martes, 5 de agosto de 2014

NOE VERA [12.673]



NOE VERA

Noe Vera nació en Buenos Aires en 1980. Poemas suyos flotan en la web o se encuentran en antologías como Poetas Argentinas 1968-1980 compilada por Andy Nachón o Poesía Manuscrita, libro-objeto a cargo de Germán Weissi y Laura Manzini. Publicó Discontínuos (Editorial La propia cartonera, Montevideo, Uruguay), la plaqueta Nosotros quiere decir un montón de cosas (Color Pastel) y el libro digital Cuatro Paredes. Forma parte del colectivo de poesía Máquina de Lavar. 



Colecho es la poesía de una Mujer-Madre en estado de sueño lúcido. Podría ser esa Mujer que está en la tapa, soñando plácidas palabras entre paréntesis, la transformación de algo en plena génesis, el germen que modificará Su mirada.

Noe Vera va detrás de lo invisible. Lo roza, lo ausculta y lo atrapa. Tiene una especie de capacidad prestidigitadora para tomarlo entre sus manos, sacudirlo hasta hacerlo manifiesto y entregarlo en un puñado de poesías.

Al leerla, se la puede ver a Ella, encontrando en la escritura una manera de transitar y compartir un período de tiempo determinado; incómodo quizás, un tanto indisciplinado; también inexorable.
Pero sobre todo, íntimo.



A pique

Cuando todo pase
el malestar, los mil doscientos caracteres
que debo escribir, la miseria que siento
cuando tengo todo, la náusea
que no vomito gira adentro
y cuando estalle en la pista dura eterna
el bulbo hermoso, luz perdida en la placenta
quizá tenga unas migas de segundo y me diseñe
algo mejor y abra más diarios
ahora que todo cierra, encaja, encripta
al llamado de la acción
palabras, palabras y por otro lado…





Lista

Ahora vivo así con el músculo cárdico
batiendo a mil, si te digo “nada”
cavá y cavá…
por ahora tengo: cuadernos vacíos
la mente como los platos
blancos, sucios, apilados
la cava exhausta, una remera flúo
para estrenar, leche en caja hasta diciembre
un par de tetas secas.





Larva

Me retuerzo
de sueño todo el día, viajo en subte, 
cumplo y llego. No me aguanto
sigo por inercia natural a Tedio
la baulera de los autonominados protegidos.
Leo poco, toco el bombo
tacho palitos sobre la pared
cuelgo retratos de ninfas
enmarcados en troncos, en uno junto coraje,
salgo a pasear  pero pronto
tengo que huir en taxi
volver se convirtió en mi necesidad
básica. La noche cae
cada vez más rápido. Y como a la de capucha
colorada en el atajo:  otra vez  me aplasta.






Escenario

Como si fuera fácil huir
del bosque encantado
hacia la Ciudadela cuando clausura el año
tengo en la panza
la cola de un vaso conectada al suelo
no quiero leer más clasificados
solamente alquilar el ritmo
de los líquidos salinos por un rato
¿escuchás? nuestros vecinos cantan.




NOE VERA
por Marina Mariasch.


Entre nosotros, todo se concentra sobre lo espiritual, nos hemos vuelto pobres para llegar a ser ricos, es la frase atribuida a Hölderlin de la que habla Heidegger en “La pobreza”.

Vender los libros, ¿es deshacerse de un bien material o de un bien simbólico? En este poema vender un libro de otro es despojarse de todo, entrar en la indigencia, quedarse completamente desnuda, recibir una suma que, sea cual sea, es “igual a nada”. Es el fin.

Hölderlin, sigue Heidegger, habla también de necesidad, algo que se eleva por encima del funcionamiento mecánico con lo que lo rodea. La palabra en juego es desamparo, dice Lacoue-Labarthe: “en el sentido más prosaicamente económico: necesidad, indigencia, inopia, penuria, miseria, y hasta escasez.” La pobreza, como “asunto propio”, pero también “en el sentido en que la economía política se apoderó del término como antónimo de la riqueza”. El capital que aquí se acumula es el afectivo. Bien ganancial que combustiona al poema.




La estación que está al borde del camino 
donde cantan los pocoyos

Hubo una vez un rapto de amorodio
que agarré como la gripe del primer invierno.
Me puse la bufanda, los guantes, el tapado,
y salí a patear hacia adelante el frío del parque
donde quise ir a vender tu libro.

Me dieron una suma igual a nada
y cuando todo terminó
pude sentarme en una esquina,
INMUNE, casi al desnudo
abrazando mis rodillas.

Al mío no había otra que quemarlo,
encontré el árbol perfecto.
Ya no hay palabras que nos unan
pero así es mejor.

Lo que me gusta de vos es el cariño
que tenés adentro como un cáncer por tus enemigos.
Eso crece, epifanía duradera de tu propio yo.








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