miércoles, 6 de agosto de 2014

MIGUEL BUDNIK [12.695]


Miguel Budnik

Miguel Budnik (1940 - 2004). Periodista. Fue periodista del Canal 9 de la Universidad de Chile durante la década del setenta. Fue, además, director de Prensa de Ediciones B. Publicó en 1961 el libro de poesía “Cuento para un poema”.

Fuente: "Gracias por todo, Miguel Budnik". Por Carmen Hertz. (Rocinante, N° 70, Santiago de Chile, agosto 2004).






CRÍTICA APARECIDA EN EL DIARIO ILUSTRADO EL DÍA 1961-12-10. 
AUTOR: JAIME MARTÍNEZ WILLIAMS

Como muchos poetas de nuestros días, Miguel Budnik comienza cantando su amor adolescente y su pasmo ante las cosas, y sigue, más tarde, dando acento social a su poesía. Como a la mayoría de ellos, también, esta nueva dimensión de su arte lo enriquece a la vez que lo limita.

En cierta medida, lo social es para algunos jóvenes poetas el motivo romántico de este tiempo nuevo, la gran revelación, una fe a la cual asirse para colmar el vacío de la auténtica fe perdida. Sería aleccionador seguir en los poemas de Budnik la línea, al comienzo punteada e indecisa, luego continua y acelerada, con que se muestra en ellos el vuelco a que aludimos. Después de los primeros versos, penetrados de personalísimas emociones, hay uno (“Y desperté solo”) en que el poeta anhela:



“olvidar mi nombre
entre otros nombres
y empezar a vivir vestido
en ropas nuevas”.
Ya en el poema siguiente:
“Entregaré a los pobres mi reloj pulsera”.



Tras lo cual asoman el interés por el pasado de su patria y por los seres ajenos. Al llegar a la obra titulada “Poema” no podemos dejar de asociarla con aquella de Neruda que “explicaba algunos cosas” y proclamaba su apartamiento y abjuración de los pasados subjetivismo.



“Fui creciendo y creciendo entre los días
Leí un diario que compré en la esquina
y vi al diarero sin zapatos
junto a él un niño sin vestidos
un bracero viejo somnoliento                 (?)
un quiosco sin madera
una mano que vendía y recibía
sin aliento.
Y leí el diario de mi país
leí la guerra y comprendí la lucha.
Comprendí  el cansancio de mi padre,
la tristeza de mi profesor primario,
la muerte de mi pequeña gata”.

.............................................

“Ya nunca más, amigos,
un sueño de marinos,
ya nunca más, amigos,
os contaré un sueño”.




Las solas citas de sus versos pueden mostrarnos, junto al entusiasmo de la nueva fe, sus terribles limitaciones. Budnik escribe como al desgaire, como tropezándose deliberadamente, pero se nota en él la decisión de tener una voz propia, una expresión intransferible. Dicho en otras palabras, hay aquí la búsqueda, inicial y vacilante si se quiere, de un estilo. Antes que pesquisar los fracasos, nos interesa señalar la meritoria voluntad. Pero, ¿no sería más libre y fructífera la empresa del poeta si la preocupación por sus hermanos los hombres fuera solo estímulo y no valla insalvable y repetida fórmula?







CRÍTICA APARECIDA EN EL SIGLO EL DÍA 1962-01-28. 
AUTOR: HERNÁN LOYOLA


Poesía sencilla, de tono menor, es esta de Miguel Budnik. Bajo formas de conversación o confidencia, constituye el registro poético de ciertos recuerdos personales, de experiencias enraizadas en la historia sentimental o familiar del propio poeta, o, simplemente, de algunas de esas maravillosas sensaciones que depara cada día al que tiene conciencia de estar viviendo. Estos versos, como escribe Neruda en una breve nota de presentación, tienen “el rocío sombrío de la primera hora, la ansiedad y la pureza del desamparado nacimiento”. Ellos aluden a cierta mujer morena, tal vez su esposa; a un niño, su hijo, que apareció un día “jugando, cortando rosas / pidiendo monedas un para su alcancía”; a otra mujer morena que se cruzó en su camino; a cierta “ciudadana rubia” que quizás amó algún día.

Junto a la sencillez señalada, hay sinceridad y espontaneidad en estos poemas. Se diría que estos han sido construidos al correr de la pluma sin otro artificio que la elusión sistemática del “punto” como signo de puntuación y la misteriosa intercalación, cada cierto trecho, de algunos versos entre comillas (no logramos adivinar a qué designio obedecen o qué sentido les confiere el poeta a tales versos destacados).

En dichas características residen la fuerza y la debilidad del libro en su conjunto. Por una parte, hay una adecuación armónica entre su tono confidencial, cotidiano, carente de complicaciones y de refinamientos formales, y el contenido temático de los poemas, casi todos ellos referidos a vivencias amorosas o familiares. Por otro lado, hay en ello una limitación evidente: la poesía de Budnik en este libro, al no mostrar pretensiones de trascender el ámbito de la experiencia personal, tampoco puede pretender un rango que supere el nivel de lo que podríamos llamar “poesía menor”.

A este “Cuento para un poema” le faltó ambición. Parecería que no le interesó a Budnik elevar su poesía hasta ese plano en que el registro de las vivencias personales se sobrepasa a sí mismo y se convierten –mediante un misterioso proceso artístico que no puede ser enseñado- en un testimonio “típico” representativo de lo humano, en una escala más abarcadora y general. Por no tener Budnik todavía, al parecer, un concepto claro de lo que significa hacer poesía (en cuanto ello implica un designio artístico que debe ir más allá del mero registro de la interioridad personal), estos poemas se quedaron en el nivel del testimonio individual o del documento íntimo. Sin embargo, ellos revelan aptitudes auspiciosas para el ejercicio de la poesía, por lo cual cabe esperar que un segundo intento creador, más elaborado y concienzudo desde el punto de vista artístico, fructificará en resultados de indudable calidad.

También como Neruda, deseamos a Miguel Budnik Sinay y a su joven cantar, “toda la paciencia de la luz que conduce a la soberanía del racimo”.










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