jueves, 11 de septiembre de 2014

AGRIPINA MONTES DEL VALLE [13.269]


AGRIPINA MONTES DEL VALLE

Agripina Montes del Valle, nacida en Salamina Caldas, Colombia en 1844 y muerta en Anolaima Cundinamarca en 1915. Hija de Francisco Montes y Dolores Salazar Atehortua. Participó en el círculo literario El Oasis de Medellín entre 1868-1869.

Seudónimos “Azucena del Valle” ” Porcia”

Obras : Al tequendama, Canto al trabajo 1881, A la América del Sur, El último pijao.

Agripina Montes del Valle fue una catedrática universitaria y escritora, colombiana nacida en la localidad de Salamina en el departamento de Caldas, en el año 1844. Durante la edición del concurso internacional de poesía de Santiago de Chile del año 1872, se la premió por su obra "Ala América del Sur". El también escritor colombiano, Rafael Pombo, en su producción "Todo en ella" denota lo que, éste consideraba, la calidad de sus obras.

Un concurso a nivel nacional en Colombia, sobre poesía, lleva su nombre. Montes del Valle fallece en Anolaima (Cundinamarca) en el año 1915.




AL TEQUENDAMA

A MI NOBILÍSIMO AMIGO EL DOCTOR CARMELO ARANQO M.

Tequendama grandioso:
Deslumbrada ante el séquito asombroso
De tu prismal riquísimo atavío,
La atropellada fuga persiguiendo
De tu flotante mole en el vacío,
El alma presa de febril mareo
En tus orillas trémula paseo.
Raudas apocalípticas visiones
De un antiguo soñar al estro vuelven,
Resurgen del olvido sus embriones
Y en tus iris sus formas desenvuelven
¡Y quién no soñará, de tu caída
Al formidable estruendo,
Que mira á Dios crear omnipotente,
Entrevisto al fulgor de tu arco horrendo...!

¡ A morir !…Al abismo te provoca
Algo á la mente del mortal extraño;
Y del estribo de la ingente roca
Tajada en babilónico peldaño,
Sobrecogido de infernal locura,
Perseguido dragón de la llanura,
Cabalgas iracundo
Con tu rugido estremeciendo el mundo.
¿ Qué buscas en lo ignoto?
¿ Cómo, á dónde, por quién vas empujado ?...
Envuelto en los profusos torbellinos
De la hervidora tromba de tu espuma
E irisado en fantástico espejismo,
Con frenesí de ciego terremoto
Entre tu aérea clámide de bruma
Te lanzas despeñado
Gigante volador sobre el abismo.
Se irgue á tu paso murallón inmoble
Cual vigilante esfinge del Leteo,
Mas de tu ritmo bárbaro al redoble
Vacila con medroso bamboleo.

Y en tanto al pie del pavoroso salto,
Que desgarra sus senos al basalto,
Con tórrida opulencia
En el sonriente y pintoresco valle
Abren las palmas florecida calle.
Por verte allí pasar, la platanera
Sus abanicos de esmeralda agita,
La onduladora elástica palmera
Riega su gargantilla de corales,
Y al rumor del titán cosmopolita,
Con sus galas y aromas estivales,
La indiana piña de la ardiente vega,
Adorada del sol, de ámbar y de oro,
Sus amarillos búcaros despliega.
Sus ánforas de jugo nectarino
Te ofrece hospitalaria
La guanábana en traje campesino,
A la par que su rica vainillera

El tamarindo tropical desgrana
Y la silvestre higuera
Reviste al alba su lujosa grana.
Bate del aura al caprichoso giro
Sus granadillas de oro mejicano
Con su plumaje de ópalo y zafiro
La pasionaria en el palmar del llano;
Y el cámbulo deshoja reverente
Sus cálices de fuego en tu corriente...

Miro á lo alto. En la sien de la montaña
Su penacho imperial gozosa baña
La noble águila fiera
Y espejándose en tu arco de topacio
Que adereza la luz de cien colores,
Se eleva majestuosa en el espacio
Llevándose un girón de tus vapores.
Y las mil ignoradas resonancias
Del antro y la floresta
Y místicas estancias
Do urden alados silfos blanda orquesta,
Como final tributo de reposo
¡Oh Emulo del Destino!
Ofrece á tu suicidio de coloso
La tierra engalanada en tu camino.

Mas ¡ah! que tu hermosura,
Desquiciada sublime catarata,
El insondable abismo desbarata,
La inmensidad se lleva,
Sin que mi osado espíritu se atreva
A perseguirte en la fragosa hondura.

Átomo por tus ondas arrastrado,
Por retocar mis desteñidos sueños
Y reponer mi espíritu cansado
En tu excelsa visión de poesía,
He venido en penosa romería;
No á investigar la huella de los años
De tu drama en la página perdida,
Hoy que la fe de la ilusión ya es ida
Y abatido y helado el pensamiento
Con el adiós postrer de la esperanza
En tu horrible vorágine se lanza
Desplomado al más hondo desaliento.

En vano ya tras el cristal enfriado
De la vieja retina
El arpa moribunda se alucina,
Y en el triste derrumbe del pasado,
Cual soñador minero,
Se vuelve hacia el filón abandonado
De nuevo á rebuscar algún venero.

Adiós! adiós! Ya á reflejar no alcanza
Del alma la centella fugitiva
Ni tu ideal fastuosa perspectiva
Ni el prodigioso ritmo de tu danza;
Y así como se pierden á lo lejos,
Blancos al alba, y al morir bermejos,
En nívea blonda de la errante nube
O en chal de la colina
Los primorosos impalpables velos
De tu sutil neblina,
Va en tus ondas mi cántico arrollado
Bajo tu insigne mole confundido,
E, inermes ante el hado,
Canto y cantor sepultará el olvido






NADA DEL MUNDO

Á HELENA F. LINCE.

Si en los abismos del tiempo
Volviese á encontrar el alma
De sus queridas visiones
Las imágenes pasadas;
Aquellas que en el recuerdo
De un amor y una esperanza
Resistir debieran firmes
A la acción, que postra y mata...
Tal vez si á vivir volvieran,
Mi espíritu se animara:
Y de esas vegas lujosas
Y de esas verdes sabanas
Cuajadas de hojas y espigas
Que el sol con oro recama,
Y de todas las florestas
De la tierra americana,
Trajera para ti sola
Los efluvios de las auras,
De las aves los conciertos,
Los ecos de las cascadas!
Mas ¡ay! soñando me olvido
Que de blanco amortajada
En el convoy de mis sueños
Va mi juventud lozana;
Y el estro que se despide
De esa venturosa maga
Guarda en la memoria impresas
Tristezas que nunca pasan.

Tú que imploras por mi suerte,
De tu destino olvidada,
No pidas mi fe perdida
Ni mi perdida esperanza.
Yo sé que después de muerta
Irás á verlas sentadas
Cabe la cruz de mi tumba
Atestiguando á quien pasa
Que los muertos á su sombra
Duermen bien bajo sus alas.
No vas á llevarme flores
De lágrimas salpicadas:
No necesito ya muerta
Sino el descanso del alma.

Alma que á la tierra vino
Más que los nevados blanca
Con ilusiones del Cielo
Y aspiraciones extrañas,
Y halló en la unión con el polvo
La desilusión ingrata,
No puede anhelar recuerdos
Que, como del polvo, acaban.
He encontrado en mi camino
Tanta luz, tiniebla tanta,
Y tan amargas memorias
Me siguen de la jornada,
Que si es cierto que se pesan
Las amarguras humanas
El sobrante de las mías
Inclinará la balanza.

Mañana libre del peso
De esta atmósfera contraria
Iré á encontrarme á la altura
Con mis visiones amadas,
Que terrenales delirios
De dicha y de gloria vanas
No son las aspiraciones
De los amores del alma
Que se desposó en las nubes
Con su primera esperanza.

Quizá termine muy pronto
Sobre la tierra mi estancia;
Y como á nadie la muerte
Dijo nunca una palabra
De su vedado secreto,
Yo de la lira abrazada
Sueño en las transformaciones
De los espíritus que aman;
Y pienso que en los reflejos
De alguna estrella lejana
Mandarán sus confidencias
Desde las altas moradas.
Si á ti llegaren las mías,
Callen los ayes de tu arpa,
Alza el espíritu alegre,
Iza en las nubes las galas
De tus coronas de musa,
Y vete á buscar tu patria;
Que aquí desfallece enferma
Por falta de luz el alma,
Y arriba, del sacrificio
Florecen las verdes palmas.
Yo nada quiero del mundo,
Ni su amor, ni sus plegarias;
Y mi mayor desconsuelo
Es dejarte en la posada.







DESDE AGUA-NUEVA

A LA SEÑORA AGRIPINA S. DE ANCÍZAR.

Hoy vuelvo cual otro tiempo,
Así, á la luz de la tarde,
A iluminar del recuerdo
Las oscuras soledades,
Invocando de tu musa
Los adormidos cantares
Cual la vibración que busca
De una música la clave.
Pero en vano querrá el fuego
De una pira agonizante
Brillar cual sobre los cielos
Brilla el sol incomparable.

Yo declino, como ahora
Va declinando la tarde
Por esos campos del Funza
Vestida en vagos cendales,
Cruzada por fugitivos
Inquietos, helados aires
Y de moribundas lumbres
De hondos, lúgubres paisajes.
De la noche en el reposo,
Tímidos y vacilantes,
Como náufragos que buscan
Islotes donde asilarse,
Desalentados, informes
Todos mis sueños errantes
Vuelven al alma abatidos
De sus inútiles viajes:
Que un osario y unas cruces
Y unos arruinados valles
Sólo hallaron en su suelo
Sus alas para posarse.
Del patrio sol la memoria
Se refleja agonizante
Dándole al arpa sombría
Sus velos crepusculares;
Y al rebuscar en sus cuerdas
Algo alegre para darte,
Su vibración reproduce
Notas de ocultos pesares.
Y huye en vano el pensamiento
De la memoria el combate
Cual por una fuerza oscura
En repulsión incesante,
Como el Tequendama rueda
A su abismo inevitable.

En vano se esfuerza el alma
Por vivir, por animarse;
Siento que su fuerza agotan
Presiones inexplicables,
El delirio de una idea,
La insistencia de una imagen,
Lucha de la luz y el caos
Y de la razón cobarde
Que se repliega al misterio
Y al desaliento decae.

Sin embargo, amiga mía,
De mis recuerdos distantes
Brota misteriosa y pura,
Consoladora y suave
Una luz sobre las sombras
De mis dolores tenaces.
Pienso que sobre la tierra,
Peregrina de una tarde,
Crisálida misteriosa,
Pronto cruzaré los aires;
Y el pensamiento recluso
Que en los espacios no cabe,
Salvando de lo infinito
Las sendas interminables,
Irá en pos del solo dueño
De sus alas inmortales.
Y cuando ya nada quede
De mi terrenal ropaje,
Tú que tanto me has querido,
Tú que eres noble y grande,
Tú de quien guardo memorias
Que no desaloja nadie,
Alzando al Cielo tus ojos
En una canción amante
Dirás á Dios un Te Deum
Por mi venturoso viaje.
Y tus acentos divinos
Girando en torno del sauce
Que ha de velar en mi tumba,
Dirán á mi alma en la tarde
Que si no duermo á la sombra
De mis montañas natales
Queda mi nombre en la tierra
En las memorias de un ángel.





LA CARIDAD

A LAS STAS. BEATRIZ POMBO Y MATILDE ARBOLEDA.

Enamorada del dolor un día
Tomó la antorcha de la fe por guía
Y al suelo descendió la Caridad;

Y al huérfano mendigo moribundo
Y aun á la inicua ingratitud del mundo
Consagró su cariño celestial.

Colgó en el hospital el albo velo,
Y el sol desde la bóveda del cielo
Con su rayo mejor la iluminó;

Y en el campo feroz de la batalla,
La fortaleza de su amor por valla,
Va del herido abandonado en pos.

De pie junto al cadáver reza y ora,
Firme como la roca vencedora
De las rebeldes iras de la mar.

Su misión es amor, el Bien su lema,
Y no alcanza á su frente el anatema
Del oficioso, emponzoñado mal.

Mimada hija de Dios, virtud sublime,
La humanidad caída se redime
De la duda al influjo de tu amor;

Y el coro de plegarias de los buenos
Resonará en los ámbitos serenos
Donde sus premios te reserva Dios.





VIRTUD Y DOLOR

A LA SRTA. CARMEN CRISTANCHO.

En tu camino se sentó la muerte
Por probar tu virtud, amiga mía,
Y el oscuro decreto de la suerte
Huérfana te dejó.

Nada temas: un ángel te dirige,
El martirio del alma sobrelleva,
Que quien el orden de los soles rige
Ni al átomo olvidó.

La virtud es la brújula que al puerto
Lleva sin zozobrar la errante nave,
Y del dolor el fúnebre desierto
Torna por ella en flores su arenal.

Buena y bella y modesta y valerosa
Armate con su escudo sacrosanto,
Y que la suerte, de tu bien celosa,
Desate contra ti su tempestad.





LA SRA. VICENTA FRANCO A.

Duerme el último sueño de la vida
Recostada en el lecho de la tumba,
Y abraza contra el pecho sonreída
El símbolo querido de su Fe.

Ya descansó del fardo de amargura
Que llevó resignada á su destino,
Ella, la santa flor de la Escritura,
Un ángel en figura de mujer.





¡AGUÁRDAME, AMIGA MÍA!

EN LA TUMBA DE LA ILUSTRE MATRONA SEÑORA
ANA REBOLLEDO DE POMBO.

Ya cesó de latir en ese pecho,
Tu noble corazón, amiga mía,
Y mi espíritu en lágrimas deshecho
Ni una vaga elegía
Murmura en su dolor!

Semejante á esas flores orientales,
Urnas de raros bálsamos, tu vida
¡Ah! para toda herida
Fué inagotable manantial de amor!

Era tuyo el afán, tuya la pena,
Tuyo el solaz del que hasta ti llegaba;
Un rayo de tu faz siempre serena
¡Cuántos tristes nublados despejaba!
Soltábase ante ti toda cadena;
No conociste en lo imposible traba,
Porque la caridad lo puede todo
Y te inspiraba la ocasión y el modo.

Tu eterna juventud de sentimientos
Desmentía tu edad ; la más lozana
Juventud envidiaba tus alientos
Viendo en ti sabia madre y dulce hermana;
Extraña á los sociales fingimientos,
Manaba de tu voz la verdad llana
Mas con la miel de tu bondad vertida;
Y una labor sin tregua era tu vida.

Hoy que á dormir con tus amados muertos
Vienes de lo terreno victoriosa,
En torno de tu fosa,
A dar mi adiós á tus despojos yertos
Yo he venido también!……
No eterno adiós, que el aura animadora
Al huir del que muere y remontarse,
Deja un rastro de luz para el que llora,
Que le enseña el camino de encontrarse
En el excelso Edén.




2 comentarios:

  1. Respetado Profesor, he llegado a su blog con gran deleite en busca de una poetisa colombiana llama Agripina.
    Desearía solicitarle a Usted su autorización escrita para utilizar la foto de ella en un libro que próximamente vamos a crear sobre el Departamento de Caldas en Colombia.
    Por supuesto los créditos de propiedad serán suyos y haré alusión a su obra y a su humanidad.
    Quedo atento a sus gentiles indicaciones sobre el particular y me suscribo de Usted con todo respeto y admiración
    Andres Ricardo Tarcisio Bejarano Paris
    Mail: arpa1967@gmail.com

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