viernes, 26 de septiembre de 2014

ELIANA MALDONADO [13.460]


Eliana Maldonado Cano 

(Medellín, Colombia, 1978). Es Ingeniera de Petróleos de la Universidad Nacional, sede Medellín, y Magíster en Ciencias de la Tierra de la Universidad Eafit. Correalizó hasta 2008 el programa radial de poesía “Taller de Luna” en la emisora de la Universidad Nacional. En 2008 fue directora de los talleres de poesía y literatura en la Biblioteca Pública La Floresta. Fue invitada al Festival Internacional de Poesía de Medellín en 2006 y al Encuentro de Poetas del mundo Latino en Morelia en el 2010.  
Ha publicado poemas en las revistas de la ciudad. Hace parte de la antología poética “Ellas escriben en Medellín” (Colección Madremonte, Hombre Nuevo Editores, 2007). Es autora de los  poemarios “Bajo la piel” (Hombre Nuevo Editores, Medellín, 2007) y  “Lunas de Sombra” (Silaba Editores, Medellín 2010).



La otra mujer

Quizá como la mujer de Lot
sea condenada por mirar atrás
la lujuriosa ciudad en llamas,
quizá mi destino sea ser estatua de sal
erosionada por el viento,
quizá sea condenada por mirar,
por mirarte,
tal vez mis ojos adquieran la dureza de la piedra
y mi color oscuro la blancura del mármol,
todo por la voluptuosidad de tus formas,
la lujuria de tu cuerpo,
Sodoma y Gomorra 
en un cuerpo de hombre,
yo,
la que miro.





1966

Las flores silenciosas se mueven
en medio de la noche por el viento,
la casa sola del alma yace vacía,
amada soledad, amada compañía,
presencia extraña en medio de la noche,
sombra lenta entre veloces
mirada profunda en la laguna insomne,
lluvia
lluvia.




LADRILLOS ROJOS

Años después
por culpa de Ajmàtova
Un día logré escapar
de los barrotes que me privaban
de la libertad que poseía.




I

Éramos seis mil mujeres en la cola.
A veces pensaba que era tanto el dolor
que los ladrillos empezarían a romperse
uno a uno para darnos paso.
Yo miraba la figura que me antecedía,
llevaba ella el cabello suelto,
sin brillo, húmedo por la madrugada.
Apenas empezaba la noche para muchos,
nosotras ya estábamos cansadas.
Cada vez, cada domingo una mujer me antecedía
y cada tanto yo me preguntaba
si ella era de las que tenía esperanza y rezaba
o como yo, de las que solo esperaba el fin,
regresar nunca,
olvidar caminar al compás de las otras,
que la tierra en un momento de hambre se abriera
y se tragara todo aquello, con todos.
Yo no quería la muerte,
sólo el fin de la marcha y la tristeza.



II

Veinte meses pasé haciendo cola a las puertas de la
cárcel Bellavista,
aquí todos los años son años del terror y esos eran
los peores.
Madres que parieron hijos inocentes
miraban con desprecio el vuelo de mi falda,
desde buses que levantaban polvo rojo.
Nunca nadie me habló,
tal vez la otra era la madre del hijo asesinado por
mi hombre,
todas sabíamos de sus crímenes y callábamos.
En ese entonces yo era igual que todas ellas,
compartíamos una culpa ajena,
en medio del silencio atronador de la madrugada.




III

Recuerdo que era domingo,
Recuerdo que no llegaste,
que el sol brillaba y en el cielo no había una sola
nube agorera.
Llamé a tu madre, entre lágrimas me dijo dónde
estabas.
Un guardián me envió tu nota:
“Ahora sí eres libre de mí”, escribiste.
En ese instante una cadena invisible me
amarró a tu tragedia, a tu crimen, a tu locura.
Mis pies como raíces penetraron la tierra árida,
de mis ramas nunca brotaron flores.
Se murieron los hijos, los días, la madre.
Un día en que caían las hojas de mi cuerpo,
abrí los ojos,
el sol como aquel día brillaba,
no había una sola nube agorera en el cielo,
un pájaro rojo cruzó ante mis ojos,
el viento inmóvil susurró a mi oído invisibles
canciones,
lo comprendí todo,
un dolor atravesó mi espalda
y me alejé de ti.




IV

He vuelto,
desde mi ventana observo el vuelo de las faldas,
mirarlas a la cara es pecado,
las preguntas se descubren con los ojos.
Cuento…
también hoy son seis mil,
alguien más ha tomado mi lugar,
pero no el dolor,
ya no llevo penas en la bolsa,
no comparto crímenes ajenos,
los ladrillos rojos han caído para mí.
Cierro los ojos y cuento hasta diez,
hasta veinte,
hasta treinta y ya no existen.
Acelero el automóvil,
el viento de la mañana se enreda en mi cabello,
y todo queda atrás.




NAUTA

Te deslizas en tu barco río abajo
sin mapa, sin rosa de los vientos,
colectando aromas, sabores y colores.
Tu bitácora contiene cada esquina de mi playa,
los cabos y penínsulas,
los puertos y canales.
Vas en busca de las tierras bajas,
observas con cuidado,
atracas en mi puerto,
colocas tus banderas
te inclinas y sonríes.
Sonríes y te quedas.
Marinero.
Marinero de río.
Marinero de selva.
Marinero de mí.




LA MANIGUA

“Ven, acércate más,  Muerde mi carne
con tus manos morenas”
Laura Victoria



Tengo la piel muy suave
para que puedas navegar
por los paisajes de mi cuerpo,
tengo un cacto sin espinas,
tengo dos pequeñas colinas
coronadas por pájaros silvestres.
Y un bosque húmedo
donde nacen los ríos de mis piernas.
Ven, acércate más,
acércate,
cartografía mi paisaje,
no tengas miedo,
ya no quedan fieras en la manigua.





AGUA

Agua, no huyas de la sed, detente.
José Gonzalo, Villa Hermosa, Tabasco


Agua no huyas de mi sed,
humedece mi garganta,
hidrata la piel árida,
remueve de mis venas
la sangre seca que en su penoso
cauce se detiene.
Agua, no huyas de mi sed.





CUERPOS

Cuerpos de piel marina,
salados, frescos y profundos.
Cuerpos dulces como algodón de azúcar,
ágiles y simples.
Cuerpos cerebro,
autómatas, calculadores.
Cuerpos como obras de arte,
sencillo, para no tocar.
Cuerpos tortuga,
que se protegen, lentos y silentes.
Cuerpos río,
como agua que se escurre,
frescos, briosos.
Cuerpos enfermizos,
yermos, con pústulas.
Cuerpos tornado,
destructivos, lacerantes.
Cuerpos tierra.
amables y gentiles,
vientre y médula.
Cuerpos con piel de cordero,
como lobos ocultos.
Cuerpos voraces, arácnidos,
constrictores, rastreros.
Cuerpos que mudan de piel.
Pieles que se resquebrajan.
Pieles como la mía.




ELLA

Ella huele a sal
a sudor
a deseo

Ella inspira carne
Placer

Ella es simplemente
Un aroma
Un tormento




PALABRAS NO DICHAS

A mi madre que se llevó mis palabras
y sólo ahora retornan a mí.

Las palabras se quedaron en el aire,
impronunciables,
impronunciadas,
la muerte te hizo un guiño y le creíste
y yo me quedé sentada mirando
las estrellas del sur que jugaban conmigo
mientras caías en la trampa.
Debí decirte la verdad,
debí decirte que la muerte
también te seguiría,
y no cantarte vidas,
y no cantarte vidas
que nunca llegarían,
debí decirte la verdad y las mentiras,
pero decirte algo.
La muerte me hace un guiño
y yo la ignoro
la trampa no puede ser la misma
para dos personas distintas.
Pobre muerte,
tan ingenua
tan solita
y aburrida.






Silencio
silencio y noche
noche y oscuridad
titilan las estrellas o son arcanas almas
infinito e irreal la noche se revela
más allá
la ciencia o el alma
más allá mis ojos se cierran para no pensar.





SOLILOQUIOS


I

Otro día de aeropuertos y lluvia,
otro atardecer bajo el cielo gris,
sobre la tierra difusa.


II

Hay una tundra de ladrillo bajo mis pies,
millones de hombres se ocultan
en pequeños agujeros como hormigas,
cientos de luces se mueven de aquí para allá
en medio de disparatadas conversaciones sobre el
clima,
a pesar de tanta belleza, solo es visible el cemento
y sus heridas.
Dos nubes juguetonas realizan una danza eléctrica
y yo me bamboleo como una mariposa en la
ventisca.
Abajo están los míos,
arriba los ausentes y la mirada sorda de nubes
y obnubiladas estrellas invisibles,
¿Hacia dónde parto ahora que subo
y bajo en el vientre de la cigüeña?
Una estrella brilla, pero no señala ningún rumbo,






NOCHE DE LLUVIA

La lluvia amenaza con colarse
entre los cuerpos de la gente,
el frío atraviesa el tejido de punto  de un saco raído,
un hombre  aligera el hambre con miradas furtivas
sobre transeúntes desprevenidos,
alguien tal vez  desee un cigarrillo 
un dulce o simplemente fuego,
todo ordenado y numerado en el pequeño cajón
que noche tras noche  mantiene  su miserable existencia,
los ojos vidriosos y  lejanos 
observan el desamparo de mis pasos
su pupila vacilante se estrella sin misericordia 
contra el pavimento,
la piel apretada a los huesos
tiembla y se estremece al compás
de las  ráfagas de viento,
el polvo como un dulce en  la comisura de los  labios
entorpece  la pregunta
 ¿ y cómo será mañana?





LA VOZ

I

A rastras llega el silencio hasta la cama
se desliza entre sábanas claras humedecidas por la
noche,
penetra suavemente en el laberinto del oído hasta
ensordecerlo.
Él pensó que era la mar embravecida,
quizá el aire exhalado de sus pulmones,
tal vez, un rayo de luz que juguetea.
Un silencio tan estruendoso
tenía que venir de alguna parte
o partir hacia algún lugar.
Nunca supo cómo,
simplemente había llegado sigiloso,
para inyectar por sus colmillos huecos,
olvidadas letanías.



II

¿Y si corto las cuerdas,
olvido los nombres
y borro la letra,
existiré aun en medio de esta luz roja,
sobrenatural?




CARACOL NOCTURNO

Todas las noches sueño contigo,
recorro lentamente la piel desnuda,
serpenteo entre las  sabanas tibias,
pareciera que tu piel fuera infinita
en la corta extensión de mi cama.

Todas las noches sueño contigo,
existes en el paisaje florido u hostil de mis deseos
apareces y desapareces a mi antojo.

Todas las noches sueño contigo,
pero te confieso,
sin culpa ni remordimiento,
todas las noches abuso de tu cuerpo.




MEMORIA 2

En ocasiones encontramos
quien alcanza a salirse de su propio cuerpo sin
ventanas.
hay quien logra mutilar la carne y exponer el
alma.
más allá de las horas,
más allá de la imagen y la voz,
el deseo indaga.
En el mundo real esto no existe,
hace falta valor para sacarse de las venas las
palabras.





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