viernes, 12 de septiembre de 2014

AMADO VILLAR [13.284]


AMADO VILLAR AMOR

(1899-1954) 
Escritor argentino. Nace en España en 1899 de padres argentinos y emigra a Buenos Aires. Allí conocerá y tratará a Lorca y Neruda.

Autor de Versos con sol y pájaros, Marimorena, etc. 





Autobiografía

                                Con un grano de sol entre los labios           
vuelvo desnudo a la nativa rama.
 
   Le di mi voz al haraposo eco:
lloro de nuevo la primera lágrima...
 
   Ésta es mi historia y mi retrato es éste:
buenos los ojos y la boca mala.
 
   Pero el grano de sol abrillanta mi cara.
 
 




Campamento

Nombre
 
África:
   Las luminosas aes
y los tigres en celo de tu nombre
te crean en el aire:
alarido de zambras guturales el Congo,
Marruecos un refresco de limón
y un almíbar de chumbos aplastados Argel.
 
   Banderas de montañas tremolando
su levantado grito
se queman en el viento.
 
   Naufragan en tus mares
los soñolientos párpados del cielo
y un sol alborotado
tapia tus puertas con violento puño.
 
   Las cimitarras de los mediodías
pausados elefantes desmoronan.
 
   En un cordel torcido con todos los colores,
sobre las vendedoras de frutas y los moros
vendedores inmóviles del tiempo,
la feria franca cuelga desgañitados loros
y pinta la mejilla de los campos sin sombra.
 
   En el ardido vientre del desierto
entre rejas de cielo castigado,
musicales culebras desenroscan
las flautas de los camelleros
y un tímido verdor engolosina
las ofrecidas fauces del oasis:
jadeantes caminos han sacado la lengua...
 
   Los nubarrosos pájaros del Invierno torturas
en jaula de tormentas
y entre tus negras zarpas tañedoras del viento
la guitarra del mundo es una esposa trémula
con dolores de madre.
 
   Las tardes, de ojos grandes buscan novio.
Restañó la más joven la sangre de tu sol
y esa noche aprendieron los llanos a ir al cielo
por un túnel sin eco que se vistió de pena.
 
   Traigo las manos mansas de fatigar tu piel
y embotas el alfanje de mi voz
con las melladuras de tu cariño.
 
   Con los cinco sentidos enviudados
por alfombras de olvido va mi paso
blando como el balido de un cordero.
 
 


Primavera

   Exprime su naranja el mediodía
en los agrios macizos de chumberas
y extienden pañolones colorados
las amapolas en la carretera...
   Primavera del campamento:
un pajarito nuevo sobre una rama verde.
 
 


Cantina

Trastrabillante zanja de la noche...
 
   Puñalada perdida en el desierto:
un millón de blasfemias
y tres o cuatro luces andrajosas de viento.
 
   Repinta ajados guiños la turba cantinera.
Ruedan los duros falsos de los cuplés babélicos
y un chulo, brutalmente,
a su guitarra le desgarra el sexo.
 




 
Día

   Con la pulida mañana
vocinglera de percales
va el Verano de jarana
y es anillo de esponsales
el sol en la resolana.
 
   En la palma de tu mano
baila la gracia del día
y por bailar bailaría
en la boca del Verano
la rosa del mediodía.
 
   Con tus suspiros activa
el aire su caramillo
y el cielo suelto el justillo
su gran seno azul aviva
con un pezón amarillo.
 
   Los pájaros campesinos
beben la tarde en tus ojos.
Tus ojos maduros bojos
rezuman dorados vinos
sobre el mosto de mis ojos.
 
   Para la danza del día
repica el sol su pandero
y el campo verde gaitero
por tu mirada y la mía
melifica su puntero.
 
   Aguas abajo la ría
lleva luna de verano
y en pos de su espejo vano
poco a poco cae el día
de la palma de tu mano.
 
 


Camino para la sonrisa de una muchacha
           
                                Han llovido tus ojos chaparrones de pájaros
en el patio redondo de mis días sin árboles.
Has mecido las horas en tus brazos de copla
y es tu nombre su alegre sonajero de plata.
   En el aula del alba tu voz ha puesto cátedra,
han urdido tus manos una tela de música
y en los campos en flor de tu dócil palabra
pacen los recentales con los morritos húmedos.
   Con tu paso más leve que las plumas del aire
has techado las sendas que sangraban al sol.
Llegarás al bautizo del lucero más rubio
con un grano de sal en un pico de alondra.
   He teñido mi vida con color de futuro
y soy una bandera todavía sin mástil.
Cuando llegues, mis días te ceñirán los muslos
y en las parras maduras que vendimia la tarde
harán nido tus pájaros, sembradora de lunas.




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