viernes, 12 de septiembre de 2014

ANDRÉS L. CARO [13.291]


Andrés L. Caro

Nació en el año 1898 en Buenos Aires, Argentina.
-Caro, Andrés L. El libro de las insinuaciones: verso : 1920. Buenos Aires: Imp. La Capital, 1920.




Los traperos

                                Mi alma es como el alma de los negros traperos           
la aurora nos da rimas a unos y a otros harapos
buscamos lo imprevisto por todos los senderos
con la mirada fija como la de los sapos.
 
   Buscar... buscar... buscar... y hallar la muerte un día
entre un montón de escombros y de latones viejos
y la Muerte trapera descomplaciente y fría
cargarnos en su bolsa como a rotos pellejos.
 
 




Lluvia

   Llueve. La lluvia es siempre una canción de tedio.
La vida pasa lenta: la muerte va de prisa
y el mundo que se moja y hastía sin remedio
es como un Pierrot sucio de niebla y de ceniza.

(1921) 
 
 




Madrugada

   El silencioso fiacre del suicidio ha pasado
con sus farolas verdes de misterio y de crimen.
Fumaderos de opio mis ojos se han cerrado
hacia el dolor errante que mis sienes exprimen.
 
   Las esquinas se ahorcan en sus negros cadalsos
de cables epilépticos y oxhídricos sopletes
que los hombres del sueño cual monederos falsos,
amortajan de estrellas y lívidos cohetes.
 
   Los mercados exhalan vahos de alcohol y tabaco
desafinada música la alegría del pobre.
Las mujeres que pasan son muñecas de trapo
y en la aurora la vida suena a perol de cobre.

(1922)
 
 



Las barracas

(Lanús)
 
   Cadáveres podridos de insomnios vulgares
las usinas de gas y los lupanares.
 
   Esqueletos trágicos alzan las chimeneas
sobre una matemática de absurdas poleas.
 
   Los párpados del sueño guiñan en las luces
barreras del cansancio caen sobre los cruces.
 
   Entre la chirriante música de latones vacíos
pasa un silencio hueco de terrenos baldíos.
 
   Se tiznan los obreros de quebranto y duda
el cristal de los bares parece que suda.
 
   Los tranvías nocturnos cruzan las barracas
con sus sordas sirenas por las calles flacas.
 
   El silencio que pasa de puntillas
me ha dado un golpe amable en las mejillas.
 
   Amanece un crepúsculo de ajenjo licuado
la boca del insomnio ha bostezado.

(1923)
 
 



Alaska

   El nácar del Alaska reluce al sol boreal.
Hay una fiesta de árboles blancos de Navidad
 
   Amor... cabañas... pieles... se congela en la lámpara
el aceite de foca verduzco de la calma.
 
   La inquietud se ha dormido sobre un viejo trineo
y hay un sabor de historia cuando pasa el silencio.
 
   Mi amor entre las nieves incrustadas de renos
es un terreno aurífero como en un film de ensueño
 
   sin William Hart ni astutos buscadores de oro,
sólo los esquimales del olvido en el foro.
 
   por subterráneas chozas que humean el hastío
erizado de mástiles llenos de estalactitas.
 
   La soledad es triste como un largo ladrido
si el arpón de las penas ancla los viejos días.

(1924) 








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