Estados Unidos,en el año 2008). Su trabajo poético se complementa con el ensayo estético (artes visuales y fotografía) y, asimismo, con la composición musical y con la creación fotográfica.





De M U E R T E C O L M A D A 
RIL Editores. Santiago, 2001 
(Edición revisada, 2005) 



[De “AMORES”] 


Yo que tantos hombres he sido, no he sido nunca 
aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach. 

Borges, 
“Le regret d’Heraclite” 
Museo, El hacedor. 



1.

LOS LUCHADORES DE MUYBRIGE 

Según Walt Whitman 
Leaves of grass. “Song of myself”, XI 
y Eadward Muybridge, The human figure in motion. Plate 69, “Men wrestling” 

¿Adónde va usted , señora? Porque la he visto, 
Juega usted en el agua y, sin embargo, permanece en la casa. 
Whitman, 
Hojas de hierba. “Canto de mí mismo” 
Traducción de Jorge Luis Borges. 


Veintiocho años ella, ellos veintiocho. 
Desnudos juegan en aguas del río. 
Ella soñando hoy baja a ese río. 
Veintiocho años ella, ellos veintiocho. 

Caronte busca de Muybridge el libro, 
la foto en The human figure in motion. 
Son dos cuerpos bellos (two boys in motion). 
Carón la imita huyendo hacia el libro. 

La foto muestra una lucha ya vana, 
no hay juego, no hay alma, no hay lid, no hay muerte. 
Pasa sobre ellos burlada la muerte, 
vuelve al estigio, la empresa fue vana. 

Son dos cuerpos bellos. Two boys in motion. 
Veintiocho años ella, ellos veintiocho. 



2. 

OSCAR WILDE CARACTERIZADO COMO SALOMÉ EN UNA CURIOSA FOTOGRAFÍA 


J’ai baisé ta bouche Iokanaan 
J’ai baisé ta bouche… 

Wilde, 
Salomé 



¿Quién es ella..., la del gesto delicado?... 
Blanco abrazo a la cabeza arroja 
que en la fuente de plata, ahora roja, 
bien ilustra el fin del desdichado. 

Su noche ha caído con fortuna 
como manto al espacio de la escena, 
cubriendo la sentencia que condena 
y su epitafio la sangrienta luna.[1] 

¿Quién es ella..., la bella de la foto?... 
¡Ay!, quien ose llamar a la sospecha 
o bien sueñe el ensueño dar por roto. 

Negando que su imagen sea otra, 
así ve lo distinto como igual. 
_Di, d’après Flaubert: «Salomé c’est moi». 




Otro Soneto del Amor Oscuro[2] 


Noche de viento recio, mala para las putas. 
Goya, 
Los caprichos. 
Comentario a la Lámina 36: “Mala noche”. 


¡Oh cama de hotel!, ¡oh dulce cama! 
Sábana de blancuras y rocío. 
¡Oh rumor de tu cuerpo y el mío! 
¡Oh gruta de algodón, penumbra y llama! 

¡Oh lira doble que el amor enrama 
con tus muslos de lumbre y nardo frío! 
¡Oh barca vacilante, claro río, 
a veces ruiseñor y a veces rama! [3] 

¡Oh barca, penumbra de nardo y gruta!, 
ya no más ruiseñor y no más rama 
ni lira doble que la noche infama, 
rota para el amor y horror de putas. 

¡Oh mala noche de ti memoriosa! 
¡Oh viento recio que ya nadie goza! 



4. 

MUTABILITY 


¿Por qué al amor niegas tu cercanía 
huyendo de quien, sólo, amor busca? 
¿Acaso amarás cuando ya no luzca 
vanidoso el cuerpo su mercancía? 

¿Qué comercio gris, qué cruel voz regía 
cuando fue a tus ojos la imagen brusca 
que en mezquina luz cala, hiere, ofusca 
y ya no vi en ti lo que ayer veía? 

Mi cuerpo a fuer de tu cercanía 
el mustio amor entre palabras busca; 
mas no hay consuelo que al amor no luzca 
necio comercio, peor mercancía. 

¿Qué has mudado Amor que al amor no obliga? 
¿Qué has mudado Amor que a mi voz castiga? 



5. 

A LA MODERNIDAD CANSADA 


Hoy frágil tu arquitectura recuerda 
la blanca arrogancia (tu sueño oscuro) 
y triste articula en su cuerpo espurio 
la recta línea (vidrio, acero, piedra). 

¿Cuántos soles ha visto fenecer 
la nueva Parca de tu vieja cuna? 
Cuánto silencio…cuántas lunas, una 
a una, callaron tu amanecer. 

Ayer también soñé con tu promesa 
que en su simple nadería preludia 
la alegría gris de la urbe rubia, 
su desasosiego, ¡feliz pereza! 

Firme tu verbo no cesa y conjuga 
su seco futuro, tu fin, tu fuga. 

De ESPEJO DE SEMEJANZA 
Inédito, 2006 



[De “Los mundos grises” 
Homenaje a Manuel Álvarez Bravo. México (1902-2002)] 



I. 

LUZ RESTIRADA 


Me presenta una breve fábula (acaso un sueño). 
Me ha dicho que al despertar repetía una y otra vez aquel En blanco y negro con el cual Debussy nombra su dúo pianístico, presintiendo que con aquella insistencia se acercaba a una imagen compartida. 
Anotó el sueño. 
Había instalado en el estudio dos magníficos pianos de cola, del mismo modo como suele hacerse en los conciertos a dúo (un pianista enfrentando al otro). 
Le parecía curioso que esos dos pianos, vistos desde arriba, semejaran una cartografía simétrica: una doble imagen negra e invertida del mapa de México. 
Pero con aquella escenificación sólo buscaba la posibilidad de ubicarse entre los reflejos de aquella ausencia de color, de ceder a esa carencia cromática. 
Sin duda amaba el diálogo sinuoso del marfil y el ébano; pero lo que de verdad lo subyugaba era aquel acromatismo sublimado en un instrumento musical, ese no color que deviene música. 



Mientras se disponía a abandonar el estudio, y siguiendo el juego de las simetrías, miraba el paisaje de la ciudad; aquella realidad que, para él, parecía mostrarse sin color y hacía resonar en su imaginación el viejo modo de la fotografía. 
Empero, ya fuera del sueño, no se reconocía como una paráfrasis del dúo debussyano, sino como el otro rostro de esa música. Le parecía ajeno aquel En blanc et noir que irónicamente juega con las palabras para luego dar cauce libre al placer de una colorida paleta, porque ahora veía el blanco y negro de sus imágenes como la investidura de un texto silencioso que lo impulsaba a nombrar fotográficamente (a pintar de gris) los mundos de inocencia y duelo del paisaje. 



LA BUENA FAMA DURMIENDO 

A Gwen Kirkpatrick 


Oiga Ud.: 
La vi en la vidriera de la tienda. El dependiente, un hombre maduro de pulcra cortesía, no desadvirtió mi extrañeza ante aquella rosa que supe era su joya. 
Había nacido de la primera muestra de aplicación de un nuevo material, resultado de las curiosas investigaciones realizadas en el Departamento de Libre Experimentación de la fábrica de nailon México. 
Si la más aventurada de esas experiencias había arrojado un material rígido y ligero como las uñas –que primero se creyó no ofrecía utilidad alguna y luego hallaría su justificación en las de golillas sacerdotales y las uñetas del clavecín- la más reciente había alcanzado un triunfo insospechado al dotar al material con una nueva dádiva: el don de muerte. Noble fatalidad que, empero apócrifa, eventualmente lo redimiría de su origen incorruptible. 
Fértiles años de búsqueda, o más bien de encuentro, habían permitido el hallazgo de materiales extravagantes –como el de aquella rosa- que concretarían extrañas invenciones. 
Me acerqué a ella. Era elemental y perfecta. Aún no se abría, pero ya dejaba ver la broncínea corola de pétalos. 
-Tenga Ud., ahora es suya. 
Me diría aquel hombre al entregarme, envuelta en un lienzo, la rosa que yo le había comprado. 


Al llegar a casa noté cómo la floración se anunciaba en su cuerpo y cómo empezaba a descubrirse. 
Sustentaba el orgullo de su belleza el tallo erguido y flexible pero breve ya que aún era impracticable fabricar rosas más esbeltas. 
Puse sobre mi mesa de trabajo un vaso con agua y en él la acomodé. 
Poco a poco la rosa fue desplegando ante mí su enigma moreno. Como en las camelias su cuerpo no ofrecía olor alguno, pero su progresiva apertura era una danza ensoñadora que yo observaba embelesado. 
No obstante, no pasó mucho tiempo antes de que cayeran los primeros pétalos sobre la mesa. Luego, no tardaría el tallo en plegarse melancólicamente como queriendo alcanzar los despojos que yacían sobre el tapete. 
La rosa se arruinó sobre mi mesa perpleja. 
Entonces recordé, si la rosa es sin por qué y si florece porque florece, ¿entonces qué? Pero ya abandonado en manos de aquella esfinge sólo me restaría la fama del oscuro y claro enigma de esa imagen artificiosa. 




[De “LA PALIMPSESTOMAQUIA” 
Cinco entreactos goyescos] 

Qu'est ce qu'ils savant de l'amour, et qu'est ce qu'ils peuvent 
comprendre? 
S'ils ne comprendent pas la poésie, s'ils ne senten pas la musique, 
qu'est ce qu'ils peuvent comprendre de cette passion en comparaison 
avec laquelle la rose est grossier et le parfum des violettes un 
tonnerre? 

Ezra Pound 


4. 

TÁNTALO 
Elegie d’Amour[4] 



(La escena permanece cenitalmente iluminada de púrpura.) 

El amante abandonado.- (Sentado en el centro de la escena con un muñeco de ventrílocuo sobre las rodillas.) 

Ombre por tu tono tempero la cuerda 
que, sonora, hace eco mi memoria. 

Y si oscuro dejas veta luminosa cayendo 
como trazo de un astro peregrino; 
no volverá mi treno la cabeza 
mientras huya aquel Halley animoso. 

¿Qué combate se libra en tu materia? 
¿Qué estrella feral te aparta de mi hallazgo? 
¿Adónde vas noctámbulo huyendo 
por el limbo de mis sueños? 

Heme aquí perdido entre brazos mutilados 
prolongando tu silencio de boca en boca. Solo, 
como la palabra que cae del trino de un pájaro. 

Heme aquí en una torre de frío 
embriagado del pulso de tus horas, 
embriagado de tu mente convocada 
al verbo que fluye de mi mano. 

( Te habla por mí el vino de un griego epitalamio. 
Te habla por mí la estela de una lúgubre góndola. 
Te habla por mí la secreta luna.) 

Ombre, develas lo eterno. 
Y en ese azul insonoro mi lengua clara 
nombra tu sombra. 

(Oscurecimiento rápido. Breve pausa en la penumbra total.) 


[1] Quevedo. Soneto:“Faltar pudo su patria al grande Osuna… 
[2] Poema no incluido en la primera edición (2001) RIL Editores. Santiago. 
[3] Federico García Lorca. Soneto inconcluso (circa 1920). 
[4] Según Altazor de Vicente Huidobro. Canto II (“Mujer el mundo está amueblado por tus ojos…) 







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