viernes, 22 de agosto de 2014

LUKAS GUTIÉRREZ MONTOYA [13.000]


Lukas Gutiérrez Montoya

Escritor, nacido el 13 de Junio de 1987 en la ciudad de Manizales, Colombia. Participante de Musa Levis 23 (Manizales, 2009), Plegable de poesía en propalcote y en blog realizado en Manizales, Colombia. Participó en las antologías “El vacío como Llenura”, (Medellín, Colombia, 2010); la Antología de Ciberpoesía "Poca Tinta" (2012). 
Ganador del segundo premio de I Concurso municipal de Envigado (2011). Publica en http://eriados.blogspot.com



NIETZSCHE III

Dios me dijo que no existía y le creí, 
luego intenté probarlo y dudé, 
canté quedamente ante tanto silencio, 
fue insoportable oír de mis ecos 
el resuello perenne de su ausencia.
Escribí biblias falsas y fui juzgado; 
aunque no fueron en verdad falsas, 
les faltó importante credibilidad. 
Aún así fui muerto y crucificado, 
surgí como otra de sus alegorías. 
Después les resultó fácil creerme 
pues el hombre en mi había muerto.




CAPITALISTA

Bombardearon los lenguajes extranjeros,
una imposición de miserables, 
otra guerra disimulada entre propagandas,
afiches de colores que adornaban tu hogar,
tu educación y tus caminos.

La originalidad era una gran retórica,
igual que los discursos políticos,
aquello de lo que un pueblo pendía:
alguna fe enmascarada;
para terminar con vagas convicciones,
las mismas que nos hicieron mestizos.




BERLÍN

Éramos una manifestación, 
un cuadro pintado de afán,
lo que más rápido se vendía
en los mercados de dignidades. 
Frecuentábamos calles repletas de vagos,
inspiración para artistas sometidos 
a sufrir por ego las cadenas; 
para jugarnos,
para no morir.

Éramos los maestros de lo dramático, 
escribíamos para enamorar al mundo
y a las mujeres que nunca conocimos. 
Un sin fin de dualismos.
Por andar perdidos olvidamos 
emplearnos como hombres
y morimos  jóvenes,
empapados de la misma tinta
con la que firmamos las obras 
que hoy el mundo archiva,
y que avivarán la hoguera.




Susurros impuros

¿Por qué será que las palabras quedan mancilladas por el vacío representado en el papel? Puesto que una vez se manchan los espacios con los sentimientos, retornan en fruslerías como si antes el dolor no hubiese significado nada... ¿será, entonces, que no soy suficientemente hábil como para plasmar las ideas en el papel?... no; una vez escribí fatalidades y descubrí lo humano que era... pero eso ya no significa nada.


I

Hartado, corrí a un lado del camino,
a cuesta de mi alma, a cuesta de mi sombra y la oscuridad.
Asustado en la penumbra vi el espanto de los inocentes
¡No hay luz... ya no hay luz en mis ojos!
¿Qué hay con el carisma, la inocencia? ¿Qué del ensueño, de la esperanza?
No hay luz... ya no.
Ha sido sepultada en una tumba sin nombre,
Ensombrecida, enmascarada., quizás, personificada.

Hace tres noches, y hoy ya oscurecido,
el amor huyó de mí por senderos en los que no había luna,
huyó temerosa, ella, consternada, odiándome,
huyendo de mis palabras.

Jamás logré alcanzar mi deseo,
las caricias soñadas habrán desaparecido tras algún tiempo
¿Tres días más? Quizá no...
Todo fue por evadir mi destino... por pretender ignorar una fe impuesta,
por rebelarme y contener las lágrimas que me encogían en cama,
bajo cobijas, bajo el solitario calor del dolor.

Mírame por última vez a los ojos, que expiran su último brillo;
mañana estaré más muerto que hoy... entonces serán cuatro noches,
y yo le susurraré a la muerte gritos desesperados.
¡Malditos gritos que no puedo gritar!


II

Ante la ventana mi reflejo veo, ensimismado,
un semblante adormecido, cansado...
La música cubre el silencio y éste se deja arrullar;
hay luces lejanas que se estremecen,
hay voces, inaudibles, voces...
como suspiros,
como los suspiros que crean ése momento descrito como congoja.

Ante la ventana, más que a mis ojos veo,
las nubes agazapadas en las montañas
acurrucadas por ventarrones y brisas,
encantadas por el rumor que hace ver de tales
su presencia colosal...
Y levantando sus cruces mojadas con el rocío,
se ufanan, entre la niebla y los recuerdos;
inspirador... lóbrego, fatal.

Ahora, alejado del ensueño,
estoy aquí,
viendo tras la ventana mi máscara y mi presencia,
cubierto por una túnica y un hábito de oscuridad.




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