lunes, 18 de agosto de 2014

SAMUEL MALDONADO DE LA FUENTE [12.913]


Samuel Maldonado de la Fuente 

[CHILE]
Poeta, narrador y ensayista de larga trayectoria en las letras curicanas y de la región del Maule. Fundador y editor de revistas literarias y periódicos como "Sucesos" (Linares); "La idea de la semana" (Curicó) y "Signo" Ha publicado "Adolescente". Poemas (1968); "Muro de los borrachos". Cuento (1969); "Voces de Rauco: Alejandro Gutiérrez Leyton". Ensayo (1982); "Senderos del tiempo". Poemas (1983); "Poesía de tiempos invisibles" (2000) y "Visión personal de la literatura curicana". Ensayo (2006).




CANTOS URBANOS

Invento pasiones urbanas,
Calle desolada por corruptos letreros
Para estos ojos de viento
Iluminando rincones de ensueños derrumbados.

El delirio insomne
de mi palabra convertida en aire
se multiplicada en otras voces,
deambulando en una ebria oscuridad.
La palabra se despoja de la corbata
de los círculos herméticos,
de las matemáticas del poder,
del hombre cifra,
de la muerte prematura,
de la hormiga que construye senderos inconclusos.

Las calles estrechas
de mis versos míseros
sepultan el idioma de la mentira,
la libertad confinada a la tibieza,
esclavos agobiados
por los bancos, los políticos, los sacerdotes del poder.

¿De que sirve mi voz, mi sílaba, mi pensamiento?
Los poetas somos unos mentirosos,
ilusionamos la metáfora
haciéndola palabra irreal,
cavando una sepultura en el alma del poema.

La poesía es una calle desolada
un libro mudo expeliendo soledad,
es una ciudad abandonada
cuyas veredas de sílabas
hablan del cansancio de estos pasos.

Cuando la sombra enciende sus faroles,
camino por las alamedas taciturnas,
deambulo por los bares de ensueño,
escudriño las aves oscuras, perros malolientes,
hombres desalentados, una calle muerta.

La palabra es mi veneno, mi propia tumba,
la ciudad fenecida.
El poema es mi absolución.





EL DOLOR DE TODAS LAS PALABRAS

El espasmo de todos los dolores
Se anuncia en la palabra,
El cuerpo se invade de estallidos
Un vagido de mi boca
Despierta los sentidos.
El dolor de todas mis pesadillas,
el dolor ambulatorio
que invade mi silencio,
el aullido de la miseria,
el rincón abandonado de las cartas olvidadas,
una daga se ha clavado en mi palabra.




EL VALS TRISTE DE JEAN SIBELIUS

Tres golpes y una puerta se abre,
ingresa el músico con su violonchelo,
avellano de otoño;
los ojos escrutan el silencio,
hay invierno en el follaje de su cabellera,
la voz trémula que invade el salón de uva negra.

Se desprende el compás fúnebre de las cuerdas,
el alma se sorprende con la melodía del dolor,
los dedos danzan deshojando la flor del aire,
su cuerpo prolonga la letanía del amor,
derrumba muros para quebrar el círculo de la tristeza,
es la pequeña muerte del miedo a la vida.

Un cortejo de acordes interviene el silencio,
el músico interrumpe su vuelo,
y permite respirar a los insectos,
hemos abandonado la cárcel de la tierra desierta;
es el Vals triste de Jean Sibelius,
que prolonga la noche y los misterios,
rosa imaginaria desatada en melodía de espigas.




LAUTARO EDÉN

Encontraron su cadáver
Flotando en el éter de los canales del sur.
Escuetamente se dijo: “Murió por inmersión”.

Lautaro Edén, el último de los Kaweshkar

Sus huellas silenciosas nacieron en los fiordos libertarios
Entre canales de lanchones extraviados en el tiempo,
Sus huellas de agua deambularon
En el frío caudal de una noche sin estrellas,
Era un niño que quería ser ángel
O un ave elevándose en los sueños.

El viento con su oxigeno de inverno
Extravió sus ojos de aborigen,
Las aguas arrastraron su noche
Entre sombras espectrales
Una nave suscribió el caudal de su destino.

Lautaro Edén lo bautizaron,
Como quien etiqueta una mercancía,
La civilización lo condecoró marinero de tierra inmóvil.
Un día escapó en su lanchón de sueños,
Regresó hombre a los acantilados y aguas de su memoria,
Rasgó la tela inútil y la suela inerte,
¿Quién puede cambiar el alma de los ensueños?
Fue una difusa noche con su ropaje de coipos,
Entre acantilados en el mar del sur
Se pierde su voz en una balsa de infancia.

Escuetamente se dijo: “Murió por inmersión”.
Nació entre peces escurridizo, aguas benevolentes,
Y lanchones sin destino,
No hubo tiempo de enseñarle a nadar.




EL CAFÉ CINZANO

La callejuela es una trampa
Que encubre mis sentidos,
La encrucijada bifurca los viejos compases
De una oscura pieza de piano de cola.
Se musita el humo de unas figuras difusas
Es el café Cinzano,
a pasos del puerto
en Valparaíso,
Con esos abstractos cuerpos
Expeliendo señales filosóficas,
O nietzscheanos recomponiendo el cuerpo.
Es la musicalidad de los vencidos,
El latir de los ensueños,
La palabra espectral de un poema,
La voz imperturbable del bolero,
Es la letra compuesta para evocar.
Escena propicia
De la sílaba que cobra vida
Que baila de noche en una esquina
Donde se divide el camino al alba.
La voz y el compás
Musicalizan la irreverente metafísica
De un orden grotesco de mesas al azar,
Mi sueño es velar
La noche impenitente
Ya que tengo asignado un número
En el calendario de febrero. 





LO IMPOSTERGABLE

Aquí estoy para despedir
El cadáver de un amigo,
Empaquetado en un ataúd caoba,
Apretujando la muerte con olor a incienso,
Los deudos del finado descorchan el dolor.

El silencio se acomoda en las antiguas bancas
Tan antiguas como mi palabra,
el oxígeno fluye extraviado entre memoria y olvido.
Desde la tarima de la fe,
una llave oxidada abre la puerta
Conciliando la muerte y la vida.
Me acomodo
Entre fantasmas incapaces del dolor,
Cumpliendo el protocolo de la despedida.
¿Cuantos cadáveres han vaciado el alma
abriendo una cicatriz en la sombra?
Hoy nos convoca la muerte
Entre los símbolos inertes
Y velas contaminantes.
Asisten:
sórdidos visitantes de conocida apariencia,
sorpresivos asistentes para una ocasión inútil,
ante un difunto inerte como sílaba petrificada,
ex - hombre
solitario y reprimido,
Infiel a esa esposa enigmática,
Ordenado y responsable de hábitos,
En fin,
volátil palabra extendida hacía la nada.
¿A que viene estos acólitos de la apariencia,
Extraños monjes de la nicotina?
Observo en esos ojos agudos que nos visitan
La curiosidad de los zorzales,
El rumor de una tarde que se diluye en la niebla,
Habitantes improvisados de un naufragio
sentado palpitantes
En el mismo lugar de lo impostergable.




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