domingo, 17 de agosto de 2014

RICARDO ROZAS [12.888]



RICARDO ROZAS 

La Serena, CHILE 1946. Nació en octubre de 1946, y ha vivido siempre en La Serena. Habita entre damascos y olivos, en el casco urbano de la ciudad, y cultiva plantas y flores. Es constructor civil, funcionario público desde hace muchos años; dirigente de Junta de Vecinos, comprometido con la acción voluntaria; hombre de guitarra, canto y contertulio de largas horas. Co - funda el primer taller literario de la región: Preludio y una revista del mismo nombre. Después, participa de la fundación del taller Lapislázuli y fue su secretario; de la SECH. regional y del Colectivo de los Poetas de la Bahía de Guayacán. 

Ricardo Rozas, constructor civil - entre olivos y damascos, poeta de guitarra y canto; ama y cultiva flores y plantas. Las tinieblas lo acompañaron mucho tiempo. Hoy ambiciona el aire que puede llenarle los pulmones. La poesía ha servido para cantar las últimas desdichas. Estuvo el cielo roto mucho tiempo frente a sus ojos, “era una obsesión incansable”. “Se ve al fondo del Huaco, una lágrima, porque entre sus ojos pasó el imperio vivo, guardando el llanto de los dioses de plumas y cetro de oro”. Sabe que la poesía enfrenta un muro enorme como el que construye en Palestina, la estrella negra del terror. Pareciera que cruzar el muro nos lleva a la Salvación; cada día el poeta se enfrenta al muro que la sociedad construye sin pensar que ellos limitan la vida. Sin embargo, el poeta apura el paso antes que llegue la noche y así cruzar el puente y encontrar el resplandor de la vida, fuente del cielo, el cántaro pleno. Los poetas saben que no están en negocios oscuros y que las monedas no son su leiv motiv. Las multitudes adormecidas van del fracaso al hastío. Pero el amor llena gran parte de esta Antología en Ricardo Rozas. En 4 textos nos habla y canta el amor de antes: “y yo siempre corriendo al galope para caer algún día en tus brazos enjoyados”. El poeta es el errante que busca el amor. Entonces la soledad no sería tanta, “más de alguien, soñaría por tener tu mano”. Pero la esperanza es una luz en todos los poetas y nos dice: “he bebido con otros jefes la copa de la fe en los pueblos”. Entonces recuerda toda la ternura recibida y que nos hace sentirnos más humanos y solidarios. [Por Edmundo Herrera].





El último desencanto 

Ambiciono el aire 
que pueda llenarme 
los pulmones de flores; 
ansío ser el ala 
cambiando su curso 
con solo un latido. 

Pero veo que 
mi voluntad y mis pulmones 
se han ido cubriendo 
de polvo. 
Me molesta ser nada, 
soy apenas el reflejo 
de lo que debería ser. 





El cielo roto 

Era una obsesión incansable 
que me llevaba a buscarlo 
entre amasadas quimeras, 
pero solo eran estelas 
consumidas por una luz mayor 
que me tiró abandonado. 
Y ahí plantado 
en medio del camino 
me fui hundiendo 
con las manos apretadas, 
porque el techo roto 
subía y bajaba 
hasta su altura, 
porque, solo era eso; 
un cielo 
sin posición fija, 
que podía tomar 
la estadía 
de un pensamiento. 
Mi conciencia 
suplicando apoyo 
no pudo, 
rendir cuentas a nadie. 
Su cielo estaba roto 
de tanto mirar alturas. 






Trozo de cántaro  

Del corazón mismo 
bullendo en cascada ígnea 
del tiempo de otros soles 
fue desgarrándose 
como víscera de tierra 
hasta hacerse arena. 
Amasado por pie descalzo 
era el suelo quemante 
de una América joven. 
En su oscura presencia 
quedó traspasado el brillo del sol. 

Se ve al fondo del huaco, 
una lágrima, 
porque entre sus ojos 
pasó el imperio vivo, 
guardando el llanto de los dioses 
de plumas y cetro de oro. 
Es que en cada grano, 
lleva la historia sangrante 
y la sed del indio, 
desgarrada. 






El muro 

Y nuevamente 
estoy enfrentado al muro. 

Al muro que nunca quise construir 
que se fue haciendo solo 
con temores acumulados. 
Que no tiene la historia, 
ni queda tan lejos 
como el de Los Lamentos. 
Que no sirve para rogar 
ni pedir nada. 
En Él está la reflexión. 

Todos los caminos 
los rectos y los sinuosos 
me mostraban el horizonte 
pero 
a1 andar en ellos 
veo que limitan con el muro. 

No sé salvarlo 
pero 
presumo que en el otro lado 
está mi salvación. 







Amor de antes 
(1) 


Cuando levanté la vista para regocijar el pasado 
los artífices no estaban allí 
                      para perpetuar nuestro amor 
pudo haber sido el testigo: 
                      una pirámide 
                      una estatua          
                      un templo babilónico
Me sentía sobre el lomo del fénix, 
todo seria posible 
nuestro amor reflejado en un blanco castillo 
                      lejos 
                      engarzado en una cumbre. 

Y yo, 
                      siempre corriendo a1 galope 
                      para caer algún día 
              en tus brazos enjoyados. Allí donde tu elefante favorito  
pasea tu soledad,

mientras el errante 
trasnochado de tanto ambicionar reinos, 
reiría acosado de la más fuerte congoja 
con un cuerpo agotado por la lucha 
                                       entre gigantes 
llevaría tu recuerdo en el pecho 
protegiéndome cual feroz escudo 
y mi oración seria 
                                       guiar tus ojos 

que se secan cada tarde 
oteando las figuras en lontananza 
unas tras otras





Amor desde antes 
(2) 

Llevaba arcas con collares y prendas preciosas 
para colmar tus pieces 
y un vaso antiguo de Reyes ajenos 
servirá como antes para beber, 
cuando los velos ocultaban 
nuestras crueles intenciones. 

Afuera, la soledad no sería mucha 
abrazados y en jarana interminable 
las comparsas guerreras beberían también 
                               a nuestra salud          
       
mas de alguien, soñaría con tener tu mano                                      
                               como si pudiera repetirse el crimen 
                               implicando a Merlín 
pero los perros jadeantes no cederían su lugar 
                               apoyando al verdadero amo
que lucha y cede cada gota de su cansancio 
para hacerte feliz. 







Amor desde antes 
(4) 

Una a una han brotado las estrellas 
                      en el interminable cielo 
a cada una le debo tu sonrisa y el encanto de tus ojos. 

He sentido también las gotas de rocío 
                      formarse en mi frente 
                      mientras te anhelo 
                      y mis brazos ateridos 
                      crecen por sobre cerros 
                      ríos    
                      surcando nubes 
                      hasta alcanzar tu alcoba 
y allí en extasiada contemplación 
                      acunada en tus perfumes y la brisa 
me han dicho que duermes y me recuerdas 
                      como al más dulce 
                      y más fiero 
                      de los incansables guerreros 
                      de soles lejanos.      






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